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El historiador y ex ministro definió a ese sector religioso como una maniobra marxista pilotada desde la Unión Soviética para controlar a la Iglesia

Polémica en torno a la Teología de la Liberación entre el historiador Ricardo de la Cieva y el padre Martín Delcalzo

HECHOS

El 4.04.1985 el periódico ABC publicó un reportaje titulado ‘La Teología de la Liberación, desenmascarada’.

D. J. L. Martín Descalzo y D. Ricardo de la Cierva se enfrentaron por su distinta posición sobre la teología de la liberación.

09 - Abril - 1985

LIBERACIÓN Y CONFUSIÓN

J. L. Martín Descalzo

Debo expresar aquí mi frontal discrepancia con las ideas que, en este mismo periódico, exponía, en días pasados, Ricardo de la Cierva sobre la Teología de la Liberación. De siento tan lejos de él como de la caricatura del mismo que - desde mi punto de vista - ofrece Ricardo de la Cierv

Cada día me gusta menos la polémica (sobre todo en temas religiosos), pero me parece que hoy, por un deber hacia mi conciencia y hacia todos los lectores que podría interpretar mi silencio como un consentimiento, debo expresar aquí mi frontal discrepancia con las ideas que, en este mismo periódico, exponía, en días pasados, Ricardo de la Cierva sobre la Teología de la Liberación. Y no porque yo sea partidario de ese movimiento teológico – está claro y escrito está que no lo soy – sino porque me siento tan lejos de él como de la caricatura del mismo que – desde mi punto de vista – ofrece Ricardo de la Cierva y muy especialmente de la extraña tesis en la que se baraja la crisis de los jesuitas con el origen de dicha Teología, tesis ésta que ninguna persona sería e informada en el mismo es capaz de tragar. creo, efectivamente, que la Teología de la Liberación es un problema grave para la fe y, en ese sentido, me siento plenamente de acuerdo con las posturas adoptadas por el Vaticano frente a ella, pero no creo que eso tenga mucho que ver con el barullo que – con más buena voluntad que acierto – se ofrecía en las citadas páginas.

Dice su autor que a ello ha dedicado tres años. Yo prefiero atribuirlo a precipitación periodística. Sólo esta precipitación hace explicables los numerosos errores de este trabajo, algunos tan curiosos como el afirmar que Tomás Borge (el comandante nicaragüense) es sacerdote, cuando todo el mundo sabe que ni lo es ni lo ha sido, y que su esposa fue asesinada por las tropas de Somoza. O cuando afirma que Enrique Dussel es ‘sacerdote argentino’ cuando es un seglar, padre de familia con tres hijos. Si La Cierva hubiera leído la fundamental de sus obras se habría encontrado, en la primera página, esta dedicatoria: “A Hanna, mi esposa”.

Pero todo esto son ‘pecata minuta’. Lo que me ha desconcertado, sobre todo, es que, al repasar las citas que se hacen de la obra de Gustavo Gutiérrez, puede comprobar que prácticamente todas están o saccadas de contexto o tergiversadas, o mutiladas, o adulteradas, o interpretadas en sentidos opuestos a los del autor o a los que muestra el simple sentido común. No parece que La Cierva haya seguido el consejo ignaciano de ‘echar a la mejor parte’ las opiniones de aquellos con quienes discrepa.

No voy a comentar aquí cita por cita (sería fácil) para no aburrir a los lectores. Pero sí diré que, aun estando como estoy, en desacuerdo con muchas cosas de Gustavo Gutiérrez, no reconozco en absoluto su pensamiento en el pseudoresumen que La Cierva ofrece de él. Yo firmaría sustancialmente la dura y severa crítica que de la obra de Gustavo Gutiérrez hace, en su obra publicada en la BAC, el padre Armando Bandera. Pero una cosa es una crítica seria y reflexiva hecha desde la teología y otra muy diversa una caricatura presentada desde ópticas no precisamente teológicas.

J. L. Martín Descalzo

10 - Abril - 1985

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Ricardo de la Cierva

Esperaba el contrataque del señor Martín Descalzo. No me lo esperaba tan vacío, ni tan displicente. Esta es mi respuesta.

Señor director: Esperaba el contrataque del señor Martín Descalzo. No me lo esperaba tan vacío, ni tan displicente. Esta es mi respuesta.

1. Enrique Dússel es licenciado en Teología por el Instituto Católico de Pastoral y es hoy profesor de Historia de la Teología y de la Iglesia latinoamericana en el Instituto Teológico de Estudios superiores de México. (‘Misión Abierta’, 77, sept. 1984, p. 45). Su condición sacerdotal o seglar es irrelevante; lo que importa es su profesión teológica y su evidente adscripción a la causa liberadora como historiador.

2. Esc cierto que Tomás Borge, ministro en Nicaragua, no es sacerdote. Pero también es cierto, como yo dije, qu son tres los sacerdotes que figuran en el Gobierno de Nicaragua: el ex jesuita Fernando Cardenal, ministro de Educación; el padre Miguel d´Escoto, de la Congregación de Maryknoll, ministro de Asuntos Exteriores, y el trapense, antiguo fascista, Ernesto Cardenal, ministro de Cultura (ABC, 11-12-84).

3. Aclarados así los que llama Martín Descalzo, con razón, ‘pecatta minuta’, advertidos por el distinguido escritor en los treinta folios de mi informe, añade  que la implicación de la crisis de los jesuitas en el origen y desarrollo de la Teología de la Liberación le parece una ‘extraña tesis’. No sólo extraña, sino escandalosa; pero yo he demostrado esa extraña tesis – de la que participan, como demostré, el cardenal Villot y el padre Arrupe – con datos, argumentos y análisis histórico. ¿Son verdaderos o falsos esos datos, esos argumentos, señor Martín Descalzo? Sus adjetivos me importan menos.

4. Cree Martín Descalzo que mi visión de la Teología de la Liberación es una caricatura y que mis citas de Gustavo Gutiérrez están sacadas de contexto, tergiversada, mutiladas o adulteradas. Esta es una grave acusación. No saqué las tesis del contexto, sino del libro; indiqué cada página; cité ‘in extenso’ para evitar acusaciones falsas como las de Martín Descalzo. Repase mis citas una por una. Demuestre los falseamientos, las mutilaciones. Para usted, citar es sacar de contexto. Lamento lo que voy a decirle ahora: en esta grave acusación, miente usted.

Descalificar todo un estudio por unos errores mínimos, discutibles y que luego se califican de ‘peccata minuta’ es contradictorio. Yo ni aludí en mi informe, señor Martín Descalzo, al lamentable artículo sobre Teología de la Liberación que publicó usted en ABC el 31 de enero de 1985, donde escribe usted mal el hombre de Hugo Asmann afirma que José Míguez Bonino es ‘el único’ teólogo entre los principales de la liberación que no es católico (olvida usted a los inspiradores protestantes Moltmann y Shaull; a los protestantes Alves y el propio Asmann, citados en ‘Misión abierta’ como protagonistas; olvida a los protestantes E. Castro y J. de Santa Anna, ver José M. Palma, ‘Ideal’, Granada, 24-3-1985). Y afirma usted que Gustavo Gutiérrez, cuyas tesis marxistas cité una por una en mi artículo, es ‘un teólogo moderado de la liberación’ y juntamente con Boff, recién condenado por el Vaticano, ‘teiene algunos contagios más de lenguaje que de ideología marxista de fondo’.

Según mi norma en esta polémica no contesto a sus invectivas. Sería demasiado divertido.

Ricardo de la Cierva

11 - Abril - 1985

MINGOTE O EL ARTE DE CRITICAR SIN HERIR

J. L Martín Descalzo

Esperaba, sí, la respuesta del señor De la Cierva a mi pequeño recuadro del martes. Y la esperaba tal y como se ha producido. Lo que no sé es por qué esperaba él mi respuesta, ya que sabe muy bien que en las cuatro ocasiones en que, a lo largo de los años, me dirigió sus comentarios, elegí el silencio.

Esta noche (cuando el lector lea estas líneas habrá ya sucedido) dedica TVE un homenaje a Antonio Mingote y yo quiero asociarme desde aquí a él no sólo porque soy su amigo, sino porque creo que tanto España como la Iglesia española tienen con él una deuda pendiente. Porque creo, sinceramente, que pocas personas han hecho en nuestro país tal servicio a la convivencia humana y a la purificación de ciertas ‘vejeces’ religiosas. (…)

Acuse de recibo. Esperaba, sí, la respuesta del señor De la Cierva a mi pequeño recuadro del martes. Y la esperaba tal y como se ha producido. Lo que no sé es por qué esperaba él mi respuesta, ya que sabe muy bien que en las cuatro ocasiones en que, a lo largo de los años, me dirigió sus comentarios, elegí el silencio. Suelo hacerlo en lo que se refiere a mi persona. Cada vez  más. Si en mi recuadrillo de hace días comenté su último escrito fue porque, sin verme aludido, sí me sentía con la obligación de prevenir a los lectores – con un par de ejemplos entre mil – sobre la pretendida objetividad de un pretendido informe.

Si mi crítica era justa o no, valorenlo los lectores. Me fío más de su inteligencia que de mis habilidades polémicas. Por ello me salgo de una cuestión y un estilo que no comparto y prefiero dedicar mi recuadrillo a un espíritu tan comprensivo, tan experto en criticar sin herir, tan pacificador, como es el de Mingote.

J. L. Martín Descalzo

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