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Las autoridades de l Unión Soviética interpretan lo ocurrido como una provocación contra ellos

Nuevo golpe de Estado en Afganistán: El primer ministro Jafizula Amín toma el poder tras asesinar a tiros al dictador comunista Taraki

HECHOS

El 16.09.1979 Jafizula Amín asumió la jefatura del Gobierno de Afganistán tras la muerte de Nur Mohammad Taraki.

MUERTE DE TARAKI ¿PROVOCACIÓN A LA URSS?

Taraki Aunque algunos medios dudaron si la caída de Taraki se debía a que este hubiera podido querer distanciarse de la Unión Soviética, la realidad es que Taraki había sido un fiel seguidor de las consignas del Kremlin. Por lo que la duda es cómo reaccionará el Kremlin ante la desaparición de tan valioso colaborador en un país vecino.

18 - Septiembre - 1979

Hafizullah Amin asume el control total del poder en Afganistán

El País

El nuevo presidente de Afganistán, Hafizullah Amin, en una alocución por radio de veinte minutos, anunció el lunes por la noche que el país queda bajo la dirección colectiva del Partido Demócrata del Pueblo y del Consejo Revolucionario, en lugar del Gobierno de una persona. Asimismo, proclamó, que Afganistán desea continuar sus relaciones fraternales con los países comunistas, pero que también desea lazos amistosos con sus vecinos islámicos, Pakistán e Irán. Amin acumula también la jefatura del Gobierno, la cartera de Defensa y la dirección del partido en el Poder.

El domingo, Radio Kabul anunció que Nur Mohamed Taraki había solicitado la dimisión por motivos de salud, y que el comité central del Partido Democrático del Pueblo, reunido bajo la presidencia del miembro del buró político y secretario del comité central (también ministro de Asuntos Exteriores) Sha Wali, decidió aceptar la dimisión tras discusiones de cuatro horas. A continuación, el Consejo revolucionario aceptó también la dimisión, y los dos órganos supremos eligieron al primer ministro Hafizullali Amin para sustituir a Taraki.Pero fuentes diplomáticas, tanto en Moscú como Islamabad -la capital del Pakistán que sirve de base de operaciones a la rebelión islámica contra el régimen apoyado por la URSS en Afganistán- ponen en duda la dimisión voluntaria de Taraki, y la consideran más bien culminación de una serie de luchas por el poder en las que Hafizullali Amin, representante de la línea dura del partido, se ha abierto camino hasta la suprema dirección del régimen.

Hafilzullali Amin está considerado como doctrinario marxista, convencido de que un Gobierno basado en la clase obrera no puede ser contrario y despectivo con la voluntad popular. Además ha demostrado su rigor implacable, no sólo con los enemigos declarados, sino con los aliados ocasionales y «compañeros de viaje».

Amin fue becario en la Universidad de Columbia, y alguna vez ha declarado que se volvió socialista por su experiencia en Estados Unidos. Taraki, de 62 años, que, por el contrario, adquirió su nacionalismo izquierdista y su odio al feudalismo en Bombay, centro del movimiento independentista indio, donde trabajó para una compañía frutera en los años treinta, estuvo, como Amin, en Estados Unidos de agregado de prensa, en 1953, pero muy pronto perdió su puesto por sus críticas a la corrupción y el nepotismo del rey Zahir Sha, y tuvo que ganarse la vida como traductor a destajo, en especial para la embajada de Washington en Kabul.

En 1966 lanzó el semanario Jalq (Masas), que antes de ser prohibido publicó el manifiesto del Partido Democrático del Pueblo, que marcó el comienzo del movimiento izquierdista radical en Afganistán. Es entonces cuando se le une Hafizullah Amin, que hasta la crisis actual se mantuvo como segundo imprescindible de Taraki, si bien hace tiempo iba recortando su poder efectivo y reduciéndole a «padre» y «símbolo» de la revolución de abril de 1978, que derrocó al presidente Daud, quien a su vez había concluido con la monarquía en 1973.

Rebelión islámica

A Hafizullali Amin se le atribuye la orden de liquidar físicamente a Daud y a unos setenta familiares y allegados, así como la represión, sin contemplaciones, contra toda oposición, en especial clero y disidentes musulmanes, que cayeron a centenares tras la revolución de abril.Amin, mostró su rigor también con el ala rival del JaIq de Taraki y Amin, laParcha (Bandera), que tuvo representantes en el primer Gobierno posrevolucionario. Amin, entonces ministro de Exteriores, logró que salieran del Afganistán, como embajadores, y una vez fuera les declaró «reos de alta traición».

Lo que provocó sobre todo la rebelión islámica -presentada por las nuevas autoridades como una reacción de los feudales despojados al entregar la tierra a los campesinos, pero inspirada sobre todo en motivos religiosos islámicos, que han arrastrado a las masas piadosas, a pesar de los beneficios de la revolución- fue el modo con que Hafizullah Amin forzó las reformas económicas y sociales, siguiendo el modelo soviético y atacando prejuicios tan arraigados como la situación de la mujer musulmana, a la que ha querido liberar e incorporar a la industrialización por la fuerza.

Desplazamiento de los militares

Entre tanto, Amin iba apartando del poder a los héroes militares de la revolución de abril que pudieran hacerle sombra. El primer ministro de Defensa de la revolución, Abdul Jalid. que puso las fuerzas aéreas a disposición de los revolucionarios, fue detenido y se cree que ejecutado. Amin reducía asimismo los poderes efectivos de Taraki, al que arrebató la jefatura del Gobierno en julio pasado.En la reorganización del Gobierno en esa fecha acumuló la cartera de Defensa, cambiando al teniente coronel Mohamed Aslan Watanyar, héroe de la revolución de 1973 contra la monarquía, y que dirigió en abril de 1978 el asalto al palacio del presidente Daud, al Ministerio del Interior, de donde desplazó a otro héroe revolucionario popular, el mayor Sharyan Mazduryar, que dirigió los carros de combate en el mencionado asalto, para trasladarlo al Ministerio de Fronteras.

La rebelión islámica fue extendiéndose hasta afectar a veintitrés provincias, de las veintinueve que tiene Afganistán, dejando guarniciones sitiadas y aumentando de modo peligroso las deserciones en la tropa, apoyo principal del régimen. Ello suscitó un enfrentamiento entre los «halcones» de Amin, dispuestos a emplear a fondo el armamento soviético para aplastar la rebelión, y los moderados, cuya cabeza visible es, o era, el ministro de Obras Públicas, Dastagir Panisheri, preocupados por la pérdida de popularidad del régimen, y que se inclinan al compromiso con el clero islámico.

En estas circunstancias, el viernes 14 se anunció la purga definitiva de Batanyar y Mazduryar, seguida por tiroteos y explosiones en el palacio presidencial, donde murieron al menos cuatro altos dirigentes, entre ellos el jefe del gabinete y guardaespaldas de Taraki, Sayed Daud Tarum, que fue enterrado el domingo con honores de héroe.

Fuentes diplomáticas de Kabul han llegado a indicar la posibilidad de que en la lucha perecieran también los dos ministros cesados y el propio presidente Taraki, pero hasta la noche del lunes no se han podido confirmar tales rumores. De otro ministro cesado, el de Comercio, Abdul Qudus Ghorgandi, se asegura que huyó para pasarse a la guerrilla. Kabul es un hormiguero de tropas apoyadas por carros de combate.

Respecto a la actitud soviética, parece que los acontecimientos llegaron un poco por sorpresa, pues Taraki estuvo en Moscú al regreso de lacumbre de La Habana y se entrevistó con Brejnev antes de seguir el día 10 ruta a Kabul.

La televisión de la URSS hizo a última hora de ayer un elogio del nuevo presidente afgano, de quien resaltó su amistad hacia la Unión Soviética. Según los observadores en Moscú, el cambio en la dirección afgana puede suponer una acentuación de la tendencia prosoviética en Kabul.

19 - Septiembre - 1979

El presidente Taraki murió en el golpe de Estado de Afganistán

AFP

La tesis que asegura que el presidente Taraki -cuya muerte a consecuencia de las heridas sufridas en el asalto al palacio presidencial fue anunciada en la madrugada de ayer- fue derrocado por intentar reducir la creciente influencia en el seno de su consejo revolucionario de su ambicioso primer ministro, Hafizullah Amin, es la que de más crédito goza entre los observadores. La muerte de Taraki no ha sido confirmada oficialmente.

Para estos observadores, la crisis que ha surgido en el seno de los organismos dirigentes afganos se agravó a raíz del reciente viaje del ex presidente Taraki a Moscú. Se sabía desde hace algún tiempo en Kabul que la URSS no estaba satisfecha con los métodos brutales y expeditivos de Amin y deseaba una política exterior afgana menos dogmática y más conciliadora.Nada más volver a Kabul procedente de Moscú, Taraki decidió oponerse o, por lo menos, frenar a su ambicioso lugarteniente. Amin reaccionó inmediatamente excluyendo del Gabinete a los cuatro militares adictos incondicionales de Taraki.

A pesar del secreto que rodea a las instancias dirigentes del partido Jal (El Pueblo) en el poder se deduce que los primero incidentes tuvieron lugar el viernes 14 de septiembre. Hacia las dos de la tarde, tropas y fuerzas policiales se concentraron en el centro de la ciudad, cerca de la radio y a proximidad del palacio del Pueblo. Dos horas más tarde se produjo en el palacio una violenta explosión -atribuida a una potente bomba-, que constituyó, sin duda, una señal para las tropas que se encontraban estacionadas en las proximidades. Los vecinos del palacio pudieron oír entonces claramente disparos de armas automáticas. A última hora de la tarde, la radio, cercada, anunció la destitución de todos los militares que formaban parte del Gobierno

El sábado fue anunciada la muerte del jefe de la policía y del guardaespaldas de Taraki. Amin se entrevistó con el embajador de la URSS, Puzanov, durante unas dos horas. Las medidas de seguridad en tomo al palacio daban la impresión que las tropas temían una contraofensiva.

Motivos de salud

Al día siguiente, era enterrado por la tarde el jefe de la policía, en un ambiente tenso, al mismo tiempo que un breve comunicado anunciaba que Taraki abandonaba sus funciones, «por motivos de salud», y era sustituido por Hafizullah Amin. Ayer fuentes próximas al hospital militar anunciaban que Taraki había fallecido a consecuencia de sus heridas. Su retrato y los eslóganes de «Padre fundador y gran líder de la revolución» desaparecían de las fachadas de los edificios oficiales. Por la tarde, sonriente y tranquilo, el presidente Amin anunciaba que la revolución continuaba.

De todos estos acontecimientos, amplificados y deformados por los rumores,que circulan en una ciudad traumatizada, repleta de tanques y desierta en cuanto cae la noche, la mayoría de los observadores sacan las siguientes conclusiones:

Parece seguro que el golpe cogió desprevenidos a los soviéticos. Amin y Taraki, hasta hace poco aliados, se habían convertido en enemigos irreconciliables, contando cada uno con su grupo de amigos. Fuentes fidedignas aseguran que los enfrentamientos armados en el interior del palacio arrojaron un balance entre cincuenta o sesenta muertos. Insistentes rumores aseguran que el coronel Massduria, jefe de las tropas soviéticas estacionadas en el palacio, y la esposa de Taraki, perecieron.

Las purgas en el seno del Jal tuvieron lugar antes de los enfrentamientos, y la tendencia favorable a Amin resultó vencedora.

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