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Su nombramiento supone el comienzo del relevo generacional del diario EL PAÍS

Polanco impulsa la renovación del periódico EL PAÍS con el nombramiento de Javier Moreno como nuevo director

HECHOS

El 4.05.2006 D. Javier Moreno fue elegido nuevo director de EL PAÍS (reemplazando a D. Jesús Ceberio) a propuesta del presidente del Grupo PRISA, D. Jesús Polanco.

vicente_jimenez D. Vicente Jiménez es ratificado como Director Adjunto de EL PAÍS y se ratifica como el ‘número 2’ en la redacción del diario de PRISA.

Vidal_Folch D. Xavier Vidal-Folch mantiene su cargo de Director Adjunto de EL PAÍS en calidad de responsable de su edición catalana.

lluis_bassets D. Lluís Bassets recupera el cargo de Director Adjunto de EL PAÍS tras apenas un paréntesis de un año en que perdió el cargo precísamente en favor de quien ahora asume la dirección, D. Javier Moreno.

ekaizer D. Ernesto Ekaizer, desde su puesto de Subdirector de EL PAÍS se ha convertido en uno de los principales portavoces del periódico en los medios de comunicación, pero no ha sido ‘ascendido’ por el nuevo equipo.

D. Jesús Ceberio dejó la dirección de EL PAÍS, en la que había permanecido 13 años, desde 1993. Con el nombramiento de D. Javier Moreno como nuevo director del diario EL PAÍS se ratificaba el relevo generacional, puesto que el Sr. Moreno era el primer director que no había pertenecido a la plantilla inaugural del periódico. La transición al nombramiento del nuevo director había comenzado con el nombramiento del Sr. Moreno como director adjunto del diario un año antes.

El relevo generacional pronto provocaría ‘cadáveres’ y figuras que habían ocupado cargos destacados en EL PAÍS durante la etapa anterior, irían abandonando el periódico, como D. Félix Monteira, D. Hermann Tertsch o D. Ernesto Ekaizer. Otra salida polémica fue la de D. Bosco Esteruelas editorialista del Sr. Moreno, con el que se le atribuía buenas relaciones. Todos ellos víctimas de desencuentros con el nuevo equipo.

Libelo contra la secta

Hermann Tertsch

Ceberio había sido nombrado director en contra de la preferencia de Cebrián, que era Javier Valenzuela. Hoy resulta muy gracioso recordar que en su momento se dijo que Jesús Ceberio sería un director de transición. Más de trece años estuvo en el cargo este gran profesional, vasco malencarado y rudo, pero con más periodismo y sentido común en la cabeza que todos los jovencitos funcionarios del izquierdismo que intentaron cubrir su hueco. Y muy en vano. Su puesto lo ocupaba Javier Moreno, un hombre elegido por Cebrián, cuya fundamental aportación al periodismo había sido la criba de la plantilla del diario económico de PRISA, CINCO DÍAS, y un par de meses en Berlín. No porque supiera poco o algo sobre Alemania y Centroeuropa, sino porque habla algo de alemán.

No puedo decir mucho de este director porque realmente no se le conocen decisiones de importancia que no se atribuyan a Juan Luis Cebrián. Sí puedo decir que desde su llegada a la Dirección, en la tercera planta las relaciones humanas se deterioraron aún más en la redacción y siguieron haciéndolo después de mi partida, tal y como he ido sabiendo de aquellos periodistas aún en EL PAÍS que mantienen contacto conmigo. Aquello ya no era el tradicional Kelvinator, marca de frigorífico y nombre con el que Javier Pradera solía definir al gélido trato que otorgaba PRISA a uss empleados, bien pagados pero siempre despreciados por una impronta déspota que se atribuía a Cebrián. Era mucho peor. Juan Luis siempre había infundido temor por sus frecuentes ataques de ira y su habitual trato despectivo y arrogante hacia sus subordinados. Todos agradecían en la redacción que ese carácter tan brillante como complicado del primer director no se prodigara por la calle de miguel Yuste y estuviera ocupado en cuestiones de mayor enjundia en su despacho del número 32 de la Gran Vía.

Yo sí he recibido una gran noticia de Cebrián en mi vida: mi nombramiento como corresponsal en Bonn, lo que siempre le agradeceré por decepcionante que me pueda parecer su evolución posterior lejos del periodismo. Cada uno es muy libre de equivocarse como quiera, pero lo cierto es que la brillantísima trayectoria periodística de Cebrián ha quedado eclipsada por una gestión empresarial que resultó catastrófica para los propietarios.

Lo cierto es que con la salida de Ceberio y la llegada de Moreno y sus hombres de confianza se impuso en la redacción un miedo difuso en constante crecimiento. Cada vez eran más los redactores que cerraban las páginas web que leían cuando un mando pasaba por detrás de ellos y podía ver sus pantallas de ordenador. Cada vez eran más los convencidos de que todo su correo electrónico estaba intervenido. Cada vez se hablaba más bajo en aquella gran nave diáfana.

Las declaraciones públicas de Polanco en la Junta de Accionistas, en las que se comprometía a demostrar que la contradicción Tertsch había quedado superada, me facilitaron mucho las negociaciones para mi partida. Hay todavía algunos conocedores de las interioridades de Miguel Yuste, 40, que creen que Polanco, entones ya gravemente enfermo y fuertemente medicado, habló así para hacerme un favor. Sin caer en especulaciones tan piadosas, lo cierto es que siempre tuve un gran respeto por Polanco.

Mantuve conversaciones intensas con Polanco cuando tuvo que sustituir a Joaquín Estefanía como director del periódico y Juan Luis Cebrián les presentó tres candidatos que éramos Jesús Ceberio, Javier Valenzuela y, supuestamente, yo. Aunque yo era un falso candidato presentado por Polanco para lograr convencerle de que el relevo generacional – corría el año 1993 – debía encabezarlo Javier Valenzuela. Gracias a Dios – con mi modesta aportación – Polanco se decidió por el único que razonablemente podía dirigir el diario en aquel momento, que era Ceberio. Cualquier otra decisión, sobre todo el nombramiento de Javier Valenzuela, habría sido una catástrofe. Es un gran periodista de calle y un buen corresponsal, pero toda sensatez y profundidad le son ajenas, y es casi tan obsequioso con el poder como otras trovadores de empresa. No es extraño que el presidente Zapatero se lo pidiera al periódico como director general para Relaciones Internacionales en la Secretaría General de Comunicación de su gobierno.

Lo cierto es que con aquella firma del finiquito – sin despedida de director, por supuesto, no es la cortesía su fuerte – acababa una etapa de mi vida y comenzaba otra fuera de la casa “Fuera hace mucho frío”. Esta frase la he oído mil veces. Irse voluntariamente de allí era considerado un suicido o acto enajenado. Ser despedido una condena al abismo

13 - Marzo - 2007

Un estilo que daría para todo un libro

Víctor de la Serna Arenillas

Los tres primeros directores de EL PAÍS -Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía y Jesús Ceberio- tuvieron, entre otros puntos en común, su pertenencia a una misma generación, la de la transición democrática, y su paso por el desaparecido diario Informaciones, que -una vez cerrado el Madrid por la dictadura- encabezó casi en solitario el discreto movimiento prodemocrático en la prensa madrileña de los últimos años del franquismo, y se labró una reputación de solvencia a la anglosajona con su estilo posado, preciso, factual, muy inspirado en el de periódicos como The New York Times o The Wall Street Journal, que tanto admiraban su presidente y su director.

Durante sus tres decenios de vida, y aÚn con los vaivenes y los peajes nacidos de su alineamiento cada vez más partidista, EL PAÍS prefirió un estilo similar, hijo de aquél de Informaciones, y lo plasmó en las sucesivas ediciones de su Libro de Estilo.

La llegada a la dirección de Javier Moreno no sólo ha supuesto una meridiana ruptura generacional, sino también periodística. Hoy EL PAÍS se adentra en territorios impensables antaño. Y la creciente tensión política -juicio del 11-M, protestas antigubernamentales- lo pone particularmente de manifiesto. EL (nuevo) PAÍS publica hoy en día titulares, como el del viernes pasado en portada («El PP lanza la mayor agitación en la calle de su historia contra Zapatero»), que habrían sido inimaginables antaño: por sintaxis (antes esas cosas contaban, y las frases adverbiales se colocaban en su sitio… cosillas así), y sobre todo por el contenido. Lo que el PP había anunciado era una manifestación autorizada, y EL PAÍS no sintió empacho por entrar en la hipérbole y la adivinación, interpretando con un día de anticipo lo que iba a suceder y definiéndolo de antemano. Novísimo periodismo, vamos.

(Al día siguiente, ya durante el curso de la concentración, el sitio del diario en internet, elpais.com, reforzaba la tesis con un enorme titular (precedido del antetítulo «El PP sale a la calle contra el Gobierno»): «Zapatero, traidor» «Zapatero, a prisión».

Lo dicho: un periódico renovado, un estilo con nuevos bríos.

A Javier Ortiz, en EL MUNDO, sí que le ha convencido la argumentación de El País y lo de la «agitación en la calle». Tanto, que el espectáculo dantesco le ha inspirado el mensaje electoral con el que José Luis Rodríguez Zapatero tendría desde ahora mismo archiganados los venideros comicios generales. Y es éste: «Ya habéis visto quiénes son y cómo son los que se aprestan al abordaje. Los habéis oído gritando con total sinceridad y con perfecta crudeza lo que les sale de las entrañas. Ya sabéis de la rabia, el odio y el ánimo de revancha con el que vienen a por los que no somos ni ‘normales’ ni ‘bien nacidos’, es decir, a por los demás. Os consta que muchos de ellos no se lamen las heridas de 2004, sino las de 1976. Decidid en consecuencia». (O las de 1931, ya puestos…).

El Análisis

LA FICHA DE CEBRIÁN

JF Lamata

El nombramiento de D. Javier Moreno como director de EL PAÍS, se hizo ‘a propuesta’ de D. Jesús Polanco, según informó el propio diario EL PAÍS, pero no faltaron ‘señaladores’ de que el cerebro de aquella designación había sido el Consejero Delegado, D. Juan Luis Cebrián, que defendía siempre el nombramiento de alguien joven para la dirección de EL PAÍS (por aquello la renovación, aunque esa renovación no le incluya a él mismo). Fuera o no una propuesta del Sr. Cebrián, la designación del Sr. Moreno fue un gran acierto para el Sr. Cebrián. El director de EL PAÍS sería una persona totalmente fiel al Sr. Cebrián hasta el punto de asumir todas las culpas cuando hiciera falta, salvando la cara al Consejero Delegado. ¿Qué más se puede pedir?

J. F. Lamata

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