23 febrero 2010

La candidatura de John Cobra había sido lanzada desde el portal de Internet Forocoches

John Cobra la lía en la gala de TVE para elegir representante español en Eurovisión: «¡Tocadme la polla, maricones!»

Hechos

El 22.02.2010 se celebró en TVE la gale que designaba al representante de España para el Festival de Eurovisión, siendo elegido D. Daniel Diges.

26 Febrero 2010

El Cobra

Raúl del Pozo

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Los pateos son la sal de los espectáculos y un derecho inalienable del público desde que los mosqueteros montaban el cirio y la zorrera en los teatros de la calle del Príncipe. En la ópera, el derecho al pataleo no ha respetado ni siquiera a la divina Maria Callas, a la que le arrojaban huevos en la Scala de Milán. Los espectadores a veces no se conforman con los silbidos o los insultos y salen del teatro a comprar hortalizas para cerrar la boca de una soprano.

Lorin Maazel, el violín y la batuta del universo, director de la orquesta del Palau de les Arts de Valencia, que cobra 80.000 euros por concierto, tuvo un ataque de furia durante un concierto en Berlín. Corría el año 1972, dirigía Un ballo in maschera, de Verdi, y al final del primer acto el público empezó a protestar («¡buuuuuu, buuuuuu!») porque metía mucho metal en la sinfonía.

Maazel no se echó la mano a los genitales, porque era un judío francés bien educado, aunque saliendo al proscenio dijo a los espectadores: «Señoras y señores, disponen ustedes de cinco minutos para abandonar el teatro, porque yo pienso seguir dirigiendo de igual manera los dos actos que quedan».

Ante tal provocación, los alemanes aplaudieron y el incidente quedó reducido a una mera anécdota.

El escándalo que más me recuerda al de John Cobra, fue el que protagonizó El Cordobés en la corrida del Corpus de Toledo (1969). Toreaban Manuel Benítez, El Viti y Manolo Martínez. Un espectador increpaba al de Palma del Río, porque según él, toreaba borregos, y de pronto Manuel Benítez gateó por las barreras para pegarle al que le gritaba. El que daba la bronca era Pedro Trapote. Tuvieron que separarlos.

El ataque de furia de John Cobra se parece al de El Cordobés, otro robagallinas. Nada que ver con el espectáculo burgués, que definía así Fernando Fernán Gómez: «El teatro son unas señoras».

John Cobra es un chico echado a perder, un forajido como los que vemos en las películas. No sé por qué se alarman, hay cientos de miles así, que se sienten rechazados; no tienen un pase y se tumban en la cloaca por miedo a caerse en ella.

El Cobra incendió la cazuela de la televisión con su sinceridad hip-hop, de hispano y negro en su propio país. Vino del Bronx de la huerta, de los grafittis y del funk del patio, con las zapatillas de lengua fuera.

Con el puchelón del suburbio llegó el escándalo, porque se tocó los huevos en un país rosáceo, de falso buen corazón. Es un personaje de Torrente que hizo máster en Villa Paquita. Reventó la gala, reventará la Red y no es un friki, sino un airado. «No soy violento, me defiendo».