Confirmada la división en dos PSOEs, el 'Renovador' encabezado por Nicolás Redondo y Felipe González, y el 'Histórico' dirigido por Rodolfo Llopis e Idelfonso Torregrosa

Rodolfo Llopis celebra su propio 25º Congreso del PSOE sin los renovadores en el que es reelegido como Secretario General

HECHOS

En diciembre de 1972 el sector histórico del PSOE celebró su propio XXV Congreso del PSOE (XII en el exilio) en el que reeligió a D. Rodolfo Llopis como Secretario General. Ignorando así el XXV Congreso del PSOE celebrado en agosto por el sector renovador.

COMISIÓN EJECUTIVA DEL PSOE HISTÓRICO

Presidente – El cargo queda vacante

Vicepresidente – D. Ildefonto Torregrosa

Secretario General – D. Rodolfo Llopis

Vicesecretario – D. José Martínez de Velasco

Tesorero- D. Antonio Pallares

Vocales- D. Antonio Paliarés, D. Avelino Fernández Roces, D. Miguel Armentia Juvete.

El reelegido Secretario General, D. Rodolfo Llopis publicó el 21 de diciembre de 1972 en el diario francés LE NOUVEAU SOCIALISTE, un artículo que suponía un claro mensaje al sector liderado por D. Nicolás Redondo ‘Recomenzar no, continuar sí’.

RECOMENZAR NO, CONTINUAR SÍ

Rodolfo Llopis, 21-12-1972

Pajaros de mal agüero estuvieron anunciando, día tras día, que no se celebraría nuestro duodécimo congreso del Partido Socialista Obrero Español. Nosotros habíamos anunciados que nuestro Congreso se celebraría dentro del plazo que señalan nuestro Estatutos. Y el Congreso, mal que pese a los agoreros de turno, se ha reunido en Tolouse los días 8, 9 y 10 de diciembre. Se ha celebrado con la debida autorización escrita, que nos ha concedido la Prefectura. Y lo hemos reunido en el local que nosotros hemos elegido. Y al congreso ha asistido un número impresionante de delegados del Interior y del Exterior, quienes, habiendo cobrado conciencia de la importancia del Congreso, de sus profunda significación para el presente y para el futuro de nuestro partido, no escatimaron esfuerzos para poder estar presentes. Querían, en estas horas solemnes, proclamara con su conducta, su fe inquebrantable en las ideas, su confianza en los hombres y su lealtad para con el partido. Esa conducta de nuestros compañeros, de los de dentro y de los de fuera de España, quedará grabada con caractéres indelebles en los anales de nuestro Partido.

Nosotros hemos tenido interés en que nuestro duodécimo congreso se reuniese en la Sala Senechal, porque en dicha sala nos reunimos los días 24 y 25 de septiembre de 1944, por vez primera, los socialistas exiliados residentes en Francia para reorganizar nuestro Partido. Nos reuniamos después de cinco años y medio de exilio, después de tantas desdichas y de tantos desengaños sufridos desde que salimos de España. 

“En todos y en cada uno de los compañeros allí presentes – escribimos en aquel entonces – en los jóvenes y en los veteranos, no hubo más que un solo deseo y una sola preocupación: reorganizar el Partido, rehacerlo homogéneo, con una gran unidad espiritual y con una gran disciplina orgánica para poder preparar el instrumento eficaz de la reconquista de la República española para poder ofrecerlo en su día a nuestros compañeros de España y para seguir la lucha de siempre en defensa de nuestro Programa socialista.

Ese Congreso, inolvidable para quienes lo vivimos, sirvió para vencer no pocas dificultades. Y se vencieron. Hubo que convencer a no pocos descreidos, amargados y desfallecidos. Y se les convenció. Y se les reavivó la llama del entusiasmo. Volvieron a batallar por las ideas. Y volvió a renacer la confianza en si mismos. Ese espectáculo magnífico fue obra colectiva. De todos. Obra del Partido.

Aquel Congreso de 1944 fue un reocmenzar. Este de ahora no ha sido un recomenzar, sino un continuar. Un continuar la obra realizada a lo largo de veintiocho años en los que todos hemos dado lo mejor de nosotros mismos al Partido. Y porque todos los delegados – los de dentro y los de fuera – tenían conciencia de la gravedad de la hora, pensando exclusivamente en los intereses del Partido, despreciaron las insidias y las calumnias que desde algún tiempo a esta parte se han vertido contra nosotros. Después de todo, las injurias y las calumnias traducen la vileza de quienes las vierten.

Por el contrario, los delegados se entregaron a trabajar seriamente en los distintos ponencias, después, no menos seriamente, en las sesiones plenarias del Congreso. El Congreso fue verdaderamene ejemplar. En él se puso de relieve la fe inquebrantable en nuestras ideas: que tienen confianza plena en el Partido, en ‘su’ partido, porque saben que es suyo. Y, sobre todo, se demostró que tienen confiaba en si mismos para continuar la lucha por la liberación de España y por el socialismo.

Rodolfo Llopis

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