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Rafael García Serrano (EL ALCÁZAR) muestra su solidaridad al Coronel Tejero, detenido por la ‘Operación Galaxia’

HECHOS

El 9.07.1979 el periodista D. Rafael García Serrano publicó un artículo de solidaridad con el encarcelado Coronel Tejero al que no se había permitido ir a la boda de su hija.

09 - Julio - 1979

FLORES PARA UNA NOVIA

Rafael García Serrano

En realidad no estoy anotando en este Dietario una de tantas cosas como ocurren, sino que más bien con él doy expresión pública a una especie de plebiscito telefónico que venía acosando desde hace un par de días. La gente no se fía de Correos y prefiere quitarle al teléfono esa especie de montera que conforman el auricular y el micrófono, combinar el número y esperar suerte. El caso es que yo ya estaba en el tema, porque hace falta tener muy escasa sensibilidad o estar muy vinculado a extraños rencores gubernamentales para no hablar de esa chica que se casa el martes y a cuya boda no permiten acudir al padre de la novia, ni, claro, tampoco autorizan a que la chica vaya a casarse a la capilla del edificio donde ya lleva el padre una buena temporada: la cárcel.

El padre de la novia se llama don Antonio Tejero y es teniente coronel de la Guardia Civil. La razón de sus prisiones – ya que lleva el aire de convertirse en el Silvio Pellico de esta pesadilla española – es la de haber figurado su nombre en un complot llamado ‘Galaxia’ y en el que, al parecer, no cree ni la mayor parte de la Prensa, ni la gente de la calle, pero cuya existencia y gravedad, en todo caso, es asunto exclusivo de los tribunales militares. Altos jefes ha habido, entre ellos el teniente general Vega Rodríguez – a la sazón presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, si no yerro, que con el trajín sísmico que azota puestos y escalillas ya no sé a qué atenerme – que calificó desdeñosamente la pomposidad atribuida por el Gobierno y sus puericantores de la prensa al famoso complot, que personas bien informadas reducen, en el peor de los casos, a un par de frases más o menos enérgicas lanzadas en una tertulia profesional de barrio, donde no faltaban los ojos y oídos de una información que en cambio apenas si sabe nada de la ETA o de los movimientos KGB de la embajada soviética, argelina o castrista en Madrid.

El teniente coronel Tejero y el capitán Ynestrilllas llevan mucho más tiempo en la cárcel que cualquiera de los delincuentes comunes de hoy, y no disfrutan como ellos, al menos yo no tengo noticias, de lincencias de fin de semana, de Navidades o de Pascua de Resurrección. Aquí no solamente se ha amnistiado – y por qué gentes – a una colección de asesinos, sino que se les ha dotado con un par de millones de pesetas y avión de puerta a puerta para que, tras un breve descanso y saltándose un compromiso que se suponía de honor, se reintegrasen a España a continuar sus campañas terroristas. Aquí se intenta transformar las cárceles en hoteles de cinco estrellas, de modo que ya hay quien programa su porvenir: ‘En cuanto esto funcione del todo, yo me cargo un par de tipos que no me caen bien y a descansar al trullo una buena temporada’.

Excesiva me parece tanta generosidad, mentiría si dijese lo contrario, pero mucho más excesivo me parece el rigor – yo diría que alimentado por algún turbio, secreto, amargo rencor – que se emplea por un caballero como el teniente coronel Tejero a la hora de la boda de su hija. Mal estará que no le dejen salir de prisión para asistir a la ceremonia, acaso desconfiando del regreso de un hombre de honor que jamás utilizaría semejante ocasión para fugarse. Pero es inconcebible que ni siquiera se permita que los novios acudan a la capilla de su prisión a fin de que el padre pueda llevar a su hija al altar.

Esto no es digno de España. Esta no es mi España, que me la han cambiado. Esta no es nuestra España, que nos la han cambiado, que nos la quieren convertir en una cheka y cada vez están más cerca de su propósito. Recuerdo yo que un gobierno ateo, con abundancia de masones en sus filas, no tuvo inconveniente en autorizar la boda de Sanjurjo cuando estaba en capilla. Para la formación religiosa no creo que hiciese falta ni la presencia del sacerdote ni la de la novia. No tenía el gobierno aquel, de don Manuel Azaña, la menor motivación moral, política o religiosa, para autorizar la ceremonia. Sanjurjo, que no pidió el indulto, tal y como le aconsejaba su defensor, solicitó en cambio (lo cual me hace pensar, ya que desconozco las leyes de la época, que se trataba de un asunto graciable), que se le dieran dos horas para arreglar sus asuntos familiares. Y aquel gobierno ateo, masón y socialista, accedió a la solicitud del general.

Comprendo que no es el mismo caso. Este es mucho más grave porque tiene menos importancia y peor intención, Azaña, Prieto, Largo Caballero, por citar los más importantes, se portaron con la cortesía debida al enemigo. En este caso ni se sabe siquiera si hay un enemigo, al menos mientras no dicten sentencia los tribunales competentes, pero sí se sabe que hay escasa elegancia y acaso sobra el rencor: naturalmente entre Azaña, Prieto y  Largo Caballero, y los señores Suárez, Guitérrez y Gabeiras, uno se queda con los primeros.

Al menos con ellos se sabía a que atenerse.

No conozco al teniente coronel Tejero, en mi vida he cruzado una palabra con él, pero le pido que me considere su amigo, y lo mismo hago con su futuro yerno y también con su hija, a quien desde aquí, con voluntad de rosas, dedico estas líneas escritas con harta serenidad para la magnitud de la estupidez que, con motivo de su boda, está cometiendo un gobierno, cuya ejecutoria es la derrota, el desamparo de la seguridad, el hambre, el principio del fin de España.

Y ruego a la novia que en sus oraciones de la boda, pida por España.

Rafael García Serrano

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