Search
García-Abadillo aceptó publicar un artículo pero tras él anunció que prescindía de la columna de Ramírez en el periódico

Pelea interna en EL MUNDO: Pedro J. Ramírez arremete contra su sucesor, Casimiro Gª Abadillo, acusándole de dependencias políticas

HECHOS

  • El editorial del 22.10.2014 en el diario EL MUNDO causó comentarios de D. Pedro J. Ramírez en la red Twitter.
  • El 25.10.2014 el director de EL MUNDO, D. Casimiro García-Abadillo dio una entrevista a su periódico en la que aludió al Sr. Ramírez.
  • El 02.11.2014 D. Pedro J. Ramírez publicó un artículo criticando la gestión de D. Casimiro García-Abadillo.


EL ORIGEN: EL EDITORIAL DEL 22.10.2014

El 22.10.2014 el diario EL MUNDO cumplió 25 años. Ese día, el director D. Casimiro García-Abadillo publicó el editorial “Un diario maduro, relevante y respetado por la sociedad española”. En ese editorial se decía lo siguiente sobre la salida del anterior director, D. Pedro J. Ramírez:

“Este aniversario de EL MUNDO ha sido el primero con un director distinto de su fundador. El pasado mes de enero, fruto de un acuerdo empresarial, Pedro J. Ramírez cedió el testigo del periódico a Casimiro García-Abadillo, ‘que hoy lo dirige con gran acierto y como factor de continuidad’, según señaló el propio Ramírez en su discurso”.

Aquellas declaraciones molestaron al ex director de EL MUNDO, D. Pedro J. Ramírez, que publicó los siguientes comentarios en la red pública Twitter:

PedrojotaTuitCasimiro

Después de aquello la empresa editora de EL MUNDO, Unidad Editorial, y su accionista de referencia RCS Mediagroup, consideraron que el Sr. Ramírez había cometido una infracción al acuerdo de no-agresión que firmó con la empresa en el momento de ser destituido, y que ello conllevaba afrontar una sanción de 100.000 euros.

LA ENTREVISTA DE GARCÍA-ABADILLO:

El día 25 de octubre de 2014 el director del diario EL MUNDO, D. Casimiro García-Abadillo, publicaba en su periódico una entrevista así mismo en la que aludía a los tuits de su antecesor:

abadillo2014

¿Qué falta y qué sobra de Pedro J. en EL MUNDO?

– Pedro es el padre de la criatura. Muchos lo consideraban un periódico de autor. Ahora es más coral. Me gusta un periódico del que dentro de 10 años la gente diga ‘EL MUNDO’ y no ‘El periódico de Casimiro’.

¿Y qué será el mundo si Pedro J. crea el universo?

– Pedro montará un portal. Será un gran competidor y nos obligará a ser mejores.

¿Pero le molesta lo que Pedro J. dice últimamente?

– Personalmente, no. Él es como un pez al que sacas de la pecera y lo pones en la mesa. Se muere. Ya no tiene el agua para vivir. Él estaría más feliz teniendo un medio propio y dirigiéndolo y no en esta posición tan incómoda que le hace decir cosas que no me gustan.

02 - Noviembre - 2014

De peces y peceras

Pedro J. Ramírez

Es cierto que en mis últimos meses como director me sorprendió la presencia física en tu círculo íntimo de la omnipotente Sáenz de Santamaría –ora pro nobis– y que, como sabes, las omisiones en la última entrevista a María Dolores de las Mentiras me mosquearon cantidad.

No sabes, querido Casimiro, la alegría que me diste el sábado pasado cuando leí lo mucho que hablabas de mí en la vistosa entrevista que accediste a conceder a este periódico. Lo de menos era que algunas de tus frases –”Pedro J. es como un pez al que sacas de la pecera y lo pones en la mesa. Se muere. Ya no tiene el agua para vivir”–, no fueran precisamente simpáticas. Lo de más que por fin, al cabo de nueve meses de incomunicación sólo interrumpida el día que te invité a almorzar en casa poco antes del verano, justo cuando ya sentía el escozor de ese látigo de la indiferencia con el que sólo se fustiga desde la cima, decidiste reanudar el diálogo que mantuvimos a diario durante los treinta años en los que primero te nombré jefe de sección, después te nombré redactor jefe, después te nombré subdirector, después te nombré director adjunto, después te nombré vicedirector y por fin respaldé la decisión de la editora de nombrarte director, una vez consumada mi destitución.

Debo reconocer que me sorprendió doblemente la vía de comunicación elegida. Primero porque, siendo la línea recta el camino más corto entre dos puntos, haya hecho falta talar árboles, extraerles la pulpa, transformarla en gigantescas bobinas, imprimirlas en una nave industrial en lo que denominaste en tu discurso de la otra noche “el periódico de papel” y transportarlo hasta miles de puntos, incluida la Avenida de San Luis, donde están tu despacho y mi mazmorra, para franquear las pocas decenas de escalones que separan la primera planta de la segunda.

Tampoco se me escapa que entre los muchos y seguramente acertados cambios que vienes introduciendo en el periódico –yo, sentimental de mí, echo de menos nuestra legendaria bola verde– has decidido poner fin a la regla que durante un cuarto de siglo apliqué a rajatabla hasta al mismísimo Umbral: nadie podía ofender, criticar o zaherir desde las páginas de EL MUNDO a los demás peces de la pecera. Porque, claro, aunque me coloques ya extramuros, aunque me veas dando las últimas boqueadas –¿tanto te incomoda que este ingenuo arponero te sirva de escabel dominical?– , uno todavía conserva las escamas intactas, una notable reserva de oxígeno en las branquias y, hasta excluido de la foto, sigue considerándose un poco de la casa.

Pero, oye, a nuevas normas, buena cara. Si es así como el fundador de EL MUNDO –perdón, ex fundador tras lo de la foto y sus secuelas– debe dialogar con el director de EL MUNDO, cúmplanse tus designios y empecemos por el cabezal de la entrevista. Dices, Casimiro: “Ahora somos más incontrolables”. O sea que antes éramos menos incontrolables. Cuando alguien utiliza el lenguaje con la precisión con que tú sueles hacerlo, la expresión deja poco margen al equívoco. Pero por si quedara alguno, el gran Rafa Álvarez lo pulveriza al acotar la comparación a “hace un año”, conmigo como director. No hay vuelta de hoja: según tú, en aquel tiempo remoto, cuando publicábamos los papeles de Bárcenas y pedíamos la dimisión de Rajoy y Cospedal, cuando sacábamos los colores un día sí y otro también a la Casa Real, cuando poníamos en su sitio a Prisa y otros conseguidores, es cuando éramos más controlables. Ya. Debe ser casualidad que sea precisamente en asuntos como estos en los que salta a la vista que, como tú mismo dijiste el mes pasado, “la posición de Pedro J. Ramírez y la línea editorial de EL MUNDO no coinciden”.

Si a muchos lectores les habrá sorprendido tu diagnóstico, imagino que la consiguiente explicación les habrá dejado estupefactos: “Yo tengo pocas relaciones con el poder que me coarten”. O sea que tú tienes “pocas” que te “coartan” y yo tenía muchas y por lo tanto estaba coartadísimo, o al menos más coartado que tú. Caramba, caramba, con las… coartadas.

Esto nos lleva a esa metáfora de los peces y la pecera, nada cariñosa en lo que me atañe pero muy elocuente de la relación incestuosamente letal entre la prensa y el poder. Todavía recuerdo un artículo en el New York Times de hace cuarenta años en el que se alegaba que un periodista puede elegir qué anzuelos tragarse pero no puede salir de la pecera sin abandonar su obligación –ahí me duele tu esquela–, entre otras cosas porque eso le permite tirar a veces del sedal y zamparse al pescador completo, que en definitiva es de lo que se trata.

Es cierto que en mis últimos meses como director me sorprendió la presencia física en tu círculo íntimo de la omnipotente Sáenz de Santamaría –ora pro nobis– y que, como sabes, las omisiones en la última entrevista a María Dolores de las Mentiras me mosquearon cantidad. Supongo que te referirás a ambas cuando dices que hay “pocas relaciones con el poder” que te “coarten”; pero de verdad creo que el Pepito Grillo que te corroe está poniendo el listón demasiado alto. Quam miser est, qui excusare sibi se non potest!

Oye, yo también te invité a celebrar mis cincuenta tacos con Suárez y Aznar toreando al alimón –qué conversación tan inolvidable– y bien sabes lo implacables que fuimos con el uno en DIARIO16 y con el otro en EL MUNDO cuando se negaba a desclasificar los papeles del CESID o cuando le canté las cien razones contra la invasión de Irak. No me cabe la menor duda de que tú harías lo mismo con la vicepresidenta si, como dice Bárcenas y publicó Ekaizer, fuera cierto que su jefa de gabinete hizo gestiones en favor del tesorero acorralado por la Justicia; o con la Pinocho genovita si pensaras que es imposible que alguien firme un recibo de 200.000 euros sin recibirlos. A lo mejor un día de estos EL MUNDO vuelve a pedir que se vaya Rajoy, como in illo tempore, y confundes mis aplausos con esos espasmos en los que me ves inmerso.

Lo inaceptable, querido Casimiro, es que tu injustificada mala conciencia por pecadillos en apariencia veniales utilice como palanca retórica la magnificación de los imaginariamente míos. Con el tiempo te irás dando cuenta de que un director de periódico o deja de cumplir con su deber o se queda más solo que la una. Así me ha pasado ya dos veces y a mucha honra. ¿Quién de tus interlocutores habituales te engañaba sobre mis “relaciones con el poder” que, según sugieres, hacían a EL MUNDO más “controlable”? ¿Acaso Ayuso te contaba que yo entraba subrepticiamente en la Zarzuela? ¿Era Martínez-Castro la que te decía que Rajoy me recibía en albornoz a la hora del sudoku? ¿O Cendoya quien te desvelaba que me reunía con Botín justo cuando más agobiado estaba por el encargo de darme la boleta?

Añades, Casimiro, que he dicho cosas que no te han gustado. Parece obvio que te refieres a los tuits en los que respondí al editorial del miércoles 22 en el que EL MUNDO decía que “cedí” mi cargo como director a raíz de un “acuerdo”. Yo repliqué que primero se me “borraba de la foto” y luego se “reescribía la Historia”, que eso era “engañar a los lectores”, y que “fui destituido del periódico que fundé junto a mis compañeros tras una brutal campaña del Gobierno”. Mira, como cabe la posibilidad de que precisamente se tratara de ese único día cada cinco años en el que, por cefas o nefas, un director no lee el editorial, retiro lo del “engaño” y admito que pudo tratarse de un descuido.

A cambio te pido que ratifiques, si ha lugar, en sede judicial tu propia versión de los hechos, coincidente con la mía, en los términos exactos en los que la reflejaste en tu primer encuentro digital como director de EL MUNDO: “Han cesado a Pedro J. porque en los últimos tiempos nuestro periódico ha publicado informaciones muy comprometidas que han afectado a instituciones, partidos políticos, sindicatos, etc. Los poderes fácticos de este país no soportaban a un director como Pedro J. A esto se suma una situación financiera complicada del periódico”.

Y te digo lo de la sede judicial porque te supongo enterado de que el propietario de EL MUNDO, el grupo RCS, me ha requerido, a través del despacho Uría y Menéndez, el pago de 100.000 euros como penalización por haber refutado ese párrafo del editorial en los términos antedichos. Invoca para ello, de forma inapropiada –verás que sigo versallesco– el contrato que, al poner fin a nuestra relación laboral y societaria de manera amistosa, alumbró al arponero. Pero eso sucedió una vez que, con mi expresa disconformidad, el Consejo de Administración procedió a destituirme “tras” –he aquí mi adverbio– esa “brutal campaña” iniciada por el propio Rajoy en sede parlamentaria. Recordarás que así lo especifiqué durante mis despedidas ante cientos de testigos, alguno tan cualificado como el propio consejero delegado de RCS Pietro Scott-Jovane.

No creo que, como dicen algunos amigos, el propósito de RCS sea intimidarme o restringir mi libertad de expresión, vía Uría y Menéndez, pues eso supondría no conocer a quien durante tantos años ha sido su paladín en España. Más bien supongo que algún listo creerá que es la mejor manera de velar por sus intereses; pero si, como indican esos abogados, mi ultrajada negativa a apoquinar desemboca en los tribunales, apelaré a todos vosotros para que la verdad resplandezca, apoyada en la documentación pertinente. Acuérdate qué bien nos salió lo del comisario Manzano.

Es cierto, querido Casimiro, que EL MUNDO no es cualquier pecera y así se lo dije a todos los compañeros al hablarles sólo a ellos –¡oh tripulación!– como si el resto de asistentes a la cena del Palace –reyes, reinas y demás potencias– fueran transparentes. Pero, mira, sigo gozando de buena salud, tengo tres libros rodando, más requerimientos de los que puedo atender, el 12 hablo en París nada menos que en Les Invalides –supongo que lo cubriréis– y el 25 en Londres ante el staff de la BBC. También te pasará a ti el día que dejes de ser director.

Yerras sin embargo respecto a mis planes. “Montará un portal”, dices en otra expresión freudianamente ansiosa. Oye, no tengo ningún proyecto belenístico, pero si se diera el caso cuenta con que te invitaría a participar y te dejaría elegir la figurita con la que te sintieras más identificado. Bueno, gracias de nuevo; mantengamos al menos esta línea abierta y entre tanto ponles más banderillas de fuego a los cabestros. ¡Ah! y en relación a eso que dices de que no te gustaría que dentro de diez años la gente identificara a EL MUNDO como “el periódico de Casimiro”, chico, nunca se sabe qué puede caernos del cielo, pero yo que tú tampoco me preocuparía demasiado. Francamente, ese peligro no lo veo.

Pedro J. Ramírez

03 - Noviembre - 2014

En esta pecera no existe la censura

Editorial (Director: Casimiro García-Abadillo)

En estos nueve meses el diario ha logrado mejorar sus resultados. No hay relaciones incestuosas con miembros del Gobierno, como dice Pedro J. Ni el periódico protege a nadie por su relación con el director. Afirmar eso es una falsedad que daña no ya a García-Abadillo, sino a toda la redacción de EL MUNDO.

A algunos de nuestros lectores les pudo sorprender ayer la publicación de un artículo duro e injurioso contra nuestro director, escrito nada menos que por su antecesor, Pedro J. Ramírez, en su colaboración semanal. La práctica de nuestro diario es publicar todos los artículos de opinión sin ejercer nunca la censura. Y ésta es una prueba. Es una de las señas de identidad que hacen grande a EL MUNDO.

Sí, sorprende que la misma persona que ha trabajado con nuestro director durante casi 30 años, en los que, como él mismo afirma, le ha ascendido de redactor a vicedirector y ha avalado su nombramiento, acordado por unanimidad por el consejo de administración de Unidad Editorial, estime repentinamente tan escasos sus valores profesionales.

En la fiesta del XXV aniversario de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez aludió al proyecto que “dirige con gran acierto y como factor de continuidad mi querido Casimiro García-Abadillo”. ¿Cuándo no estaba diciendo la verdad Pedro J.? ¿En su discurso? ¿En su última carta? ¿En ambas ocasiones? Es muy difícil saber cuándo algunos dicen la verdad.

La transición no ha sido nada fácil. Sin duda, Pedro J. Ramírez es uno de los grandes directores de periódico que ha habido en España en los últimos 50 años. Y EL MUNDO es, en una parte muy considerable, obra suya.

Sin embargo, en estos nueve meses el diario ha logrado mantenerse y mejorar sus resultados sin perder su carácter y su esencia crítica con el poder. No hay relaciones incestuosas con miembros del Gobierno, como dice Pedro J. Ni el periódico protege a nadie por su relación con el director. Afirmar eso es una falsedad que daña no ya a García-Abadillo, sino a toda la redacción de EL MUNDO.

Pedro J. sostiene que está recluido en una “mazmorra”, como si alguien hubiese decidido encerrarle para impedir que su opinión siguiese iluminando a los que necesitan de su luz. No hay mazmorras. El ex director de EL MUNDO puede hacer lo que le venga en gana, salvo, como es natural, pretender dirigir el diario desde otro despacho que no sea el del director.

Naturalmente que Pedro J. es y ha sido incómodo para el poder, pero la clave de su salida no fue política. El cese en sus responsabilidades se produjo fruto de un acuerdo amistoso con Unidad Editorial, que supuso para él una sustanciosa indemnización y su continuidad en la empresa con otras funciones.

Lo que vale la pena es mantener vivo el espíritu de esta maravillosa pecera, no tratar de romperla porque ha dejado de ser el reino de un solo pez.

20 - Noviembre - 2014

Nota informativa de Unidad Editorial ante la solicitud de medidas cautelares por parte de Pedro J. Ramírez

Unidad Editorial (Presidente: Antonio Fernández-Galiano)

Ante el anuncio de Pedro J. Ramírez de que habría presentado una solicitud judicial de medidas cautelares frente a Unidad Editorial por una presunta vulneración de su derecho a la libertad de expresión, la empresa editora de EL MUNDO quiere hacer las siguientes puntualizaciones:

1. La relación laboral que unía a Pedro J. Ramírez con Unidad Editorial fue extinguida con efectos del día 31 de enero de 2014 de mutuo acuerdo.

2. Ante los graves, reiterados e insubsanables incumplimientos por parte de Pedro J. Ramírez de los deberes de lealtad y confidencialidad asumidos en el acuerdo suscrito, Unidad Editorial comunicó formalmente a Pedro J. Ramírez el 7 de noviembre de 2014 la finalización de su colaboración semanal con EL MUNDO, antes de que éste enviase su última carta a la dirección del diario. No tiene fundamento, por tanto, relacionar esta decisión con ningún tipo de censura. Fue la terminación de la relación de colaboración, comunicada en tiempo y forma, y no el contenido de la carta de Pedro J. Ramírez, lo que explica su no publicación.

3. Unidad Editorial no pretende limitar en absoluto la libertad de expresión de Pedro J. Ramírez, sino aplicar su contrato laboral y los acuerdos que él firmó libremente y que regulan los términos de su relación con la empresa editora de EL MUNDO tras su salida de dirección. En estos contratos, Pedro J. Ramírez asumió una obligación de no competencia con Unidad Editorial, por la que fue debidamente remunerado durante la vigencia de su contrato laboral. El cumplimiento de esta obligación de no competencia no supone ninguna limitación a su libertad de expresión sino, simplemente, cumplir los contratos, que son ley entre las partes. Pedro J. Ramírez podrá expresar libremente sus opiniones en las formas y maneras que tenga por oportuno, siempre que no supongan competir con su antiguo empleador.

4. La obligación de no competencia libremente asumida por Pedro J. Ramírez con Unidad Editorial en su contrato laboral no está en absoluto vinculada a las colaboraciones en su artículo semanal en EL MUNDO bajo el título Cartas de un arponero ingenuo y la revista La Aventura de la Historia. Estas colaboraciones eran remuneradas de forma independiente.

5. Por último, Unidad Editorial manifiesta su malestar por una polémica que nunca ha pretendido alimentar con Pedro J. Ramírez, fundador y uno de los principales artífices de los grandes éxitos de EL MUNDO a lo largo de los más de 24 años que permaneció al frente de la dirección del periódico.

by BeHappy Co.