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Javier Pradera defiende al presidente desde EL PAÍS, mientras que Luis María Anson le ataca desde ABC

Polémica utilización por parte del Presidente Felipe González del ‘Azor’, el barco que utilizaba el dictador, General Franco

HECHOS

En julio de 1985 se hizo pública la utilización por parte del Presidente del Gobierno, D. Felipe González y su familia del barco ‘Azor’.

Azor_Diario16 El 27 de julio se hizo público que el presidente del Gobierno socialista D. Felipe González había usado el Azor. El barco que utilizaba el General Franco. En principio un barco no delinque y no es culpable de quien lo aborde. Y si pertenece a la marina española no parece haber demasiado problema en que igual que lo usó un gobernante pasado lo use el actual. Pero en la política la estética juega un papel fundamental y más cuando los enemigos mediáticos buscaban cualquier excusa para comparar al socialismo con el franquismo como hacía el ABC.

El diario EL PAÍS de D. Juan Luis Cebrián y D. Javier Pradera publicó un nuevo editorial para apoyar a D. Felipe González y cargar contra ABC:

Los medios reaccionarios han puesto el grito en el cielo y han forzado -en abierta contradicción con su propio pasado y con la opción política ultraconservadora a la que sirven- las analogías entre el franquismo y el régimen democrático.

En su habitual réplica acción-reacción, el ABC vuelve a ningunear al Sr. Cebrián y replica únicamente al Sr. Pradera, aunque los editoriales son, en teoría, responsabilidad del director:

El editorialista particular del presidente, Javier Pradera, ha tenido que tirarse al ruedo para lidiar la situación. Su editorial de ayer, en el periódico del Gobierno, no puede ser más oscuro, más encubridor, manipulante y suasorio. Con argumentos particularmente mendaces. La derecha democrática no hace analogías entre el franquismo y el vigente sistema de libertades. Lo que subraya es el peligro de que el PSOE y don Felipe González se deslicen hacia el poder personal, como vamos viendo.

27 - Julio - 1985

Un síntoma

Editorial (Jefe de Opinión: Javier Pradera)

Los medios reaccionarios han puesto el grito en el cielo y han forzado -en abierta contradicción con su propio pasado y con la opción política ultraconservadora a la que sirven- las analogías entre el franquismo y el régimen democrático.

La noticia de que Felipe González había embarcado en el Azor -el yate que el general Franco utilizaba para sus excursiones de pesca y sus vacaciones veraniegas-para pasar el fin de semana ha producido alegría en los adversarios del Gobierno socialista, consternación entre sus partidarios y perplejidad en el resto de la sociedad. Los medios reaccionarios han puesto el grito en el cielo y han forzado -en abierta contradicción con su propio pasado y con la opción política ultraconservadora a la que sirven- las analogías entre el franquismo y el régimen democrático. Pero no sólo la derecha autoritaria española se ha quedado de una pieza ante el desatraque del Azor del puerto de Lisboa. Resulta fácil desmontar la demagogia de quienes niegan a un gobernante elegido en las urnas, por el hecho de pertenecer a un partido de izquierdas, la adopción de pautas de conducta que, en cambio, aceptarían o aplaudirían entusiásticamente si la derecha conquistara el poder.Durante su permanencia en la oposición, los dirigentes del PSOE hicieron bandera de los fueros de la sociedad frente al anquilosado aparato estatal heredado del anterior régimen. “Los socialistas”, decía el programa electoral del PSOE, “insistimos en el protagonismo de la sociedad. El Estado pertenece constitucionalmente a los ciudadanos. No corresponde a ninguna burocracia ni civil ni militar. Cuando esto se olvida, los intereses burocráticos se anteponen a los verdaderos intereses públicos, los aparatos burocráticos crecen más allá de lo razonable, se derrochan los recursos públicos y se debilita la creatividad de la sociedad”. A lo largo de esta legislatura, sin embargo, algunos gobernantes socialistas se han instalado con tal fruición en la cumbre del Estado que han embotado su antigua sensibilidad para sintonizar con las preocupaciones y los problemas de los ciudadanos.

Encerrados en el recinto donde las cifras macroeconómicas, los cuadros estadísticos y los sondeos de opinión se convierten en únicos vehículos transmisores de información sobre los fenómenos sociales, esos administradores cortados de sus orígenes tienden a interpretar las críticas y las protestas de los administrados como fruto de la malevolencia personal, de las conjuras políticas o de la ingratitud de sus compatriotas para apreciar sus esfuerzos. En ese clima, los gobernantes corren el peligro de la ceguera y la sordera políticas.

En esa perspectiva, la excursión de Felipe González en el Azor es algo más que una anécdota: es también un síntoma. En su preocupación -coherente con la ruptura pactada en que se basó la transición- por subrayar los elementos de continuidad estatal imbricados en el cambio democrático, algunos altos cargos socialistas -incluido su presidente- han sobreactuado hasta tal extremo su papel como hombres de Estado que parecen haber olvidado su condición de mandatarios de la sociedad y de representantes de los ciudadanos. Algunos restarán importancia -como una simple cuestión formal- a esa reciente avidez por la solemnidad, el boato y el protocolo de quienes hace menos de tres años obtuvieron 10 millones de votos en buena parte gracias a que los electores se reconocieron humanamente en la figura de Felipe González. Pero la distinción entre las formas y el fondo no es fácil de trazar, entre otras cosas porque la manera de hacer política es indisociable de los contenidos a los que un determinado estilo sirve. Frente a las críticas que enlazan la utilización del Azor con el gasto público, otros defensores benevolentes del presidente González aducirán el argumento del chocolate del loro o recordarán que el mantenimiento del yate obliga -con pasajeros o sin ellos- a viajes periódicos. Pero los gobernantes que exigen a los gobernados sudor y solidaridad ante la crisis económica no pueden permitirse el lujo de ignorar el valor de la ejemplaridad ni ahorrar tampoco un solo gesto -como pudiera ser el desguace de una embarcación con funciones sólo representativas- para reducir el déficit.

Finalmente, no faltará quienes rechacen, con toda razón y con el apoyo de la lógica más elemental, la pretendida superposición de las imágenes del general Franco y del actual presidente del Gobierno sobre la cubierta del Azor. Los contrapuestos orígenes de los títulos para ejercer el poder de uno y de otro convierten en una ofensa para los valores democráticos y en una broma soez cualquier analogía entre un dictador que impuso su voluntad a sangre y fuego a los españoles y un jefe del Ejecutivo elegido libremente por los ciudadanos en las urnas.

Pero hay que convenir que, en esta entrada de las vacaciones de verano, pocas personas sensatas habrán recibido sin sobresalto y sin turbación la noticia de que Felipe González embarcaba en el Azor para una excursión de recreo. Se diría que los asesores de Felipe González parecen trabajar últimamente al servicio de sus adversarios políticos. Porque hay que ser muy torpe o muy ignorante para desconocer las implicaciones simbólicas negativas y las reacciones emocionales adversas de la decisión de aconsejar al presidente del Gobierno esa insensata excursión marítima a bordo del yate que los demócratas españoles asocian inevitablemente con las largas vacaciones del dictador durante su largo mandato.

28 - Julio - 1985

Azorados

Zigzag (Director: Luis María Anson)

Pretende Pradera que la derecha (a la que llama ultraconservadora, reaccionaria, autoritaria) quiere subrayar las analogías entre el franquismo y el régimen democrático. Pero no hay tal. Sin la contribución decisiva de la derecha de este país no hubiéramos llegado nunca al sistema constitucional que España mantiene hoy.

El diario gubernamental (que los posmodernos llaman el BOE con fotos) ha tratado de cubrir el resbalón histórico que don Felipe González ha dado sobre la cubierta del ‘Azor’. Primero se trató de desconocer el hecho, ‘Azor’. Primero s trató de desconocer el hecho, como si nada hubiera pasado. Pero el escándalo ha sido tanto y la sorpresa tan morrocotuda que, a la poster, el editorialista particular del presidente, Javier Pradera, ha tenido que tirarse al ruedo para lidiar la situación. Su editorial de ayer, en el periódico del Gobierno, no puede ser más oscuro, más encubridor, manipulante y suasorio. Hay dos argumentos particularmente mendaces. La derecha democrática no hace analogías entre el franquismo y el vigente sistema de libertades. Lo que subraya es el peligro de que el PSOE y don Felipe González se deslicen hacia el poder personal, como vamos viendo. Es alarmante observar la ausencia de criterios democráticos que padece hoy la presidencia del Gobierno. El crucero de placer en el ‘Azor’ es sólo un síntoma, pero resulta revelador. Hasta el propio diario gubernamental ha tenido que reconocerlo ‘Hay que convenir – leíamos ayer en sus páginas – que, en esta entrada de las vacaciones de verano, pocas personas sensatas habrán recibido sin sobresalto y sin turbación la noticia de que Felipe González embarcaba en el ‘Azor’ para una excursión de recreo. Se diría que los asesores de Felipe González parecen trabajar últimamente al servicio de sus adversarios políticos. Porque hay que ser muy torpe o muy ignorante para desconocer las implicaciones simbóligas negativas y las reacciones emocionales adversas de la decisión de aconsejar al presidente del Gobierno esa insensata excursión marítima abordo del yate’. Será interesante, sin duda, para el lector el siguiente zigzag.

El Análisis

ESTRATEGIA DE LA DERECHA: IMITAR ESTILO DE LA IZQUIERDA

JF Lamata

Que la derecha española había sido franquista durante cuarenta años era innegable. Todos las distintas familias que pudieran identificarse como ‘derecha’ apoyaron, en distintos grados, la dictadura del General Franco, y, aunque algunas expresaran discrepancias en momentos puntuales, respetaron al dictador hasta el final de su vida. Igualmente, la izquierda tenía un pasado revolucionario, pero esto no tenía que responder más que de crímenes de la República y la Guerra Civil, que quedaban bastante lejos, mientras que la derecha tenía que responder no sólo de la brutal represión de los años 40, sino de todos los gestos autoritarios de los años posteriores. Por tanto la estrategia de la derecha habitual era olvidar al pasado y hablar del presente mientras que era la izquierda la que podía jugar con amenazar con ‘recordar’ el pasado de la derecha política representada en aquel momento por Alianza Popular, que, aunque con boca pequeña, seguía guardando cierto respeto a la figura del generalísimo.

Pero en esto que entró en escena la derecha mediática que entendió que había que usar el término ‘franquista’ como ataque, pero no contra la derecha… ¡¡¡Sino contra la izquierda!!! Había que acusar al Gobierno Felipe González de recordar en algunos aspectos al franquismo, de echar en cara el pasado franquista de alguno de sus miembros o de alguno de los líderes mediáticos de izquierda (como podían considerarse los dirigentes del Grupo PRISA). Esta estrategia fue lanzada por Luis María Anson y luego reiterada con insistencia por Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos hasta la saciedad: el PSOE y PRISA eran franquistas. Dándose la paradoja que medios de comunicación de derecha, alguno de los cuales en el pasado – como ABC – tanto habían elogiado el franquismo, ahora lo usaban como insulto para descalificar a la izquierda.

J. F. Lamata

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