Es el quinto director en poco más de tres años

Unidad Editorial destituye a Pedro García Cuartango como director de EL MUNDO y lo reemplaza por Francisco Rosell

HECHOS

El 30.05.2017 el Consejo de Administración de Unidad Editorial designó a D. Francisco Rosell nuevo director del diario EL MUNDO.

30 - Mayo - 2017

Cuartango destituido, el consejo de EL MUNDO se reúne para nombrar a su sucesor

EL ESPAÑOL

Pedro García Cuartango ha sido destituido como director del diario El Mundo, según ha podido confirmar EL ESPAÑOL. En estos momentos se reúne el consejo del periódico para nombrar a su sucesor, el quinto director en tres años.

La salida de Cuartango ha sido recibida con gran sorpresa entre la plantilla del diario, que se enteró por la prensa de su destitución. Cuartango ha confirmado su salida a la redacción, en una charla en la que también ha participado Aurelio Fernández, director de publicaciones de Unidad Editorial.

Este movimiento ha generado preocupación y descontento en parte del equipo del diario, que tenían plena confianza en Cuartango y en su gestión. Según ha podido confirmar EL ESPAÑOL, algunos trabajadores se organizaron para salir a la calle a protestar y pedir explicaciones por este movimiento a la dirección del grupo.

CUARTANGO IMPIDE UN MOTÍN EN ‘EL MUNDO’

No obstante, el propio Cuartango les llamó al orden y les pidió tranquilidad. En su charla explicó que su salida es una decisión legítima, que no comparte y de la que tenía conocimiento desde hace varios días. Ha indicado que la decisión se debe a diferentes criterios a la hora de gestionar la redacción. Finalmente ha dado las gracias y ha recibido un fuerte aplauso que se ha prolongado durante varios minutos.

Recordemos que tras el nombramiento de Cuartango, la dirección se comprometió a consultar y consensuar con la plantilla la llegada de un nuevo director. De esta manera, lo más probable es que ahora se abra un cisma entre la dirección y la redacción por el nombramiento de su sucesor.

Cuartango era nombrado director en funciones de la cabecera el 30 de mayo de 2016 tras la complicada salida de David Jiménez, resistido por gran parte de la redacción. En ese momento Unidad Editorial indicaba que se abría un proceso de transición “encaminado a consolidar una dirección de la cabecera”. Un proceso que ha culminado hoy de manera imprevista.

La relación entre el hasta ahora director y Antonio Fernández Galianonunca fue de las mejores. Eran constantes las disputas entre Cuartango y el presidente ejecutivo de Unidad Editorial -y su director general Javier Cabrerizo– por el control de la línea editorial del diario, lo que en varias ocasiones desembocó en duros enfrentamientos.

EL QUINTO DIRECTOR EN TRES AÑOS

Respecto de su sustituto, los nombres que se barajan van desde el corresponsal económico Carlos Segovia, pasando por el columnista Arcadi Espada, Eduardo Inda, Aurelio Fernández y Francisco Rosell. 

En cualquier caso estamos ante el nombramiento del quinto director en tres años, lo que demuestra que desde la salida de Pedro J. Ramírez, el diario de Unidad Editorial sigue sin encontrar el rumbo.

En enero de 2014 Ramírez abandonaba el cargo después de 25 años. Le reemplazaba Casimiro García-Abadillo que solo estuvo un año y medio, tras lo que llegó David Jiménez durante un año. García Cuartango tampoco ha logrado superar un año en el cargo.

03 - Junio - 2017

El sitio de Pedro

Javier Redondo

El sitio de Pedro es exactamente este: el periodismo; sin adjetivos porque no existen tipos. No lo hay bueno o malo, populista o elitista, zafio o elegante. Hay medios de comunicación diversos; plataformas, estilos, narrativas, productos y propuestas distintas; y modos diferentes de informar, entretener, arrinconar, seducir, atrincherar o agitar. Pero periodismo como tal sólo hay uno. Tampoco hay atajos. El periodismo es rastreo, contraste, razón, discusión, orden y síntesis -en sus dos sentidos: literal y hegeliano-.

Pedro es el futuro del periodismo porque así lo exigen los tiempos. En época convulsa, de confusión masiva, posverdad, cambio de paradigma y saturaciónpseudoinformativa, la Filosofía siempre tiene al menos una respuesta; también porque proporciona el método y la pausa. Quien pone pausa, confronta tesis y antítesis, reconoce que no se halla del todo exento de prejuicios y busca desde el ángulo cóncavo cómo se ven las cosas desde el convexo, se aproxima a una respuesta.

La respuesta es el criterio. No la verdad absoluta, sino su búsqueda incesante, apasionada y honesta. La Filosofía no es la disciplina de la verdad sino de las respuestas. Sostiene el profesor Albiac que si no hubiera mentiras no habría preguntas. El periodismo -o sea, Pedro Cuartango- ofrece respuestas sin apropiarse en exclusiva y en cada caso de la verdad. El periodismo es interpretación verídica de los hechos y nunca su deformación. Resulta revelador el opúsculo ¿Hay derecho a mentir?, la polémica entre Kant y Constant sobre el deber de decir la verdad, en la cuidada edición del profesor Eloy García y con preámbulo del propio Gabriel Albiac.

Para Kant, la verdad es un imperativo moral, categórico; Constant replica que la verdad es un deber, si bien no todos tienen derecho a ella. Por ejemplo, el ladrón que persigue a su víctima y nos pregunta por su escondite. Constant arguye que en algunos casos la mentira posee un carácter filantrópico. A priori el debate parece ajeno al periodismo. No es así. En su contestación, el viejo y sabio Kant objeta que las consecuencias de la verdad son azarosas. Por tanto, no debemos observarla por sus resultados. El periodismo no ha de evaluar las consecuencias.

El periodismo incómodo se ejerce si no obedece a estrategias, no es zalamero ni busca los arrumacos del poder. Pedro no hace cálculos: su posición -debidamente fundada tras abierta controversia intelectual con otros- es producto de su criterio y convicción, a los que concede margen de error. Por eso se guarda siempre hueco para la rectificación. Pedro trata lo mínimo indispensable con el poder y huye de sus mieles y agasajos, lo cual le permite ser inmune al chantaje emocional aunque a la vez le torne vulnerable.

Últimamente proliferan periodistas marca, estrella, savonarolas, francotiradores, robespierres, tuiteros y torquemadas. Nos hemos infantilizado tanto e imitado elinfotainment televisivo o deportivo que celebramos las dimisiones de altos cargos como logros y trofeos propios. Todos somos Marat dictando, redentores y ligeros, listas de sospechosos para El amigo del pueblo. Olvidamos que el honor es el hallazgo, no la pieza que se cobra el descubrimiento. La prescripción moral no es una función del periodismo; ni la taxidermia, una práctica asociada. El cumplimiento de objetivos no se mide en número de fiscales o ministros dimitidos. La gloria se alcanza a través de la razón. Entre el poder y la gloria, Cuartango lo tiene muy claro: elige siempre la razón.

10 - Junio - 2017

Una lección

Antonio Lucas

Este es el sitio de Cuartango, que anda de retiro espiritual. O sea, leyendo y desplazándose de su corazón a sus asuntos. Cuando abres la página en crudo desde el ordenador del periódico aparece su fotografía incrustada en el hueco. Normal. Es su territorio. Y a la vez es como si la máquina recordara. Como si el ordenador, tan ciego, tan bovino, tan nada, impartiera una lección magistral: no olvides, no despistes el paso. Y antes de escalar aquella montaña que te seduce, escálate a ti mismo. Sólo así sabrás cuál de las dos cumbres resulta más peligrosa.

Todo pasa demasiado rápido. El tiempo impone lecciones magníficas sobre el tiempo mismo, sobre lo que acarrea y sobre lo que disuelve. Imagina a quien tanto amaste. A quien odiaste quizá un día irremediablemente. Qué queda de aquello. En qué lugar del cerebro está el cementerio o desguace de emociones que alguna vez temimos no poder dejar atrás. Debe de existir un depósito para nuestra propia chatarra, allí donde se aloja el excedente de las alegrías, los terrores, los desconciertos y las dudas que hoy no sirven o tienen la misión cumplida. Otras se hicieron con su sitio. La vida, tal cual. En esto conviene tener a mano (como tantas veces) a Ferlosio: “Decir que el tiempo todo lo cura vale tanto como decir que todo lo traiciona. ¿Sabré sobrevivir sin traicionar?”. Pues eso.

La política, por ejemplo, es un espacio de suplantación de la realidad. Las palabras de un político, en general, pesan menos que el aire que las sostiene aunque se vendan como oráculos en los telediarios. Parecen traer una carga de profundidad sin la que todo esto no funciona. Pero esas emociones que aventan o provocan son solubles, elementales, resultonas, baratas. Un evangelio de usar y tirar que exhibe un enorme desprecio por la memoria. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (Más Ferlosio).

Pero nuestra vida no la rigen los políticos (aunque lo parezca), ni la homeopatía de los iluministas de tertulia. Si ocupan tantas hectáreas de la existencia de los otros es porque no saben qué hacer con la suya. Han inventado un cultivo de frases huecas que alborota el final de cada jornada como un coro de monos gritando, por no dejar respiro a los incrédulos. Es un truco de saldo. Vivir con intensidad el presente pasa por alejarse de tanta prédica de tenderete. Sospecho que es una etapa de penuria absoluta. Fui de los que esperaba una rato fascinante. Incluso algún cambio de agujas. Qué mala suerte hemos tenido, joder.

Por eso lo de detenerse un instante. Disfrutar de lo que tienes. Aparcar el furor cuartelero del apocalipsis y su orgullo vano. Reír con los amigos. Amar lo que es amable. Entender la soledad, que a ratos es la fiesta y a días es la peste. Leer algunas cosas de Machado (Antonio), sobre todo cuando acierta: “Desdeño las romanzas de los tenores huecos/ y el coro de los grillos que cantan a la luna./ A distinguir me paro las voces de los ecos,/ y escucho solamente, entre las voces, una”. Huir sin culpa de ese juego de babuinos cabreados que consiste en discutir la última ocurrencia de un ministro, un concejal de medio pelo, un ladrón con escudo en la tarjeta de visita, un absurdo tuiterillo y su gloria de insultos. Creer en pocas cosas, pero creerlas mucho. Aunque no te crean. Eso lo aprendí de alguna gente que admiro y no sabe que la admiro. Me han regalado fórmulas y ráfagas de elegancia para mantener cierta dignidad en este perro mundo. Va el abrazo, Pedro.

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