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Su canción 'Thriller' es el videoclip más famoso de la historia de la música visual

Muere por drogas Michael Jackson el cantante y compositor norteamericano identificado en todo el mundo como ‘el rey del Pop’

HECHOS

El 26.06.2009 se hizo pública la noticia de la muerte de Michael Jackson.

CRÍTICAS A LA REPERCUSIÓN MEDIÁTICA

 El presidente de Venezuela, en una intervención televisada por su programa ‘Aló presidente!’ echó en cara que la CNN abriera sus informativos con la muerte de Michael Jackson en lugar de abrir con la crisis política de Honduras. “Que si Michael Jackson ganó nose cuantos, premios. ¡Eso es el capitalismo, muchachos!”.

 En Argentina el presentador del popular programa ‘Intrusos’ de América TV, Jorge Rial inició su espacio cargando duramente contra Michael Jackson: “Se murió como atragantado. Buen cantante, buen artista y todo lo que quieran, pero era un pedófilo también, no nos olvidemos de la otra parte. Hoy eran todo elogios, pero no nos debemos olvidar de ese otro lado”.

 En España, el comentarista del programa ‘Espejo Público’ de ANTENA 3, D. Enric Juliana, directivo del periódico LA VANGUARDIA consideró durante el programa que para él la noticia de la muerte de Jackson no merecía ser noticia de portada. “Jamás escuché una canción entera de Michael Jackson. Es un personaje que me cae muy mal, siempre me ha caído fatal. Era un tipo extraño por el que nunca he sentido ninguna simpatía. Me alegro de que LA VANGUARDIA se edite en Barcelona y me haya pillado su muerte en Madrid, así no he perdido horas de sueño hablar sobre esto. Yo no lo hubiera puesto en portada”.

26 - Junio - 2009

La magia que no llegó a tiempo

Diego A. Manrique

Michael Jackson entró en la música popular como un prodigioso rayo de energía y vitalidad. Había nacido el 29 de agosto de 1958 en la ciudad industrial de Gary, en Indiana, en una familia que consideraba el mundo del espectáculo como una opción salvadora, aparte de una vía para compensar oscuras frustraciones paternas. No tuvo nada parecido a una infancia: todo su tiempo estaba consagrado a los ensayos con sus hermanos; todavía era un niño cuando actuaba en locales turbulentos.

Pero incluso en ambientes degradados triunfaban los Jackson 5 por la energía del pequeño Michael, voz penetrante y bailes frenéticos. Ganaban los concursos de aficionados y atrajeron la atención de la más poderosa compañía negra del momento, Motown.

Pasado el inevitable proceso de depuración y aprendizaje, comenzaron a tener números uno en 1970: I want you back, ABC, The love you save, I’ll be there. Motown estaba sufriendo una mudanza —de Detroit a Los Ángeles— que puso a prueba las lealtades desarrolladas dentro de una empresa paternalista. Los Jackson no tuvieron problemas en trasladarse a California: su objetivo era triunfar a lo grande, en el cine y la televisión.

Desde 1972, Michael también editaba discos como solista, de calidad variable. Según pasaban los años, se hacía evidente que era el centro del grupo y que Motown se les había quedado pequeña. Saltaron a Epic, un sello de la poderosa CBS, perdiendo a un hermano (Jermaine) y cambiando obligatoriamente el nombre a The Jacksons. Se hablaba de que recibían mayores royalties pero lo esencial para Michael era que, con la mayoría de edad, podía elegir colaboradores y empezar a dirigir su carrera. Apareció Quincy Jones, un antiguo jazzman con afinidad por el pulso comercial. Off the wall, editado en 1979, no sólo vendió millones de copias: le colocó en la primera línea de la música negra, por encima de Stevie Wonder y otros creadores.

El impacto se hizo planetario con Thriller (1982), oficialmente el disco más vendido de la historia. No sólo era la abundancia de pelotazos —prácticamente todos los temas se editaron en singles— sino su dominio del medio del videoclip y su deslumbrante exhibición coreográfica en un televisado homenaje a Motown. Se puede afirmar que, a partir de ese momento, comenzó la cuesta abajo.

¿Qué ocurrió? A primera vista, todos los Jackson perdieron la razón. En realidad, se trataba de una familia disfuncional que ahora pivotaba sobre el poder de Michael. Su megalomanía empezó a manifestarse, primero de forma rastrera: intentó evitar que Quincy Jones recibiera premios Grammy por su disco. Se planteó que su siguiente trabajo debería multiplicar las ventas de Thriller, una misión imposible que convirtió toda su discografía posterior en un anticlimax. No era una cabeza hueca, ni mucho menos: escuchaba los consejos de Paul McCartney sobre lo rentable de poseer los derechos editoriales de canciones y se hizo con el catálogo de los Beatles. Muchos de los rumores disparatados sobre su vida eran diseminados por su organización.

El afán por mantener su posición de ídolo mundial convirtió su biografía pública en una sucesión de disparates, combustible para la prensa, sensacionalista o no. Dado que estaba siendo eclipsado por otros artistas, desde Prince a las figuras del rap, se transformó en el hombre-noticia. Matrimonios mediáticos, viajes a lugares exóticos, títulos y trofeos exigidos por su voluntad imperial. En los noventa, lo que parecían excentricidades tolerables empezaron a percibirse como delirios o algo peor. Sus impulsos mesiánicos le empujaban a presentarse como un adalid de la libertad (en un vídeo parecía atribuirse el derrumbe del comunismo), un salvador de la ecología, un redentor de la pobreza y un modelo para los niños del mundo.

Su mansión californiana era un parque de atracciones, a la que invitaba a numerosos niños. Esa pasión por la inocencia le convertiría en objetivo de padres chantajistas y en el acusado en un proceso humillante. Fue declarado inocente pero su reputación se hundió hasta los abismos. Había perdido la habilidad para hacer música sencilla y directa: contrataba a los productores más caros, alquilaba estudios durante meses, corría desesperadamente detrás de las tendencias.

Se había convertido en una pesadilla para los que en otro tiempo le admiraron. Y con todo, no se perdían las esperanzas de que volviera a lo que mejor sabía hacer. Una esperanza que algunos situaban en sus anunciados conciertos en Londres (repitiendo, ay, una jugada desarrollada felizmente por Prince). Todavía podía brotar su vieja magia, creíamos. Pero no llegó a tiempo.

27 - Junio - 2009

Michael Jackson, el último mito del siglo XX

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

UNA MUERTE prematura evitó a Michael Jackson envejecer como cualquier ser humano, un destino que probablemente consideraba insoportable quien tanto se obsesionaba por su aspecto físico.

Como Elvis Presley, como Jimmy Hendrix, como Jim Morrison, Jackson ha muerto a tiempo para alimentar un mito que probablemente nunca se extinguirá. Era «el legendario rey del pop», como dijo su hermano al hacer público su fallecimiento, y, por encima de ello, el último mito del siglo XX.

Podría decirse metafóricamente que el siglo pasado se acaba con la muerte de un artista que llevó la lógica del espectáculo hasta sus últimas consecuencias: hacer de su persona la más fascinante de sus creaciones.

Jackson creaba, cantaba, bailaba, actuaba ante la cámara con una naturalidad innata que despuntó a sus primeros años de edad. Empezó como cantante de los Jackson Five junto a sus hermanos. Logró vender más de 700 millones de discos y consiguió 13 premios Grammy. Su albúm de mayor éxito, Thriller, batió todas las marcas con más de 100 millones de copias.

Jackson es, sin duda, un icono de una industria del disco que ya no volverá. Las descargas en internet hacen imposible alcanzar esas cifras de venta de los años 80, su década dorada, cuando era un artista aclamado en los cinco continentes.

Elvis Presley fue, sobre todo, una estrella americana de los años 50. Pero Jackson fue un ídolo planetario gracias a la extensión de la televisión, que destruyó su intimidad pero le convirtió en una celebridad global.

A pesar o gracias a su excentricidad, Michael Jackson creó un estilo que fascinó a millones de personas en todo el mundo que cantaron sus canciones o bailaron los pasos de sus videoclips. Y ello se produjo por su extraordinario talento, que ya brillaba sobre el resto de su familia cuando fichó para el sello Motown cuando todavía era un niño.

Como todo gran creador, Michael Jackson tenía un lado sombrío que le venía de la infancia y, concretamente, de las difíciles relaciones con su padre. Él mismo confesó que nunca se sintió niño, lo que explica por qué se refugió muchos años después en Neverland, que era un parque de atracciones más que una casa.

Su declive comenzó en 1993 cuando fue acusado de abusos a menores, lo que provocó que se tuviera que sentar en el banquillo, aunque fue absuelto gracias a sus caros abogados y a la ingente fortuna que se gastó en comprar los silencios de algunas familias.

El paso del tiempo relegará al olvido sus miserias, pero engrandecerá su legado artístico. Nadie mejor que Jackson simboliza la música de finales del siglo y la estética de esa época que forma ya parte de nuestro pasado más cercano.

Jackson se había casado con la hija de Elvis Presley y había comprado los derechos de los Beatles, embargados luego por un banco. Los tres nombres simbolizan una cultura que cambió el mundo y marcó a las dos generaciones nacidas después de la II Guerra Mundial.

Empeñado en ser lo que no era, transformado su cuerpo por la cirugía, afectado por insoportables dolores de espalda, el espejo había dejado de reflejar la figura del Peter Pan adolescente que siempre cultivó. Eso tal vez lo mató.

Como sucede con todos los mitos, las circunstancias de su muerte alimentarán la leyenda. Michael Jackson se ha ido a tiempo de un mundo en el que empezaba a ser viejo y cuya música evocaba un pasado que no volverá. Permanecerá en el recuerdo de millones de personas que le aman por lo que fue y lo que son.

27 - Junio - 2009

Me gustaría haber escrito sus canciones

Alejandro Sanz

Se ha muerto el rey del pop, se ha muerto un poco de todos nosotros. Parecía que eso no podía pasar, parecía que iba a volver, parecía que iba a cantar, parecía que iba a bailar sobre la Luna…

Yo hablé con él por teléfono una vez. En aquella época yo apenas chapurreaba inglés pero se hizo entender… Fue una corta conversación. Aunque hubo sitio hasta para la broma: “No vayas contando ahora por ahí que somos amigos porque hemos hablado una vez por teléfono”, me arranqué a decir. Le hizo gracia.

Se trataba de colaborar con un disco benéfico en ayuda de las víctimas del 11-S y Michael se empeñó en darme las gracias personalmente con esa voz suya tan infantil. De aquello guardo otro buen recuerdo; fue el mismo momento en que conocí a mi buena amiga Shakira.

Me gustaría haber escrito cualquiera de sus canciones. Pero entre todas las demás, me quedaría con BAD, por ese toque más rock que supo imprimirle a su carrera en un momento fantástico de ésta.

Hoy me da por pensar, y eso me entristece, que hizo multitud de cosas maravillosas, pero también que nos perderemos para siempre muchas que pudo haber hecho y no le dejamos por el excesivo interés que tuvimos en sus miserias.

Ha muerto el rey del pop, el papito auténtico del pop, con permiso de muchos otros. Parecía que eso no podía pasar… Hoy es un día triste para mucha gente, pero sobre todo para aquellos que se empeñaron en aprender el paso de baile moonwalk, que tan famoso le hizo. Parecía que no podía pasar.

27 - Junio - 2009

El Rey del Pop, ¡sea!

Manuel Hidalgo

Michael Jackson obró ayer el milagro de poner de acuerdo en primera página a todos los periódicos de Madrid. Hazaña nada fácil. Los cinco diarios de pago coincidían en su valoración sobre el difunto: el Rey del Pop, aunque Público -de tirón más republicano- escondía este título en su subtítulo, valga el doble juego de palabras.

Es cierto que Jackson se había autocoronado al titular King of Pop (2008) su último álbum recopilatorio, pero tampoco es frecuente que la prensa se muestre conforme con la visión de sí mismos que tienen los personajes públicos, excepción hecha -eso sí- de cuando acata los dictados promocionales de la industria cultural más potente.

La monarquía seguirá estando bien arraigada mientras el pensamiento analógico no encuentre mejor etiqueta para designar a quien supuestamente está por encima de todos que la de Rey. Todo lo que, a la postre, tiene que ver con la mitomanía, la magia y el idealismo -incluso con la necesidad de la hipérbole- acaba encontrando su horma en el concepto de Rey. Los republicanos lo tienen crudo, nadie está dispuesto a titular: «Muere el Presidente del Pop». Aparte de que tantas matrices son más difíciles de encajar y de cuadrar, se podría decir que tal título molaría menos: falto de fantasía y ensueño, pleno de rigor civil.

La quíntuple coincidencia pudiera también interpretarse como una perezosa zambullida en el lugar común. Los periódicos buscan cada día la singularidad en sus ofertas de portada. Las exclusivas son muy codiciadas. Pero, a veces, cuando la noticia va a ser inevitablemente compartida -y queda fuera de las diferencias políticas-, el tópico ejerce toda su fuerza como imán de mayorías. El tópico es el territorio de la mayoría. El tópico es congregante, y, ante determinados acontecimientos, la diferencia de matiz es tan decepcionante como hiriente: quiero que me digan lo que yo mismo diría, lo que yo mismo sé. Una diferencia de enfoque sería molesta, discriminatoria, excluyente. Tal vez significara una mueca de superioridad que el periodista no se quiere permitir porque el lector no aceptaría. ¿Y el Dios del Pop? ¿O el dios del Pop? Cuidado, ojo con las mayúsculas o con las minúsculas a la hora de nombrar al ser divino. Sería otra forma hiperbólica de referirse a quien está por encima de los demás sin discusión. Pero esta analogía está todavía bloqueada por el respeto a las religiones monoteístas. El Uno es Dios, pero Dios sólo hay uno. Ni un cantante ni nadie puede aspirar a tal título. En estos casos, mejor hablar de héroes, como venía comentando hace unos días. El héroe tiene estatura sobrehumana, pero no deja de ser humano y, llamando héroe a alguien, no se ofende a la divinidad. Es curioso que sea más fácil atribuir a una mujer, generalmente bellísima e imponente, la condición de diosa: diosa de la pantalla, de la pasarela o de la escena. Y es que todas las diosas son falsas y paganas. Ninguna de las tres religiones monoteístas -que son las que tienden a ser las verdaderas- tienen a una Diosa en lo más alto, de modo que diosa puede ser hasta Megan Fox. ¡Y vaya si lo es!

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