Salvi Garrido, Felipe Garrido, Sara Iglesias, Miguel Poison y Fran Lamata comparten reparto en la versión castellana de esta serie

Se estrena el anime de Ezra Koenig ‘Neo Yokio’ protagonizado por la voz de Jaden Smith en EEUU y de David Flores en España

HECHOS

El 22.09.2017 en la plataforma Netflix se estrenó la serie ‘Neo Yokio’.

25 - Septiembre - 2017

Análisis de Neo Yokio temporada 1, la serie de Netflix

Daniel Quesada

La nueva serie de animación de Netflix nos presenta a un cazademonios de la alta sociedad. ¿Será capaz de sobrevivir a los enredos de su entorno mientras acaba con el mal?

Netflix, esa industria capaz de lo mejor y lo peor. En su favor, diremos que no deja de intentarlo con toda clase de géneros y técnicas, incluida la animación. Gracias a ello se nos han presentado ofertas tan interesantes como BoJack Horseman o Castlevania. Pero claro, cuando tu ritmo de lanzamientos es tan alto, alguien tiene que pagar el pato. Ese es el caso de Neo Yokio, la nueva serie de animación estrenada hace menos de una semana en Netflix.

En un primer vistazo con el rabillo del ojo, podría parecer un anime más, pero no. Todo está creado en EEUU y, aunque como veremos bebe mucho de clásicos del anime, se queda más bien en el intento. Es uno de esos vástagos del amerimanga, la tendencia de crear animación en EEUU con estilo anime, que no acaba de ser ni una cosa ni otra. Y la pena es que parte de una idea divertida.

El protagonista de Neo Yokio, Kaz Kaan, es miembro de la magistocracia, una especie de orden de cazadores de demonios que, fruto de un acuerdo forjado hace muchas décadas, tienen ciudadanía americana y viven en la élite de la sociedad a cambio de eliminar todas las amenazas demoniacas que se les encarguen. Algunos los ven como verdaderos héroes y otros como ciudadanos de segunda con ínfulas de burgueses.

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Aunque Kaz es particularmente bueno en su trabajo, le aburre esa vida, ya que prefiere dedicarse al hockey, a salir con sus amigos y, sobre todo, a disfrutar de la moda de alta costura. Acompañado de su mecha mayordomo, Charles, vive una acomodada pero sobresaltada vida en Neo Yokio. La ciudad no es más que una especie de “Nueva York alternativa”, en la que parte de la urbe está inundada y la influencia oriental es más evidente. Todos los grandes puntos de interés están ahí, como el museo Guggenheim e incluso el World Trade Center y, de hecho, el resto de ciudades sí se llaman como en la realidad.

Neo Yokio
En ese contexto, los 6 capítulos (de algo más de 20 minutos de duración) de los que consta esta primera temporada nos narran toda clase de aventuras de Kaz Kaan: las encerronas de su tía Agatha para que cumpla con su deber como cazador de demonios, encontronazos con ex novias, duelos dialécticos con Archangelo, su archinémesis, o planes locos junto a Gottlieb y Lexy, sus mejores amigos.

Pero, entonces, ¿de qué va Neo Yokio? ¿Es una comedia? ¿Es una serie de acción? ¿Es una sátira social? Partiendo de la base de que el tono es casi siempre distendido y tirando a cómico, los capítulos flirtean con los diferentes pilares que plantea el argumento: las batallas, el romance, el enredo… El problema es que nunca acaba de apostar por ninguno de ellos y, para cuando vamos por la mitad de la temporada, todavía no entendemos muy bien qué se nos está presentado. Más bien es una comedia de enredo, pero está todo tan deslabazado que nunca acabamos de interesarnos por nada. Hay un par de encontronazos con demonios y exorcismos, pero nos pasamos toda la temporada esperando que esa vertiente estalle en todo su esplendor (spoiler: eso nunca sucede).

En su lugar, tenemos la sensación de que la serie da más importancia a soltar las ideas locas que se les ha ocurrido a sus creadores (el músico y actor Ezra Miller con el apoyo de Jaden Smith) que a crear una historia cohesionada e interesante. Por supuesto, entre tanto bombardeo de sketches y bromas surgen ideas chulas, como el ataque a los fanboys que siguen a ciegas a sus influencers, la parodia de clásicos del anime como Evangelion, Ranma, Akira (ojo a la frase final de la temporada) o Dragon Ball… ¡O la receta del Martini Caprese!

Neo Yokio
También hay que destacar el elenco de estrellas que han participado en la versión original. El propio Jaden Smith es Kaz (de hecho, el personaje le da un aire y todo), pero también encontramos a Jude Law como Charles, a Susan Sarandon como Agatha… Y ojo, que los incondicionales de The IT Crowd reconoceréis enseguida el inconfundible acento de Richard Ayoade (Moss) en muchos papeles secundarios.

Vamos, que había talento sobre la mesa. Por eso, fastidia especialmente que el resultado sea tan tosco, tan poco pulido. Vale, se habla mucho de moda y de lo vacuo de la alta sociedad, pero se hace de una forma tan sosilla que no queda claro si lo que se hace es satirizar o apoyarlo.

El gran problema de Neo Yokio, más que en la falta de una revisión en la trama general, está en su estética. Como mencionábamos al principio, el amerimanga suele tener un look descafeinado. No vale con poner ojos grandes y algunas caras exageradas de vez en cuando. Si tus ilustraciones no tienen alma, nada de lo demás importa. Aquí escuchamos a los actores lanzar expresiones muy sentidas, pero los personajes casi nunca gestualizan de acuerdo con ello y, cuando lo hacen, da la sensación de que los animadores se han acordado de golpe de que estaban usando un “rollo anime” y han de compensarlo de vez en cuando. Falta contundencia, falta carácter… Y falta una paleta de colores más viva en vez de tanto pastel. A veces parece que se van a usar sombreados y efectos visuales vistosos, pero de repente todo vuelve a caer en a simpleza, como si hubiera sido pintado en Flash por un novato de la animación.

Neo Yokio
El epítome de esa falta de atractivo es el propio Kaz Kaan, cuyo diseño, en particular el peinado (suponemos que inspirado en la época en que Jaden Smith llevaba rastas), que resulta extraño y un poco repelente. Eso se traslada a su carácter: es un tipo que, cuando no está compitiendo para ser el más popular entre las chicas en un ránking de la ciudad, está deprimido porque nada le sale bien o se preocupa de que su ropa no está a la última. Vamos, que es un pijo anodino que de vez en cuando lanza un kamehameha. No sé vosotros, pero yo no puedo sentirme identificado por un “sinsangre” como él.

Hay margen para la mejora, porque hay buenas ideas esperando a ser explotadas en la serie: si se nos presenta algo más de acción, las sátiras sociales se exageran más en vez de insinuarse y la estética y la animación se trabajan un pelín, puede salir una segunda temporada (el final de la primera deja claro que quieren ir a por ello) tan interesante como un buen bolso de Luis Vuitton. Por ahora, solo hay una copia del producto original, como las que se venden en el mercadillo, la pesadilla de un fashionista.

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