Acusaciones de 'presiones' del Gobierno. La decisión se produce poco después de que el programa hubiera ridiculizado con ferocidad a Ana Botella, aunque el director de 'CQC', Edu Arroyo, niega que tuviera nada que ver

TELECINCO suprime ‘Caiga Quien Caiga’ (Globomedia) de Wyoming por considerar que había dejado de ser un programa ‘rentable’

HECHOS

El 22.12.2002 finalizó la emisión del primer ‘Caiga Quien Caiga’ de TELECINCO presentado por ‘Gran Wyoming’ y D. Juanjo de la Iglesia y producido por Globomedia.

En septiembre de 2003 ‘Gran Wyoming’ regresó a la televisión como presentador de ‘El Club de la Comedia’, también producido por Globomedia, pero en esta ocasión emitido por CANAL PLUS, el canal del Grupo PRISA.

WYOMING: “ESPAÑA PUEDE VIVIR SIN PROGRES TRASNOCHADOS”

wyoming_psiquiatra En el último programa (22.12.2002) Gran Wyoming simuló que iba al psiquiatra (psiquiatra también interpretado por el Gran Wyoming): “¡A todo cochino le llega su San Martín! Resulta que contaba con que le renovaran su contrato, había hecho sus planes de siempre (…) y se ha encontrado de patitas en la calle… y con una cara que no la supera Rajoy en una comparecencia sobre el ‘Prestige’”. Padece usted el clásico síndrome del jubilado. Después de siete años en el mismo programa de televisión ya no sabe hacer otra cosa que regalar gafas y soltar chistecillos tontos sobre el Gobierno”. El psiquiatra terminaba su diagnóstico explicándole que no debía mirar mal la suspensión del programa porque ‘España puede vivir sin progres trasnochados”.

ESPERANZA AGUIRRE ENTRÓ POR TELÉFONO EN EL ÚLTIMO PROGRAMA: “ESTOY MUY TRISTE, WYOMING”

Aguirre_Senado La presidenta del Senado, Dña. Esperanza Aguirre, del Partido Popular, una de las políticas más atacadas por el ‘Caiga Quién Caiga’ de Globomedia (especialmente por su etapa como ministra de Educación y Cultura entre 1996 y 1999) entró por teléfono para mandar un saludo al Gran Wyoming en el último programa.

  • Esperanza Aguirre–Hola, Wyoming, ¿cómo estás? Te llamo porque me acabo de enterar de que quitan vuestro programa y estoy muy triste.
  • Wyoming–Te lo agradezco, Esperanza, de verdad.

El Gran Wyoming llamó amiga a la política del PP.

21 - Diciembre - 2002

ADIOSES A CAIGA QUIÉN CAIGA

Gregorio Morán

Cada vez que escucho a un tipo como Carlos Dávila me dan arcadas, conociendo el currículo del pajarillo lo idóneo sería que no saliera en pantalla. Algo similar me ocurría con Isabel San Sebastián, Sáenz de Buruaga o Prats, hasta en su suculenta ineptitud forman parte del paisaje de una democracia asentada.

Es posible que a usted no le gustaran los movimientos bruscos de cámara, como a mí. Es posible también que a usted no le agradaran los tópicos rifirrafe entre las tres figuras sentadas en la mesa principal, como a mí. Incluso admito que lo de las gafas negras y las preguntas provocadoras a más de uno le parezca una frivolidad, como a mí. Todo es posible, todo, menos una cosa. Las razones por las cuales los directivos de  TELECINCO  han decidido clausurar el programa no tienen nada que ver con sus opiniones. Las de ellos son muy otras y uno de los aspectos novedosos de lo “políticamente correcto” consiste en que jamás le explicarán a usted lo que piensan, sino lo que deben-pensar-para-que-usteddeje-de-pensar-en-lo-que-piensa. Hoy día está muy mal visto decir que engañan y, sin embargo, nunca nos han engañado tanto. Si hay un artículo que no conviene publicar, dirán que es flojo y que hay que reelaborarlo. Si la foto que presenta es directa como un disparo y no osan meterla en los papeles, afirmarán que el público rechaza las imágenes desmoralizadoras –como la autocensura de Nueva York el 11 de septiembre–. Si el reportaje está sólidamente investigado, aconsejarán que no es momento de publicarlo porque lleva el agua al molino del adversario y nosotros, ¡ay!, nosotros somos neutrales. Nunca se fíe de nadie que trabaje, en los medios de comunicación, pero si lo hace, recuerde siempre que entre las razones que le dan –es decir, la realidad virtual– y los motivos reales –es decir, la realidad tal cual– la diferencia es tanta que le conviene llevarlo con dignidad y hacer como si no se entera. Le puede costar caro.

“Caiga Quien Caiga” es –o era, a partir de mañana, último día de emisión– uno de esos programas que se debían ver aunque sólo fuera para sentirse persona. La televisión, como hábito, es la más estúpida de las drogas, porque a diferencia de todas las demás no otorga ni un solo momento de placer y por si fuera poco carece de sistemas de desintoxicación. La televisión como droga sólo consigue hacer pasar el tiempo. No tengo ante la televisión ningún prurito elitista, ni culturalista, ni nada que ver con el intelectualismo; nada de eso, la considero un medio de comunicación hermoso y eficaz que emplea a un personal desquiciado que en sus mejores horas de lucidez confiesan que hacen basura porque la gente quiere basura. A partir de la tercera copa y en mayor grado de reflexión, llegan a confesar que el primero que quiere basura es su jefe, el cual a su vez tiene que vivir de la basura que quiere su jefe. Nunca me dio demasiado miedo la cárcel, ni la violencia, ni las situaciones difíciles me amilanan por más que me pillan muy mayor, pero sé que hay dos oficios que si me condenaran algún día a ejercerlos me acercarían al suicidio: educador en una guardería y crítico de la televisión.

Y mi opinión no es un producto despegado de la realidad, al contrario, está directamente extraída de ella. No conozco un solo caso de un tipo con talento periodístico, con sentido de ritmo ya sea con la pluma o con la cámara, con agudeza y con cultura, que a partir de su entrada en la televisión, sea como entrevistador, cámara, ayudante de cámara, jefe de programas y, sobre todo, director, que no se transforme en tiempo récord en un tipo periodísticamente despreciable, indolente y golfo. Habrá quien alegue que lo mismo ocurre en los diarios, las revistas de información general y cualquier medio con aspiraciones de masas. Nada de eso. Es algo cualitativo, que dirían los pedantes. En apariencia podrá ser lo mismo, pero el grado de concentración es tal que se transforma en letal; afecta a las neuronas, si bien engrosa al tiempo las cuentas corrientes. Es muy difícil sobrevivir con dignidad en la televisión; no digo que sea imposible, sencillamente, muy difícil.

Yo no fui un televidente habitual de “Caiga Quien Caiga”, pero siempre consideré que unos minutos del programa me reconciliaban sino con la humanidad, o con la televisión, sí al menos con el gremio periodístico. Me importa un comino que se tratara de actores, en definitiva todos los periodistas somos actores porque actuamos en una sola representación. Incluso voy más allá: igual que Pepe Sacristán o Imanol Arias son, a estas alturas de la película, las imágenes icónicas del tardofranquismo, yo reivindico el careto de El Gran Wyoming como nuestro referente plástico para la transición;goza de un rostro de cemento armado, gestualmente riquísimo y con una voz de trémolos altos, idóneos para la pompa y el sarcasmo, o mejor para el sarcasmo de la pompa. Sus aperturas de programa, sus discursos iniciáticos, deberían recibir un premio al guionista y a su intérprete. ¡Eso sí que son editoriales! Porque en eso está el éxito mediático de un programa como “Caiga Quien Caiga”, en su carácter de chafarrinón, de extremada caricatura. Caricatura del gremio periodístico, con unos avezados reporteros que en el mejor de los casos consiguen hacer una pregunta, cuanto más estúpida mejor, y si se tercia le dan una gafas negras, el ideal negativo de un personaje televisivo. ¿Y qué decir de “los protas”? Los personajes y personajillos, dispuestos a huir y despreciar a unos chicos que saben que conforman un imaginario semejante al del “hombre del frac” de los impresentables; admirables aunque sólo fuera porque no sacan la lengua dispuestos a lamer a la autoridad de turno. Cada vez que escucho a un tipo como Carlos Dávila entrevistando a alguien –y confieso que es porque hago zapeo–, me dan arcadas, no sólo porque conociendo el currículo del pajarillo lo idóneo sería ocultarle y que no saliera en pantalla, pero además por la falsa audacia, por el falso aire temerario de funcionario curtido en el arte de masajear traseros egregios. Algo similar me ocurría cuando una torpeza de mis dedos en el mando me ofrecía la fugaz imagen de Isabel San Sebastián, haciendo de Cruela De Vil a la manera de Cornejo –antaño todos los atrezos teatrales de las compañías de media España procedían de Cornejo–, y hete aquí que la echan y que yo he de defenderla, y lo hago, cosa que jamás en la vida hubieran hecho ellos, entre otras cosas porque tuvieron oportunidades sobradas y no cayeron en esa tentación impía. Tiempos curiosos estos en que la libertad de expresión tiene nombre de Isabel San Sebastián. De seguir así podría llegarle a Sáenz de Buruaga o al incombustible Prats, de la ilustre familia de reporteros Prats Asociados. Y ojo, habrá que defenderles, porque hasta en su suculenta ineptitud forman parte del paisaje de una democracia asentada.

 “Caiga Quien Caiga” era la caricatura de la televisión, hecha por la televisión misma, y eso es inasumible cuando se ultimaban las negociaciones para entregarle la cadena a Berlusconi. El principio de todo experto en televisión se reduce a una obviedad: nada es despreciable mientras la audiencia lo respalde. Un engaño, porque la audiencia no vale nada en sí, sólo si la contabilizan los anunciantes. Y así sucesivamente siguiendo una cadena de mandos; cada uno sustentándose en el anterior y cobrando del siguiente. ¿Se han dado cuenta de que en las televisiones ocurre como en el Ejército, que todo el mundo afirma que cumple órdenes? Hasta los ejecutivos y los jefes de los jefes, todos dicen cumplir órdenes ineludibles de alguien, incluso hay unos jetas que afirman, sin que se les derrita la gomina, que cumplen órdenes del mercado. Si se admitiera el principio supuestamente democrático de que todos tienen derecho a imponer sus opiniones si son mayoría, les recuerdo, por si lo han olvidado, que en España un referéndum volvería a traer la pena de muerte y la expulsión masiva de inmigrantes y la no rescisión de condena a los delincuentes. ¿O acaso lo dudan? Seamos sinceros ahora que nadie nos escucha: ¿por qué creen ustedes que un referéndum en Euskadi podría ser demoledor? Porque el miedo anegaría las urnas. La televisión es basura mientras no conste lo contrario, y consta muy poco. En alguna ocasión me he imaginado sobre una cama de hospital, sin otra posibilidad que ver la caja idiota y visionando los reportajes de animales, si es posible marinos, que con la policromía quedan preciosos, y algún concierto y óperas, que visten mucho. Soy espectador riguroso de informativos y creo que no hay nadie que pueda decir con dignidad que lo que nos echan en pantalla tenga algo que ver con la realidad; puedo ser muy crítico con los diarios que hacemos, pero lo de los informativos televisivos clama al cielo, y si las cadenas son públicas –del Estado o autonómicas–, entonces alcanza lo inimaginable. Si la televisión es una basura no es por otra razón que por la convicción de que si fuera buena y real y auténtica se convertiría en un arma peligrosísima; por eso los gobernantes la agarran con las dos manos y la obligan a postrarse. ¡Dignos y valientes actores de “Caiga Quien Caiga”, os liquidaron por diferentes! Los periodistas os recordaremos

 Gregorio Morán

23 - Diciembre - 2002

ULTIMO CARTUCHO

Sergi Pamies

Durante estas siete temporadas, la única cadena que se ha atrevido a emitirlo ha sido TELECINCO. No la de Berlusconi, pero sí la de Mikel Lejarza, que permitió a los hombres de negro consolidarse. Mientras duró el aznarismo, CQC estuvo allí para contarlo

A juzgar por la indignación que ha generado la liquidación de ‘Caiga Quien Caiga’, deduzco que sus responsables no tendrán problemas para encontrar una progresista televisión que acoja su celebrado trabajo. Porque lo cierto es que, durante estas siete temporadas, la única cadena que se ha atrevido a emitirlo ha sido TELECINCO. No la de Berlusconi, que tiene en Sonia de Gran Hermano a su icono más identificador, pero sí la de Mikel Lejarza, que permitió a los hombres de negro consolidarse en una cuerda floja razonablemente inestable. Ayer se despidieron con tristeza y con Wyoming tumbado en su diván, diciéndose a sí mismo cosas tales como “España puede vivir sin progres trasnochados”. Por desgracia, los progres trasnochados siguen ahí, ensayando ante un espejo la muletilla del “mire usted”, mientras que el anarco-periodismo de estos gamberros audiovisuales tendrá que esperar a resucitar, aunque me temo que ninguno de ellos cree en el más allá.

En su último capítulo, que contó con una fila cero de famosos simpatizantes en el más puro estilo de los recitales de canción protesta posfranquista, CQC continuó en su línea de mezclar elementos de crítica (chapapote, Ana Botella, ministros lamentando la desaparición del programa), sociología del pesebre (premios parlamentarios) y otros fiestorros (estrenos).

Dicen que ‘CQC’ cierra porque era demasiado caro. El día que descubran que la televisión apagada tiene la misma audiencia que encendida, el despido será masivo. El sábado, en su artículo de LA VANGUARDIA, Gregorio Morán escribía: “Reivindico el careto de El Gran Wyoming como nuestro referente plástico de la transición: goza de un rostro de cemento armado, gestualmente riquísimo y con una voz de trémolos altos, idóneos para la pompa y el sarcasmo, o mejor para el sarcasmo de la pompa”. Ayer, la pompa fue fúnebre y el sarcasmo un fiambre. Mientras duró el aznarismo, CQC estuvo allí para contarlo con una simpatía que alcanzaba sus momentos estelares con la labia de Wyoming, la locura de Carbonell (ayer estuvo espléndido buscando, con un megáfono y un gorro de bufón, a ese Rey que tanto les echará de menos) y la agilidad mental de Tonino.

Pero el momento más filosóficamente puro se produjo cuando Wyoming le preguntó al Reverendo cómo veía el futuro. El canoso pianista-nihilista miró a la cámara y respondió: “Si quieres que te diga la verdad, perdí la curiosidad hace mucho tiempo”.

Sergi Pamies

03 - Diciembre - 2002

CAIGA QUIEN CAIGA

Luis María Anson

¿Qué si le ha faltado algo a 'Caiga Quién Caiga'? Claro que sí. Le ha faltado una reportera.

Realización de vanguardia. Humor joven y actual Lenguaje de hoy. Independencia completa para la mordacidad a izquierda y a derecha. Profesionalidad a chorros. Crítica audaz para el espectador inteligente, pero sin hacer sangre. Eso es ‘Caiga Quién Caiga’. Quien lo ha visto lo sabe.

Las empresas tienen sus motivos para quitar y poner los programas y no voy a entrar en la decisión de TELECINCO. Quiero, eso sí, derramar unos gramos de canela fina sobre un espacio que echaré de menos. Era uno de mis favoritos. Siempre me ha gustado el periodismo nuevo, provocador, incisivo, original. ‘Caiga Quien Caiga’ era puro periodismo audiovisual.

La dirección y la presentación de Wyoming se habían convertido en la espina dorsal del formato. Audacia, rebelión, invectiva, talento amanta, humor desbordado, seriedad profesional, todo eso acompaña a José Miguel Monzón. ¿Defectos? Claro que los tiene, pero dejo a los resentidos de turno que los subrayen. En la realización vanguardista de ‘Caiga Quien Caiga’ ha demostrado Eduardo Arroyo una imaginación creativa que le sitúa entre los grandes de su especialidad. Mario Caballero, Tonino, Javier Martín, Juanjo de la Iglesias, Sergio Pazos, Pablo Carbonell, Arturo Valls, no sé si me olvido de alguno, han formado el singular equipo de Wyoming, que puso gafas negras sobre los cebados corredores de la realidad a Castro y Clinton, a Arthur Miller y Woody Allen, a tirios y troyanos. ¿Qué si le ha faltado algo a ‘Caiga Quién Caiga’? Claro que sí. Le ha faltado una reportera vestida de negro. O una negra vestida de reportero. O dos.

Luis María Anson

23 - Diciembre - 2002

Nos cuentan que...

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Los reporteros de Caiga quien caiga se despidieron ayer de la programación de Telecinco como víctimas de la presión política de La Moncloa. El equipo liderado por el Gran Wyoming ha achacado la supresión al anuncio de que Ana Botella se convertiría en el objetivo de sus mordaces comentarios esta temporada. La realidad es mucho más sencilla, según la dirección de Telecinco.Los responsables de la cadena consideran que la fórmula original del espacio se ha agotado, ya que la cuota de pantalla del 19,4%, hacía prácticamente imposible rentabilizar el programa. Sólo el pago de los emolumentos de los presentadores ya suponía una pesada carga para las arcas de la cadena controlada por Silvio Berlusconi y el grupo Correo. El Gran Wyoming cobraba 21.035 euros por programa -3,5 millones de pesetas-; Pablo Carbonell tenía un sueldo de 9.015 euros por espacio -1,5 millones de pesetas-; y el resto de reporteros, Sergio Pazos, Mario Caballero, Javier Martín, Juanjo de la Iglesia, Tonino y Arturo Valls, superaban los 3.000 euros por emisión, algunos ampliamente. La temporada pasada, Telecinco también intentó suprimir este espacio, pero Wyoming y sus muchachos hicieron mucho ruido en algunos medios, acusando a la cadena de falta de progresismo, y consiguieron evitar el despido. El reportero/humorista ha vuelto a emplear ahora la misma estrategia, pero esta vez sin suerte.

27 - Diciembre - 2002

Murieron con las corbatas puestas

Ángel Antonio Herrera

Tras grabar su último programa dinamitero, la tropa de Caiga quien caiga colgó las corbatas, soltó el traje negro de faena y celebró una fiesta privada, ya de madrugada, en Malevo, que es la barra de moda de famosos antigarrafón. La cosa era tan privé, como dicen las modernas, que hasta podía salir desde detrás de un cubata alguna petarda largona para abordar a algún conocido periodista solidario hasta saber quién le había invitado. Lo mismo hasta son nuevas maneras de ligar.

Fernando Trueba, que por supuesto estaba invitado, hizo rincón en el ángulo oscuro con su hermano, David Trueba, que se fue pronto con la actriz de la noche, Ariadna Gil. Había enjambre de rastafaris de Atocha por los sofás y tríos de muchachas leídas que iban saludando por turnos a Fernando León de Aranoa, que es tan alto como su talento. Había músicos del programa y saludos hasta en los baños. Era, sí, la fiesta secreta de CQC, fiesta de despedida y cierre, o, más bien, de cierre y despedida, si atendemos a los rigores cronológicos.

Velábamos todos, güisqui en mano, el muerto ilustre de un programa que ha caído por estar demasiado vivo. El reporterismo saltatumbas del programa ha venido desguazando a su manera las noticias de estos últimos años, entre la ironía y la desvergüenza, y al final el programa se ha convertido en noticia misma, víctima quizá de sí mismo, que es lo mejor que puede pasarle a quienes siguen aquel viejo lema, tan en desuso: «Cometí muchos errores en la vida, pero nunca el de cambiar de estilo».

La canalla de CQC no sólo no ha cambiado de estilo, sino que ni siquiera se ha cambiado la corbata negra, que ahora, imagino, quizá se venda en el Rastro, zona noble, para fetichistas de la televisión y hasta de la heterodoxia.

La fiesta, naturalmente, no tuvo nada de velatorio, más bien lo contrario, porque los muertos televisivos que ahora han caído, por un rato, gozan de muy buena salud. Pablo Carbonell bebió como en Nochevieja, Sergio Pazos brindó hasta con las feas y Javier Martín deslizaba algunos inmediatos trabajos en Telemadrid.

Ahí estaban Diego El Cigala o Alvaro de Luna, escuchando las confidencias o pidiendo más ron o más hielo, que no todos los días se brinda porque al fin se distingue a alguien, a unos cuantos, con ponerles en la puta calle, por malos, o sea, por buenos.

En tiempos en los que la noche se reparte en cenas de empresa o premios a macizas, era insólita, saludable, estimulante esta fiesta a la fuerza, en penumbras de un Madrid navideño, entre jóvenes cabalmente locos a quienes los ministros en los estrenos les huían en romería y el Rey les sonreía como un colega.

Yo le pedí la corbata de faena a Wyoming, que es el Zidane del sarcasmo, para mi armario sentimental, pero se la había dejado en casa. Seguro que cotiza a precios de joyón en las subastas de estrellas o malhechores.

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Alma de ‘dandy’

Medalla de oro. El gran Carlos Larrañaga ha sido premiado con la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Carlos, que tiene el alma de dandy, vive estos triunfos sin hacer una mueca, y, por supuesto, sin descomponer la figura de galán que viste la ropa, y no al contrario, como pasa con tantos pseudoelegantes del autobombo.En Larrañaga se premia, de un golpe, al actor de talentos, al trabajador eterno y a la proa macho de una saga artística que ha dado nombres de oro como Amparo Larrañaga. Enhorabuena.

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Sara Montiel, premio Trola

Se mantiene. A Sara Montiel le hemos dado unos cuantos periodistas, para la gala de Tele 5 de Año Nuevo que conducirá María Teresa Campos, el premio Trola, bajo total unanimidad. No creo que sea necesario insistir en que Saritísima, con el Sarashow de su boda, aún reciente, se merecía más que nadie el galardón envenenado, aunque embusteras y embusteros en el horizonte del famoseo hay hasta aburrir. Ahora y siempre. Sara se tomó el premio con el mejor humor, agradeciendo el detalle sin mucho propósito de enmienda, la verdad. Para el nuevo año, promete más verdades, pero también alguna que otra trola nueva.

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Bisbal se viste de galán

Sube. Naturalmente, tampoco los chicos de Operación triunfo iban a desperdiciar las fechas navideñas para hacer el posado de rigor.David Bustamante se ha decantado por un reportaje en su tierra, allá en el norte, y David Bisbal se ha hecho unas fotos de galán con rizos, casi en plan spot de champán, en Cataluña, incluyendo una corbata que, por supuesto, no va a incluir como fondo de armario de sus giras o sus videoclips. El año nuevo no va a dar vida nueva en la imagen de ninguno de los dos: ahora, a seguir con las camisas cortas y arrugadas, y con los pantalones de campana.

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Antonio y Melanie, navidades con rumor

Se mantienen. Antonio Banderas y Melanie Griffith vienen siendo, desde hace semanas, víctimas del rumor de siempre, que es el rumor de la crisis. Suele ocurrir cuando hay pocas noticias con que alimentar la cháchara. Ahora, se cuenta que Melanie está hasta el moño de que en cada aparición pública se le pregunte por una supuesta infidelidad de Antonio con una actriz a la que deben conocer mucho en su casa (en la de ella y ya también en la del matrimonio Banderas/Griffith). La rubia ha puesto de patitas en la calle a una periodista que quería hacer a su costa un master sobre cuernos. Como si ella a Antonio no le quisiera una jartá.Como siempre.

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