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Muere Peter Jennings ‘la voz de Estados Unidos’, el presentador estrella de la cadena ABC (de Disney)

HECHOS

El 9.08.2005 se conoció el fallecimiento de Peter Jennings.

09 - Agosto - 2005

El rostro sereno de los informativos

Carlos Fresneda

Fue la voz familiar que durante más de 20 años transmitió a millones de americanos la certidumbre de que el mundo seguía girando al regreso del trabajo. Peter Jennings, el intachable presentador del telediario de la ABC, la palabra justa y el tono atinado, falleció a los 67 años de un cáncer de pulmón.

Jennings llevaba con orgullo su ciudadanía canadiense y se había nacionalizado estadounidense hace tan sólo dos años, más que nada por complacer a su mujer, Kayce, y a sus hijos, que el domingo le arroparon en el lecho de muerte, en su apartamento de Nueva York.

El presentador, con su voz inusualmente quebrada, se había despedido de su audiencia el 5 de abril, aunque mantenía las esperanzas de ganar su batalla contra el cáncer y volver al oficio. Su muerte marca el final de una época, la del mágico triunvirato compartido con Dan Rather (CBS) y Tom Brokaw (NBC), que arrancó con los últimos estertores de la Guerra Fría y llegó hasta los atentados del 11-S, donde los tres dieron el penúltimo do de pecho.

Rather y Brokaw supieron que había llegado su hora y arrojaron la toalla con la polvareda de la Guerra de Irak; Peter Jennings se rindió sin embargo por una razón de fuerza mayor. Una de sus mayores frustraciones, mientras se sometía al agresivo tratamiento, fue no haber llegado a cubrir in situ el maremoto en el sur de Asia. Porque a Jennings le hervía la sangre y no se conformaba con ejercer de busto parlante desde el plató. Sus años de experiencia como corresponsal en Oriente Próximo y en Europa sirvieron para afilar su percepción del mundo, y uno de sus principales empeños fue hacer que los norteamericanos mirasen más allá de sus fronteras.

Impuso la práctica, luego imitada por tantos, de trasladar el estudio al escenario de la noticia. Necesitaba ver las cosas, y ejercer sobre la marcha de presentador, de editor, de analista y de todo lo que hiciera falta para ayudar a los televidentes a sacar sus propias conclusiones y a comprender mejor la situación.

Su estilo, cercano pero distante, sin perder nunca la compostura aun en la más dramática de las situaciones, marcó una época y creó una escuela que ahora se ha quedado sin maestro. «Hay mucha gente que piensa que nuestro trabajo consiste en asegurar a la gente, noche tras noche, que su casa y su nación están a salvo», confesaba el propio Peter Jennings al autor Jeff Alan. «Yo no comulgo con eso. Lo que yo pretendo es dejar a la gente -y lo siento si suena a cliché- con una versión cruda de la historia.Unos días puede resultar reconfortante, otros días es absolutamente destructiva».

Marcó la pauta de los telediarios norteamericanos desde finales de los 80 hasta principios de los 90, cuando fue superado en los índices de audiencia por Tom Brokaw. La subida fulgurante de la CNN durante la Guerra del Golfo y el sensacionalismo patriótico de la Fox News en la segunda ofensiva contra Irak no perturbaron su peculiar forma de ver y transmitir la realidad. «Cuando se trata de una experiencia claramente emocional para la audiencia, el presentador no debe añadir sus propias emociones», se justificaba el propio Jennings, en una entrevista al Star Tribune de Minneapolis.

Mientras Dan Rather se ponía el casco y se mostraba dispuesto a alistarse en la guerra contra el terror, Peter Jennings mostraba ese aire de imperturbabilidad a prueba de bombas que mantuvo incluso durante los atentados del 11-S, en aquella maratón de 60 horas que nadie pudo emular y que tanto agradecieron los norteamericanos.En momentos de duda y zozobra, millones de televidentes seguían recurriendo a su convincente voz y a su semblante sereno.

Jennings bebió el oficio de su padre, Charles Jennings, que fue uno de los primeros presentadores y más tarde director de la Canadian Broadcasting Corporation (CBC). A los nueve años, el chaval tenía ya su propio programa para niños Peter’s People, los sábados en la CBC.

Los estudios se le atragantaron y dejó el instituto sin completar el bachillerato. Fueron años difíciles, recordados por Jennings con dolor. Mientras sus amigos se fogueaban en la universidad, él se metió a trabajar como cajero en un banco. La rutina le iba devorando por dentro: a los 23 años sintió la llamada de la profesión y se curtió en una emisora local de radio en Brockton, Ontario. Poco después, era ya presentador en la televisión canadiense, y en el 64 tuvo la ocasión de cubrir la Convención del Partido Demócrata, donde le tendió el anzuelo el presidente de la ABC, nada más verle en acción. Con 26 años, envidia y recelo de la profesión, se convirtió en el rostro casi imberbe del telediario.

«Tuve la ingenuidad de querer competir a esa edad con monstruos como Conkrite, Huntley y Brinkley», reconoció Jennings, que apenas duró tres años en pantalla y salió por voluntad propia a conocer mundo: directo a Beirut, a cubrir la explosiva situación de Oriente Próximo, y de allí a Europa, a tiempo para vivir desde dentro los luctuosos Juegos del 72 y ofrecer espeluznantes instantáneas del secuestro de los atletas israelíes a manos de un grupo terrorista árabe.

Su regreso a primerísimo plano en el World News Tonight, con el mundo por montera, se produjo en septiembre de 1983. Tres años después marcó un hito con la cobertura del desastre del Challenger y dejó claras las nuevas reglas: el anchor no puede permanecer anclado en el estudio, sino que ha de viajar donde están las grandes noticias.

Su telediario fue el más visto por los norteamericanos durante casi una década. Su curiosidad innata le llevó a dirigir paralelamente varios documentales y a coescribir dos libros, El siglo y A la busca de América. A lo largo de su carrera cosechó 16 Emmys y decenas de premios periodísticos.

«Parece que empecé ayer y parece una eternidad, todo al mismo tiempo», confiaba Jennings a Larry King en la CNN, con motivo del vigésimo aniversario como presentador del World News Tonight. Su colega Ted Koppel recordaba ayer su desconocido lado humano, por debajo de sus impecables hechuras de profesional de la información: «Peter era un hombre encantador, amable y sorprendentemente sentimental».

Diane Sawyers recalcaba entre tanto «el sentido de la justicia, del equilibrio y de la mesura» de Jennings, consciente mejor que nadie de que «no, no hay una verdad absoluta que valga para todo el mundo».

Su compañera y amiga en la ABC, Barbara Walters, ensalzaba entre tanto su dominio de la escena: «No conozco a nadie que pudiera mandar sobre una audiencia con la autoridad con la que lo hacía Peter Jennings».

El cáncer de pulmón le pilló por total sorpresa la pasada primavera: llevaba dos meses sintiéndose mal y se lo descubrieron en un chequeo. «Dejé de fumar hace 20 años, pero durante el 11-S no pude evitarlo y volví a caer», confesó. Tras su despedida en antena, siguió visitando los estudios de la ABC y trabajando entre bastidores, hasta que el tratamiento de quimioterapia le obligó a retirarse. El pasado 29 de junio, en la web de la ABC, el propio Jennings agradecía el apoyo recibido de miles de admiradores: «Vuestras palabras son mi fuerza».

Charles Gibson, su sustituto en el telediario de la tarde, se vio en el trance de comunicar la noticia a última hora del domingo: «Peter ha muerto con su familia a su alrededor, sin dolor y en paz. El era consciente de haber vivido una buena vida». El tributo final se lo reservó el director de la ABC, Dave Westin: «Por cuatro décadas, Peter ha sido nuestro colega, nuestro amigo y nuestro líder en tantas cosas… No seremos los mismos sin él».

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31 - Diciembre - 2005

Peter Jennings

José María Carrascal

El año 2005 ha visto despedirse a los tres últimos grandes presentadores de la televisión norteamericana, aunque por razones distintas. Tom Brokaw se jubiló. A Dan Rather lo jubilaron y Peter Jennings falleció. La era en que el ancor [presentador estrella], desde la tribuna casi pontificia de un telediario, informaba sobre cuanto ha ocurrido en el mundo, se ha acabado.

Jennings, nacido en Canadá, ni siquiera acabó el bachillerato, tanta prisa le corría hacerse periodista. Con 9 años presentaba un programa para niños en la emisora de radio de su padre. No había cumplido los 20 cuando presentó otro por televisión dedicado a la música moderna. Y con 27 se hacía cargo de las últimas noticias de la cadena norteamericana ABC como el presentador más joven de la historia. La falta de experiencia se notó, y Jennings inicia un largo aprendizaje en el terreno donde se han forjado los grandes ancor norteamericanos: la corresponsalía en el extranjero.

Le vemos en Roma, El Cairo, Beirut, con frecuentes desplazamientos a París, Berlín, Moscú, Pequín. Los años 60 y 70 se los pasa de crisis en crisis: Vietnam, la guerra de Yom Kippur, la masacre de los atletas israelíes en Múnich, las cumbres soviético-norteamericanas. Entrevista a Sadat, a Jomeini, a Gorvachov. Completada su educación exterior, la ABC le incluye en un triunvirato de presentadores de sus noticias, para convertirle en presentador único en 1983.

Comienza el momento cumbre de su carrera, siendo nombrado el mejor ancor de Estados Unidos por el Washington Journalist Review en 1988, 1989, 1990 y 1992. Con el cambio de siglo, su estrella palideció un tanto. Pudo influir el giro hacia el conservadurismo que se apreció en la sociedad norteamericana, y también que su salud empezara a deteriorarse, sin que él mismo se diera cuenta. Durante la tragedia del 11 de septiembre, en la que estuvo 60 horas seguidas ante las cámaras, volvió a fumar -lo hacía desde los ?? años-, después de haberlo dejado en 1988.

El primero de abril pasado, presentaba por última vez las noticias, de una de las cuales es protagonista, al anunciar su despedida por habérsele diagnosticado cáncer de pulmón. Va a empezar un tratamiento de quimioterapia y promete regresar, pero no puede hacerlo. Me crucé con él en el aeropuerto de Washington en 1992. Al darle las gracias por el mensaje que nos había dedicado al inaugurarse Antena 3 Televisión, me preguntó: “¿Cómo resultó mi español?”. Era un profesional 110 por 100, detallista y sensible, cordial y educado, discreto y honesto que vivía por y para el periodismo. Muchos le habrán echado de menos en la cobertura de la muerte de Juan Pablo II, del tsunami o de los últimos acontecimientos en Irak.

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10 - Agosto - 2005

A Berlín, como Jennings

Vicente Vallés

El 10 de noviembre de 1989, a primera hora de la mañana, se reunió como cada día el pequeño grupo de responsables de la entonces recién nacida redacción de Telemadrid. Con sólo un mes de vida, a Telemadrid le tocaba competir con Televisión Española en contar una noticia histórica: el Muro de Berlín había caído la tarde anterior.

El entonces director de Informativos de Telemadrid, Fermín Bocos, dirigía aquella reunión tratando de encontrar la forma de ser los mejores sin disponer de medios para ello. Alguien en la mesa se atrevió a decir en broma: «Si fuéramos ABCNews, mandaríamos a Peter Jennings a hacer el informativo en directo desde el Muro de Berlín». Cinco minutos después, Bocos llamó a su despacho a aquel aspirante a periodista que había lanzado la propuesta y le dijo: «Vamos a hacer el informativo desde Berlín. Hoy Telemadrid va a ser Teleberlín». Y Telemadrid fue Teleberlín. Nunca antes en España una cadena había sacado a su presentador de su estudio para mandarlo allí donde había ocurrido la noticia. Hoy es moneda común.

Aquella referencia a Peter Jennings en la mesa de redacción de Telemadrid era sólo un ejemplo de la impronta que ya entonces este hombre de la televisión dejaba en unos cuantos periodistas que iniciábamos nuestra carrera en el medio audiovisual a finales de los 80. Hoy, miembros de esa generación estamos repartidos por diferentes cadenas, presentando programas o dirigiendo informativos.Y sabemos lo mucho que aprendimos de la profesión viendo hacer y contar las noticias a Peter Jennings.

Quien escribe estas palabras es uno de ellos. Y tuvo la suerte de poder compartir unos minutos con Jennings en un corto encuentro personal en 1993. Fue en los estudios de ABCNews en Nueva York.Se mostró amable y con ganas de conversar. La redacción de su programa era sorprendentemente pequeña: apenas una mesa redonda en la que trabajaban los productores, el realizador, una secretaria y el propio director y presentador. Era la demostración de que no todo es cuestión de medios. El talento también importa.

Y Jennings tenía talento. Lo demostró cuando a mediados de los 60, con sólo 26 años, pidió dejar el puesto de presentador. Había llegado a la conclusión de que para presentar bien las noticias primero hay que ser un buen periodista, y a esa edad, dijo, aún no lo era.

Y demostró su talento durante 40 años, siempre en la misma cadena: ABC. Desde allí compitió con otros monstruos de la televisión, hoy retirados: Tom Brokaw y Dan Rather. Los tres heredaron el legado de Walter Cronkite, el tio Walter, el gran mito de las noticias en la televisión, a quien todos los americanos veían cada tarde. Y heredaron, en buena medida, su poder.

Allá por los 70, un avispado estratega político tuvo la ocurrencia de proponer que su partido convenciera a Walter Cronkite para que dejara la televisión y se pasara a la política. Un compañero, aún más avispado, le respondió: «Y por qué Walter querría perder tanto poder». Quizá ya no haya en EEUU periodistas con el poder de convicción de Jennings, Brokaw y Rather. Con ellos termina una época para la información audiovisual. Pero nos siguen inspirando a quienes sufrimos algo parecido al síndrome de Stendhal cuando vemos en televisión una noticia bien contada.

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