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Se ha convertido en el ministro más breve de la historia contemporánea española

Pedro Sánchez destituye a Màxim Huerta como ministro de Cultura tan sólo 6 días después de nombrarle por defraudar a Hacienda

HECHOS

  • El 13.06.2018 D. Màxim Huerta presentó su dimisión después de que por la mañana el diario EL CONFIDENCIAL difundiera que en 2017 había sido condenado por defraudar a Hacienda.

El nuevo ministro de Cultura y Deporte será D. José Guirao, considerado un gestor reconocido. Entre otras ocupaciones fue director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

13 - Junio - 2018

Las mentiras de Màxim Huerta sobre su fraude fiscal

Ignacio Escolar

Màxim Huerta: “Fue un cambio de criterio fiscal”

Falso. El ministro de Cultura, en sus años como presentador de Telecinco, defraudó a Hacienda, fue cazado y tuvo que pagar. Más tarde recurrió a la Justicia y allí los tribunales no le dieron la razón y sentenciaron que no: que Huerta defraudó al fisco.

Hacienda no cambió de criterio. Solo puso en marcha mayores inspecciones fiscales contra un tipo de fraude, una infracción leve, que durante años fue habitual: tributar a través de una empresa para ahorrarse impuestos, cargando gastos personales a esa sociedad.

Màxim Huerta: “No defraudé”

Falso. El hoy ministro, según la sentencia, sí defraudó. Ganaba alrededor de 300.000 euros al año, la mayor parte de Mediaset. Para no pagar por estos ingresos en su declaración de la renta, Huerta creó una sociedad interpuesta a la que, como persona física, facturaba entre 43.000 y 60.000 euros anuales. De esa forma evitaba el tipo máximo del IRPF –el 48%–, porque las rentas del capital y el impuesto de sociedades tributan a un tipo inferior al que lo hacen las rentas del trabajo. En esos años, el tipo medio efectivo en Sociedades estaba alrededor del 20%.

Además, Màxim Huerta se desgravó con esta empresa la compra y los gastos de un apartamento en la playa, una inversión personal que no tenía absolutamente nada que ver con la actividad de su sociedad.

Màxim Huerta: “Cotizaba con una sociedad y Hacienda revocó esta manera”

Falso. Hacienda no ha revocado la opción de facturar y tributar a través de una sociedad unipersonal. Sigue siendo perfectamente legal. El problema es otro: que tanto Hacienda como la Justicia aseguran que Huerta utilizó esta opción para defraudar 218.332 euros en tres años.

“No se trata de desincentivar el ejercicio de actividades económicas profesionales a través de una sociedad, sino de la creación de estas sociedades con el único fin de eludir los impuestos”, recoge la sentencia citando los argumentos de la Abogacía del Estado. Más claro no puede ser.

Màxim Huerta: “No hubo mala fe”

La sentencia acredita justo lo contrario. “La conducta del obligado tributario no puede ser calificada sino de voluntaria y culpable, en el sentido que se entiende que le era exigible otra conducta distinta, no pudiéndose apreciar buena fe en su actuación”, asegura el tribunal. Es posible que Huerta fuera poco consciente de lo que estaba haciendo –eran muchos los asesores fiscales que recomendaban a sus clientes esta opción, que estaba muy extendida en su sector profesional–, pero no es eso lo que dice el tribunal.

La inspección también califica la infracción como leve al considerar que no hubo ocultación. Es decir, que Huerta y su empresa no escondieron datos al fisco. Es un atenuante pero no un eximente de lo que hizo.

Màxim Huerta: “Cuando cambió el criterio lo regularicé y pagué todo”

Falso. Huerta pagó todo cuando fue cazado en una inspección, y lo hizo porque no le quedó otra opción mejor.

Màxim Huerta: “Afectó a cientos de creadores: muchos compañeros de profesión, autores, locutores, actores, presentadores…”

Cierto, pero esto no sirve para eludir su responsabilidad. Es verdad que esta práctica fue durante años común y que Hacienda no la combatió. “Lo habitual era que en las empresas que les contrataban les dieran el producto casi hecho”, explicamos en esta interesante información. Es probable que Huerta no fuera del todo consciente del fraude, pero la responsabilidad ante el fisco no se puede subcontratar en tu asesor.

Con la crisis económica y la bajada en la recaudación, Hacienda empezó a mirar este tipo de trampas y aumentó las inspecciones sobre las empresas unipersonales. Al igual que Huerta, muchos otros presentadores, periodistas, locutores, artistas… fueron inspeccionados. Pasó con profesionales muy conocidos de todas las sensibilidades políticas. No en todos los casos se acreditó una infracción fiscal.

Màxim Huerta: “Yo pague lo correspondiente y asunto cerrado”

No es del todo cierto. Después de pagar, Huerta recurrió la decisión en los tribunales, que no le dieron la razón. Primero fue al TEAR y después al Tribunal Superior de Justicia de Madrid. En ambos casos perdió y en el TSJ tuvo que pagar las costas. No tuvo una condena penal por delito fiscal; no es ese el caso, entre otros motivos porque las cantidades defraudadas estaban por debajo de los 120.000 euros anuales, que es la cifra a partir de la cual se puede cometer un delito. Pero sí quedó acreditado un fraude, que ha quedado certificado en la sentencia conocida hoy por la exclusiva de El Confidencial.

De hecho, todo esto se ha sabido no por una filtración de Hacienda sino porque las sentencias son públicas y aparecen en las bases de datos de jurisprudencia. Por protección de datos, en esas sentencias se elimina el nombre del afectado –en las dos que rechazan su recurso, en vez de Màxim Huerta, se le menciona como “Luis Carlos” y “Adolfo”–. Pero el nombre de las empresas no se cambia, y allí figura su sociedad: “Almaximo Profesionales de la Imagen SL”.

Màxim Huerta: “Es un asunto de hace diez años como Màxim Huerta, no como ministro”

La sentencia del TSJ es de mayo de 2017, aunque es cierto que el fraude se produjo entre 2006 y 2008. Hacienda puso en marcha la inspección de sus declaraciones de la Renta entre 2010 y 2011.

Màxim Huerta: “Es un asunto que está caducado y resuelto”

Falso. La ejemplaridad de quienes administran el dinero de todos es una exigencia fundamental que no prescribe ni caduca. Por eso debería dimitir.

ACTUALIZACIÓN, 18:31. Màxim Huerta presenta su dimisión seis días después de prometer el cargo.

Màxim Huerta (en su discurso de dimisión): “En aquel momento se llegó a decir que aquellas inspecciones retroactivas, porque así lo fueron, era una caza de brujas contra críticos con aquel Gobierno”.

Todas las inspecciones fiscales son retroactivas; no hay inspecciones que busquen el fraude fiscal del futuro. Y es falso que en esos años fuese legal desgravarse los gastos del apartamento de la playa como actividad empresarial.

La sentencia recoge también que Hacienda documentó el fraude fiscal de Huerta el 5 de julio de 2011 –la inspección llevaba en marcha desde el año anterior–.

En aquel momento, en España gobernaba el PSOE de Zapatero, no el PP de Rajoy. Ángeles González Sinde –que ha culpado a Cristóbal Montoro de esas inspecciones para defender a Huerta– era la ministra de Cultura.

14 - Junio - 2018

Rapidez ejemplar

EL PAÍS (Directora: Soledad Gallego Díaz)

La dimisión de Huerta era la única solución a la primera crisis del Gobierno

La dimisión de Màxim Huerta como ministro de Cultura es una respuesta impecable a los principios de ejemplaridad y honradez que se ha impuesto el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. El ministro deja su cartera apenas una semana después de tomar posesión debido a la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que considera que cometió una infracción fiscal. Según las dos sentencias, irrebatibles, Huerta utilizó una sociedad interpuesta para eludir 256.778 euros entre los años 2006 y 2008 procedentes de sus ingresos como periodista televisivo y fue condenado a pagar 365.939 euros a la Hacienda pública como consecuencia de esa elusión demostrada y de la sanción correspondiente.

El presidente de Gobierno había proclamado recientemente que nadie que hubiese utilizado una sociedad interpuesta para pagar menos impuestos formaría parte de su ejecutiva en el PSOE; con igual o mayor razón hay que aplicar este principio en el Gobierno. Después de varias conversaciones con el presidente, el ministro de Cultura ha tomado la única decisión razonable y coherente con los propósitos de honradez del nuevo Ejecutivo. En su declaración pública de renuncia, Huerta ha argumentado que se retira porque “ama la cultura y la transparencia”. Pues bien, en el ejercicio de esta segunda virtud debería haber informado a Pedro Sánchez, cuando le propuso ser ministro de Cultura, de las circunstancias de su condena por infracción fiscal (2014) que no era precisamente antigua. Pero no lo hizo y esa es una de las causas probables de esta primera crisis.

Las explicaciones ofrecidas por el ministro en su forcejeo inútil para evitar la dimisión han sido pobres e inverosímiles. No es cierto, como ha proclamado en varias declaraciones y repetido en una comparecencia de dimisión, que fuese víctima de un cambio de criterio de Hacienda en lo que respecta al uso de sociedades interpuestas para pagar impuestos. El criterio fiscal no ha variado: es ilícita una sociedad interpuesta cuya única finalidad sea pagar facturas e impuestos. Si esas son sus únicas funciones, existe un indicio, indirecto pero firme, de que se quiere pagar por impuesto de sociedades (25%) lo que debería gravarse por IRPF (marginal del 48%). La condición para que sea admisible por Hacienda y por los tribunales el uso de una sociedad interpuesta es que dicha sociedad aporte algo más a la facturación de la misma, algo más que los ingresos y el patrimonio de una sola persona. Por lo tanto, la sociedad Almaximo, a través de la cual Huerta pagaba sus impuestos, era ilegal entonces, como lo sería ahora, en virtud de su ausencia de funciones y contenidos.

El argumento de que la condena se le impuso cuando no era ministro cae por su propio peso. Difícilmente puede tener tiempo el ministro Màxim Huertapara cometer en cinco días una infracción tributaria. Más allá de esta inconsecuencia, la dimisión de Huerta, en la que la actitud de Pedro Sánchez ha sido decisiva, es una decisión ejemplar. Es la forma más rápida de combatir las debilidades políticas de un Gabinete y una prueba de que el compromiso contra la corrupción va en serio.

15 - Junio - 2018

Regenerar es no mentir

Jesús Maraña

La historia política de Màxim Huerta daría para el guion de una singular serie televisiva o cortometraje. Podría resumirse en la historia de un individuo al que la mejor oferta de trabajo que sueña recibir se convierte en la mayor putada de su vida, por méritos propios y ajenos. La tocata y fuga (obligada) de Huerta es la metáfora de los tiempos que vivimos, en los que parece costarnos tres vidas asumir que la tan necesaria y cacareada regeneración política consiste sobre todo y por encima de todo en cumplir un solo mandamiento: no mentirás. Dicho de otra forma, decidan ustedes las estrategias o tácticas colectivas e individuales que consideren oportunas, pero no insistan desde el servicio público en tomar por imbécil a la ciudadanía. Me explico:

1.- Miente Huerta cuando dice que él ha hecho exactamente lo mismo que tantos otros presentadores de televisión, escritores, periodistas, tertulianos y artistas que han sufrido un “cambio de criterio” de Hacienda que ha servido para perseguir a quienes osaban ser críticos con el Partido Popular. Con tal argumento (repetido hasta la saciedad por no pocos comunicadores) está por cierto aplicando el ventilador y esparciendo el descrédito a diestra y siniestra con tanta alegría como si llevara años practicando la técnica que más ha desprestigiado la política y el periodismo. Deberían responderle unos cuantos músicos, periodistas, escritores o artistas que SÍ han sufrido la persecución anunciada sin complejos por el propio Cristóbal Montoro en sede parlamentaria. Huerta fue descubierto en su fraude en tiempos del último gobierno de Zapatero, y su problema no es una discusión sobre si tiene o no derecho a facturar como persona o como sociedad, desgravando los gastos que sean pertinentes. Su problema, por el que fue condenado en dos sentencias judiciales, consiste en que montó una empresa para autocontratarse por un sueldo ficticio, muy inferior al precio de mercado y a los ingresos reales que tenía, con el fin de tributar al 20% en lugar del 48% que le habría correspondido por IRPF. Hizo lo que se denomina “operaciones vinculadas” al margen del precio real de mercado, lo que en cristiano se llama fraude, y si no ha recibido sanción penal es porque su monto total no llegaba anualmente a los 120.000 euros que estipula la legislación vigente.

2.- Pueden ustedes borrar de la memoria (si lo prefieren) el punto anterior, puesto que a pesar del reproche moral y legal evidente que debe tener esa actitud de esquivar al fisco, lo cierto es que un trabajador de una empresa privada (sea presentador de televisión o sexador de pollos) está en su derecho de hacer con su vida y sus cuentas lo que le venga en gana. Será su problema, el de Hacienda o el de los tribunales que topen con el caso en cuestión. Lo sorprendente es que alguien condenado por engañar al fisco acepte alegremente la oferta de ser ministro y ni siquiera se le pase por la cabeza comentar el “incidente”.

3.- Pese a que hubo unas horas de dudas, en las que Sánchez cayó en la tentación de sostener a su flamante ministro contra las evidencias, habrá que reconocer que no ha habido en la historia democrática reacción más fulminante a la hora de liquidar un mandato. Alguien que llega al Gobierno gracias al pegamento que une a fuerzas diversas para echar del poder a un partido condenado por beneficiarse de “un sistema de corrupción institucional” no puede permitirse el menor agujero en la ejemplaridad que debe presidir todas y cada una de sus actuaciones. A Màxim Huerta no lo echa “una jauría” con ansias de cobrarse pieza, sino la contundencia de unos datos que indican que ha mentido y que su disposición al servicio público no supera una sencilla prueba del algodón: para defender los intereses comunes hay que empezar por cumplir las obligaciones tributarias comunes.

4.- Pueden ustedes borrar también de la memoria (si lo prefieren) el punto anterior, porque produce vergüenza ajena leer y escuchar análisis sobre el caso de Màxim Huerta que vienen a compararlo prácticamente con Bárcenas, Luis Roldán o Urdangarin. La exageración intencionada es una forma de falsedad. Que este jueves, a la misma hora en que Huerta era relevado al frente de Cultura por Guirao, portavoces del PP reclamaran la dimisión de Pedro Sánchez por el error (urgentemente corregido) resultaba grotesco. Que se empeñen en justificar que Ana Mato siga cobrando un sueldo público pese a su condena (que también niegan) como beneficiaria a título lucrativo de la Gürtel, ofende a la inteligencia. Que pretendan forzar la dimisión del ministro de Agricultura, Luis Planas, sin esperar a que la Fiscalía confirme o archive su imputación por “consentir” como consejero de Agricultura en Andalucía que algunos agricultores excavaran pozos ilegales buscando agua en Doñana… suena al Club de la Comedia más que a una Tv movie. Que Ciudadanos se apunte también a la exigencia urgente de dimisiones cuando en dos años han sido incapaces de hacer dimitir siquiera a los ministros reprobados por el Parlamento resulta casi patético.

5.- Que no haya sido “una jauría” la que ha finiquitado la improbable carrera política de Huerta no quiere decir que el ruido generado no sirva para ocultar una realidad mucho más sangrante y menos anecdótica: lo que clama al cielo es que España siga sufriendo un nivel de fraude fiscal que casi duplica la media europea. Mientras tanta gente se dé golpes de pecho con el caso Huerta por haber osado ser ministro, pero no tanto por intentar tributar sólo por uno de cada cuatro euros que ingresa, este país tiene difícil arreglo. Mientras se mantenga la brecha que sigue colocando la mayor carga fiscal en los asalariados y autónomos al tiempo que disminuye la aportación de las empresas, este país tiene un futuro complicado. Mientras el mismísimo Banco de España reconozca que desde que se inició la “recuperación” en 2014 han crecido 16 veces más los beneficios empresariales que los salarios y ese dato no abra portadas y telediarios, este país seguirá viendo dispararse la desigualdad. Mientras las empresas y bancos del Ibex-35 sigan ampliando su presencia en paraísos fiscales, como este mismo jueves advertía el último informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, y ese dato merezca menos líneas escritas o minutos de televisión y radio que el ya exministro y de nuevo novelista Màxim Huerta, este país tiene complicado progresar como merece.

De modo que, una vez corregido el error Huerta, lo que procede es que el nuevo gobierno vaya demostrando que se preocupa por poner los focos en lo importante, moleste a quien moleste. Acoger a los migrantes del Aquarius es, además de una obligación legal y moral, el gesto más valiente y positivo para la Marca España en muchos años, y debería servir para abrir un debate europeo sobre las políticas conjuntas de inmigración. Afrontar el próximo debate parlamentario sobre el techo de gasto para los siguientes Presupuestos negociando con Unidos Podemos (y quien haga falta) medidas que sitúen como prioridad la agenda social y una reforma fiscal enfocada claramente a combatir el gran fraude y a eliminar los trucos que utilizan quienes más ganan para contribuir menos sería el mayor avance contra la desigualdad. Si no se lograra una mayoría parlamentaria suficiente, al menos serviría para retratar a quienes siguen empeñados en negar la realidad: nuestro gran agujero no está en el gasto público, sino en que el Estado ingresa entre seis y ocho puntos menos de PIB que la media de la eurozona (según datos de Eurostat). ¿Regeneración? Empecemos por no engañarnos a nosotros mismos.

16 - Junio - 2018

La jauría

Graciano Palomo

Jaurías en la España de Pedro Sánchez hay muchas. Baste con encender algunos canales de televisión donde la única verdad que se pregona es la hora y el minuto

No soy de los aficionados a practicar el muy acendrado deporte hispánico de “lanzada a moro muerto”. Yo la idea que siempre he tenido de Huerta es la de un tipo de la ‘cultureta’, pagado de sí mismo y prototipo del decir y no practicar.

Es una auténtica pena que se nos haya ido a las primeras de cambios porque nos hubiera dado muchas tardes de gloria. En sí mismo, como producto intelectual, daba poco de sí pero adornaba la leche, una guinda perfecta en el ‘Sánchez style’.

Una de las cosas que más me ha defraudado del tal Màxim es la piel fina que luce. No sé qué clase de periodista era o fue (ahora ya sabemos de qué pie cojea) para no darse cuenta de que un asunto como el del fisco le caería como una losa en cuanto pusiera el pie en la calle. No sé qué clase de periodista era al no percatarse de lo que realmente representaba en la “era Sánchez”, esto es, bastante poco más allá de un quítame un toque de AR. ¡Hombre de Dios! En cuanto vieron los “ivanes” que pintaban bastos, le dejaron correr por la alcantarilla como un peso muerto y pestilente (políticamente hablando, claro)

Jaurías en la España de Pedro Sánchez hay muchas. Baste con encender algunos canales de televisión donde la única verdad que se pregona es la hora y el minuto. Vamos de jauría en jauría hasta la derrota final. ¡Qué se lo pregunten a Mariano Rajoy, el pobre, que sigue sin enterarse por dónde le ha venido la gran hostia!

Hay una jauría jaleada por el propio Sánchez a la que ha prometido (mediáticamente incluso) que la guiará a la tierra prometida. Me ‘descarallo’ de risa. ¡Ingenuos! Yo ya he visto este sainete cuando Felipe González tuvo 202 diputados y Alfonso Guerra lo mandaba casi todo. Luego volví a contemplarlo en el 2004 con el banal Zapatero, pero en versión no corregida aunque ciertamente aumentada. Algunos de sus deudos siguen pululando por ahí y hasta se permiten el lujo de instalar cátedra.

A esta hora, tengo claro esto: nada de lo que no es sólido permanece. Y mucho menos aguanta.

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