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El periódico privado DIARIO16 pide el cierre de la prensa pública causando una réplica del diario PUEBLO

HECHOS

El 13.10.1977 el periódico DIARIO16 pidió editorialmente el cierre de la prensa del Estado.

13 Octubre 1977

Prensa del Estado

DIARIO16 (Director: Miguel Ángel Aguilar)

Si esto va a ser una democracia sin comillas ni adjetivos no puede haber aquí prensa estatal. La razón es bien clara y está al alcance de cualquier observador: ninguna sociedad democrática pluralista y libre del mundo actual admite una prensa del Estado.

¿Por qué? Pues igualmente sencillo: porque nadie tira piedras contra su propio tejado, porque ninguna comunidad de ciudadanos está dispuesta a subvencionar en una democracia uno de los elementos que caracterizan a todo Estado totalitario.

Si los españoles pagamos actualmente 200 millones de pesetas al mes para mantener con vida (sic) la prensa oficial que creó el franquismo, lo único que estamos haciendo es seguir subvencionando uno de los pilares del Estado totalitario en el que hemos vivido cuarenta años. Extraña y cara paradoja para unos democrátas, por muy de nuevo cuño que seamos.

Parece sin embargo que una cosa es proclamarse demócrata y otra muy distinta serlo. Hay quienes están dispuestos para entrar en democracia a quema banderas, símbolos y retratos de la época franquista, pero siguen defendiendo gloriosamente a caballo de su inconsecuencia, el mantenimiento del carnet oficial de periodista y de la prensa estatal, dos elementos del Estado totalitario mucho más característicos y peligrosos para la comunidad que cualquier otro.

En las sociedades libres, se sabe desde el parvulario que una prensa independiente es la primera garantía del ciudadano frente al totalitarismo. Está en los libros de texto. Y también figura en ellos que se entiende por prensa libre, prensa independiente, la que no depende del Estado. La democracia está hecha de perogrulladas, es decir se sentido común.

Se sabe así que, en una sociedad libre, todo el dinero del mundo no basta para salvar un periódico que nadie quiere leer. El único juez de una publicación son sus lectores. Es la comunidad de ciudadanos la que selecciona sus órganos de expresión, comprándolos cada día, cada semana o mes, del mismo modo que elige mediante el voto a sus representantes.

No es casualidad que estos últimos tengan en toda democracia, un enorme respeto por los órganos de expresión de la comunidad. Sbaen que reúnen un electorado más amplio y, sin duda, más adicto que el suyo propio. Ningún político se sometería a la terrible prueba de tener que conseguir votos a diario y, además cobrándole al votante.

Por ello, los tres poderes tradicionales del Estado reconocen en la prensa al cuarto que les vigila y les controla desde fuera para protección de la sociedad. Y cuanto más democrático es un Estado, más se autolimita en sus impulsos de fiscalizar los medios de expresión.

El problema para nosotros ahora no es saber quien va a controlar la prensa oficial que nos legó el franquismo. El problema es saber si de verdad queremos una democracia y estamos dispuestos a suprimir sin contemplaciones demagógicas o interesadas cuanto nos aleja de ella.

15 Octubre 1977

El Gato panza arriba

PUEBLO (Director: José Ramón Aloso)

Un periódico de Madrid de la tarde condena explícitamente en sus páginas editoriales la existencia de la Prensa del Estado. Su argumento es muy simple: si queremos una democracia tendremos que cerrar por las buenas todos los periódicos que antes fueron del Estado autoritario, dejando al juego de la libre empresa la capacidad de instrumentar y alumbrar la libertad de expresión. ‘El problema es saber si de verdad queremos una democracia’ dice el editorial del referido vespertino, y para el diario en cuestión la democracia se basa en cerrar la palabra a todos aquellos diarios que pueden competir con él en el mercado de las noticias y las ideas.

Sin acidez, pero sin temor podemos decir desde PUEBLO que jamás hemos negado a nadie el derecho a crear y difundir sus periódicos que en la democracia que hemos estrenado recientemnete TODOS absolutamente todos, tienen derecho a la palabra, sin que ninguna idea política pueda a nadie restar el derecho de opinar libremente. En esa conciencia de democracia, caben para nosotros todos, desde la empersa que osstiene ideas de derechas o de izquierda – la prensa de partido – hasta aquella que es creada por los intereses de la Banca o de la libre empresa. Todos – partidos políticos, obreros, empresarios, banqueros, ecologistas y marginados – tienen el derecho de hablar en un sistema político libre.

Por esa misma razón, el que una empresa que se denomina libre quiera cimentar la democracia en la necesidad de cerrar más de cuarenta periódicos – ex prensa del movimiento y sindical – nos parece un abuso de privilegios que, desde luego, el pueblo español no le ha ocncedido. La familia March, por ejemplo, tuvo derecho a sufragar los gastos de los periódicos que deseó, lo mismo que otros banqueros o los partidos políticos. Peor la sociedad también tiene derecho a mantener una Prensa que si ayer fue creado para sostener los intereses de un Estado autoritario, hoy en la democracia puede ser el portavoz de un amplio espectro de ideas y militancias ya reconocidas y votadas por todos los españoles el 15 de junio de este año.

La libertad no sólo es el patrimonio de quienes tienen dinero para pagarse patente de libertad de expresión. La libertad no es una cualidad que puede monopolizar una empresa privada creada con lícitos intereses empresariales. La libertad es sólo patrimonio de los pueblos, y es también el derecho de 6.000 trabajadores del Estado a no ser despedidos impunemente en nombre de una libertad contra la que ellos nucna atentaron y a la que quieren servir.

La Prensa al servicio de la libertad de la sociedad, es probabelmente un hecho inédito en Europa. ¿Pero vale el argumento europeo para liquidar una esperanza? ¿No hay cierto paletismo, junto a intereses empresariales no confesados, a la hora de justificar el cierre de más de 40 periódicos? Nosotros, en PUEBLO, siempre prestaremos nuestro apoyo a todos los trabajadores de la Prensa que, por dificultades económicos de sus empresas vean en peligro sus puestos de trabajo. Que no se justifique el paro de 6.000 trabajadores en nombre de la libertad. Cualquier puesto de trabajo en peligro puede ser nocivo para 1.000 puestos de trabajo. Sólo la solidaridad – que nosotros desde aquí ofrecemos a todos los trabajadores de la información – puede impedir que el juego descarnado de la contabilidad de las empresas que se auto-llaman libres ponga a los trabajadores a merced de la miseria y el hambre.

Ibero

19 Octubre 1977

100.000 chaquetas

DIARIO16 (Director: Miguel Ángel Aguilar)

La libertad de prensa se basa en un axioma tan sencillo como éste: todo el mundo puede vender el periódico que invente y ningún periódico puede mantenerse si el lector no quiere comprarlo. Y este principio se viola tan aparatosamente cuando se impide a los ciudadanos que editen los periódicos que quieran como cuando se obliga a los ciudadanos a sufragar periódicos que quiebran porque nadie los quiere.

El querido diario sindical, una de las instituciones más deleznables de la España franquista, aquel pedestal inodoro del eximio franquista Emilio Romero, lanzó una andanada contra DIARIO16 pocas horas antes de que cumpliéramos nosotros nuestro primer año. La demagogia ha brillado siempre en ese extraño diario sindical donde se pidió la cabeza del MADRID, donde se procuró lograr el cierre de CAMBIO16 y donde ahora nos acusan de nefandos crímenes perfectamente inventados, como es natural. Nada de lo que ocurra en PUEBLO puede sorprendernos, pero de vez en vez conviene contestar.

Personajes que hicieron acomodo y buen acopio mercantil durante los años de dictadura quieren ahora cambiarse de chaqueta, salir a la defensa de los obreros, cuya opresión no condenaron jamás y aplaudieron muchas veces, y lanzan sus agravios contra nosotros por aquello de que les negamos el pan y la sal.

Y, evidentemente, a ellos, a esos personajes de las mil chaquetas, no nos importa nada negarle el pan y la sal. OCurre sólo que quieren arroparse en los dolores de verdad y en los problemas de verdad de los honestos profesionales de la prensa del Movimiento, para así disfrazados de lagarteranas coloradas, seguir pasando vitaliciamente la factura de sus desvergüenzas la país. Acusan a este diario de querer condenar a miles de profesionales y trabajadores de la Prensa del Movimiento al paro y al hambre. Convertidos así por arte de birlibirloque en los protectores del obrero- Dios santo, que sarcasmo- quieren colar una vez más su mercancía de matute y seguir sangrando al presupuesto nacional por los siglos de los siglos.

Este diario lo único que ha dicho es que el mantenimiento de una prensa del Estado es contrario a las reglas mínimas de la democracia. La tarea fundamental de la prensa es informar al ciudadano para protegerle así de los posibles desafueros e injusticias protagonizados por todos los poderes económicos y políticos de la sociedad. En ese sentido, la primera obligación de la prensa es iviglar y controlar la acción del Estado que, como mayor concentración de poder social, puede más fácilmente que nadie aplatar la libertad del ciudadano individual. La prensa dependiente del Estado es algo tan contradictorio como las metralletas de los monjes o las cárceles propiedad de Xirinachs. El estado no puede tener periódicos, tiene que sufrirlos.

Este periódico ha dicho además que el mantenimiento de la llamada prensa del Estado – y conviene no olvidar que aunque ahora se llame así su objetivo y tarea durante cuarenta años fue vender el fascismo y aplaudir la opresión – le cuesta al ciudadnao español doscientos millones de pesetas al mes. En el derroche insondable de la dictadura tres mil millones d pesetas al año eran una insignificante fruslería. Pero ahora no. Si la nueva democracia quiere guardar la mínima conciencia limpia que s necesaria para acbar con el despilfarro del presupuesto nacional, el escándalo de la prensa del Estado tiene que acabar.

Pero este diario no pide que se deje en la calle a nadie. Lo que pide es que la prensa del Estado vuelva a sus legítimos dueños o se regale en cooperativa a sus trabajadores. Pedimos que dejen de cobrar salarios fastuosos jerarcas fantamas, directores que ya fueron, amiguetes de toda laya. Que los trabajadores de verdad que lo que hacen los periódicos, los reciban en donación del Estado y traten de satisfacer al lector. Ya se cuidarán ellos de que no siga el despilfarro, de que no sigan cobrando los de siempre.

Y los diarios que fueron expropiados a los partidos derrotados en la guerra civil, que vuelvan a los partidos que ellos ya se encargarán de que le gusten al lector. El baile de la demagogia y los millones tienen que acabar si queremos que termine el espectáculo grotesco de un país que se aprieta el cinturón mientras los viejos mandarines de la vieja dictadura siguel alimentando a manos llnas sus bolsillos con cargo a los fondos del bolsillo nacional. Y no lo olviden los partidos de izquierdas y los sindicatos de izquierdas que ahora vacilan en este tema de la prensa azul: la existencia de prensa del Estado es absolutamente incompatible con la democracia.

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