José Borrell será el ministro de Exteriores y el juez Grande Marlaska el de Interior

Pedro Sánchez forma Gobierno con los fichajes estrella del astronauta Pedro Duque y el presentador de TV Màxim Huerta

HECHOS

El 6.06.2018 D. Pedro Sánchez compareció para anunciar la composición del nuevo Consejo de Ministros.

El Nuevo Gobierno:

  • Presidente del Gobierno: D. Pedro Sánchez
  • Vicepresidenta y ministra de Igualdad: Dña. Carmen Calvo
  • Ministro de Exteriores: D. Josep Borrell.
  • Ministra de Defensa: Dña. Margarita Robles.
  • Ministro de Interior: D. Fernando Grande-Marlaska.
  • Ministra de Economía: Dña. Nadia Calviño.
  • Ministra de Política Territorial: Dña. Meritxell Batet.
  • Ministro de Fomento: D. José Luis Ábalos.
  • Ministra de Transición Ecológica: Dña. Teresa Ribera.
  • Ministra de Sanidad: Dña. Carmen Montón.
  • Ministra de Trabajo: Dña. Magdalena Valerio.
  • Ministra de Educación y Portavoz: Dña. Isabel Celáa.
  • Ministra de Justicia: Dña. Dolores Delgado.
  • Ministro de Agricultura: D. Luis Planas.
  • Ministro de Industria: Dña. Reyes Maroto.
  • Ministro de Ciencia e Innovación – D. Pedro Duque.
  • Ministro de Cultura y Deporte – D. Máxim Huerta.

LOS MINISTROS QUE CENTRAN LAS CRÍTICAS DE LOS DETRACTORES DEL GOBIERNO

 El independentismo catalán ha cargado contra la presencia en el Gabinete de D. Josep Borrell, catalán pero contrario a la independencia que se ha destacado en el último año por su defensa argumentada de inviabilidad e ilegitimidad de esa vía tanto en tertulias como encabezando grandes manifestaciones en Cataluña convocadas por Sociedad Civil Catalana. El Sr. Borrell ya fue ministro de D. Felipe González y fue de los pocos dirigentes de la era felipista que no respaldó las destitución temporal de D. Pedro Sánchez.

 D. Maxim Huerta ha sido la gran sorpresa del Gobierno. Co-presentador del popular programa de televisión ‘El Programa de Ana Rosa’ de TELECINCO, el principal canal del Grupo Mediaset en España durante 10 años y que también es un activista LGTB. Se desconocía su filiación política al PSOE y a D. Pedro Sánchez. Es cuestionado por ser un detractor del Deporte, que consideraba un culto absurdo al cuerpo y ahora será, entre otras cosas, ministro de Deporte.

 D. Pedro Duque, el popular astronauta español del que se sabía su afinidad con el PSOE será el nuevo ministro de Ciencia e Innovación. Desde el PP han criticado su presencia como de un ‘gobierno pasarela’.

 D. Fernando Grande-Marlaska. El que fuera magistrado de la Audiencia Nacional, así como también activista LGTB será el nuevo ministro de Interior. Desde Podemos y el independentismo echan en cara que se haya elegido a un ministro que, por que se destacó en perseguir los crímenes de ETA, contó con el favor del PP que lo propuso para el CGPJ.

 El Secretario de Estado de Comunicación será el también presentador de televisión, D. Miguel Ángel Oliver, que dirigía hasta la fecha los informativos de la noche del canal CUATRO, del Grupo Mediaset.

06 - Junio - 2018

Frankenstein era Wonder Woman

Elisa Beni

En todo caso el monstruo nos ha quedado de una coherencia y una solvencia manifiesta: feminista, socialista, progresista y europeísta. Sin costurones y sin olor a podredumbre alguna

Al final el monstruo recosido de trozos de cadáver que nos agitaban como un fantoche se ha transmutado. Tal vez los agoreros caídos olvidaban que Mary Shelley era hija de una conocida feminista de su época y de un padre comprometido con la Justicia política. En todo caso el monstruo nos ha quedado de una coherencia y una solvencia manifiesta: feminista, socialista, progresista y europeísta. Sin costurones y sin olor a podredumbre alguna. Por el contrario, fresco, limpio, moderno, técnico, intergeneracional y dialogante. Un chorro de esperanza y de ilusión con un complejo panorama por delante que hace aún más valioso el gesto de los que han dado el paso adelante, dejando aparcados de momento sus proyectos profesionales.

Un gobierno que con su sola composición es una definición de intenciones. Un gobierno que manda mensajes claros a casi todos los sectores a los que tenía que hacerlo. El primer gran mensaje que Sánchez ha querido subrayar es el de su convencimiento feminista. Ha ido más allá de las cuotas y ha dejado claro que para encontrar mujeres muy valiosas para la tarea del poder sólo hay que querer mirar. Rompe así el esquema tradicional de la perpetuación en el poder masculino. Las ministras del Consejo son en muchos casos profesionales que no pertenecen al mundo de la política y que no se habían movido por los tradicionales pasillos del poder masculino para conseguir llegar. No sólo son mayoría sino que ocupan carteras que juntas suman el mayor peso de poder de un gobierno. Esto también es muy relevante. Tanto como la vicepresidencia única de una mujer feminista que también será responsable de Igualdad. El mensaje del 8M ha llegado alto y claro al presidente del Gobierno y la tradición feminista de su partido también.

Un gobierno que aleja el caos y consagra la vocación Europea de España. Nada baladí en los convulsos tiempos que se viven en el continente. Un gobierno que no da miedo a los mercados pero que no puede disgustar a grandes sectores de la izquierda. Un gobierno que cree que la ciencia y la investigación forman parte de nuestro futuro y que el cambio climático es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad. Con guiños territoriales claros y con ministros con capacidad de diálogo para aquellas carteras que estarán más en liza a la hora de mitigar la tensión catalana e intentar deslindar nuevas sendas.

Nadie podrá decir que a priori es un mal gobierno. Ni siquiera los que no hubieran querido nunca verlo nacer.

La cuestión ahora es qué podrán hacer y hasta cuando. Hay un riesgo en la gran esperanza que han despertado y en las difíciles circunstancias en las que nace. El premio puede ser el gordo de sacar a los votantes de izquierda de su letargo y su derrotismo y llevarlos en masa a las urnas cuando se convoquen elecciones para revalidar por cuatro años su permanencia. Nace sin tregua pero también con un viento de ilusión que puede aprovechar para una singladura corta pero provechosa para todos. Somos muchos los que pensamos que España precisa de más de aire limpio, de impulso, de ímpetu, de creatividad, de flexibilidad, de libertad, de igualdad, de limpieza y menos de guerras de banderas y de mantillas. Muchos los que preferimos los astronautas a los novios de la muerte. Todos contenemos el aliento para ver hasta dónde puede llegar este nuevo ejecutivo con el apoyo de las fuerzas progresistas y con deseo de cambio del Parlamento.

El reto es grande pero las ganas de superarlo también. De eso da fe el propio Sánchez.

Y cosas van a poder hacer. Algunas son tan evidentes y cuestan tan poco dinero que las tendremos sobre la mesa enseguida.

El de Grande-Marlaska es probablemente uno de los nombramientos que más me ha sorprendido. No por la naturaleza del fichaje sino por la naturaleza del personaje. El magistrado ha hecho toda su progresión profesional apoyado por el Partido Popular, lo cual puede resultar chocante a muchos. Durante su trayectoria ha tomado posiciones lo suficientemente próximas al PP para que éste le haya respaldado en una incesante carrera ascendente. Archivó el Yak-42 por considera “inocuos” los problemas de identificación, votó en contra de la absolución de activistas del 15M y dudó en el programa de Carlos Herrera de la imparcialidad instructora de Cándido Conde-Pumpido, lo que hizo que le propio Tribunal Supremo pidiera una rectificación y Jueces para la democracia pidiera su dimisión. Y más cosas que sería largo incluir aquí. No es un magistrado de trayectoria progresista sino lo contrario y eso resulta muy chocante. Parece un caso similar al de Carlos Dívar que concitó el apoyo de Zapatero siendo como era un juez muy conservador. Tiene al menos la rara cualidad de convencer a tirios y a troyanos para que confíen en él. No obstante, de juez a juez en el ministerio de Interior, creo que hemos ganado con el cambio.

El de la fiscal progresista Dolores Delgado, sin embargo, no me ofrece ninguna duda. De facto ha caído bastante bien en los círculos profesionales dado que ha sido partícipe activa en las reivindicaciones llevadas a cabo por magistrados y fiscales a Catalá por lo que todos esperan que el diálogo con ella sea fructífero. Delgado tiene una visión diametralmente opuesta a la de su antecesor en tantos temas como he podido contrastar con ella y, desde luego, supondrá un renovación completa del ministerio. No la veo imprecando a los jueces por sus resoluciones ni adelantando los pasos procesales que darán los miembros del Tribunal Supremo. Ahora queda esperar a ver sus segundos escalones y el nombramiento clave en estos momentos de Fiscal General del Estado.

Muchos temían en el mundo judicial el nombramiento de Margarita Robles para esta cartera. En su último paso por el CGPJ había dejado muchos heridos y su relación con el actual presidente del Tribunal Supremo no puede ser más tensa o inexistente. Esos motivos eran suficientes para que no fuera la elegida aunque, si les soy sincera, ni siquiera tengo claro que ella la ambicionase. Sabia elección también en este caso de Sánchez. Defensa con el colgante del CNI es un ministerio lo suficientemente potente y con la suficiente relevancia como para servir a la ambición personal de Robles y al reconocimiento por su lealtad inquebrantable, hasta costarle la plaza del Tribunal Supremo, con el proyecto incluso en los peores tiempos.

He elegido a los ministros más próximos a los temas de mis columnas pero hay otros muchos en los que hay puestas muchas esperanzas. Otro nombramiento que me ha sorprendido es el de Màxim Huertas como ministro de Cultura, quizá porque esperaba otro tipo de hombre de letras o tal vez porque lo conozca sólo superficialmente por su imagen televisiva que, dicho sea de paso, hace a veces confundir mucho.

En cualquier caso el primer reto ha sido superado. Frankenstein ha salido sólido y muy Wonder Woman. Ahora sólo falta que como Prometeo, el antiguo no el nuevo, sea capaz de robar el fuego de lo dioses para dárselo a los que suspiran por una etapa de luz.

07 - Junio - 2018

Dudas sobre un Gobierno efectista

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

La prudencia y el equilibrio que estaba demostrando Pedro Sánchez a la hora de elegir a los ministros de su gabinete se quebró ayer, en parte, con la adjudicación polémica de algunas carteras. El nombramiento que más sorpresa y reservas ha provocado, sin duda, es el de Dolores Delgado. Fiscal competente de la Audiencia Nacional y experta en terrorismo yihadista, Delgado tiene sin embargo un sesgo político muy marcado que la sitúa en el círculo más próximo de Baltasar Garzón. De hecho, la nueva ministra de Justicia fue uno de los principales apoyos que el ex juez recibió durante su enjuiciamiento y su expulsión de la carrera judicial, acordada por unanimidad de los siete magistrados del Supremo que lo vieron culpable de ordenar escuchas ilegales a los abogados del caso Gürtel. Cabría esperar que su perfil profesional se antepusiese a sus veleidades ideológicas. Por otra parte, Grande-Marlaska ofrece también algunas dudas. Si bien comenzó siendo un duro en la lucha contra ETA, acabó por asumir las tesis de la Fiscalía cuando la banda terrorista anunció la tregua, tras lo cual decretó la libertad de Otegi, a pesar de la petición de las víctimas, y votó a favor de la excarcelación de Bolinaga. Las decisiones sobre política penitenciaria serán clave para valorar su labor al frente de Interior.

Pero además, Sánchez recurrió a un claro efectismo con el nombramiento de Pedro Duque como ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. Nadie discute la voluntad, los méritos y la preparación del prestigioso científico, astronauta y empresario, pero Duque carece de experiencia en la gestión pública y eso puede resultar ineficaz para reactivar de forma racional las inversiones en I+D+i. También causó sorpresó el ministro de Cultura, Màxim Huerta, periodista y escritor, célebre por su etapa televisiva pero una incógnita como gestor.

En el resto de carteras conocidas ayer, Sánchez acertó en la elección de personas preparadas para gestionar sus ámbitos de actuación. En Defensa, Margarita Robles recupera para el ministerio el CNI, hasta ahora dependiente de Vicepresidencia. La experiencia profesional y política como ex consejera de Castilla-La Mancha de Magdalena Valerio la sitúa en buena posición para hacer frente desde el ministerio de Trabajo al creciente déficit de la Seguridad Social, y para abordar la reforma del sistema de pensiones. Acierta también Sánchez al dar entidad al ministerio de Educación, separándolo del de Cultura, y elegir a Isabel Celaá para dirigirlo. En los años en los que se desempeñó como consejera de Educación en el Gobierno de Patxi López, Celaá introdujo a las víctimas del terrorismo en las aulas, combatió el adoctrinamiento nacionalista y apostó por el trilingüismo. La designación, por último, de Luis Planas para Agricultura ofrece un perfil tecnocrático que cabe interpretar en clave europeísta, ya que parte de su labor la ha desarrollado en Bruselas.

08 - Junio - 2018

Una ocasión perdida

Manuel Hidalgo

La noticia de que Pedro Sánchez iba a recuperar el ministerio de Cultura libre de adherencias había levantado las mayores simpatías. Frustración. Sánchez ha añadido o unido Deportes a Cultura. El deporte tiene en España la máxima importancia: por las masas que moviliza, por los valores (o contravalores) que implica, por el dineral que mueve, por su imbricación con los grupos empresariales y de comunicación y, en fin, por la calidad de nuestros deportistas de élite y su contribución a lo que llamamos Marca España. Los Deportes, como alguna otra actividad, merecerían un ministerio en exclusiva.

España es una de las diez potencias culturales del mundo, por no exagerar. La segunda, quizá, si atendemos a la preponderancia de la cultura en español. Su envergadura real es enorme, pero su potencial simbólico es, si cabe, mayor. Después de décadas en las que, con algún corto período de excepción, han sido manifiestos el desinterés y la incapacidad de los gobiernos de derechas y de izquierdas -¡mucha boquilla!- para entender cabalmente el capital simbólico que representa la cultura española y para reforzar en serio -también como bien económico- su magnitud real, había alguna esperanza de que los propósitos difusos de Sánchez se concretaran en una opción y en una elección -ansiadas, postergadas, eludidas- brillantes. No ha sido así. Y la decepción y la desolación son brutales. Y más, si cabe, cuando un amplio tejido civil, a lo largo del miércoles, recibía a los nuevos ministros y ministras con creciente complacencia. Sin entrar en detalles.

Màxim Huerta, desconocido por quienes tendrían que conocerlo y muy conocido por los espectadores de TELECINCO, no es la persona a la altura de la relevancia simbólica y real de la cultura española. Periodista ingenioso y locuaz, articulista amable y cultivado y sentimental novelista de apañada redacción, su lugar adecuado es otro. No es un juicio elitista ni gremial. El ministro de Cultura no ha de serlo de cultura general. Ésta debe aumentar con la educación. Ocasión, otra vez, maltratada y perdida. Conocer lo que ha sucedido y por qué para llegar a este desenlace sería tan interesante como, quizá, desmoralizador.

10 - Junio - 2018

Punto y aparte

EL PAÍS (Directora: Soledad Gallego y Díaz)

La llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa y la formación de un Gobierno solvente marca un punto y aparte en la política española. Sánchez no ha alcanzado la presidencia por un golpe de suerte ni porque haya simplemente conformado una coalición negativa; lo ha hecho, por el contrario, porque ha cumplido con la responsabilidad que el sistema constitucional le exigía como líder de la oposición para desalojar a un presidente, Mariano Rajoy, y a un partido, el Popular, que no podían seguir en el poder. La falta de respuesta institucional acorde a la gravedad de la sentencia por el caso Gürtel, una respuesta que solo pasaba por la dimisión del jefe del Ejecutivo, ha sido el último episodio en una legislatura marcada desde el comienzo por las medias verdades y la manipulación del sistema constitucional.

Es cierto que Mariano Rajoy ganó las últimas elecciones generales, pero es a la vez falso que la mayoría relativa que obtuvo su partido le concediera un derecho automático a formar gobierno. Su obligación institucional era precisamente la que se resistió a cumplir, y que, sin embargo, no rehusó ninguno de los anteriores presidentes: el deber de completar negociando con otras fuerzas parlamentarias la mayoría relativa obtenida. Optando a la investidura y desentendiéndose de buscar los escaños que le garantizaran la gobernabilidad, Rajoy no tuvo reparos en mantener al Gobierno en funciones durante un año, ni en forzar nuevas elecciones. Si estas tampoco resolvieron el impasse fue porque, en realidad, el impasse no obedecía a una deficiencia del sistema, sino a la forma poco escrupulosa en la que Rajoy lo ha gestionado hasta el último momento.

a excusa de que no cabía otra alternativa no ha encontrado confirmación en la realidad: el Partido Popular reunió entonces la mayoría necesaria para hacerse con la Mesa del Congreso, que ha desempeñado un papel determinante en la increíble paralización que ha sufrido el Legislativo, y hace pocas fechas para aprobar los mismos Presupuestos que amenaza con rechazar en el Senado, en venganza por el cambio de bando de sus socios de la víspera. El daño institucional de este proceder ha sido profundo, por más que haya permitido al Partido Popular presentar como estabilidad lo que solo ha sido parálisis institucional e inmovilismo político, en un momento en el que se exigía muy especialmente una intensa actividad y presencia en la Unión Europea.

Comienza ahora una página en blanco que no es propiamente la de Pedro Sánchez, sino la de la gestión de las consecuencias políticas que ha acarreado el inevitable recurso a una medida constitucional como la moción de censura, dirigida a desalojar a un Ejecutivo que estaba conduciendo al sistema a extremos de deterioro y deslegitimación. Por esta razón, la principal tarea que el presidente Sánchez tiene por delante no es ejecutar el programa de su partido, para lo que no dispone de mayoría, sino comenzar a reparar los destrozos políticos, sociales e institucionales provocados por el Gobierno del Partido Popular, de modo que el país acuda a la próxima cita electoral con una estabilidad que no sea la máscara funeraria impuesta a un país sin pulso. Conminar al nuevo presidente para que convoque elecciones es tan inapropiado como exigirle que agote la legislatura: la prerrogativa de disolver las Cámaras le corresponde en exclusiva, y lo que habrá que juzgar es el uso que hace de ella.

Adelantar las elecciones por adelantarlas sería un error, lo mismo que retrasarlas con el único designio de mantenerse en el poder. Pero el presidente Sánchez lo sabe.

10 - Junio - 2018

El fuelle de Màxim Huerta

Luis Martínez

Lo primero es aclarar lo de follar. Follar en puridad viene de fuelle. Y la RAE, antes de meterse en escatologías de mal gusto, deja claro que la cosa es, más que nada, aérea o, mejor, aerofágica. Se sopla por el aparato en cuestión -el aventador o soplillo- o, que también puede ser, se “suelta una ventosidad sin ruido”. También esto es follar. Luego vienen otras acepciones más o menos inverosímiles y hay que esperar a la cuarta de ellas para que la RAE se decida a lo evidente: “practicar el coito”. Deja claro, eso sí, que se trata de un vulgarismo por no decir simplemente vulgaridad. Le cuesta a la RAE tocar el barro. Al nuevo ministro de cultura, mucho menos chismoso, no. Él tiene claro, a juzgar por su Twitter que no borra, que accionar el émbolo es sano y como tal, en su salubridad, debe ser aceptado. “Hace tanto calor que no dan ganas ni de follar”, dice y escribe en su red social. “Uno no sabe si ponerse a escribir o a follar”, sigue.

Sería injusto criticárselo. Por primera vez en la larga historia del ministerio que se folló(con perdón) el PP, el titular es una persona evidente y sexualmente activa. Y eso es bueno. Para él, sobre todo. En realidad, la postura de Màxim Huerta, de puro culta y consciente de su lugar en el nuevo mundo, sigue al dictado la ya vieja teoría de Foucault. La tesis del filósofo es que la mojigatería prohibicionista, católica, homófoba y romana en realidad esconde un secreto: más allá del placer del accionar émbolos y fuelles, y retorcer cuerpos, lo que importa es el deleite de hablar de lo secreto, de detallar lo que no se dice. Lo que nos pone no es tanto hacerlo como contarlo. Es decir, en un universo televisivo, o postelevisivo, de gobiernos electos, o poselectos, en el que todo obedece a la lógica de la concupiscencia y el deseo, el verdadero placer se encuentra en el exhibicionismo de la singularidad. Y ahí, sin duda, el ministro. Y Sánchez mismo.

La jugada ha consistido no tanto en colocar al frente de cultura a un hombre de la cultura como a un hombre-cultura. El matiz importa. La idea no es tanto que sea un creador el que dirija la política cultural como que él mismo forme parte del tráfago cultural. Eso es lo que hace la televisión: convertir a sus protagonistas en objetos de representación, en bienes consumibles. Y por eso, de ellos importa todo lo que hacen incluido lo que hasta hace nada era territorio exclusivamente íntimo. Quizá prohibido.En efecto, Màxim escribe, presenta programas y folla. De fuelle. Y lo cuenta. De cuento.

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