Salpicada por la corrupción de compañeros del PP valenciano negó a abandonar su acta a pesar de las presiones de su propio partido del que fue forzado a darse de baja

Muere Rita Barberá, senadora del Grupo Mixto y ex alcaldesa de Valencia tras ser abandonada por su propio partido

HECHOS

El 23.11.2016 murió de un infarto repentino la senadora del Grupo Mixto, Dña. Rita Barberá Nolla.

barbera_dep El principal periódico de la derecha valenciana y de la izquierda valenciana no tenían el mismo punto de vista a la hora de referirse a la fallecida.

MINUTO DE SILENCIO EN SU MEMORIA DE PP, PSOE, ERC O COMPROMÍS, PERO NO UNIDOS PODEMOS

AnaPastor_PresiCongresoPabloIglesiasUniversidad La Mesa del Congreso, tras conocer la muerte de la senadora del Grupo Mixto, Dña. Rita Barberá, pidió un minuto de silencio que fue respaldado por PP, PSOE, Ciudadanos, PNV, la ex CiU y ERC. Pero no así Unidos Podemos que encabezado por Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Alberto Garzón abandonaron el hemiciclo para no tener que honrar a la difunta.

24 - Noviembre - 2016

Historia de Valencia

LAS PROVINCIAS (Director: Julián Quirós)

la desgraciada hora de la muerte de Rita Barberá conviene tomar un poco de distancia para poder diferenciar con nitidez el personaje que ya ha pasado a formar parte de la historia de Valencia de los convulsos acontecimientos que en el ámbito judicial han marcado los últimos tiempos de su larga y fructífera carrera política, hasta acabar provocando su fallecimiento. Sólo el paso del tiempo será capaz de amortiguar y modular las apasionadas reacciones que su figura concita, a favor las más, en contra las menos, legítimas siempre que se formulen desde el respeto que merece cualquier ser humano por encima del cargo que eventualmente desempeñe. Todas ellas y la repercusión mediática y social de su adiós vienen a demostrar que nos encontramos sin ningún género de dudas ante el dirigente político más influyente en la Comunidad Valenciana desde la restauración democrática. Una personalidad que por derecho propio ha pasado ya a ocupar un sitio en los libros de historia.

Rita Barberá ha sido, por encima de cualquier otro episodio de su trayectoria política, la alcaldesa de Valencia. Gobernó la tercera capital española entre 1991 y 2015, gracias a una coalición con UV en los primeros cuatro años y con aplastantes mayorías absolutas a partir de entonces. A ella cabe atribuirle la transformación urbanística de la ciudad, un cambio radical desde aquella urbe adormecida que miraba con envidia los acontecimientos del 92 y la dinámica e internacional que albergaba grandes eventos como la Copa América o la Fórmula 1 y recibía a cientos de miles de visitantes. Con muchas más luces que sombras, la historia de Valencia en los siglos XX y XXI se escribirá con un antes y un después de Barberá.

Su dilatada etapa en la Alcaldía terminó, sin embargo, de la peor manera posible, salpicada por un escándalo de corrupción en el que por encima de la cuantía -ridícula en comparación con casos que han merecido mucha menos atención- lo que se ha puesto en el centro de la diana ha sido su propia figura, el símbolo, la que un día fue aclamada por el Partido Popular como la alcaldesa de España. En este triste epílogo de su paso por el Ayuntamiento quedó en evidencia la dificultad que representa para un político con tirón popular como Barberá saber marcharse a tiempo de los sitios, decir adiós en el momento adecuado. No lo hizo así, y desde las elecciones de 2015 su vida se convirtió en un calvario, víctima por una parte de un linchamiento a manos de enemigos que llevaban décadas esperando su momento y, por otra, de su propia incapacidad para entender la situación, dimitir del cargo de senadora y no convertirse en una tránsfuga de la formación que ayudó a fundar y elevó hasta el poder. En el fondo, un último servicio en favor de los intereses de su partido.

Los excesos cometidos por algunos políticos y determinados medios en torno a la causa judicial que se seguía contra Rita barberá deberían llevar a la reflexión de unos y de otros, aunque difícilmente van a poder meditar sobre sus errores quienes llegan a negar la mínima compasión a un ser humano al ausentarse de un minuto de silencio por su memoria. Valenciana hasta el fin, animal político por excelencia, personalidad arrolladora y sin matices, no dejó indiferente a nadie, ni en su vida ni, desgraciadamente, en una muerte que llegó demasiado pronto, demasiado sola, demasiado triste. Desde ayer su historia está ya indisolublemente unida a la de Valencia.

24 - Noviembre - 2016

Conmoción y algunos excesos en la muerte de Rita Barberá

EL MUNDO (Director: Pedro G. Cuartango)

La muerte de Rita Barberá por un infarto causó ayer una lógica conmoción en la clase política y en buena parte de la sociedad porque se trata de una dirigente que en las últimas tres décadas ha ejercido importantes responsabilidades, siempre en primera línea política. Su gestión tiene, como es obvio, algunas sombras, pero también muchas luces que sería tan injusto como cicatero no reconocer. De hecho, algunos de sus principales adversarios en Valencia, donde ha sido alcaldesa nada menos que 24 años, destacaron su labor para modernizar la capital del Turia, hoy una de las ciudades más pujantes del Mediterráneo. Entre ellos, el ex presidente valenciano del PSOE Joan Lerma subrayó su “entrega absoluta” al Consistorio.

Es la incuestionable importancia política de Rita Barberá la que justificaba ayer actos como el minuto de silencio que se guardó en el Congreso en señal de duelo. Por ello, que los diputados de Podemos abandonaran el Hemiciclo para no “homenajear a personajes corruptos”, como dijo Pablo Iglesias, fue una indecencia. La formación morada volvió a demostrar un sectarismo y una falta de la mínima cortesía política que, sumado en este caso a la ausencia de humanidad, produce escalofrío. La muerte de cualquier persona causa tristeza, no digamos ya cuando se trata de alguien relativamente joven como Rita Barberá, de 68 años. Y aunque su trayectoria se haya visto manchada en los últimos años por los casos de corrupción que afectan al PP valenciano, no pesaba sobre ella ninguna condena, por lo que merece ser tratada con presunción de inocencia y respeto.

Dicho lo anterior, tampoco es admisible la politización que muchos dirigentes del Partido Popular han hecho de la muerte de Barberá. El lógico dolor por la pérdida de quien ha sido una de las figuras más destacadas de esta formación no justifica que ayer se repitiera que su fallecimiento es la consecuencia de una “cacería injusta”. Algunas declaraciones fueron tan extemporáneas como las de Celia Villalobos, quien acusó a los medios y los tuiteros de haberla “condenado a muerte”.

En un régimen democrático, los medios ejercen su responsabilidad cuando informan, de modo contrastado, sobre hechos de innegable relevancia como los que salpicaban a la ex alcaldesa. No es verdad que estuviera siendo investigada sólo por “una donación de 1.000 euros”, como ayer repitieron a modo de argumentario muchos líderes del PP. Eso es una simplificación falaz. Barberá tuvo que declarar el lunes ante el Supremo -en calidad de aforada- por un presunto blanqueo de capitales. Es una pieza separada del caso Taula, uno de los grandes escándalos de corrupción de esta Comunidad, en la que hay medio centenar de imputados, incluido el PP como persona jurídica y casi todo el equipo de Barberá de su etapa como alcaldesa. La Fiscalía pide penas muy altas porque la trama de financiación irregular empleó la llamada técnica del pitufeo para blanquear dinero -que presuntamente procedía de mordidas al adjudicar contratos-, propia de mafias.

Por ello, siempre hemos defendido que, independientemente de que Barberá tuviera o no alguna responsabilidad penal, cosa que debía dirimir la Justicia, sí debía asumir su responsabilidad política renunciando al escaño de senadora que ocupaba desde 2015.

Su resistencia a dar ese paso atrás cuando el Supremo decidió investigarla llevó a su partido a obligarla a darse de baja. Pero ayer no faltaron voces en el PP que traslucían una mala conciencia y criticaron la dureza con la que se le ha tratado estos meses. Y figuras como Aznar lamentaron su “exclusión” y que se le hubiera dejado sola. Ello enseguida abrió un debate sobre la injusticia de la pena del Telediario sin esperar a las sentencias. Se equivocarían los populares si tras este golpe emocional pretendieran desandar lo que se ha avanzado en fijar el listón de las responsabilidades políticas. En un país donde la lacra de la corrupción ha dañado tanto la credibilidad del sistema, los dirigentes están obligados a tener comportamientos ejemplares y a dejar la primera línea cuando hay sólidas sospechas de comportamiento irregular. Sin que ello prejuzgue su inocencia.

24 - Noviembre - 2016

Otro gesto equivocado

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

Iglesias y los diputados de Podemos volvieron a mostrar ayer su cara más oportunista al no participar en el minuto de silencio por Rita Barberá

Hay momentos en los que las personas quedan retratadas como lo que realmente son. Pablo Iglesias y los diputados de Unidos Podemos volvieron a mostrar ayer su cara más oportunista al no participar en el minuto de silencio que se guardó en el Congreso de los Diputados por el fallecimiento de la senadora del PP y exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá.

El líder de Podemos justificó su decisión diciendo que se negaba a realizar “un homenaje político” a una persona “cuya trayectoria está marcada por la corrupción”. Eso supone no entender la diferencia entre una muestra de humanidad, de respeto y de conmiseración hacia una persona fallecida y un homenaje a una personalidad política.

En las democracias avanzadas, cualquier figura pública debería actuar siempre con un punto más de reflexión: es lo que le faltó ayer a Iglesias, aunque no a algunos de sus socios de coalición ni tampoco a los representantes de Unidos Podemos en el Senado, que sí se unieron al minuto de silencio.

No es la primera vez que los responsables del partido morado yerran en sus gestos. Ya lo han hecho en otras ocasiones, cuando había que apoyar a los demócratas presos en cárceles de otros países o condenar actuaciones antidemocráticas dentro y fuera de España. Su doble vara de medir les hace perder credibilidad día a día.

El populismo busca siempre la diferenciación con gestos, afirmaciones o espectáculos destinados a ocupar las primeras páginas de los periódicos y las aperturas de informativos de radio y televisión. Se va a cumplir un año desde que Podemos y sus aliados llegaron al Parlamento y siguen utilizando la performance como instrumento en vez de participar de forma natural en el debate, con propuestas y discusiones destinadas a resolver los problemas. ¿Era esto la nueva política?

27 - Noviembre - 2016

¿Qué hemos hecho con Rita?

María Consuelo Reyna

Desde que el jueves nos golpeó la noticia de la la dolorosa muerte de Rita Barberá, no paro de darle vueltas a una pregunta. ¿Cómo es posible que una sociedad permaneciera impasible ante el linchamiento que estaba sufriendo una gran persona y una gran alcaldesa?

Ahora todo son golpes de pecho, lágrimas de cocodrilo y lanzarse las culpas los unos a los otros. Pero el mal, el irreversible mal, ya está hecho. Su corazón dolorido, lleno de pena, se ha roto en mil pedazos. No aguantó.

Cualquiera de las frases de admiración y reconocimiento a su gran labor como alcaldesa que se han pronunciado en estos días habría bastado para recomponer su corazón, para darle fuerzas y seguir luchando. Pero no. Silencio. Silencio. Silencio. En el mejor de los casos. En otros ha continuado el ensañamiento hasta más allá de la muerte.

A lo largo de los meses de persecución sólo tuvo, como siempre, el incondicional amor de su familia y el de un grupo de amigos. Los de toda la vida. Nunca quiso considerar amigos a los que surgen como setas alrededor del poder. No la deslumbraron los poderosos que le bailaron el agua. Por eso ha muerto con lo mismo que tenía al llegar a la política. No como otros.

No pretendo glorificar a Rita. Ni mucho menos. Rita, como toda persona que hace mucho y no se queda de brazos cruzados viéndolas venir, cometió errores a lo largo de sus 24 años como alcaldesa. Y fui la primera en criticárselos. Pero hizo mucho, muchísimo, por Valencia. La puso preciosa. Resplandeciente. Llena de vida. Como la misma Rita, tan vital siempre, pura cordialidad con todo el mundo y también mano de hierro cuando luchaba por Valencia.

Y el pueblo llano (ese mismo que ahora, en su corazón, se pregunta: ¿Qué hemos hecho con nuestra alcaldesa?) ha ido a poner flores y pequeños mensajes de afecto a las dos casas de Rita Barberá, la suya y el Ayuntamiento, ese ayuntamiento cuyo alcalde ha dicho cosas preciosas de Rita, pero que, hasta el jueves mismo, y lo digo porque lo comprobé, no había puesto la foto de Rita, junto a las de anteriores alcaldes, en la pequeña galería que hay junto al salón de Cristal y que conduce al despacho del alcalde.

¿Por qué alcalde?

Rita, lo quiera usted o no, ha sido alcaldesa de todos los valencianos durante 24 años

Rita, lo quiera usted o no, ganó las últimas elecciones y obtuvo mayor número de votos de confianza de los valencianos que su lista y la de todos los otros.

Rita, lo quiera usted o no, no ha sido declarada culpable, ni tan siquiera procesada, por ningún tribunal.

Y se lo digo a usted y me lo digo a mí misma. A mis ex colegas periodistas de Valencia que, conociendo a Rita, sabían que era incapaz de cometer las tropelías de las que se le acusó una y otra vez, con saña. A los compañeros de partido de Rita que la dejaron caer. A los partidos que la lincharon como Podemos o Compromís, o que pidieron su cabeza para firmar el acuerdo de gobierno con Rajoy como Ciudadanos. A los que, cuando se trata de personas como Rita a las que no pueden ni ver, piden una justicia «ejemplarizante». Y la Justicia sólo tiene que ser justa. Igual para todos.

¿Qué hemos hecho con Rita?

María Consuelo Reyna

24 - Noviembre - 2016

Entre todas la matamos y ella sola se murió

Jaime González

Todo lo que me gustaría decirle a Rita Barberá es que descanse en paz, no a modo de protocolaria despedida, sino porque deseo de corazón que encuentre en la otra vida el sosiego que no pudo alcanzar al final de sus días. Entre todos la matamos y ella sola se murió. La muerte de Rita Barberá, la forma en que se ha ido, podría convertirse en la metáfora perfecta de la desolación o el desaliento, pero como no tengo muchas ganas de ponerme tierno prefiero recordarla saltando en el balcón del Ayuntamiento que tendida en una habitación de hotel

Dice que hemos acabado con la presunción de inocencia, pero me importa un cuerno. Si fuera solo eso, la muerte de Rita podría servirnos para reflexionar sobre el riesgo social de tanto prejuicio denigrador, de tanto odio inoculado. Es mucho peor. No sé en qué momento perdimos ese rasgo que nos permitía ponernos en el pellejo del otro en lugar de arrancarle la piel a bocados, pero tampoco quiero gastar el tiempo divagando sobre la condición humana de la política, los medios y una sociedad en la que la rabia ha terminado por doblarle el pulso a la piedad. No sé si el infarto de Rita Barberá fue consecuencia directa de su estado de ánimo, pero sí que sufrió la desolación y el desaliento, sentimientos que podrían convertirse en la metáfora perfecta de una muerte que al menos va a servirle de descanso.

No es momento de repartir culpas entre propios y extraños, pero sí de pararse un segundo a pensar que tal vez Barberá fuera inocente. Doy fe de que la ex alcaldesa de Valencia no siguió ninguna estrategia, sin que se dejó llevar al modo Rita: Más con el corazón que con la cabeza. La última vez que hablamos me mandó un abrazo y un reproche a cuenta de un artículo en el que denunciaba esa España de pimpampum que la había colocado en el paredón de fusilamiento, pero en el que le recomendaba renunciar a su escaño en el Senado. Sus palabras me persiguen hoy como una sombra: “¿Crees que soy culpable?”. No recuerdo cómo salí del trance, pero sí que me sentí aliviado al colgar el teléfono.

Hoy quiero creerla porque siento no haberme puesto en su pellejo. Y porque no quiero dudar de su inocencia. Y porque, aunque ya no sirva de nada, voy a responder a su pregutna: no, Rita; el que me siento culpable soy yo Y asómate al balcón del cielo para que pueda pedirte perdón.

El Análisis

IMPRESENTABLES E HIPÓCRITAS

JF Lamata

Es bastante impresentable que el grupo parlamentario Unidos Podemos (Podemos + IU) se negara a concederle el minuto de silencio, algo que hasta ese momento, ante la muerte de un rival, sólo había hecho Herri Batasuna, argumentando que ‘era una corrupta’ (pese a que nunca llegó a ser condenada). Gran prestigio merecen figuras como Compromís, el alcalde de Valencia, ERC o D. Gaspar Llamazares que se negaron a respaldar la actitud de estos.

Pero no menos impresentable es la hipocresía de dirigentes del Partido Popular. Si en su momento el PP de manera oficial – a través de los Sres. Maillo, Andrea Levi, Alfonso Alonso, Maroto o Rafael Hernando – hicieron campaña contra Dña. Rita Barberá para usarla como cabeza de turco hasta conseguir que abandonara el partido. Que tras su muerte el PP, de manera oficial, intende rentabilizar su martirio despierta repugnancia. La realidad es que la negativa del PP a defenderla hizo más daño a la Sra. Barberá que cualquier otra cosa porque hizo ‘calar’ la idea de que era una corrupta pese a no estar condenada.

Diga lo que diga el PP y por mucho que la llore, nada ocultará el hecho de que ha muerto en el Grupo Mixto.

J. F. Lamata

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