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La organización terrorista ETA reivindica el atentado en EL HERALDO DE ARAGÓN pero el Gobierno de la UCD declara que fue un accidente

Un incendio en el Hotel Corona de Aragón causa más de 80 muertos y una polémica sobre si terrorismo o accidente

HECHOS

El 12.07.1979 se produjo un incendio en el Hotel Corona de Aragón, en Zaragoza, por el cual fallecieron 83 personas.

CoronaAragonEntre los fallecidos se encuentra el Teniente Coronel Alfonso Queirpo de Llano, el comandante Ángel Martínez Torres, el funcionario del ministerio de Educación D. Manuel Moro Hernández, el Sargento de la Guardia Civil D. Ángel Cabello Iruela, el comandante D. José Jiménez Gil, el capitán de infantería D. Ángel Hernández Pérez, el Coronel Rodrígo Dávila y su hijo también llamado Rodrigo Dávila, así como el presidente del club de fútbol de Torrevieja, D. Joaquín Valero Pérez.

Entre los heridos estaban Dña. Carmen Polo, viuda del dictador Francisco Franco o el general Vigón.

EL GOBERNADOR CIVIL LAINA DESMIENTE QUE SEA ETA

francisco_laina El gobernador civil de Zaragoza, D. Francisco Laina, desmintió tajantemente que el incendio del ‘Corona de Aragón’ fuera un atentado terrorista y aseguró que se debía a un incendio accidental en la churrería del hotel.

AlfonsoZapater El periodista D. Alfonso Zapater, del diario aragonés EL HERALDO DE ARAGÓN, reconoció que recibió una llamada de ETA reivindicado el atentado, pero que el periódico no la publicó por petición del gobernador civil Sr. Laina, que lo consideraba una reivindicación falsa.

IsmaelMedina El periodista D. Ismael Medina, del diario EL ALCÁZAR, defendería durante toda su trayectoria que el atentado del ‘Corona de Aragón’ fue un atentado terrorista y que el Gobierno UCD había pretendido ocultarlo.

17 - Julio - 1979

Creer o no creer, esa es la cuestión

Antonio Izquierdo

Un diario de la tarde aseguraba ayer que los franquistas pretenden relacionar el accidente del hotel Corona de Aragón con un atentado a la señora de Meirás. Y cita como ejemplos franquistas un amplio abanico que va de don Manuel Fraga Iribarne hasta EL ALCÁZAR. En torno al sentido que se da a la palabra franquismo o franquista tendría mucho que decir, sin desdén, por supuesto, para la egregia figura del Caudillo. No fui nunca franquista – en el sentido que se otorga a esa palabra después de muerto Franco, porque antes aquí todos eran franquistas, desde Juan Carlos de Borbón hasta don Adolfo Suárez, como muy bien puede demostrarse con textos antológicos en la mano. En cambio, dediqué un libro a la memoria de Francisco Franco cuando la jauría depredadora de sus antiguos jaleadores se tornaba en implacable enemigo del Generalísimo y de su gigantesca obra de estadista. Era una cuestión de pura elegancia o de pura gratitud o de pura consecuencia. Pues bien: hecha la aclaración, diré que tampoco pretendo relacionar el accidente del hotel Corona de Aragón con un atentado a la señor de Meirás: no es que lo pretenda, es que lo creo, es que no me trago que fuera fortuito, como no se lo tragan, para su capote, el noventa y nueve por ciento de los que lo afirman. En esto de creer o no creer no existe tasa ni media alguna, como en la fe. Para mí fue un atentado, y lo digo así, sin pedir responsabilidades, ni hacer aspavientos, ni rasgarme las vestiduras. Fue un atentado más, tan salvaje como cualquier otro y con el signo inequívoco del terrorismo imperante. No sé si iba dirigido a la familia de Francisco Franco, a lo militares uqe ocupaban transitoriamente aquellas espléndidas instalaciones hoteleras o contra el turismo, o contra todos a la vez. Lo que no acpeto, de momento, son las versiones oficiales, tan tercas, tan insistentes, tan estúpidas. No sé quien lo ha dicho, pero tiene razón: si el Corona de Aragón aquella trágica madrugada hubiera estado ocupado por Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri o por los capitostes del PSOE o por el Consejo General Vasco la escandalera informativa se hubiera oído en el Cosmos.

Es igual. Ni mayor ni menor irritación. El vandalismo terrorista está devorando a España a dentelladas. También está devorando a España a dentelladas el vandalismo dialéctico de unos dirigentes de aluvión, de unos niñatos aupados en la farándula política sin la más ligera noción de lo que es la política, como hace algún tiempo me explicaba, con estricta sinceridad, un ex ministro del anterior Gobierno Suárez. España padece un solo mal: su hundimiento, aunque los adversarios son muchos y desde un punto de vista privado entiendo tan grave ametrallar a un general del Ejército en una calle de Madrid como pactar un estatuto separatista o aceptar en el Congreso que un etarra amnistiado proclame la santidad de ETA. La intención del colega de la tarde es sinuosa, pero ingenua. Habla de la escalada terrorista del 18 de julio como si el 18 de julio tuviera algo que ver con el terrorismo. Creo que en España ocurre como en las salas de arte moderno donde todo camuflaje es posible, donde todo contrabando es viable. Que los espectadores miran como papanatas la exhibición sin atreverse a proclamar sus sentimientos, así que yo, que no he sido nunca papanatas, ni cosa parecida, frente a los chafarrinones de esta insólita Exposición llamada España 79, me quito el tapabocas y digo lo que me parece bien, lo que siento, lo que pienso, lo que creo. Y entre lo que siento, pienso y creo en los últimos días es que el trágico suceso sufrido por el Corona de Aragón fue un atentado terrorista y para decir eso no me autocalifico de nada. Me yergo sobre mi soledad de hombre libre y digo que esta rueda de molino no hay quien la acepte; o por lo menos, que yo no lo acepto. Lo mismo que no acepto, y por eso me río, la endeble estratagema periodística de atribuir al lejano fervor del 18 de Julio la escalada terrorista de los últimos días, cuando en rigor los últimos jaleadores del 18 de Julio ocupan tenazmente el Palacio de la Moncloa y sus alrededores y se inventan otra fórmula grotesca para disimular sus antiguos excesos totalitarios: llamar franquistas o fascistas o dictadores o ultramontanos o inquisidores a quienes simplemente estamos dispuestos a no renunciar a tres cosas: ser españoles, er libres y ser hombres de honor. Ahí les duele.

Antonio Izquierdo

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