La agencia EUROPA PRESS de Antonio Herrero Losada fue la primera agencia de noticias en informar de la muerte del General Franco, derrotando a la agencia PYRESA de Julio Merino

Muere el Dictador de España, General Franco. La prensa le cubre de loas mientras se incrementan las incógnitas en torno al nuevo Rey

HECHOS

El 20 de noviembre de 1975 el Gobierno anunció la muerte del General Franco

El caudillo abandonó el mundo de los vivos el 20 de noviembre de 1975, no sin antes sufrir salvajes operaciones. El periodista que publicaría después aquel doloroso proceso – en el que al dictador se le abrió como un animal en el botiquín de El Pardo – fue el joven don Pedro José Ramírez (“Pedro J.”) en el ABC (aquel joven periodista se descubriría en el futuro como un experto en encontrar fuentes, en aquel caso su fuente fue  el sobrinísimo, don Nicolás Franco.

EL PRESIDENTE ARIAS NAVARRO ANUNCIA LA MUERTE DE FRANCO

La imagen más recordada de aquella jornada del 20.11.1975 fue la del Presidente del Gobierno, el franquista D. Carlos Arias Navarro, compareciendo ante las cámaras de TVE para confirmar la muerte del dictador y leer su ‘testamento político’ (su último manifiesto dirigido a la nación) en directo.

LAS LAGRIMAS DE ARIAS NAVARRO AL LEER EL TESTAMENTO DEL FALLECIDO

Al leer el último ‘viva España’ de Franco, la voz del Sr. Arias Navarro se quebró y todo el país le vio derramar unas lágrimas.

EL PRESIDENTE DE LA DIPUTACIÓN DE BARCELONA, SAMARANCH DECLARA EL FRANQUISMO ‘LA ETAPA MÁS BRILLANTE’ DE ESPAÑA

El Sr. Arias Navarro no fue el único que compareció por la televisión, también lo hicieron otras personalidades como el Presidente de la Diputación de Barcelona, el franquista catalán D. José Antonio Samaranch, que elogio el Gobierno de Franco como la etapa más brillante, su reconocimiento – según él – a la pluralidad de España y su apoyo a los deportistas. Otros destacados catalanes también mostrarían su agradecimiento a la labor del dictador como el editor de LA VANGUARDIA, D. Carlos de Godó Valls, Conde de Godó.

 

LA AGENCIA EUROPA PRESS LE GANÓ LA PARTIDA A LA AGENCIA PYRESA:

teletipo herrero_losada_001 D. Antonio Herrero Losada

Durante los días de agonía del dictador, la gran pugna era entre la agencia PYRESA, la agencia propiedad de la Prensa del Movimeinto, es decir, del Estado, dirigida en ese momento por D. Julio Merino y la agencia privada EUROPA PRESS, dirigida en aquel momento por D. Antonio Herrero Losada.

El resultado fue un triunfo total de EUROPA PRESS que logró, gracias a sus espías infiltrados en el entorno del hospital ser la primera en dar la noticia y logrando el reconocimiento periodístico al Sr. Herrero Losada. No obstante, consultado por La Hemeroteca del Buitre, el Sr. Merino aseguró que PYRESA logró la noticia de la muerte de Franco antes, pero que no la pudo dar porque así se lo prohibió su jefe, D. Emilio Romero. Sea verdad o no, el tanto de aquella jornada histórica fue para la agencia privada.

D. Graciano Palomo (periodista de EUROPA PRESS) asegura a J. F. Lamata que el General Casinello la fuente que adelanto a su agencia que Franco había muerto:

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TODA LA PRENSA HOMENAJEA AL DICTADOR FALLECIDO

Naturalmente,  a la muerte del general – con la dictadura aún vigente – absolutamente  todos  los periódicos españoles, desde LA VANGUARDIA hasta EL CORREO, dedican enormes textos de elogio y homenaje al dictador desaparecido. El artículo de despedida oficial es el que escribe don Emilio Romero en la portada del periódico del Movimiento, ARRIBA. El YA, INFORMACIONES, ABC, NUEVO DIARIO y PUEBLO muestran sus esperanzasen en que la nueva etapa sea una democrácia.

21 - Noviembre - 1975

FRANCO

Emilio Romero

Franco fue una biografía militar admirable y políticamente un colosal estadista. Detuvo en las fronteras al Ejército nazi en la II Guera Mundial, que aspiraba a ocupar la Península.

España pasa en estos instantes por uno de sus momentos históricos más trascendentales, más sobrecogedores y decisivos: la muerte de Franco. Los dos acontecimientos más capitales de esta figura excepcional, que llena toda una época de nuestro siglo, es que fue, nada menos, que el gran vencedor de una guerra civil que duraría casi tres años y después su permanencia en el Poder a lo largo de cuarenta. No hay un solo personaje histórico contemporáneo de esta singularidad, cuando, por otro lado, pertenece a un tiempo de hombres con estaturas históricamente importantes, como Churchill, De Gaulle, Stalin, Hitler, Mussollini, Roosevelt, Adenauer, Tito, Kennedy, Mao, Nasser, Fidel Castro o Perón. Francisco Franco aparece cuando es más alto el triste nivel de la decadencia española; en el marco más decisivo de la pobreza, de la desgana y de la injusticia; en las cotas más altas de enfrentamiento y de las discordias civiles; en el mismo borde del asalto de las doctrinas totalitarias – fascistas y comunistas – a nuestro país. En esos momentos encabeza una guerra en la que intervienen fuerzas extranjeras como ensayo de la II Guerra Mundial, consigue vencer militarmente esta gran prueba e inmediatamente – sin concluir todavía el conflicto – se dispone a abrir un proceso constituyente y a construir un Estado donde establece ideas modernas socializadoras, comienza la revolución industrial desde el Estado mismo, al tiempo que restaura valores tradicionales morales y espirituales de la persona, de la familia y de la sociedad.

El General Franco fue una biografía militar admirable y políticamente un colosal estadista. No quiso ser, en ningún momento, un político en el sentido corriente del concepto; sabía que sus tiempos no eran dialécticos – como lo son ahora – sino pragmáticos y acuciantes para hacer un país socialmente y humanamente habitable y un Estado con autoridad, con crédito y con sentido de creación. El Estado tuvo que ser, efectivamente, autoritario – aunque con instituciones representativas – como han de ser todos aquellos Estados que nacen de la pobreza, del analfabetismo, de la decadencia, de la desmoralización histórica. Sus primeros veinte años de Poder no podían ser liberales, sino justicieros y remodeladores de una Nación. Había que crear prosperidad, progreso, bienestar, con las menores heridas o expoliaciones posibles a intereses de familias o de grupos, en una convocatoria a la solidaridad y a las exigencias comunitarias de los tiempos morderos  Franco era un estadista conservador y reformador en una sola pieza. Tenía, a su vez, de su pueblo y de los políticos un análisis verdadero y hasta su radiografía. Frente a la tradición histórica que aseguraba que este país era ingobernable, Franco sostenía que era gobernable, y donde estaban las quiebras no era ne el pueblo, sino en sus clases dirigentes. Por eso, corrientemente las tuvo a raya. Los socialistas más penetrantes de los años treinta se lamentarían después de no haber construido en 1931 una República autoritaria, puesto que tenía exactamente aquella situación política, cultural, económica y social de gran depresión, y lo que hicieron fue un régimen discursivo y estéril. Eso que se ha reprochado desde fuera, y por algunas voces interiores – la Dictadura o el Estado autoritario de Franco – no era otra cosa que el tratamiento obligado para poder ser hoy la décima potencia industrial del mundo, tener dos mil dólares de renta, contar con medio millón de alumnos en las Universidades  erradicar el analfabetismo, poseer uno de los parques automovilísticos más importantes de Europa, acabar con la vivienda infrahumana, desplazar poblaciones rurales a las zonas industriales, escolarizar a más del noventa por ciento de la población infantil, liquidar las endemias clásicas de los pueblos atrasados, aprovechar el agua para la naturaleza fecunda y la energía, abrir la incomunicación entre las regiones, dotar suficientemente a los Ejércitos de las tres Armas y desproletarizar a nuestro pueblo componiendo clases medias generalizadas y mayoritaria. Y muchas cosas más. La España que heredó Franco del régimen monárquico de don Alfonxo XIII y de la República de socialistas, de republicanos, de liberales y de comunistas, era una pesadilla, y la actual es el resultado de su talento y de su sacrificio. Esta será la obra perdurable e imborrable del General Franco, quien desde su heroica contribución de joven teniente en Africa hasta su muerte de Generalísimo octogenario y lúcido, Jefe de Estado y fundador de un Régimen, dedicó su vida por entero, sin una sola concesión a la ligereza y a la frivolidad, al servicio abnegado de su país. Su vida y su obra, por todo ello, son ejemplares.

A lo largo de estos cuarenta años ha sido un estadista dotado de una sagacidad universalmente reconocida. Detuvo en las fronteras al Ejército nazi en la II Guera Mundial, que aspiraba a ocupar la Península y a hacer más difícil o imposible la victoria aliada y cerró unos años más tarde el paso en los mismos lugares o comandos, invasores o guerrilleros que al amparo del resultado de esa II Guerra aspiraban a torcer el resultado de nuestra guerra civil y a sumirnos en una segunda catástrofe de sangre. Soportó el injusto bloqueo del mundo, representando enérgicamente el espíritu clásico de la independencia de los españoles respecto a la injerencia extranjera, y tuvo el gozo de ver quebrarse aquel bloqueo con una política de espera, de paciencia y de toda ausencia de provocación. Tranquilizó al mundo en 1947 respecto a las formas de continuidad del Régimen del 18 de Julio, mediante la Ley de Sucesión, y diría bastantes años más tarde quién iba a ser su sucesor, a título de Rey, con el consenso de las Cámaras del país. El proceso constituyente que empezaría en 1938 se alargaría hasta 1966 con una intención preconcebida de no precipitarse en la elaboración de una Constitución – integrada por Leyes Fundamentales – que tuviera la triste vida efímera de las impacientes y apasionadas Constituciones del siglo pasado, sino que recogieran la experiencia de una mudanza de ideas, de problemas y de influencias. Franco no quiso hacer nunca una Constitución que valiera para todos, y por eso no tuvo prisa, esperando que las pasiones cedieran y fueran soluciones jurídicas y políticas de todos.

El pueblo español había depositado en esta figura histórica una confianza como no lo hizo con ningún otro estadista en ningún tiempo, incluidos los Reyes . A lo largo de muchos años se han sentido el pueblo confiado y tranquilo por la acción de un hombre especialmente dotado para gobernar, que sabía el tratamiento que había que darle a cada circunstancia. Por eso el consenso de Franco era multitudinario y fervoroso allí donde comparecía sin perjuicio de que las Leyes sometidas a Referéndum recibían aplastantes mayorías afirmativas. Cuando todavía falta un cuarto de siglo para acabar esta centuria, puede decirse ya sin una sola duda que en lo que se refiere a España, el General Franco llena todo este siglo. Fue el General más joven de nuestro Ejército y ha muerto a una edad que le ha permitido ser testigo y protagonista de los más grandes sucesos históricos de la humanidad, porque es en este siglo cuando tienen lugar las grandes guerras, los inventos, la conquista del Universo, la gran revolución tecnológica, la parcialización del mundo en dos o tres grandes influencias. Franco era prudente, cauteloso, astuto, penetrante, tranquilo y valeroso. Sus aliados eran el tiempo, que no le jugaba nunca malas pasadas, y unos nervios acomodados a su voluntad.

Volveremos a escribir durante mucho tiempo sobre esta gran figura, en virtud de la huella profunda que va a dejar tanto por las realizaciones alcanzadas como por las perplejidades que plantea su desaparición respecto al futuro. Resulta verdadero que sin perjuicio del buen funcionamiento de los mecanismos constitucionales, donde la sucesión aparece asegurada y no hay una sola vacilación jurídica de poder, el vacío que produce la muerte del General Franco no es posible llenarlo con ninguna Constitución. Ese es el precio que hay que pagar cuando desaparecen los hombres de excepción. Cuando la Historia hace nacer y luego arranca a la grandes figuras se produce una situación donde los pueblos tienen que dar la medida de su grandeza histórica para que la necesidad de vivir y el recuerdo inevitable, no sean contradictorios. Durante toda una vida Franco ha cumplido rectamente, heroicamente, con su deber. Ahora es el pueblo español – único depositario del poder y de la influencia de Franco – quien tiene que dar la medida de su serenidad, de su realismo y de su capacidad de concordia.

Emilio Romero

21 - Noviembre - 1975

FRANCO HA MUERTO

Vicente Cebrián

Franco nos fue, sin duda alguna, el primer trabajador de una España que en sus manos pasó de empobrecida y triste, a afortunada y reidora.

Tres palabras escuetas, sencillas repetidas una y otra vez en la primera página de todos los periódicos se han clavado hoy como ardientes dardos en el corazón de todos los españoles. Tres palabras que, con el tremendo laconismo de un parte de guerra, cierran cuarenta años de la mejor historia de la Patria.

Durante más de un mes, el pueblo español ha estado sometido a la terrible angustia de enfrentarse con la dolorosa realidad que ahora, fatalmente, se lo presenta. Día a día, minuto a minuto, el corazón y el pulso de la Patria han latido al desbocado ritmo de las noticias – alentadoras unas, otras llena de desesperanza – de la que iba a ser la última y definitiva batalla del general mil veces victorioso. La batalla que ningún hombre podrá jamás ganar.

Ahora, la angustia y la esperanza han dado paso al dolor. Dolor de España entera ante lo irremediable, ante la pérdida del hombre que supo quemar la vida en su servicio del soldado político que fue capaz de forjar un Estado, del hombre, en fin, que supo devolver al pueblo la confianza y la fe en su presente, así como la esperanza en su futuro.

De Francisco Franco nos queda el excepcional ejemplo de su vida y de su muerte. Fue, sin duda alguna, el primer trabajador de una España que en sus manos pasó de empobrecida y triste, a afortunada y reidora. De él recibimos entrega y sacrificio y de él aprendimos el inestimable valor que para la vida de los pueblos supone el acabar con la lucha de clases, sustituyéndola por un eficaz diálogo entre los distintos estamentos que comportan el mundo del trabajo. El recuerdo imperecedero de su obra, de su batallar incansable en el resurgir y en el progreso de la Patria, en sus logros, en la conquista de una paz estable y de una más amplia y generosa justicia social le acompañará para siempre en el libro de la historia.

Nos lega, por último, el conmovedor recuerdo de su breve y emocionante despedida, en la que quedan para siempre plasmadas la inmensa generosidad de su corazón de cristiano y el encendido amor por esta España que deja en manos de un joven Rey, para el que solicita el afecto y la lealtad.

En estos momentos dolorosos  y difíciles, nos cabe como único consuelo, el gritar, con el corazón ese ‘Arriba España’ con el que nos abraza por última vez, Francisco Franco.

Vicente Cebrián

FRANCO, ESE SINDICALISTA

Jaime Campmany

El dolor por la muerte de Francisco Franco conmueve hoy hasta lo más profundo, las entrañas de la Patria en carne viva. Ningún español necesita de invitaciones o de estímulos para sumarse a un dolor que es de todos. España entera llora sobre Franco muerto con la misma naturalidad con que aclamaba y vitoreaba a Franco vivo. Su nombre y su presencia eran como un signo misterioso que desataba los clamores más espontáneos y su muerte es una noticia que desencadena el llanto de un pueblo entero.

Todos somos, en estos momentos, protagonistas del dolor y del luto de España, porque todos hemos perdidos a quien pensó siempre en todos, a quien a todos entregó su vida ejemplar y su obra inmensa. Pero el mundo del trabajo le debe un tributo muy especial. Francisco Franco tomó en sus manos una España pobre, rota e injusta y nos deja en herencia una España rica, entera y disparada hacia las más  ambiciosas conquistas de justicia. Franco hizo de la Organización Sindical la primera casa común, la primera escuela de convivencia pacífica y dialogante, la primera plaza de la paz social para que cicatrice en el pueblo español la vieja herida de la lucha de clases. Desde las primera horas de la madrugada, los españoles más madrugadores, los españoles que antes empiezan su trabajo, los españoles que más le ayudaron a levantar España, lloran la muerte de aquel que hizo del trabajo, en este país, un canto de vida y esperanza. Los empresarios y los trabajadores de España, que es como decir toda la España suya, pronuncian hoy su más triste y reconocido adiós al que fue fundador tenaz de la hermosa empresa de la paz, de la gigantesca fábrica del progreso y la prosperidad y el desarrollo. Los trabajadores de España despiden hoy al primer trabajador de nuestro pueblo, al hombre que nos enseñó a trabajar con su ejemplo y que dignificó el trabajo con sus leyes, al hombre que sólo se ha tomado descanso en el descanso de la muerte.

En un día que ya nos tenía acostumbrados al dolor, el Sindicalismo español ha perdido a quien nos acercó la paz y nos alejó de la pobreza, a quien dedicó su vida a esa sublime manera de justicia que consiste en dar a cada uno lo suyo, a ese viejo y honrado sindicalista que se llama Francisco Franco. Su nombre, que es ahora nuestro dolor, nos abrió para muchos años la más grande esperanza. Los empresarios y los trabajadores españoles hemos aprendido de él a mantener nuestra paz atada y bien atada. Y a saber que España es una empresa de todos, una joven empresa de todos hacia el futuro.

Jaime Campmany

21 - Noviembre - 1975

CÁNDIDO

Carlos Luis Álvarez 'Candido'

No es el hecho histórico de la desaparición de Franco lo que mantiene ahora a los españoles en tensión aguda, sino su muerte personal.

No es el hecho histórico de la desaparición de Franco lo que mantiene ahora a los españoles en tensión aguda, sino su muerte personal. Este hecho, con todas sus dramáticas connotaciones, se sobrepone a todos los demás como es de rigor. Vivimos el interregno de un silencio civil que tal vez sirva para reflexionar acerca de la gran tarea pública que tenemos por delante, y que se iniciará en cuanto don Juan Carlos de Borbón se pronuncia por primera vez, como jefe de Estado. El problema es el de remontar el ‘continuum’ político sin desvertebrar la sociedad y sin arrojarse a la incoherencia. Pero este asunto, como he dicho, está sumido hoy en una conmoción dificilmente expresable, que se concreta en un ansia informativa desacostumbrada. Si lo inédito se diferencia de lo incierto, el futuro está inédito.

21 - Noviembre - 1975

DIETARIO PERSONAL

Rafael García Serano

¿No hay resonancia de aquel testamento de José Antonio en este mensaje final de Franco? Clásicos ambos

Jueves 20. Hoy es un día de llanto de hombres, como ya sucedió en nuestra historia hace treinta y nueve años. Tardamos entonces dos en conocer el testamento de José Antonio, documento cristiano, político y humano de carácter excepcional. Unas horas después de la muerte del Caudillo hemos conocido la despedida que éste escribió, con la certeza de su muerte, para todos los españoles, a través de la voz rota, contenida, del Presidente Arias, cuyo sollozo final quebró el último ¡Arriba España! de Franco de manera inolvidable.

, de firme confesionalidad católica los dos, con deseo de perdonar y ser perdonados tanto el joven jefe de una Revolución de vida breve y rica en aventura y esperanza, como el soldado y estadista de vida colmada, plena, larga, terminan, en cambio, sus palabras finales de distinta manera: José Antonio, tras de ‘dejar en esta coyuntura cuenta sobre algunos de mis actos’, acaba su testimonio con rigor y fórmula de hombre de leyes; Franco, en cambio, parece arrebatarse como si le volviese al cuerpo maltrecho aquella gloriosa juventud legionaria, y así da su última orden y la corona con algo que a mí me suena a arenga: ‘Quisiera, en mi último momento – dice – unir los nombres de Dios y de España y abrazaron a todos para gritar juntos, por última vez, en lo umbrales de mi muerte, ¡Arriba España! ¡Viva España!’.

La muerte hay que esperarla así, con esa inmaculada serenidad de José Antonio, con esa especie de acogimiento al rito legionario que aparece en el último párrafo de Franco, serenamente escrito –  ‘al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio’ – pero finalizado de acuerdo con el protocolo de la Legión, que para todo lo tiene, y más para la muerte, su más leal compañera.

Tanto es así que cuando el Caudillo supo que el general Millán Astray, Teniente Coronel fundador del Tercio, que a él le eligiera como Lugarteniente y Jefe de la Primera Bandera, se moría, dejó El Pardo y se fue a la casa de su camarada. Ante la puerta de la alcoba de Millán, tomó al ayudante del glorioso mutilado y la encomendó:

– Entra y dile al Teniente Coronel que desea verle el comandante de la Primera Bandera.

Esta suprema elegancia ante la muerte es señal de fé, de corazón entero, de hombre cabal. Ante Millán volvió a su juventud. Ante su propia muerte regresó al tono militar de su juventud.

Pensaba haber comentado esto con un hombre de alma gigante, de lealtad incomparable, pero yo no he tenido cuajo y mi amigo y jefe, por vez primera en la vida, me ha colgado el teléfono con su voz de mando duramente dulcificada por la incontenible pena.

La calle, a aquella hora, estaba soleada, silenciosa, casi deshabitada e irremediablemente triste.

Rafael García Serrano

21 - Noviembre - 1975

Una obra extraordinaria que ha cambiado radicalmente España

Carlos Godó Valls, Conde de Godó

La profunda emoción que siento por la pérdida del Caudillo de España, Generalísimo Franco, viene condicionada por la obra extraordinaria que ha cambiado radicalmente a España en unos pocos años, si bien personalmente aumenta, por los sentimientos de amistad que me había siempre demostrado y que venía ratificada por el nombramiento con que he sido honrado en dos ocasiones como procurador en Cortes de designación directa del Jefe del Estado. Es difícil en unas pocas líneas, dar una idea de lo que ha representado el Caudillo en la vida de España, porque en cualquier orden que se considere, vemos el progreso inmenso que han representado estos años en los cuales nuestro país ha pasado de ser una nación de segundo orden a situarse junto a los países más industrializados y de mayor rango cultural. Con lágrimas en los ojos he escuchado esta mañana la alocución de nuestro presidente, don Carlos Arias Navarro, quien, visiblemente conmovido, nos ha leído el último mensaje de Franco y no solamente yo, sino las personas que estaban a mi lado, no han podido contener la emoción que la lectura les ha producido. Me siento orgulloso de pertenecer y formar parte de la España de Franco. Y, en el tiempo que me quede de vida, he de recordar siempre la fecha histórica del día de hoy para todos los españoles, a cuyas plegarias uno las mías por el eterno descanso del alma de nuestro querido Caudillo.

20 - Noviembre - 1975

DOLOR DE ESPAÑA

Francisco Sanz Cagigas

Franco ha muerto. La noticia corrió con un estremecimiento de angustia, de corazón en corazón, por todas las ciudades por todos los pueblos y campos de la patria. Hasta el final luchó el viejo soldado a brazo partido con la muerte. Su mente, lúcida incluso en la agonía, estaba íntegramente puesta en España a la que amó siempor por encima de todas las cosas. España y sus hombres, España y sus problemas: los de hoy, los de mañana, los que esperan tras las próximas esquinas, indescifrables, de la Historia. El anciano general – dicen los testigos – se mostró hasta el último instante tranquilo y firme saturado su corazón de un apacible sosiego. Veía desgranarse ante sí, en el trance supremo, los episodios de su vida, las batallas ganadas con esfuerzo sobrehumano, con paciencia increíble, a la fragmentación, al desgobierno, a la injusticia, a la miseria. Veía a la España anémica de ayer y a la España pujante de hoy. Sus ojos hondos y penetrantes, veían todo eso. Y a sus oídos llegaba el silencio espeso de la pena hecha pueblo, hecha sollozo agarrotado. Porque el pueblo sabía que su padre se estaba muriendo, allí, en ese castillo de proa vigilante y tenaz que ha sido EL Pardo durante treinta y seis años. ¡Dios, que frío bajaba de la sierra y se colaba por la espina dorsal y hacía brillar los ojos! ¡Que frío angustioso, Señor!

El dolor puede constituir también un estímulo poderoso. A manera de acicate fortalece el corazón del hombre y aviva la conciencia de los pueblos. Porque Franco, que llenó cuatro décadas de la Historia de España, no solo nos llevó de la mano en esa larga y problemática andadura, sino que supo mostrarnos los caminos del futuro con asombrosa clarividencia. De todas sus advertencias quizá la cardinal, la que resume todo su pensamiento, es aquella que nos apremia a permanecer unidos. Unidos por encima de todo. La unidad nos dará por añadidura fortaleza, libertad, justicia y progreso. Es la falta de esa unidad la que nos arrastró al enfrentamiento fratricida, a la degradación, a la anarquía. Desde el ejemplo sobrehumando de su vida como soldado, como hombre y como estadista; desde el dolor que atenaza hoy a todos los españoles; desde la Historia en que su nombre figurará siempre inscrito con brillo excepcional,  Franco nos señala, como síntesis de su testamento política, esta única y lacónica consigna: Unidad.

Francisco Sanz Cagigas.

23 - Noviembre - 1975

NUEVA ETAPA

María Consuelo Reyna

Ayer, el Rey lo dijo, empieza una nueva etapa para nuestro país. El mensaje de don Juan Carlos fue un primer paso hacia ese futuro que ha de basarse en un efectivo consenso de concordia nacional.

Con palabra tranquila y serena, con voz emocionada, el Rey enumeró una serie de cuestiones que los españoles queríamos escuchar. Fue recorriendo brevemente algunos de los problemas y aspiraciones del pueblo, apuntando, al mismo tiempo cuál iba a ser su actitud.

En el discurso de la Corona están ya esbozados las líneas maestras de lo que va a ser la política española en esta nueva etapa, en la que nadie debe temer que su causa sea olvidada y en que nadie debe esperar una venteja o un privilegio. Va a ser una tarea de todos, hecha por todos, sin exclusiones de ninguna clase, porque España será lo que los españoles queramos que sea. Estos fueron los puntos de su mensaje al pueblo:

  • Homenaje a Franco
  • Libertad y  justicia
  • Peculiaridades regionales
  • Llamamiento a los inteletuales.
  • Una monarquía para todos.
  • Canalizar las demandas del pueblo
  • Reconocimiento de los derechos sociales y económicos
  • Asegurar a los españoles las condiciones de carácter material  que les permitan el efectivo ejercicio de sus libertades.
  • Participación.
  • Europa
  • Restauración de la integridad territorial
  • Al hacer realidad estos puntos se comprometió ayer nuestro Rey, y en esa tarea todos debemos secundarle con ‘generosidad y altura de miras’.

Una gran figura acaba de desaparecer, y un hombre joven un Rey para todos, con propósito decidido de servicio, de hacer realidad las aspiraciones del pueblo se ha puesto a la cabeza del país, que, expectante tranquilo, sereno, esperanzado ha depositado su confianza en él.

Una nueva etapa ha comenzado y esta nueva etapa ha de estar presidida por un efectivo consenso de concordia nacional, en el que todos y cada uno de los españoles tengan su lugar, y nadie se sienta marginado, ni apartado, porque es una empresa colectiva que a todos compete. Hay que empezar a caminar. Ayer, ante La Cortes se dio un primer paso al que seguirán otros muchos, hasta llegar a ese efectivo ejercicio de las libertades anunciado por el Rey.

María Consuelo Reyna.

21 - Noviembre - 1975

DECLARACIONES DEL PRESIDENTE DE 'EL CORREO'

Javier de Ybarra

Una impresión muy dolorosa, como lo es para todos los de mi generación, que hemos vivido con él toda la vida en la guerra y en la paz. Con gran dolor, nacido de lo más hondo de nuestros corazones, hemos visto que se nos marcha el Capitán de la guerra y el Capitán de la paz. Su muerte es sentida, como la muerte de un padre. Lo que recuerdo, aparte de lo que es notorio y todo el mundo sabe como son sus excepcionales aciertos en las relaciones internacionales y en la organización interior de España que nos ha llevado al resurgimiento que ahora contemplamos, tengo recuerdos muy vivos de aquellos momentos que hemos compartido con él, durante mi gestión como presidente de la Diputación y como alcalde; recuerdo sobre todo, aquella visita triunfal del año 1964, en que le aclamaba el pueblo de Bilbao, cuando bajaba de Begoña, acompañándole en el coche, las mujeres le levantaban los niños para enseñárselos. Aquella fue una entrada apoteósica. Tengo un recuerdo gratísimo.

21 - Noviembre - 1975

El Péndulo

Fernando Ónega

ASÍ NO MUEREN, VIEJO CONTINENTE, LOS DICTADORES. ASÍ SOLO MUEREN, EUROPA, LOS GRANDES HOMBRES DE LA CIVILIZACIÓN.
TIEMPO I.- Fue –tenía que ser-un 20 de noviembre. Murió como un caído más, como el más humilde de los caídos, precisamente el día que dedicó a su honra. Entrelazó su nombre, para las conmemoraciones e la historia, con el de José Antonio. Va a descansar bajo el mismo techo, y el destino, que escribe sus designios con caracteres misteriosos, escribió ahora esta grandiosa coincidencia.
Fue con el alba, cuando el país dormía. Y ese país se despertó después con la mañana de luto y la historia cambiada. A las seis de la mañana ya estaban encendidas las luces de casi todos los hogares. Se resistía la niebla a dar paso a alguna noticia que no fuera la del milagro, pero ya era tarde. Ya era el gran vacío. Estaban cerradas cuatro décadas de gloria. El edificio estaba construído. El pueblo salía de sus casas, como todos los días. Aparecían las primeras banderas a media asta, como los sentimientos, y el pueblo salía de sus casas, como todos los días.
Yo estoy seguro que Franco –un Franco difunto, ¿os dais cuenta?- hubiera deseado un amanecer justamente así: con el pueblo, con su pueblo, que lleva un nudo en la garganta, se desayuna con su amargura, se afeita con su luto, pero acude a su trabajo con la enorme y sagrada serenidad de la esperanza en la normalidad. Ni un histerismo, ni un grito callejero, ni una parálisis, ni siquiera el silencio. Un dolor seco, pero una vida del país llano que seguía su ritmo normal. Era, sin duda, el amanecer que hubiera deseado Franco para la hora suprema de “rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio”
TIEMPO II.- Y luego, aquél brazalete negro por la calle. Y aquellos rostros que lloraban sin ningún reparo. Y la imagen entrañable de la viuda, cortada por el dolor. Y las voces emocionadas de los encuestados por televisión. Y cerca de cuatro millones de ejemplares de periódicos vendidos en una sola ciudad. Y una comitiva de catorce coches que cortaba el aire frío de una mañana para todas las derrotas. Hasta ese momento se había creído en el milagro. Ahora, Franco había sucumbido en su última batalla. Y esta España nuestra, huérfana de un caudillaje, se miraba a sí misma y se repetía: sin Franco. En los pueblos las campanas sonaban a muerte. España estaba de luto. La música fúnebre no se oía solo en los receptores. Esta España nuestra era ya, irremisiblemente, una España sin Franco.
TIEMPO III.- Estaban conectados, seguramente, todos los televisores del país: “Franco ha muerto”. Carlos Arias, resumen humano perfecto de veintidós meses trepidantes, en los que se dieron cita la angustia y la ansiedad, los mayores compromisos y los mayores problemas para un gobernante, comparecía otra vez ante la sociedad. Contemplad su rostro: es una imagen para el recuerdo, como algo muy patético de emoción. Sus palabras se entrecortaban, fue preciso repetir la grabación, y al final, como cada español, dijo el “Viva España” de Franco con toda la zozobra que cabe en un cuerpo humano, con toda la tristeza que puede caber en la geografía de una nación. “No os faltará mi capitanía”. A las seis horas de faltarnos, supimos que Franco había tenido la previsión de estadista de dejar su testamento político, escrito desde el amor y el perdón, recuadrado en aquellas palabras que Franco escribió tan alto: unidad, Patria, paz, pueblo, justicia social. El, que no pudo físicamente asistir a la jura del Rey de España, sólo dejó dos peticiones básicas: la unidad y “que rodeéis al futuro Rey del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado”. Ha sido su último gran gesto. Y entre el amor y el perdón ha entrado en el juicio de la Historia. Así no mueren, viejo continente, los dictadores. Así solo mueren, Europa, los grandes hombres de las civilización.
HOY ES MAÑANA.- Todo está consumado. De lo que ahora se trata es de que ese gran testamento no quede en un archivo, aunque sea primorosamente cuidado. Cuando estas líneas se escriben, en alguna imprenta de Madrid se están editando un cuarto de millón de “posters” con la imagen del Caudillo perdido y el texto de sus últimas palabras. Cuando, el próximo jueves, los escolares vuelvan a sus aulas, ese “poster” pasará a presidir un cuarto de millón de habitaciones, un cuarto de millón de estudios, de un cuarto de millón de muchachos que ahora heredan, sencillamente, una cosecha de paz.
Hasta ahora, con precisión milimétrica, entraron en juego puntualmente los mecanismos institucionales. Con madurez ejemplar, que ya nadie podrá discutir, el pueblo se comportó singularmente. Hoy, con el alba, ese pueblo acudirá a ofrecerle su homenaje de despedida final a su cuerpo, ya que su obra es patrimonio colectivo. Pero hoy es ya el mañana, veinticuatro horas antes de la jura del Rey Don Juan Carlos. La pena y el luto son inmensos, pero sobre ellos se abre el mandato social de los tiempos: “Continuar”. Mañana, a los seis años y cuatro meses de su proclamación como heredero, un hombre joven, ya Capitán General de los tres Ejércitos, cogerá el timón que Franco condujo a lo largo de cuatro décadas. Hereda un Estado construido, pero necesitado de las modificaciones que requiere la nueva sociedad. Ayer terminó, por ejemplo, su vigencia, la ley de Prerrogativas. Ese simple hecho enmarca un enorme compromiso. El final de esta ley significa lo mismo que el tránsito del Régimen de Franco a una Monarquía constitucional: el paso del poder personal a un poder institucional y popular. Pero no es tiempo de cábalas. El gran umbral del futuro sólo se abrirá mañana con el mensaje del Rey a la nación. Mientras tanto, es hora de silencios.
Fernando Onega
El Análisis

"FRANCO HA MUERTO, SNIF..."

JF Lamata

Las lágrimas del presidente Arias Navarro han quedado en la historia, y en los años posteriores serían más fuente de coñas que otra cosa. Sin embargo, la realidad es que representaban bien en aquel momento lo que el dictador representaba para toda la derecha española.

En muy poco tiempo el oportunismo se iba a mezclar con la capacidad de adaptación y la reconciliación, para que las huestes de la derecha se apresuraran en arrancarse todas las medallas y fotos y, bajo las alas del Sr. Suárez los más o las del Sr. Fraga, los menos, tratar de distanciarse del franquismo, cuando no de intentar borrarlo de su pasado. Pero los hechos, hechos son: la historia de la derecha española estaba unida a la del régimen que sometió a España a una dictadura durante 40 años  no hay nada que pueda hacer cambiar eso. Y aquel 20.11.1975, todo la derecha (en distintos grados) lloró junto al Sr. Arias Navarro la muerte de su referente político.

J. F. Lamata

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