La actriz logró impedir la entrevista a su ex niñera por considerar que eso podía atentar contra la intimidad de su hijo

Una sentencia judicial impide a ‘La Máquina de la Verdad’ (TELECINCO) un nuevo programa sobre Lecquio-Ana Obregón

HECHOS

  • El 16.12.1993 una resolución judicial impidió a TELECINCO emitir el programa ‘La Máquina de la Verdad’ de D. Julián Lago en el que se iba a entrevistar a Dña. Cristina de Vera. La resolución se produjo a instancias de Dña. Ana García Obregón que entendió que aquel programa iba a violar su intimidad. 

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En 1993 el programa estrella de TELECINCO era “La Máquina de la Verdad” que presentaba el periodista reconvertido en presentador de televisión, don Julián Lago.

Aunque por ‘La Máquina de la Verdad’ desfilaron personalidades como don Juan Guerra o don José María Ruiz Mateos, eran los temas sexuales los que despertaban más interés de la audiencia y, por encima de todos estos, el que más interés causó era el triángulo amoroso Dña. Antonia Dell Atte – D. Alesandro Lecquio – Dña. Ana Obregón. El Sr. Lecquio, casado con la modelo italiana, Sra. Dell Atte, había mantenido una relación con la actriz y presentadora española Dña. Ana Obregón, teniendo un hijo con él. El programa ‘La Máquina de la Verdad’ había conseguido traer a España a la Sra. Dell Atte para que pusiera a caer de un burro en un programa a su marido y a la pareja de este en un programa que consiguió más siete millones de espectadores de audiencia.

ANA OBREGÓN LOGRA IMPEDIR LA EMISIÓN DEL ESPACIO:

El 16 de diciembre de 1993 TELECINCO programó un espacio de ‘La Máquina de la Verdad’ con un juez prohibió la emisión de un programa de “La Máquina de la Verdad” con Dña. Cristina de la Vera, la niñera del hijo de Dña. Ana Obregón y D. Alessandro Lecquio.

El resultado fue que la Sra. Obregón demandó a ‘La Máquina de la Verdad’ para que no emitiera el programa por entender que en él se iba a atentar contra su intimidad y la de su hijo. El juez dio la razón a la Sra. Obregón y prohibió la emisión del programa. Era la primera vez que se tomaban medidas contra un espacio de televisión no por lo que había ocurrido, sino por lo que se planeaba que iba a ocurrir.

Aquella noche del 16.12.1993 en TELECINCO apareció D. Julián Lago junto a Dña. Cristina de la Vera y el abogado de esta, D. Emilio Rodríguez Menéndez (un personaje que ya había dado mucho que hablar para ese momento y, en los años posteriores lo haría todavía más). La entrevista no se realizó pero, eso sí, el Sr. Lago lanzó un amplio speech presentándose como una víctima de ‘la censura’:

“La decisión judicial es comparable a la censura previa del franquismo. Nos sentimos impotentes ante esta brutal agresión. Es la primera vez en la historia de la democracia española que un juez prohíbe la emisión de un programa que no ha sido aún grabado, que ningún daño ni perjuicio ha provocado, por ello, a nadie, y, lo que es aún más increíble, sin conceder el más elemental derecho de audiencia a la cadena implicada” (D. Julián Lago).

22 - Diciembre - 1993

EL MARTIR

Fernando Schwartz

Lo sabía. Lo dije: por el mal gusto a la inmolación. Anuncié que la maquinola iba a tener algún día problemas con la justicia y que Julián Lago, encima, acabaría siendo un mártir de la libertad de expresión.El juez se ha pasado al prohibir sin ver la emisión del programita con las tonterías de la tata (perdón, institutriz) del bebé. ¿Está intentando reintroducir la censura previa? ¿Ha llegado el momento de que la profesión periodística se inmole en la pira de la defensa de la democracia? Hombre, no y no.

Es una batalla, por cierto, en la que mi corazón se inclina por los perjudicados, por aquellos cuya intimidad es violada por los programitas (aunque hay quien dice que también nosotros estamos hartos de que los famosos nos violen con su intimidad). En España no existe el concepto de la inviolabilidad de la intimidad. Es un derecho reconocido en el mundo entero. Pero no, aquí no. No quieren enterarse de que el desnudo de una mujer que hace strip-tease no da derecho a su público a violarla, incluso si la exhibición impúdica del trasero propio es remunerada. ¡Qué hartura!

En España no hay prensa puramente amarilla porque no hay suficientes lectores de periódicos, Pero sí hay suficientes televidentes para que haya nacido una televisión amarilla. Y ojo: The Sun en Inglaterra no deja de ser un periódico espantoso porque se venda por millones.

En fin. No sé cómo contener mi impaciencia hasta que, en los próximos meses, “el triángulo Obregón-Lecquio-Dell’Atte” se ponga más caliente aún: el cocinero debe comparecer sin excusa a contar lo que hacían con la tostadora. La profesora de aerobic del gimnasio debe revelar por qué los panties de Ana tenían una carrera y cómo es posible que la camiseta de Dado huela a sudor si él se ducha todos los días. No contesten, que vamos a publicidad.

18 - Diciembre - 1993

Se lo están ganando

F. Javier Santero

A Don Julián, N° 1 en audiencias amarillas, un juez lo quiere poner contra la pared. Mirando a la pared -quiero decir-, castigado por ludópata sentimental, por su obsesión enfermiza por jugar con los sentimientos del público, por su impúdica dependencia de vidas íntimas y ajenas. Si aquí se pudiera hablar libremente de los jueces, sin temor a ser presunto desacatador, o como se diga, escribiría que el juez en cuestión ha hecho una cacicada. Pero mejor no hacerlo. Mejor citar a Jesús Santaella, que de esto sabe mucho, y escribir con él que se trata de un error judicial. Y qué error. Yo prefería, en todo caso, lo de cacicada -que suena a antiguo y caduco, porque antigua es la censura previa, y a arbitrario- y nunca lo de atentado a la libertad de información porque lo que preparaba La máquina de la verdad contra Ana Obregón y señor no era información sino -ya se sabe- basura audiovisual. Empezó muy bien -a cuenta de todo esto- el nuevo programa de Victoria Prego en Telemadrid y Canal Sur. Fue casualmente oportuno dedicarlo a la televisión, a su influencia y sus excesos, sobre todo, y presentarlo -que puede serlo- como recuperación de los espacios puros de debate, tabla salvadora sobre la mar gruesa de la telemorbo. Y el debate era, en buena parte, eso: ¿qué se puede hacer frente a la adicción a la televisión?, ¿qué para poner límites a quienes, amparándose en la libertad de expresión, deforman, violentan y ensucian? Fue muy didáctico comprobar la cruzada de Chicho Ibáñez Serrador que suena estrepitosamente a venganza: demonizasteis mis fórmulas, mis concursos, buscasteis, comparasteis y encontrasteis algo peor… Didáctico fue comprobar que Javier Arenas, que pasa por ser especialista en televisión del PP, no ve la televisión, no se entera de que estamos pisando el umbral de la alarma social. O cómo, en el otro extremo, Victoria Camps ya se ha dado cuenta de la situación y está en sintonía con los que quieren poner un cepo -«el autocontrol solo no funciona; tiene que haber un control externo»-. Les están dando la excusa perfecta, qué burros, para que nos impongan una televisión tutelada. Suya es la incapacidad para establecer unas reglas del juego, y lo van a acabar pagando. Están enloquecidos. Lo demostró uno que estaba allí -¿quién era?-, por lo visto representando a Antena 3. Se le ocurre decir que le están dando a la audiencia «lo que quiere ver aunque en nuestras casas no lo elijamos», y que los errores son disculpables porque llevan poco tiempo en el oficio. El de narcotraficantes -que dijo Boyero ante la farisaica indignación del presunto camello-, que cortan y adulteran su producto para aumentar las ganancias propias y la adicción ajena. Eso es lo que les vale. Como a Don Julián, al que encima hay que defender. La mayoría tiene razón, sólo la audiencia manda. ¿Y la ética? Ah, eso es otra cosa.

El Análisis

NIÑERAS NO

JF Lamata

La prohibición de un programa por la vía judicial no parece lo más deseable en el mundillo mediático, aunque lo más inquietante de este tipo de incidentes es que salga el presentador denunciando que la prohibición judicial es un ataque a los derechos de los espectadores y demás cameladas. Acepto que diga que es un ataque a ‘la libertad de empresa’, al ‘libre negocio’ porque uno considere que si quiere entrevistar a una niñera en su medio de comunicación para ganarse los garbanzos, se lo impidan, pero chirría que se haga en nombre de los espectadores.

Las reglas del juego estaban marcadas y en ellas no se incluía la presencia de las ‘niñeras chivatas’ (ya había causado su revuelo judicial la entrevista a la ex niñera de la hija de Dña. Isabel Preysler en LECTURAS) porque es bastante difícil que una niñera pueda hacer declaraciones sin revelar datos de la intimidad del niño al que cuidó. Y las reglas – que se pueden discutir o no, pero ante todo hay que cumplir mientras estén vigentes – ponen por delante los derechos del menor a los de la libertad de mercado y de hacer un programa como se considere oportuno.

J. F. Lamata

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