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El diario MARCA pide que ambos sean expulsados del fútbol español por conducta impropia

Una pelea entre los presidentes del Atlético de Madrid y el Compostela, Jesús Gil y Caneda, acaba a puñetazos

HECHOS

  • A las puertas de la sede de la Liga de Fútbol se produjo una discusión entre D. José María Caneda (presidente del Compostela Club de Fútbol), D. Jesús Gil (presidente del Atlético de Madrid) y el gerente del Compostela D. José González Fidalgo. Los tres lanzaron insultos y el Sr. Gil propinó un puñetazo en la cara al Sr. Fidalgo.

marcassopapos El diario MARCA que dirigía D. Luis Infante (Grupo Recoletos) como el diario AS que dirigía D. Julián García Candau (Grupo Semana) dedicaron amplio espacio a hablar de aquel incidente. No obstante lo hicieron de manera diferente. El Sr. García Candau se permitió alguna broma al respecto, pero incluyó en el tema de fondo de la discusión, los derechos deportivos de emisión y reconociendo que en ese punto coincidía con el Sr. Gil. En cambio el MARCA optó por no entrar en el fondo de la discusión y quedarse en la violencia pidiendo abiertamente que se ‘expulsara’ del fútbol tanto al Sr. Gil como al Sr. Caneda.

J. J. SANTOS: “NO TODOS HAN TENIDO EL MISMO GRADO DE CULPA”

Jota_Jota_Santos_A3 En el informativo de deportes TELECINCO, D. J. J. Santos emitió al igual que el resto de cadenas el incidente entre el Sr. Gil y el Sr. Caneda, ahora bien, el Sr. Santos optó por añadir su punto de vista dejando claro que, a su criterio, estaba claro que había sido el Sr. Gil y Gil el responsable de que el incidente acabara de la manera en que acabó.

09 - Marzo - 1996

Ellos no son el fútbol

MARCA (Director: Luis Infante)

Quien primero se ha avergonzado del bochornoso incidente que han protagonizado Jesús Gil, José María Caneda y el gerente José Fidalgo ha sido el fútbol. ¡Fuera! Les dice MARCA haciendo de altavoz de lo que piensan los aficionados y deportistas cansados  de que se repitan estas o parecida escenas en las que los directivos ensucian la imagen del fútbol.

Después de lo que ha visto toda España, y verá todo el mundo por televisión, no vamos a entrar en si alguno, Gil o Caneda, tienen ni siquiera una pizca de razón en la disputa que desde hace tiempo les enfrenta. ¿Qué importa cuando dos presidentes, que presentan a sus clubes, a sus aficiones se dirigen las mayores groserías y uno de ellos lanza un puñetazo? ¡Fuera!

Estos días, quienes se acercan al fútbol con la bandera de la intelectualidad, dirigirán sus comentarios hacia la obviedad del bochornoso espectáculo que nos han ofrecido estos dirigentes con el riesgo de caer en la injusta generalización. Pongamos nombres y apellidos a los maleducados, en este caso Gil, Caneda y Fidalgo, a los groseros, a quienes no son deportistas ni nunca lo serán, pero no caigamos en el error de ver en ellos la imagen del fútbol. No son ni siquiera el espejo de sus clubes y sus aficiones.

Que nadie vea peligro de que transmita esta violencia verbal y ya física a aficiones y jugadores. Salvo excepciones marginales, afortunadamente este no es el clima que se vine en el fútbol. Todo lo contrario. Las gradas están cada día más pobladas de jóvenes que disfrutan con el espectáculo, con sus ídolos y le dan la espalda a quienes se mueven por otros intereses. Las aficiones del Atlético y Compostela estarán tan avergonzadas como todas de este bochornoso incidente que nos ha impedido entrar en la jornada de este fin de semana hablando, escribiendo, sencillamente de fútbol.

¡Fuera! Todos estos personajes. Sobran del fútbol. Tarjeta roja directa.

 

09 - Marzo - 1996

Los grandes tienen derecho a más ingresos

Julián García Candau

El combate no estaba anunciado y ni siquiera se contaba con un émulo de Paco Torres para que presentara a los púgiles. Que nos estábamos acercando a una pérdida de nervios era evidente. Antecedentes cercanos de riñas sin reglamentar ya habíamos tenido. La presencia de presidentes peculiares, insólitos, llegados de improviso, daba que pensar. Hace unos años había dirigentes que se quejaban, o presumían, intención última de ponder dinero. En los últimos tiempos nos hemos topado con presidentes que cobran. Que tienen sueldo y alguno gozoso, aunque tales ingresos figuren como gastos de representación. Y hay algún presidente al que se acusa desde la segunda parte de la parte contratante, de participar en una parte alícuota de un traspaso. No hay entre los actuales dirigentes del fútbol  español, hombres que induzcan al pacto que preconicen el entendimiento y el diálogo civilizado. Ahora los hay que atizan el fuego para que las llamas no dejen ver paisajes y paisanaje.

Dos propuestas han encendido la hoguera: el deseo razonable de los grandes clubes de percibir por derechos de televisión un porcentaje acorde con el interés que suscitan en la audiencia y visionarios que quieren acabar con el Plan de Saneamiento  por la vía de la urgencia, para alcanzar pactos que, en algún caso, resultan sospechosos. Los primeros van a tener difícil que se acepte teoría tan razonable y los segundos ya han asomado el plumero: unos por la vía de la política, y ahora tendrán la ocasión de lucirse porque van a mandar gentes de su cuerda, y otros, por la oscura e incierta senda de ofertas con aire de interés muy interesado.

Desconozco quien lanzó ayer la primera piedra, aunque sí he visto, como toda España, el capón de Jesús Gil al gerente del Compostela, improcedente porque se trataba de púgiles de muy distinto peso. También oí como todo el país, el recitado del Diccionario secreto, ahora no tan secreto, de Camilo José Cela, autor de Once cuentos de fútbol, entre los que no recuerdo ningún episodio final.

Hay también una notable diferencia entre los actuales presidente de sociedades anónimas deportivas; los que se juegan su dinero como Jesús Gil y los que desean derogar la Ley del Deporte, a fin de volver a las impunidades pasadas.

El reparto de los ingresos por derechos televisivos es injusto y lesivo para aquellos que, como demuestran las audiencias, tienen mayor interés para los telespectadores. En el mundo del espectáculo las diferencias existen y nadie se rasga por ello las vestiduras. Montserrat Caballé, pongamos por caso, gana mucho más que su hija, que es más joven y guapa y canta maravillosamente. El Madrid, el Barça y otros pocos, siempre tendrán más interés que la mayoría de los clubes de primera, dicho con el mayor respeto y la debida consideración. Quienes se obcecan en opinar lo contrario tienen perdida la guerra porque a los contrarios, además de la fuerza, les asiste la razón.

J. García Candau

10 - Marzo - 1996

El Puñetazo

Alfonso Azuara

El puñetazo fue la agresión premeditada, alevosa ¿impune? de quien, con las espaldas bien guardadas, berreó ‘urbi es orbi’ las expresiones más vulgares, zafias y sórdidas.

El puñetazo fue la explicación de las agresiones verbales a futbolistas, entrenadores, árbitros, votantes socialistas, presidentes y periodistas que primero crearon el monstruo, después le rieron sus gracias y ahora se rasgan las vestiduras.

El puñetazo se emparenta con esa dialéctica de los puños y las pistolas de quien cree que el destino de las urnas es romperlas.

El puñetazo es la firma, de puño y letra, que justifica las pintadas xenófobas, las amenazas de muerte, las pancartas con simbología nazi y fascista, las piedras contra el autobús del rival y otra noche de cristales rotos.

El puñetazo es un escupitajo a la libertad del otro, al respeto mutuo, a la convivencia pacífica, al juego limpio, y a la sana pasión por unos colores deportivos. Es una acción vil y quien no la repudia resulta envilecido.

El puñetazo es el bípedo implume que, al modo barojiano, sitúa al hombre un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo.

El puñetazo debe servir para recuperar la memoria de quienes, por acción u omisión permiten que la cabeza de un sonajero les presida o gobierne.

El puñetazo es un golpe bajo a las nobles aspiraciones de unos jugadores, técnicos, directivos y aficionados que sueñan con el título de campeón.

El mamporro radiotelevisado podría sembrar unos vientos cuyas tempestades recogerían los que sólo juegan y que ganen o pierdan, estrechan la mano del adversario.

Y como la mano del puñetazo podría ser la misma que el Rey se encontrase, cuando dentro de unos días el fútbol vuelva a ser en Zaragoza fiesta y no camorra, recuerdo que a pesar del puñetazo y al modo calderoniano, la historia del Atlético también es una religión de hombres honrados cuyo sino será sufrir siempre.

Mientras la paloma de la paz se posa en el puño agresor y el estadio de San Lázaro se hace Plaza del Obradoiro peregrino a Santiago, aprieto los puños y me postro humildemente de rodillas ante el Apóstol compostelano.

Le doy un abrazo nacional con redoble y le susurro: perdónale porque no sabe lo que hace. Espero que me haya oído.

Alfonso Azuara

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