Pixar (Disney) vuelve a apuntar a latino américa escogiendo México y los mariachis como escenario de su animación ‘Coco’

HECHOS

En noviembre de 2017 se estrenó en España la película ‘Coco’.

16 - Noviembre - 2017

¡QUE ONDACOCO!

Toni García

Miguel quiere ser como Ernesto de la Cruz, el mejor mariachi de todos los tiempos. Miguel es un niño que vive en un pequeño pueblecito de México y su única ilusión es esa, convertirse en músico. Como su ídolo. El único problema es que en su familia la música ha sido desterrada, prohibida: uno de sus antepasados abandonó a su esposa y a su hija en pos de la fama y eso en casa no se perdona. “¡No más música, hazle caso a tu familia!”.

“La película habla de temas universales: de la familia, de los sueños, de aquello a lo que renuncias cuando quieres algo con todas tus fuerzas”, dice Adrián Molina, autor de Coco, el último largometraje de Pixar y, probablemente, uno de lo más brillantes jamás surgidos de la factoría de animación que un día cambió las reglas del juego con películas como Toy Story, Buscando a Nemo o Los increíbles.

Molina ha escrito y co-dirigido este filme, que se estrena el 1 de diciembre en España y es el primero en la historia de Pixar que se asoma a otra cultura, justo ahora que al otro lado de la frontera gobierna un tipo llamado Donald Trump que llama bad hombres a los mexicanos: “Lee Unkrich [el otro director y guionista de Coco] planteó esta historia en 2011, así que no teníamos previsto encontrarnos con estas circunstancias cuando empezamos el proyecto”, admite Molina.

Papel le acompañó durante un viaje de tres días a México justo cuando allí se celebraba el Día de Muertos. Esta tradición, que llena las calles de calaveras y los cementerios de música y flores, prueba sin ambages la profunda conexión del pueblo con la muerte, un tema tabú en la mayoría de las culturas occidentales que allí se vive con naturalidad y aires de fiesta. “Para los mexicanos la muerte es algo presente y no esquivan el hecho de que un día te encontrarás con ella cara a cara. No importa que estés preparado o no: un día quedará contigo en alguna parte”, explica el de Pixar.

El rostro de Molina cuando visita un colegio de San Miguel de Allende, un pueblo a 250 kilómetros de la capital en el que los niños le han preparado una bienvenida especial, refleja con fuerza el tremendo impacto de Coco en México, donde la película ya se ha convertido en la más taquillera de todos los tiempos. En el patio, todos los niños, pintados como La Catrina, el clásico esqueleto del Día de Muertos, entonan canciones que hablan de cadáveres y tumbas y hacen llorar (literalmente) a la concurrencia con una sentida interpretación de La llorona, la preciosa canción de Chavela Vargas.

Sin embargo, lo más chocante (admitirá después Molina) es el momento en el que la profesora pregunta a los niños, ayudada por un megáfono:

–Niños y niñas, ¿qué es lo único seguro de la vida?

–”La muerteeeeee”– responden a voz en grito, arrastrando las es.

“Coco era un reto en general, pero para mí era además algo personal, muy personal”, admite Molina. Este currante de Pixar, que dirige ahora su primera película, creció en San Francisco, de padres y abuelos mexicanos. A pesar de que no habla el idioma de sus ancestros, no tiene reparos en admitir que con el filme ha reconectado con una cultura que estaba olvidando lenta pero inexorablemente. “Para mí ha sido increíble investigar para esta película”, cuenta. “Cierto es que una de las ventajas de trabajar en Pixar es que un día te encuentras leyendo revistas de coches y al día siguiente examinando los tentáculos de un pulpo, pero con Coco cada paso del camino me sirvió para recuperar una parte de mi memoria que estaba allí, escondida en alguna parte”.

La historia de Miguel, el aspirante a mariachi, es la excusa para el arranque del largometraje, trufado de tamales, antojitos, rancheras, altares y docenas de otros clásicos de la cultura mexicana. Seguramente, nunca antes había sido tratada con tanto respeto por parte de sus vecinos del norte. Un respeto que ha sido bien recibido por la crítica del país azteca, que la ha alabado en voz alta.

LA BISABUELA

Ahora bien, el gran personaje de la película (y el que hará que la película sea recordada) es Coco, la bisabuela de Miguel, una anciana con tal nivel de detalle y dibujada con una sensibilidad tan descomunal que a los pocos segundos de contemplarla, uno olvida por completo que es una señora mayor de un remoto paraje mexicano y empieza a ver a su propia abuela, a recordar su propia historia.

“Puede que tengas razón y que sea el personaje más humano que hemos hecho nunca, pero no quiero entrar en juicios de valor”, confiesa Molina. “En lo que sí estaremos de acuerdo es en que Coco está hecha de retazos, de recuerdos, es un poco de mi abuela y un poco de la tuya, y un poco de la de tu mejor amigo. Coco es nuestra memoria colectiva, por decirlo de alguna manera”.

Las manos manchadas de Coco, sus arrugas, esos ojos minúsculos que apenas se abren, sirven de contrapunto a las aventuras de Miguel, que por un error impredecible va a parar al mundo de los muertos. Ese universo abigarrado y explosivo no es sólo la obra más ambiciosa de Pixar, sino una suerte de lienzo en el que alguien ha arrojado globos de colores para alejarse después a contemplar su obra y un reflejo de todo lo que la compañía de Disney ha aprendido desde que empezara a abrir bocas y enarcar cejas, allá por 1995.

“Es cierto: cuanto más perfecta es la técnica menos se fijará la gente en ella”, dice el cineasta. “Pero eso forma parte del paradigma de la compañía desde Toy story: lo más importante es la historia. Si la historia es buena y la animación es horrible, todo el mundo se fijará en la animación, pero si la historia es buena y la animación perfecta, nadie se fijará en la animación (se ríe). No hay problema, podemos vivir con eso”.

Para Molina la película suponía una doble presión. Un tema que ha aparecido constantemente en las conversaciones que distintos periodistas del mundo han mantenido con él durante su estancia en México. El director y guionista lo explica a Papel con la libertad del que ya ha acabado el trabajo y no puede hacer más: “Para mí el mayor reconocimiento que puede obtener Coco es cuando mi familia vio la película y me dijo que se sentía orgullosa de mí (hace una pequeña pausa, respira hondo). Para alguien que tiene sus raíces en este país pero que ha vivido toda su vida en otra cultura, esto es algo importantísimo. Como puedes imaginarte, estrenar una película con Pixar ya supone una presión mayúscula, así que hacerlo con algo tan pegado a mí como es mi pasado lo multiplica todo por cinco. De todas formas, haber estrenado aquí y que la película haya gustado tanto me hace muy feliz”.

En el reparto, los aficionados al cine encontrarán algunas voces familiares: Alfonso Arau, Edward James Olmos o Benjamin Bratt, entre otros. Pero los grandes protagonistas de Coco son un recién llegado como Anthony Gonzalez y, sobre todo, un joven veterano como Gael García Bernal, que dobla a Héctor, el guía de Miguel en la Tierra de los Muertos.

Sobre las espaldas de ambos se construye una película en la que las canciones suenan como si tuvieran cien años y en el que –no se lleven las manos a la cabeza– la versión doblada suena muchísimo mejor que la original: “Estamos muy contentos con la versión mexicana, le dedicamos meses y más meses porque tenía que ser perfecta y el resultado ha excedido con mucho lo esperado. Gael y Anthony son increíbles, de verdad”, cuenta Molina con una sonrisa de oreja a oreja.

El último día de esta particular inmersión en la cultura mexicana, Papel se pegó a Molina durante su primer desfile del Día de Muertos, maquillado tal y como mandan los cánones y con las calles invadidas de altares (allí donde los locales rinden culto a sus muertos, con fotografías y ofrendas). Un ambiente difícil de describir para cualquiera que no haya estado en el país un 1 de noviembre. El director, caracterizado como una Catrina, siguió el desfile con centenares de mexicanos, gringos (muchos tocados con la gorra roja de Trump pero con la frase Make America Mexico again) y un buen montón de europeos, levitando sobre la multitud. Ataviado con una camiseta negra de Pixar, el de San Francisco se hizo selfies con sus “compatriotas” y recorrió las calles hasta que se apagaron las luces. Al final de la noche brindó con tequila: “Era imposible no hacer una buena película sobre esto: es algo mágico”. sobre esto: es algo mágico”.

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CÓMO SUENA UNA RANCHERA EN INGLÉS

“Que el cielo no es azul, ay mi amor, mi amor; que es rojo, dices tú, ay mi amor, amor. Tú me traes un poco loco; un poquititito loco”. La canción que el personaje de Miguel canta a mitad del metraje de Coco es junto a Recuérdame la más celebrada de la banda sonora de la película. Sin embargo, el espectador estadounidense no podrá escucharlas en español porque en la versión original suenan en inglés. “Nuestro público es de habla inglesa y no podíamos olvidar eso si queremos llegar a la mayor cantidad de gente posible. De la misma manera que nunca nos planteamos estrenar en México en inglés”, dice Molina, sobre el único asunto que ha molestado a la comunidad hispana en EEUU. “Yo la escribí en inglés y creo que es bonita. Que la gente la escuche y opine. ¡Luego se pueden comprar la banda sonora en el idioma que quieran!”.

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