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El ex ministro estrella del Gobierno Aznar, ex presidente del Fondo Monetario Internacional y ex presidente de Bankia termina de hundir su imagen

Rodrigo Rato destruido: es detenido por posible fraude a Hacienda, blanqueo y alzamiento de bienes

HECHOS

El 16.04.2015 D. Rodrigo Rato fue detenido a instancias de la Agencia Tributaria.

16 - Abril - 2015

Firmeza y transparencia para aclarar el fraude fiscal de un símbolo del PP

EL MUNDO (Director: Casimiro García-Abadillo)

ASISTIMOS AL fin de una era. El impacto emocional que para toda una generación de españoles tiene la noticia de que el ex vicepresidente Rodrigo Rato era un defraudador fiscal al mismo tiempo que se presentaba como el artífice del milagro económico debe ser el aldabonazo definitivo para acometer la ineludible renovación de la vida pública que los ciudadanos demandan. Con todo, lo peor de la sucesión de escándalos que padecemos no reside sólo en la evidencia del fracaso de todos los órganos de control. No. Lo que resulta especialmente amarga es la constatación de que la podredumbre afecta a los cimientos del sistema de convivencia. Así es porque los casos no se ciñen a los años de la abundancia y el derroche vinculados al ladrillo, sino que se extienden durante décadas, y así es asimismo por la altura de sus protagonistas, verdaderos epítomes de estas tres décadas y media de libertades. La caída en desgracia de líderes que se pretendían ejemplares como José Ángel Fernández Villa, Jordi Pujol y ahora Rato es reveladora de la atmósfera moral en la que ha vivido la sociedad española y de los valores de quienes nos han gobernado.

Los datos conocidos por el momento apuntan a la sospecha de que Rato acumulaba ya dinero no declarado en el extranjero cuando formaba parte del Gobierno de José María Aznar. Hacienda detectó discrepancias entre dos regularizaciones que efectuó a partir de 2012, de fondos al parecer procedentes de una herencia familiar. Su padre, un empresario asturiano que hizo fortuna con una conocida cadena de emisoras de radio, falleció en 1998, cuando Rato era algo más que un ministro de Economía, que un vicepresidente del Gobierno. La conmoción que sus conductas han provocado se explica por su indiscutible ascendente sobre el PP y porque su nombre está en los fundamentos mismos de la que ahora es la mayor organización política de España: cuando Aznar, Cascos y Rato llegaron, AP era una formación casi irrelevante que gracias a su talento se convirtió en partido de gobierno. Para conseguirlo, enhebraron un discurso de regeneración democrática que conectó con las aspiraciones de la ciudadanía. Pues bien: ¡qué decepción! Los papeles de Bárcenas y la amnistía de Rato reducen el relato histórico de Aznar a su impecable gestión económica. Sus principales dirigentes no pueden dar hoy lecciones de integridad a nadie. Y Rato no es sólo un fantasma redivivo del pasado. Por su pátina de prestigio fue la persona escogida por el PP para reflotar Bankia y su administración fue un desastre. La salida a Bolsa, el rescate y, sobre todo, las tarjetas black son tres de los grandes hitos que lastran terriblemente al partido de Mariano Rajoy en las encuestas.

Todo lo que no sea firmeza y transparencia para aclarar el origen de los fondos de Rato será una actitud suicida. Pese a que la amnistía fiscal haya sido una medida muy discutible desde el punto de vista de la ética pública, la Agencia Tributaria ha dado muestras de haberlo entendido y su comportamiento con este caso es irreprochable. Sin sentirse condicionada porque estemos en época preelectoral, ha enviado al más mínimo indicio al servicio antiblanqueo todos los datos del ex vicepresidente y de otros 704 cargos públicos, asombrosa cifra que es un síntoma de corrupción sistémica y que crecerá en las próximas semanas.

17 - Abril - 2015

Un delito de lesa patria

Victoria Prego

Esto, junto con el caso Pujol, es lo más grave y dramático que ha padecido la democracia española en sus casi 40 años de existencia. Director del Fondo Monetario Internacional, el papel que Rodrigo Rato ha desempeñado durante muchos años en España ha sido el de un gobernante honesto, estricto, eficaz y brillante. Un referente político y moral, en suma. Y ayer lo vimos con la cabeza sujeta por la mano del policía que lo mete en un coche porque se lo lleva detenido. Aunque resulte un espectáculo espeluznante, es lo procedente habida cuenta de los delitos de los que la Agencia Tributaria lo ha acusado ante la Fiscalía. Nada menos que de fraude, blanqueo de capitales y de alzamiento de bienes. El blanqueo de capitales supone que el dinero sobre el que operaba Rato era de origen ilícito –y esa es ya una acusación como para poner los pelos de punta a la ciudadanía– y que el señor Rato intentaba presentarlo como fruto de actividades lícitas. Y el alzamiento de bienes significa que el que fue vicepresidente del gobierno de Aznar ha intentado esconder parte de su capital para que el Estado fuera incapaz de localizarlo y así dejarlo a salvo de la fianza que está obligado a pagar por el caso Bankia.

Todo esto tiene penas de cárcel que, si se demuestra que las acusaciones son ciertas, y es impensable que no lo sean porque una operación de la descomunal trascendencia política, social y moral que tiene ésta no se monta si no es muy sólida su base, llevará al excelso señor Rato, al exquisito Rodrigo, a prisión. A estas alturas, no importa nada lo que le pase a él, lo que importa es lo que le pase a un país que ve cómo a sus modelos políticos se les cae la vestimenta de patricios dejando a la vista su cuerpo de embaucadores profesionales. Qué le va a pasar a España ante este desfile incesante de sinvergüenzas que en su día ocuparon las tribunas de los prohombres. Todos ellos han cometido un delito más grave que los que están castigado en el Código Penal: la traición a su país y a su historia. Y esa deuda no la podrán saldar jamás porque han dañado profundamente la consideración que los españoles tenían de sí mismos como nación. Es un delito de lesa patria porque han ofendido y dañado al país entero.

Pero esto no puede acabar aquí. Los españoles tienen todo el derecho a reclamar que se hagan públicas las listas de todos los que han hecho lo mismo que Rato y que parecen ser miles, según la Agencia Tributaria. A estas alturas nadie debería atreverse a negar a la opinión pública una información que describa exactamente a quienes debemos la destrucción moral de un país que hizo en su día con éxito rotundo lo más difícil –recuperar la concordia y las libertades políticas en paz– y que ahora está siendo arrastrado por las alcantarillas de la mano de sus propios dirigentes.

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