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El columnista comunista consideraba que los comités actuales se pliegan al poder

Raúl del Pozo insulta desde DIARIO16 a los Comités de Empresa causando la ira del periódico YA, gestionado por uno de ellos

HECHOS

El Comité de Empresa del periódico YA publicó un editorial en portada de replica hacia el artículo que D. Raúl del Pozo había publicado en DIARIO16 sobre los Comités de Empresa.

28 - Noviembre - 1993

Espinazo de japonés

Raúl del Pozo

Da asco ver hoy un Comité de Empresa. Cuando suben las escaleras de la gerencia no van a firmar un armisticio, van con bandera de la rendición. Les espera un superlópez, un especialista en quiebras, un administrador único, bajo la protección del Gobierno y del pensamiento colectivo liquidacionista que les convence de que no hay otra salida que la renuncia a derechos fundamentales adquiridos. Y entonces los de los comités de empresa entregan compañeros al INEM, como si los echaran a los cocodrilos. Por eso es importante la movilización de ayer, y es imprescindible una huelga general. Si los sindicatos se dejan llevar por el resuello quejumbroso y agónico de la macroeconomía, y si creen todos los aullidos de los filisteos, vamos a volver a la civilización preindustrial. Cien años de luchas por la jornada de ocho horas porque los trabajadores se convirtieran en ciudadanos, no pueden acabar en ese genocidio del movimiento obrero.

Hubo un momento en el que los comités de empresa entraban dando patadas en el despacho del gerente. Ahora, la mayoría tiene el espinazo de japonés, es decir, de pescado crudo. Vivimos, efectivamente una era posindustrial, ni hay pleno empleo, ni lo va a haber nunca. Pero como lo análisis marxistas y de izquierdas han quedado desacreditados, todos hemos terminado analizando las cosas con las razones de los integristas, liberales, patrióticos, gubernamentales. Pero aquí no hay término medio. O el movimiento obrero español está constituido por una pandilla de irresponsables, sectarios y energúmenos o éste es el Gobierno de la catástrofe en la historia de las relaciones laborales. Me inclino por pensar lo segundo. Yo no digo que los dirigentes socialistas entreguen armas a las casas del pueblo, como hacían Largo Caballero o Indalecio Prieto, pero en esta estructura social posburguesa no debieran alinearse de tal forma al lado de los empresarios. Porque como reconoce un socialista inteligente ‘todas estas cosas no van a condenar a ocho años de oposición’.

La huelga es útil, digan lo que digan. Es el último derecho de propiedad del desesperado. Si no se hubieran organizado huelgas viviríamos en la dependencia de sol a sol. Contra ese derecho se esgrimen razones metafísicas, patrióticas. Que si se van a hundir el país, que si van a huir las inversiones. ¿Y qué le importa al parado perpetuo, al condenado a la indigencia, a la humillación, que se hunda el país? En otros tiempos lanzaban sobre los huelguistas los caballos de la Guardia Civil, detenían a los comités de huelguistas – donde había gente del PSOE – ahora arrojan todo el masoquismo moralizador de la ética del ajuste. Cuando el número de obreros era insuficiente éstos empezaban a darse importancia. Hay que darse más importancia, ahora, cuando es más extenso y más peligroso potencialmente, el batallón de reserva.

Raúl del Pozo

29 - Noviembre - 1993

El pozo de Raúl

Comité de Empresa

Triste panorama el de los periódicos que por unas u otras razones se encuentran en la actualidad en uno de sus peores momentos. ¿Será a causa de la crisis generalizada padecida? Probablemente. ¿Tendrá que ver algo con la reducción de los ingresos por publicidad? Seguramente. ¿Es posible que la crisis de la prensa escrita se produce por razones de comodidad endémica? De esa pereza arraigada secularmente en nuestras gentes a la hora de fijar la vista en el encadenamiento de las palabras, en la lectura de unas páginas – ya de periódicos, ya de libros – Es muy posible. O será también una de las causas el deseo febril de unos pocos en concentrar la información, en manipularla, en tergiversarla, en cercenar la pluralidad de ideas, los contrastes de opinión, liquidando despiadadamente al os más pequeños simplemente por ser débiles o porque no se pliegan en un paisaje cruel de precariedades, de terrores, de mordazas y de látigos. Ciertamente.

Tiene mucho que ver sin embargo, como germen propiciatorio de estas convulsiones que resquebrajan el mundo de la comunicación, la existencia de indeseables que desde su atalaya acomodada contribuyen al desprestigio de periódicos y de colectivos. En el caso del anacrónico y tardomarxista Raúl del Pozo, hijo putativo de un senil chaquetero, naturales ambos del mismo PUEBLO, en tiempos de enlaces sindicales y verticalismos, que despotrica contra los Comités de Empresa desde su hueco en un DIARIO16 necesitado de ayudas y de solidaridad – como nosotros desde aquí, la nuestra, compañeros – y sobrado de escorpiones ajenos a tragedias. Este Raúl del Pozo que se asquea porque un puñado de suicidas – se tiene se tiene que haber perdido el juicio para formar parte de un Comité en los tiempos que corren – tratan como mejor saben la forma de defender causas perdidas es el mismo que quiso convertir en patio de vecindad las páginas de opinión de su periódico vomitando porquerías contra su vecino de columna Martín Prieto, hoy navegando en otros mares. Este Del Pozo que acusa con demagogia repugnante a los Comités de Empresa de entregar compañeros al INEM como a los cocodrilos es el mismo que contribuyó al hundimiento de EL INDEPENDIENTE por lo que hizo – a kilo de oro la palabra escrita – y por lo que dejó de hacer, cuandoo escapó zalamero a otros ingresos más sustanciosos, dejando en periodo de gestación las iniciativas de un atípico Consejo de Administración en el exilio para salva una cabecera efímera… Qué sabe este Raúl de Comités si sólo bebe del pozo de cobardía que le impide encarar al os verdaderos causantes de las calamidades de los trabajadores.

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