Pablo Iglesias presenta una moción de censura contra Mariano Rajoy (PP) que fracasa por la abstención del PSOE y los nacionalistas

HECHOS

El 14.06.2017 el Congreso de los Diputados rechazó la moción de censura presentada por el grupo parlamentario de Unidos Podemos contra el Gobierno de D. Mariano Rajoy por el Partido Popular.

VOTOS

A favor de la moción de censura: 82 (Unidos Podemos + ERC + EH Bildu)

En contra de la moción de censura: 170 (PP + Ciudadanos + Coalición Canaria)

Abstenciones: 97  (PSOE + PNV + PDeCAT)

14 - Junio - 2017

Iglesias va a por los socialistas

ABC (Director: Bieito Rubido)

Ayer fue evidente que la estrategia de Podemos es drenar al PSOE de votos y apoyos sociales. Rajoy no fue más que la excusa táctica en su plan de liderar la izquierda

Pablo Iglesias confirmó ayer que su propósito con la moción de censura al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, era asaltar el electorado de izquierdas, lo que habría tenido mayores posibilidades si Pedro Sánchez no hubiera ganado las primarias socialistas. Pero como Sánchez ganó, Iglesias tuvo que subir el tono de sus formas y de sus contenidos para llegar a la pura y simple deslegitimación del Parlamento. Al insistir en que el Congreso y el Senado no representan a la sociedad española, Iglesias ratificó su discurso extremista y antidemocrático. Sin embargo, este ataque a la democracia parlamentaria -por tanto, liberal- era imprescindible en el planteamiento de Iglesias, quien, como exponente de la izquierda sectaria, tenía que negar la legitimidad del Gobierno de Rajoy, investido presidente por el mismo Congreso de los Diputados al que el líder de Podemos despojaba de su condición de representante de la soberanía nacional.

Con esa enmienda a la totalidad del sistema, Iglesias no tenía más que recrearse en el argumento y lo hizo reduciendo el Parlamento a un megáfono para lanzar eslóganes a su propio electorado y al del PSOE. Sus intervenciones estuvieron trufadas de falsedades, despreciando, por ejemplo, la verdadera situación procesal de quienes calificaba como imputados o acusados. Su intervención fue una pasarela de insidias, construida para enardecer a su bancada y comprometer a la socialista, pero carente de cualquier contenido que pudiera calificarse como proyecto político de quien aspira a ser presidente. Rajoy, por su parte, volvió a demostrar sus habilidades parlamentarias, pero no evitaron que al final la moción fuera un chorreo de acusaciones de corrupción contra su Gobierno y el PP. Iglesias, lo mismo que el PSOE, sabe dónde está el punto débil de los populares y no van a abandonarlo. Fuera del terreno de la corrupción, Rajoy puso en evidencia la inanidad del discurso de Iglesias, especialmente en la cuestión del separatismo catalán, la más grave crisis política de España en este momento, para la que el candidato de la extrema izquierda no tiene una sola idea clara. O son inconstitucionales.

Ayer fue evidente que la estrategia de Iglesias es drenar al PSOE de votos y apoyos sociales. Rajoy no fue más que la excusa táctica de Podemos en su plan de liderar la izquierda española, enfrentada a una guerra de liderazgo en la que el PSOE vuelve a jugarse su identidad. Para el Gobierno, la dureza de las intervenciones de Iglesias contra Rajoy deben ponerle en alerta de una reactivación de la izquierda, sobre todo porque la economía está mejorando. Sólo con datos y estadísticas puede no ser suficiente para que el Gobierno responda y gane el desafío que ayer formalizó la izquierda en el Congreso.

14 - Junio - 2017

Moción de confianza

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

Rajoy desmonta la censura presentada por Iglesias pero Podemos avanza

Con la presentación de la moción de censura que el Parlamento debatió este martes, Pablo Iglesias buscaba un triple objetivo: desgastar a Mariano Rajoy y a su Gobierno, presentarse ante los votantes de izquierda como la principal fuerza de oposición al PP y relegar a los socialistas a un segundo plano.

De esos tres objetivos, el primero fracasó ante un Rajoy que lejos de rehuir el enfrentamiento, aceptó batirse con Iglesias en un intenso duelo verbal en el que la habilidad retórica del presidente le permitió imponerse con claridad. Con su intervención, Rajoy convirtió la moción de censura en una moción de confianza, intentó ocupar el centro político y se postuló como última barrera democrática e institucional frente a un Podemos al que, tras igualarlo con el extremismo del Frente Nacional de Le Pen, dibujó como una fuerza populista situada fuera del consenso constitucional y europeísta.

Iglesias sí logro, sin embargo, los otros dos objetivos, especialmente el de fortalecerse ante el electorado de izquierdas y cortocircuitar a un PSOE en horas bajas que lucha por recuperarse. De ahí que el resultado del primer día de debates fuera que los dos grandes protagonistas que se enfrentaron en el hemiciclo, Iglesias y Rajoy, se afianzaran ante sus respectivos seguidores y consiguieran un rédito importante.

Por un lado, Podemos pintó un crudo retrato de los casos de la corrupción que encadena el PP y supo aprovechar la flexibilidad parlamentaria que acompaña una moción de censura para extenderse en su exposición de motivos. Por otro, Rajoy supo saltar al ruedo sin delegar, con cintura política, asumiendo la defensa de su Gobierno en primera persona y exhibiendo el aval de sus resultados electorales como factor legitimador de su actuación.

Solo las urnas deciden en democracia y solo los votos otorgan y arrebatan la mayoría a los partidos. Rajoy se aferró a esta evidencia para situar a Podemos en su lugar: es la tercera fuerza parlamentaria, con solo 71 escaños, que puede hacer crecer hasta 82 con el apoyo de Bildu (2) y ERC (9): a 94 diputados de la mayoría que necesita para vencer.

El duelo entre un Iglesias y un Rajoy que seguramente se crecieron ante públicos distintos y compatibles, dejó en evidencia el estrecho espacio en el que se ha recluido el PSOE. El silencio de Pedro Sánchez ante la moción de censura, aunque espere a su confirmación como secretario general el próximo fin de semana en el congreso del PSOE, es poco comprensible ante una ocasión de debate político como la que transcurre en el Parlamento. Y la decisión de abstenerse le deja desdibujado y sin argumentos claros frente a unos y otros. En política, los vacíos no existen, son rápidamente ocupados por otros.

Los votantes han podido contemplar una interesante foto de la situación política en España en el escenario donde debe tener lugar, que es en el Parlamento. El tiempo dirá si Podemos ha logrado frenar su caída en las encuestas y disputar al PSOE el liderazgo de la oposición frente a un Gobierno que, a pesar de los enormes casos de corrupción que le sacuden desde los tribunales, mantiene la confianza de la Cámara. Para gobernar, como sabemos por fortuna desde hace 40 años, solo hay que ganar elecciones.

14 - Junio - 2017

Moción de censura: Iglesias en su cantón

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

Pablo Iglesias planteó ayer una moción de censura para desbancar al Gobierno de Mariano Rajoy con un lastre definitivo. Pudo haberlo conseguido si el año pasado hubiera apoyado un Ejecutivo encabezado por Pedro Sánchez. Pero no quiso aliarse entonces con el PSOE porque vio cerca el sorpasso y convertirse en el líder de la oposición. Entonces le salió mal la apuesta y no lo consiguió porque entre las elecciones de diciembre de 2015 y junio de 2016 Unidos Podemos perdió un millón de votos y no consiguió superar a los socialistas. Con este punto de partida, está claro que la moción de Podemos fue un acto propagandístico, una forma más de espectáculo, tal y como entiende la política esta formación radical. Irene Montero pronunció ayer con una largueza excesiva pero eficaz un discurso sobre la corrupción del PP para justificar la moción de censura. Fue enumerando todos los numerosos casos en los que están implicados ex miembros del partido, si bien todos esos procesos -excepto Lezo, que se destapó hace unos meses-, ya se conocían el año pasado. Poca credibilidad, pues, tiene la iniciativa de Pablo Iglesias. ¿Con qué argumentos pidió ayer el apoyo del PSOE para retirar al PP del Gobierno, a pesar de asumir, como dijo, «los errores que pude cometer» en el pasado?Fiel a su discurso, Iglesias presentó un panorama del país desolado por la corrupción y la crisis económica y social, en el que parece que la democracia no llegó hasta que Podemos y sus confluencias empezaron a gobernar en los denominados «ayuntamientos del cambio». Pero fracasó estrepitosamente a la hora de establecer un programa de Gobierno ni un modelo de Estado. Ahora que se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas, Iglesias ve la Transición como una mera prolongación del franquismo y su discurso sobre la nación es más propio del cantonalismo trasnochado de la Primera República. Iglesias fue especialmente abstruso en sus propuestas sobre la “plurinacionalidad”. Quizá por lo farragoso de su primera intervención, que fue un constante bucle de contenidos, no articuló un planteamiento coherente sobre la unidad de la nación, con un discurso que tergiversó la Historia de España. Iglesias defendió el derecho a decidir en Cataluña y en el resto de las comunidades históricas, “sin miedo a la democracia”. Rajoy le reprochó su “ambigüedad calculada” y le preguntó hasta tres veces con toda la intención si estaba dispuesto a defender la unidad de España. Iglesias quedó atrapado en su discurso al no ser capaz de dar una respuesta clara. Como decíamos ayer, un aspirante a presidente del Gobierno no debe tener la más mínima duda en la defensa del artículo 2 de la Constitución.Esta moción de censura no se puede analizar por la búsqueda del beneficio del interés general, sino en una estrategia partidista para recuperar el foco en la lucha política. Con el PSOE todavía asentándose tras meses de lucha fratricida, Iglesias ha querido sacar ventaja intentando consolidarse ante la opinión pública como el líder de la oposición. Pero con su discurso tan radical, más dirigido a rearmar a los suyos que a captar nuevos adeptos en las filas de la izquierda política, puede salirle el tiro por la culata. Si el objetivo de Podemos con esta moción era apuntar al Gobierno pero disparar al PSOE, Iglesias no lo ha conseguido, aunque hay que reconocer que estos días el foco mediático está puesto en Podemos mientras que los socialistas quedan relegados a un puesto secundario, máxime porque Pedro Sánchez no puede debatir con el resto de líderes. Con su participación directa, Rajoy contribuyó a resaltar la figura de Iglesias frente a Sánchez, lo que da aire al Gobierno.En otro orden de cosas, lo tedioso de la sesión en el Congreso -Montero habló durante hora y media e Iglesias estuvo más de dos horas y tres cuartos, en alocuciones propias de caudillos sudamericanos- obliga a cambiar el reglamento de las mociones de censura para evitar que este válido instrumento de control del Gobierno se convierta en un espectáculo contrario a su razón de ser.

14 - Junio - 2017

Moción de Rajoy a Iglesias

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

Pablo Iglesias no conseguirá los votos suficientes para que su moción de censura a Mariano Rajoy salga adelante. Esto ya lo sabía, pero su objetivo era otro: se trataba de situarse en el centro de la escena política, atraer todos los focos hacia él –a lo que nunca hace ascos–, erigirse en la única oposición y en un candidato fiable para La Moncloa. Sin embargo, no sólo no ha sumado apoyos para su última y muy personal operación política, sino que ha perdido la oportunidad de presentarse ante el país como una alternativa política seria. Iglesias no será presidente de Gobierno, de momento. Y visto lo visto ayer en el Congreso, le espera una larga maduración y, sobre todo, una cura de humildad. Es la segunda vez en muy poco tiempo que Iglesias se postula para presidente de España –la primera investido de vicepresidente–, a pesar del poco entusiasmo que muestra su partido en su tarea legislativa y, por lo tanto, en el desconocimiento de las materias de gobierno que demostró ayer, aunque el recurso a «la verdad de los datos» sólo consistió en la lectura de estadísticas sin otra valoración política que ser el resultado de un España gobernada por un puñado de corruptos. Si en sus cálculos estaba dar la imagen de estadista, el líder de Podemos sólo alcanzó a representar la de un activista con dominio de la escena, la propaganda y la repetición sin límite de un mensaje básico y de consumo rápido: «Rajoy pasará a la historia como el presidente de la corrupción». Será difícil encontrar en el diario de sesiones tanta demagogia como la oída ayer en las Cortes en tan poco tiempo. Valga decir en este punto que Iglesias actuó como un maestro del filibusterismo, figura parlamentaria consistente en alargar la palabra para no decir nada, de ahí que su intervención se alargase más allá de lo soportable, aunque fuese dando clases de historia o de ética. Estos hechos nos deben llevar a reflexionar sobre la deriva política inaugurada por Podemos y algunas malas artes practicadas por Iglesias que nada bueno puede decir de un político, incluso en lo personal.

Por contra, Iglesias fue incapaz de presentar un programa de gobierno, ni siquiera esbozarlo o razonar las líneas maestras o la filosofía política que lo inspira. Nada. Puede que no fuera ésta su pretensión, pero la moción de censura es un procedimiento parlamentario en el que el candidato debe presentar un programa. Era su obligación y no hacerlo es caer en el espectáculo insustancial, que es, en buena medida, lo que sucedió ayer. No lo hizo, y si lo hizo y pasó desapercibido, sólo nos puede llevar a la conclusión de que Podemos no tiene programa, ni parece que le preocupe en su nueva versión de Vistalegre II. Tras una retahíla de insultos que se repitieron desde que Iglesias y la portavoz Irene Montero tomaron la palabra se evidenció un vacío político rellenado con viejas consignas políticas. De entre todos estos pasajes destacó especialmente uno para entender el sentido mercantilista y muy frívolo que Iglesias tiene de la política al reconocer que se reunió con Puigdemont para recabar su apoyo en la moción de censura a cambio de respaldar el referéndum unilateral, o un derecho a decidir con el que aseguró los dos votos de los batasunos, complacer a sus socios regionalistas o a los independentistas catalanes. Estos son los grupos que apoyan la moción de Iglesias: EH Bildu y ERC. En lo que se refiere al «problemas plurinacional español», según lo define el líder de Podemos, sus argumentos fueron realmente débiles y preocupantes. El mayor error de Iglesias fue la exageración, posiblemente una característica que es consustancial a su manera de entender la política, y como le recordó Rajoy, «la exageración y la mentira van unidas». De todas maneras, en el caso de Iglesias fondo y forma son inseparables: un mensaje tan sectario y alejado de la realidad sólo puede expresarse desde aspaviento y grandes dosis de teatro. El presidente del Gobierno le obligó a replicarle a él al dirigir su primera intervención a la portavoz Montero, un recurso parlamentario que dejó fuera de juego a Iglesias y a perder la iniciativa. Fue en estos intercambios donde quedó claro la ausencia de programa de Podemos, su necesidad de capitalizar los casos de corrupción y de someter al PP poco menos que a un juicio sumarísimo. Por contra, Rajoy supo templar la situación e introducir racionalidad en una sesión atrabiliaria, en la que el candidato a presidente gastó todas sus artes retóricas en el improperio y algo más. Iglesias acusó a Rajoy de ser el «presidente de la corrupción», una injuria que se correspondía con el tono de la jornada. El presidente del Gobierno defendió la labor de su equipo en los resultados económicos, que ha sido el primer objetivo de Rajoy, e hizo valer el principio democrático frente al recurrente y muy populista «sacar a esta gente de las instituciones», como se refería Iglesias, porque eso sólo puede hacerlo las urnas. Y las urnas no son favorables a Iglesias.

13 - Junio - 2017

Las mentiras de Mariano Rajoy durante la moción de censura

Ignacio Escolar

Mariano Rajoy: “El fiscal general actúa con absoluta independencia frente a mi Gobierno”.
Falso, como bien sabe la penúltima fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, que no siguió en el puesto porque se negó a nombrar a Manuel Moix como jefe de Anticorrupción. O el antepenúltimo, Eduardo Torres Dulce, que dimitió tras un montón de encontronazos con el Gobierno de Rajoy. O el último, José Manuel Maza, que se mantiene el cargo a pesar de que ha sido reprobado por la mayoría absoluta del Parlamento: por todos los grupos parlamentarios con la única excepción del PP.

Mariano Rajoy: “El PP no es un partido corrupto. Por eso los electores nos renuevan la confianza”.
Falso. Que el PP no haya perdido todos sus votos –solo un tercio desde 2011, que no son pocos– no limpia la corrupción de un partido que tiene a casi todos sus tesoreros imputados, ha ido dopado a las principales citas con las urnas y se ha financiado con dinero negro desde el año en que se fundó. La corrupción no se limpia con los votos, por mucho que Rajoy quiera mezclar ambas cuestiones.

Mariano Rajoy: “Ni me salto la ley ni quiebro los principios constitucionales”.
Falso. Su Gobierno se saltó la Constitución con la amnistía fiscal, como ha sentenciado el Tribunal Constitucional por unanimidad. Y el propio Rajoy presume sin tapujos de incumplir la ley de la Memoria Histórica, dejándola de forma permanente sin presupuesto.

Mariano Rajoy: “¿Cómo puede decir usted que nos dedicamos a ocupar las instituciones ahora que gobierno en minoría, y no dijeron una palabra del asunto en los años en que pudimos gobernar con una mayoría mucho más holgada?”.
Falso. La debilidad parlamentaria del PP no impide a Mariano Rajoy gobernar de espaldas al Congreso porque las votaciones de los diputados quedan en casi nada. Tiene a un ministro reprobado por el Parlamento: Rafael Catalá. Antes tuvo al ministro del Interior Jorge Fernández y pronto será reprobado Cristóbal Montoro; y a Rajoy le seguirá dando igual.

El Gobierno ha perdido la mayoría en el Parlamento pero los magistrados nombrados por el PP mantienen la mayoría absoluta en el Poder Judicial, un rodillo conservador que permite colocar en puestos claves a jueces recusados por sus propios compañeros por su afinidad más que evidente con el PP.

También es falso que esa ocupación de las instituciones no se produjese durante los años de la mayoría absoluta de Rajoy, cuando llegaron a nombrar a un presidente del Tribunal Constitucional con el carné del partido. Fue también con la mayoría absoluta cuando el Gobierno organizó esa policía política que lanzó contra sus rivales, o cuando empezaron a maniobrar para poner y quitar jueces en la Audiencia Nacional.

Mariano Rajoy: “Hemos facilitado el trabajo de jueces y policías, que a la vista está”.
Falso. Lo que está a la vista es la ofensiva del Gobierno contra los funcionarios que investigan la corrupción del PP. Son públicas las críticas del ministro del Interior y otros dirigentes del partido contra la Guardia Civil por sus informes sobre Cristina Cifuentes. O las presiones del marido de la ministra de Defensa contra la UDEF por sus informes contra él, que consiguen que el director general de la Policía vaya a “estudiar” esa queja, e incluso se plantee interrogar al inspector que elaboró ese informe –no intenten recurrir a esa ventanilla de reclamaciones si no es un VIP del PP–.

También es falso que hayan facilitado el trabajo a los jueces, salvo que destruir pruebas –como hicieron con los discos duros de Bárcenas–, sea su peculiar forma de colaborar.

Mariano Rajoy: “Los casos de corrupción no afloran por casualidad ni contra los deseos del Gobierno”.
Falso. Solo hay que recordar cuál fue la reacción del PP cuando afloró el principal caso de corrupción que ha afectado a su partido, el de la Gürtel. Primero Rajoy denunció una “cacería contra el PP”. Después se presentaron como acusación en la causa, hasta que fueron expulsados por la Audiencia Nacional por colaborar con las defensas de los imputados. Más tarde intercedieron a favor de Luis Bárcenas con el juez Pedreira, que levantó la imputación en una decisión más que cuestionable cuando aún faltaban los datos de Suiza por llegar. Y como colofón, hace unos meses, pidieron la nulidad de toda la investigación y que no se celebrase el juicio. Obviamente, todo esto no ha ocurrido por casualidad.

Mariano Rajoy: “En estos siete meses de Gobierno, solo siete, hemos convocado y celebrado con éxito la Conferencia de Presidentes Autonómicos”.
En cinco años en La Moncloa, solo un lustro, Rajoy solo ha convocado dos conferencias de presidentes, y la anterior fue a los pocos meses de llegar.

Mariano Rajoy: “Para mí el Parlamento es algo muy serio. Es el pilar básico del sistema democrático. Es la representación de la soberanía nacional, de la voluntad política de la nación, de todos los españoles”.
Falso. Y por eso Rajoy incumple sistemáticamente las votaciones que pierde en la sede de la soberanía nacional –desde las reprobaciones de sus ministros hasta la moción para sacar a Franco del Valle de los Caídos–. Por eso se negó a comparecer en la sesión del control del Congreso durante todo un año que estuvo en funciones. Por eso está intentando boicotear la comisión de investigación en el Congreso sobre la financiación del Partido Popular.

Mariano Rajoy: “España gana y ustedes pierden”.
Falso. Quien ganará en esta moción no es España, sino Mariano Rajoy; un presidente indecente, que, a pesar de estas mentiras, a pesar de su debilidad en el Congreso, sale reforzado entre los suyos por la polarización en el debate y por la división de la oposición, incapaz de lograr un acuerdo para desahuciarlo del poder.

14 - Junio - 2017

Rajoy e Iglesias se censuran

Jesús Maraña

Pocas veces se habrán escuchado en sede parlamentaria tantas y tan duras acusaciones contra un Gobierno en ejercicio, pero tampoco sería fácil encontrar a un presidente del Gobierno que se haya hecho el sordo con tanto desparpajo. Si hubiera que resumir el cuerpo a cuerpo que (contra pronóstico de eminentes rajoyólogos) se produjo este martes entre Pablo Iglesias y Mariano Rajoy, uno se atreve a elegir este doble enunciado: “Usted no puede seguir siendo presidente” y “Usted no puede ser presidente”.

A partir de ahí podemos hilvanar unos cuantos apuntes sobre la moción de censura planteada por Podemos y sus posibles derivadas:

1.- Se ha repetido hasta el hartazgo que en nuestro sistema parlamentario una moción de censura consiste casi exclusivamente en examinar a un candidato o candidata que aspira a sustituir al gobernante en ejercicio. Es una verdad a medias si no una mentira completa. Tanto el artículo 113.1 de la Constitución como el 175.1 del Reglamento del Congreso lo dejan bastante claro: “El Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción de una moción de censura”. Ninguna de las tres mociones de censura planteadas en el periodo democrático (por Felipe González contra Adolfo Suárez, por Hernández Mancha contra Felipe González y por Iglesias contra Rajoy) tenían posibilidades de tumbar al Ejecutivo. De modo que su objetivo (legítimo) era desgastarlo al poner todos los focos en la “responsabilidad política” de quien gobierna, bajo la suposición de que ese desgaste reforzaría a la vez el futuro político y electoral de quien presenta la moción. Lo inédito del caso actual es el hecho de que el aspirante es la tercera fuerza electoral, y no la segunda, que sería lo lógico en la aritmética parlamentaria. De ahí la permanente sospecha de que el objetivo real de Podemos era aprovechar la debilidad del PSOE para erigirse en primer espada de facto en la oposición.

2.- Ha sido Irene Montero la encargada de visibilizar la “responsabilidad política” del Gobierno del PP sobre una situación “insostenible”, y ha empleado para ello toda la munición disponible, que no era poca. Les ha dicho al PP y a Rajoy de todo y por su orden: “Han robado…”, “han convertido la corrupción en una forma de gobierno”, “actúan como si fueran impunes”, “quieren normalizar el saqueo de lo público”, “los jueces dicen de ustedes que son una organización criminal”, “tienen querencia a no pagar impuestos y a llevar dinero a paraísos fiscales”… y por ahí hasta dar la dirección postal del latrocinio: “La corrupción tiene sede, Génova 13” (calle y número de las oficinas centrales del PP registradas por la Policía en busca de discos duros destrozados a martillazos y reformadas con dinero negro). El simple listado que Montero ha leído de los casos judicializados que implican al PP debería sonrojar a dirigentes, militantes y votantes (de hecho su caída electoral desde 2011 tiene mucho que ver con eso) y justifica la conclusión que Podemos y su portavoz buscaban: “Hay que sacarlos ya del Ejecutivo”.

3.- Mariano Rajoy ha roto los esquemas previstos por Podemos al intervenir inmediatamente después de Montero. Ni vicepresidenta ni ministros. El presidente ha “dado la cara”, pero no para responder a las acusaciones concretas, puesto que llevaba escrita de cabo a rabo su intervención. Lo que Rajoy quería, y en parte consiguió, es quitar la iniciativa a Iglesias incluso antes de que este empezara a hablar, dibujando la moción como una simple “farsa”, un “espectáculo mediático”, “una exageración extremada”… una vez más el caos frente a “la estabilidad” representada por el PP. Todo lo demás, ya se trate de financiación ilegal, cuentas en Suiza, sociedades en Panamá, contaminación de órganos judiciales… son “acusaciones falsas” y “calumnias”. Tirando del mismo manual de instrucciones usado tantas veces desde Cataluña por Jordi Pujol, se ha envuelto Rajoy en la bandera para calificar la moción de censura como un ataque a España (“nación ejemplar”) y a una recuperación económica en la que no tiene cabida contemplar los datos sobre precariedad laboral, desigualdad, pobreza infantil… para llegar a la conclusión que le interesaba transmitir: “España gana y ustedes pierden”.

4.- La sorpresiva intervención detalladamente preparada por Rajoy no ha variado los planes de Pablo Iglesias, cuyo discurso de casi tres horas no sólo pretendía conectar con el prime time de los telediarios sino también mostrar un perfil alejado de la pancarta y las tertulias para trasladar una imagen presidenciable e institucional. Su tono era tan moderado que incluso a veces chirriaba frente a la contundencia de algunos de los enunciados con los que ha retratado la España de “la trama”, de las puertas giratorias, de la extracción de recursos públicos para negocios privados de unas elites insaciables. Ese relato enriquecido por referencias históricas indiscutibles (como el régimen corrupto del turnismo de finales del siglo XIX y principios del XX) tenía a la vez el inconveniente de desviar los focos de la “responsabilidad política” del Gobierno actual para contemplar la historia (real) de un país en el que el capitalismo de amiguetes permanece floreciente a través de monarquías, regencias, repúblicas, dictaduras y restauraciones. La duración del discurso, en un empeño de batir récords desde la tribuna digno de mejor causa, diluyó contenidos relevantes en lo propositivo (desde las once medidas contra la corrupción o de regeneración democrática a planteamientos sobre pensiones, salario mínimo o impuesto a la banca aplicados en Portugal por el gobierno de coalición de izquierdas que ahora toma como referencia Iglesias). Se coincida o no con su contenido, no se puede decir que no presentara Iglesias un programa de gobierno (mayormente ya conocido) y un modelo de España plurinacional que Rajoy desprecia pero que plantea soluciones políticas concretas más allá de la utilización de los tribunales como única opción frente a la hoja de ruta independentista.

5.- Esta moción de censura estaba ideada contemplando un PSOE gobernado por Susana Díaz, a quien Iglesias habría situado como tercera pata de la alianza PP- Ciudadanos, pero la victoria de Pedro Sánchez sin duda ha trastocado esa parte del discurso y la estrategia misma de oposición. Este martes Iglesias ha insistido hasta en cuatro ocasiones en ofrecer al PSOE un “entendimiento”, sin excluir la autocrítica: “Asumo los errores que pude cometer”, en referencia a la frustrada investidura de Sánchez el año pasado. La profunda desconfianza mutua entre PSOE y Podemos no se resolverá en unas semanas o meses, ni tampoco compitiendo por encabezar mociones de censura. Pero este martes Iglesias ha venido a asumir que sin ese “entendimiento” será casi imposible que se cumpla el mensaje final de su discurso: “Que la esperanza derrote al miedo”.

6.- Mariano Rajoy no se molestó en disimular que su respuesta al largo discurso de Iglesias también estaba previamente escrita y decidida, al margen de lo que propusiera o no el líder de Podemos. Tiró una vez más del sarcasmo y la ironía como aperitivo de una durísima crítica con la que quiso triturar a Iglesias, a quien calificó de “frívolo”, “sectario”, con un “estilo desabrochado” y una “moral de estropajo”. Total, un tipo “incapacitado para ser presidente del Gobierno”. Con esos términos tan gruesos buscaba y consiguió Rajoy insuflar ánimos a sus propias tropas, que llegaban a este debate en una situación más que debilitada por los sucesivos escándalos de corrupción, el encarcelamiento de dirigentes defendidos hasta el penúltimo minuto, la dimisión forzada del Fiscal Jefe Anticorrupción con empresa en Panamá o el varapalo del propio Tribunal Constitucional que anula la amnistía fiscal de Montoro y Rajoy.

Los efectos políticos de una moción de censura no se perciben en cuestión de horas o días. Parece obvio que Rajoy ha preferido el cuerpo a cuerpo para reforzarse a sí mismo ante sus propias huestes en lugar de ningunear a Podemos como le aconsejaban algunos asesores o como hizo Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid la semana anterior. En ese sentido Rajoy parece recobrar fuerzas en sus filas a pocas semanas de sentarse en el banquillo como testigo de la Gürtel. Que Pablo Iglesias salga fortalecido o tocado de una moción de censura que él mismo reconoció “enormemente arriesgada” dependerá no sólo de sus propios pasos sino de los que a partir de este fin de semana vaya dando Pedro Sánchez.

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