Es propiedad de Luis Montiel un antiguo monárquico que evolucionó a republicano en 1931 y fundó el periódico AHORA que estuvo funcionando hasta 1936

Nace el periódico deportivo privado AS dirigido por Luis González de Linares acabando con el monopolio del diario público MARCA

HECHOS

El 6.12.1967 salió a la calle el primer número del periódico deportivo AS en Madrid.

UNA MANO DERECHA PROVENIENTE DEL ‘DIARIO MADRID’

RafaelRienzi El hasta ahora jefe de deportes del Diario MADRID, D. Rafael ‘Rienzi’ será la mano derecha del Sr. González de Linares en el nuevo periódico AS. El diario MADRID, controlado por sectores vinculados al Opus Dei partidarios del liberalismo económico frente al intervencionismo falangista, se ha caracterizado desde que llegó a su frente D. Rafael Calvo Serer por ser el periódico más abiertamente hostil hacia la permanencia en el poder del General Franco hasta al punto de incomodar a algunos de sus propios valedores opusdeistas.

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06 - Diciembre - 1967

Con espíritu deportivo

Luis González de Linares

El deporte – tanto el que se practica como el que se contempla – ha desviado en medio siglo a la juventud española del café cantante hacia el estadio, la nieve y el mar. El resultado está a la vista. Si nuestros bisabuelos levantasen la cabeza, verían en sus descendientes lo que ellos hubieran querido ser.

Pero el deporte es mucho más que un medio de perfeccionamiento físico. Ortega lo ha definido como actividad primordial y creadora, una de la más serias e importantes de la vida, de las más serias e importantes de la vida, de la que, paradójicamente, e importantes de la vida, de la, paradójicamente, se deriva el trabajo. Es, sobre todo, decimos nosotros, el molde de un estilo, de una manera de ser. La expresión inglesa ‘To be sport’ elogia a quien adopta, en cualquier circunstancia, una actitud de elegante y noble competividad: el saber ganar y el saber perder, porque nunca se gana ni se pierde definitivamente, y lo esencial es el afán de superación.

Puede imperar el espíritu deportivo en un grupo de investigadores y en un medio público. ¿Qué es la actual carrera espacial sino la más grande y trascendental prueba deportiva de la ciencia y de la técnica? Y en el orden espiritual, se alinean admirables equipos de cuya victoria depende que las inmensas fuerzas descubiertas por el hombre sean para él fuente de dicha, no de dolor y de muerte.

El estadio ha vuelto a ser, como en Grecia, parte integrante de nuestra civilización. Incluso cuando el atleta o el espectador atenta contra la deportividad porque se manifiesta así, por contraste, el valor excelso de la misma.

Nuestro propósito es hacer con espíritu deportivo un diario deportivo. Esto es, dar una información completa y objetiva. Lo mejor que podemos, sencillamente. Saludamos respetuosamente al Jefe del Estado, que tantas pruebas ha dado de su vivo interés por la formación de las nuevas generaciones. Saludamos al lector amigo, con la esperanza de no defraudarle; a toda la Prensa española y, muy fraternalmente, a la Prensa deportiva, en cuyas filas vamos a ocupar el puesto que merezcamos. También a las juventudes futuras puesto que merezcamos. También, a las juventudes futura, anticipadamente, a esas que serán, gracias, al deporte , tales como hoy quisiéramos nosotros ser.

Luis G. de Linares

06 - Diciembre - 1967

Carta a Ignacio Ara

Fernando Vadillo

Estoy en Viena, Ignacio, en la hermosa y vieja ciudad del Danubio, que tú conociste en la primavera de 1932. Eras entonces un mozo largirucho de 23 abriles y acababas de regresar de Nueva York con un regusto de amargura en el corazón. En Nueva York te habían birlado – ¿recuerdas, Ignacio? – la semifinal del campeonato del mundo de los Pesos Medios. Unos jueces yanquis le regalaron la victoria a tu adversario, el hebrero yanqui Ben Jeby. Cuentas las crónicas – y también me lo contaste a mí un día Ignacio – que juraste no volver a pisar jamás la llamada ‘Meca del Pugilismo’. Y cumpliste el juramento como buen baturro. Y liaste los bártulos. Y el 9 de abril de 1932 te coronaste campeón de Europa, batiendo, en Viena, al austríaco Karl Neubauer.

Hoy me hallo en Viena, Ignacio. Detrás de tus huellas y a treinta y cinco años de distancia de tu noche estelar. En este espacio de tiempo se han producido muchas mutaciones. Ha corrido mucha agua bajo los puentes del Danubio y se han atropellado los acontecimientos. Un día, Hitler hizo su entrada en la ciudad de los valses. Otro, estalló la guerra. Después – ya lo sabes, Ignacio – cayó Alemania y sobrevino la paz. Y, con la paz, resurgió el deporte a las pistas, a las canchas, a los cuadriláteros de Europa. Ya no volvieron a levantar cabeza los ídolos de tu juventud: los Barney – Ross, los Mickey Walker, los Max Schmeling ni los Kid Chocolate. Pero a estos colosos del ring les sucedieron otras figuras en el corazón del pueblo pugilístico. Y el punchig-ball siguió canturreando su cantar de cigarra bajo los ganchos y directos de los nuevos gladiadores.

Hoy me encuentro en Viena, Ignacio. He venido para ver combatir a Sombrita en el Stadthalle, y estoy acodado en una mesa de Prensa al borde del ring. Sobre la mesa, un cartelito con dos letras: AS. ¿Recuerdas, Ignacio? ¿No te dice nada esa palabra? AS fue el periódico de la primavera de tu vida, el periódico deportivo que cantó tus noches triunfales, que glosó, con prosa lírica, el arte y la excelencia de una esgrima que te valió el sobrenombre de ‘Catedrático de las Doce cuerdas’. Pues bien, Ignacio; AS ha resucitado en Madrid, y mañana volverá a vocearse en la Gran Vía en la calle de Alcalá, en la plaza de la Cibeles y en todos los caminos urbanos que tu caminaste y al os que sé que deseas retornar desde las lejanas y entrañable tierras de Hispanoamérica. AS Ha renacido a la vida periodística, Ignacio, y me ha llamado para escribir estas pequeñas cosas que hasta ayer estuve contando en MARCA a mis lectores. A mis amigos lectores. De MARCA me fui ayer con un abrazo, y a AS llego hoy con otro abrazo. Mañana – primer día de la segunda etapa de AS – quiero narrar mi primera crónica dirigiéndome a ti, que es tanto como dirigirla a todos los españoles que en ti tuvieron un ídolo incomparable, y que en ti siguen añorando una estrella de imposible sustitución.

Fernando Vadillo

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