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Durante su etapa al frente de la editora Prensa Española, tuvo que presenciar el fin de su editora y como su periódico, ABC, pasaba a ser propiedad del grupo Vocento

Muere Guillermo Luca de Tena y Brunet, el heredero de la familia Luca de Tena y Anson ajusta cuentas con él

HECHOS

El 7.04.2010 falleció D. Guillermo Luca de Tena y Brunet, ex director de ABC y ex presidente de la desaparecida editora Prensa Española. El 6.05.2010 D. Luis María Anson, escribía un amplio artículo en EL MUNDO sobre el fallecido.

Cuando murió D. Guillermo Luca de Tena y Brunet ocupaba el cargo de ‘presidente de honor’ del grupo Vocento , aunque era sabido que era un cargo más bien honorífico. Don Guillermo ya no ocupaba especial relevancia ni en el periodismo, ni en Vocento, ni en el diario ABC. Lo lógico, no obstante, ante su muerte, es que como patriarca de la familia Luca de Tena se escribieran artículos de elogio unánime por la difícil etapa que le tocó a D. Guillermo: la Transición. Aunque es objetivo que tanto durante su etapa, como en la anterior bajo la tutela de su hermano, D. Torcuato Luca de Tena y Brunet, el diario ABC experimentó una crisis que le puso al borde del cierre.

En el especial de ABC dedicado a D. Guillermo Luca de Tena y Brunet, escribieron todos los ex directores de ABC vivos: D. Ángel Expósito, D. José Luis Cebrián Boné, D. Francisco Giménez Alemán, D. José Antonio Zarzalejos y D. Ignacio Camacho menos uno: D. Luis María Anson.

Las malas relaciones entre el Sr. Anson y D. Guillermo eran lógicas y ambos lo evidenciaron al contactar con ellos La Hemeroteca del Buitre, pero la cosa podía haber quedado así si no fuera porque el diario ABC quiso que constara en acta es ‘ingratitud de Anson’, primero en un recuadro en el ABC y luego en un artículo de de D. Ramón Pérez Maura el 9.04.2010 publicado en ‘La Tercera’ de ABC.

El Sr. Anson, columnista de EL MUNDO desde 2005, esperó un mes para replicar y ahí, a parte de aludir a sus malas relaciones con D. Guillermo explicó por qué no mandó un artículo al ABC:

«El director de ABC, ocupadísimo, no tuvo un minuto para llamarme, tras doce años de ridículo silencio. Alguien del periódico habló con mi secretaría para encargar que escribiera yo un artículo».

09 Abril 2010

EL PARADIGMA DEL EDITOR

Ramón Pérez Maura

La Redacción de ABC a la que yo llegué en 1989, estaba sometida al criterio incuestionable de un director al que sólo podía poner freno su editor.

Llevábamos dos o tres meses en la nueva sede de ABC que nos acoge hasta el día de hoy y que entonces no tenía atribuidas como coordenadas las de Juan Ignacio Luca de Tena nº 7. Era el comienzo del otoño de 1989. El abajo firmante era un becario al que ocasionalmente le correspondía hacer el turno de noche, entonces mucho más poblado que hogaño. Víctor, un ordenanza que repartía el teletipo en papel -era bajo, calvo, obeso, socarrón impenitente- proclamó una madrugada con su ronca voz, no sabría muy bien decir en respuesta a quién: «¡Ésta es la mejor empresa del mundo!». El becario levantó la cabeza del fajo de noticias e inquirió el porqué de la sentencia. «Porque en 31 años -o en 37, o en 39, no lo recuerdo- no han dejado de pagarme mi sueldo puntual una sola vez» (sic). El indocumentado becario pensó que eso era una perogrullez y no le dio más importancia. Mas con el paso del tiempo comprendió que los enhiestos licenciados que llegábamos a esta Casa teníamos demasiado que aprender de los veteranos que habían visto correr la historia de España desde sus muchas ventanas. Y quienes vieron en el final de la década de 1970 cómo ABC estaba abocado al cierre por mor de la ruina económica, quienes contemplaron a un Guillermo Luca de Tena que se había hecho con el timón de la nave cuando otros de su sangre la habían llevado con firmeza a los arrecifes y la habían dejado varada en las olas rompientes, quienes sabían que el Patrón luchaba por pagar la nómina de todos sus empleados cada mes, llegando a hipotecar su propio domicilio con ese fin, quienes fueron testigos de que en aquellos años la única distracción que consintió en el objetivo de salvar ABC fue la de cumplir con el mandato de ser Senador por designación Real en las Cortes Constituyentes, porque como director de ABC y como Senador Real tenía un objetivo del mismo nombre que era el de España, quienes todo ello conocían, sabían que ésta era la mejor empresa en la que se podía trabajar.

Mi temprana vocación periodística vino de una anciana redactora de BLANCO Y NEGRO, íntima amiga de mi abuela Elena Botín: Paulina Botella. Veraneaban juntas y ella me fue descubriendo los rudimentos del periodismo. Contaba, casi avergonzada, cómo el compartir la Misa diaria en los Jesuitas de Serrano con el almirante Carrero Blanco le hizo ser la periodista que dio la noticia del magnicidio del 20 de diciembre de 1973. Y me hablaba con orgullo de su tardía incorporación a la Casa de ABC, donde se jubiló. A su muerte, soltera, en 1991, sus herederos aceptaron gustosos venderme las pocas acciones de Prensa Española que ella tenía. Mas había un problema. Los estatutos de la sociedad, como forma de protegerse frente a los escualos que tan abundantes eran en los primeros años de la década de 1990, impedían comprar acciones de la compañía a quien no fuese ya accionista si no obtenía previamente el consentimiento del Consejo de Administración de la Sociedad. El Patrón, con quien yo nunca había cruzado palabra, me dio el permiso sin pestañear.

Vocación: se nace con ella o no se tiene nunca. Y Guillermo Luca de Tena la tenía de periodista. Estudió Derecho, es cierto. Pero ¡cómo no iba a hacerlo! Me cuento en el número de los que creen que el buen periodista ha de tener la cabeza amueblada por la Universidad. Y en la década de 1940 la opción más lógica para quien tuviera esta vocación de volcar noticias sobre el papel era formarse académicamente en la carrera de Derecho. Quizá la combinación de Derecho y Periodismo que llevaba en las venas como hijo y nieto de periodistas y que completó como padre de periodista hiciera de él el más grande en uno de los más complicados trabajos periodísticos: el de editor.

El editor tiene la dificilísima tarea de escoger a quién confía la dirección de su medio. Y luego tiene que darle libertad para llevar adelante su tarea sin mostrar nunca en público sus desavenencias o discrepancias. Porque el día que las tienes sólo las puedes manifestar de una manera: cambiando de director. Y realizó esa tarea desde firmes valores bien arraigados: su inquebrantable lealtad a la Monarquía, su profundo liberalismo y su fe católica. La Redacción de ABC a la que yo llegué el 17 de julio de 1989, estaba sometida al criterio incuestionable de un director al que sólo podía poner freno su editor. Y en no pocas ocasiones nos costaba entender que no lo hiciera con más frecuencia.

Los miles de empleados de esta Casa que han trabajado con él como consejero delegado, presidente, director y editor saben que jamás vio sin disgusto una muestra de intolerancia en sus páginas, por leve que fuera. Teníamos en él la última referencia moral de quien había apostado todo lo que tenía en esta vida por ABC. Y más tarde de quien se retiró renunciando a percibir una compensación económica de la empresa -a la que tenía derecho. De quien, ya desde los cargos honoríficos, seguía hipotecándose para apostar todo por Vocento, creándose problemas cuando llegaron las vacas flacas nacionales de la hora presente.

Era tal el respeto de Guillermo Luca de Tena como editor, que el día en que murió su Rey del exilio, el hombre que encarnó para él las libertades y el futuro de España durante años, el español por el que lo apostó todo, ese día, el presidente, editor y dueño de ABC cedió la Tercera página de su periódico a su empleado que lo dirigía. El Patrón escribió su artículo al día siguiente. Cuando el martes pasado murió Guillermo Luca de Tena ABC pidió a todos los ex directores del diario vivos una semblanza del difunto. Cuatro de ellos, que dejaron la dirección en condiciones quizá no idóneas, las redactaron con presteza y generosidad -uno de ellos, desdoblándose con el diario del grupo para el que ahora trabaja. El único que se negó fue el que cuando dejó de ser director de ABC -por propia voluntad- recibió del Patrón una generosa indemnización que no le correspondía legalmente, obtuvo la Dirección de ABC Cultural con una más que respetable retribución que sólo le animaba a pasarse por la redacción una vez a la semana -como el propio Guillermo Luca de Tena se vio obligado a relatar en el diario EL MUNDO el 13 de noviembre de 1998- y una silla en el Consejo de Administración de Prensa Española que ocupó en nombre de una sociedad anónima que sin duda había engordado mucho en los tres lustros anteriores.

Cuando mi mujer, Clara Isabel de Bustos, corresponsal de Familia Real en estas páginas, enfermó de cáncer de mama a principios de 1998, un cáncer de próstata le fue detectado también al Patrón. Me llamó él y, cuando intenté mostrarle mi pesar por su diagnóstico, me acalló con desdén, la voz ronca, ese tono de furia cariñosa y mal contenida tan común en él. «Yo ya lo he vivido todo, el futuro sois vosotros». Cinco años más tarde, el día que murió Clara Isabel, el Patrón me dijo en mi casa, ante el féretro: «Ahora te toca a ti cargar con el futuro de ella y el tuyo». Patrón, te juro que mientras tenga un hálito mi futuro será defender el concepto de ABC en el que tú creías.

Ramón Pérez Maura

06 Mayo 2010

GUILLERMO LUCA DE TENA, UN MES DESPUES

Luis María Anson

Guillermo Luca de Tena ordenó que no se volviera a mencionar mi nombre en ABC, hasta el punto de que se ha suprimido incluso de los jurados en los que participo.

En noviembre de 1982, las deudas reales de ABC sobrepasaban los mil millones de pesetas. El periódico perdía anualmente varios cientos de millones. Guillermo Luca de Tena, presidente del consejo de administración de Prensa Española y director de ABC -reunía los dos cargos- con tal de evitar el cierre del periódico, lo que le honra, ofreció gratis la propiedad de la empresa editora a responsables de un grupo político. Su única exigencia era que ABC siguiera saliendo. Al recibir una negativa como respuesta, esa misma oferta se la trasladó a otro grupo. También le dijeron que no. Fue entonces cuando me llamó para ofrecerme la dirección del periódico: «No llegamos a los Cavia -me dijo- y no quiero ser el sepulturero de ABC». Presidía yo la Agencia FE y Carlos Ferrer Salat me había propuesto la dirección de LA NACIÓN, un diario nuevo impulsado por empresarios cercanos a la CEOE. Decidí regresar a ABC, mi periódico de siempre. Cuando dejé el diario, quince años después, sólo las acciones de Guillermo en la empresa editora de ABC valían más de 30.000 millones de pesetas.

En los meses del otoño de 1982, ABC no llegaba a los 120.000 ejemplares de venta media. Le había pasado el DIARIO16 de Pedro J. Ramírez, que llenó Madrid de carteles: «Somos los segundos, los segundos serán los primeros». La Redacción de ABC que tuve la suerte de dirigir, llevó el periódico a 335.000 ejemplares de venta media diaria, la cifra más alta de su historia centenaria.

Tras mi incorporación a ABC, y para resolver la angustiosa situación económica del periódico, Rafael Pérez Escolar y yo realizamos una serie de gestiones. Reproduzco a continuación un párrafo de las Memorias de Rafael Pérez Escolar, publicadas en el año 2005:

«Persistía un inminente peligro a consecuencia de las cargas hipotecarias constituidas a favor de los bancos, especialmente el Español de Crédito y el Central, que amenazaban un día sí y otro también con promover la ejecución. Para buscar la solución a tan grave problema, Luis María, por su lado, y yo, por el mío, nos entrevistamos con los banqueros más relevantes. Él lo hizo con Alfonso Escámez y José Ángel Sánchez Asiaín; yo planteé la cuestión a Pablo Garnica y Emilio Botín. Todos sin excepción mostraron algo más que un explicable recelo sobre la escasa capacidad de Guillermo Luca de Tena como gestor empresarial, por lo que, también sin excepción, propusieron una fórmula que muy probablemente ya habían convenido entre sí: Luis María Anson y yo tomaríamos a nuestro nombre la mayoría del capital social de Prensa Española para desplazar de la empresa a los Luca de Tena y nombrar sin pérdida de tiempo un gerente de nuestra confianza, en cuyo caso los bancos estarían dispuestos a otorgar la financiación que requiriese el relanzamiento del periódico. Nuevamente en El Bodegón, Luis María y yo cambiamos impresiones sobre lo que nos habían dicho los banqueros y al unísono acordamos rechazar la propuesta, aunque sin dar cuenta a Guillermo de lo sucedido, dada la fragilidad de su carácter, para no acentuar la depresión y desconcierto que le aquejaban. Aquella noche, por tanto, se decidió la subsistencia de la familia Luca de Tena en Prensa Española».

Hasta aquí el texto publicado por Pérez Escolar que, con algunos matices, es exacto. Tiempo después tuvimos que repetir la operación para la adquisición de un relevante paquete de acciones en favor de Guillermo Luca de Tena. Los banqueros nos reiteraron lo mismo y, tal vez, no les faltaba razón. Sólo cuatro años después de que Pérez Escolar y yo dejáramos el periódico, Guillermo Luca de Tena volvió a las andadas, se metió en unas deudas inasumibles y se vio obligado a vender ABC al Grupo vasco. Para eludir la fiscalidad voraz, y por consejo de su abogado y notario, se llegó a una fórmula de canje de acciones.

En todo caso, con Guillermo, la familia Luca de Tena, después de cien años, perdió la mayoría de la propiedad de ABC y el control del periódico.

Unos años antes, en pleno resurgimiento de ABC, cuando nos acercábamos ya a las ventas de EL PAÍS, Guillermo decidió que él también sabía vender periódicos y se metió en la insensata aventura de CLARO, a la que me opuse frontalmente, declinando incluso asistir al acto de su presentación. Cuatro meses después, sólo cuatro meses, Guillermo Luca de Tena tuvo que cerrar el nuevo periódico. Se quedó consternado. Se dio cuenta del desprestigio que había caído sobre él. Sabía que en el mundo profesional se subrayaba que Guillermo Luca de Tena había cosechado el mayor fracaso de la historia de la empresa editora de ABC y uno de los mayores fracasos de la historia del periodismo español.

Tras casi quince años de dirigir ABC, tomé la decisión de aceptar una oferta irrechazable de Emilio Azcárraga para presidir Televisa España. Guillermo Luca de Tena me imploró que continuara como presidente del El Cultural y que me incorporara al consejo de administración de Prensa Española, porque «es clave que tu nombre siga ligado a ABC». Consulté, claro, con mi nuevo empresario, Emilio Azcárraga, al que no le hizo la menor gracia la petición, pero aceptó. Guillermo Luca de Tena me pagó la indemnización que me correspondía según la ley de Prensa vigente: 500.000 euros en moneda actual. Tuvo la alta generosidad de firmar un documento por 360.000 euros más para cuando me jubilara en mi nueva empresa, cantidad que todavía no he cobrado. No está de más recordar que durante los quince años que dirigí ABC, con los resultados bien conocidos, no me tomé un día de vacación: ni sábados ni domingos ni fiestas ni en Semana Santa ni en Navidad ni en verano. Mi jornada de trabajo nunca fue inferior a las 14 horas.

Un cáncer de páncreas terminó con la vida de Azcárraga en 1998. Los periodistas que trabajaban conmigo en Televisa me pidieron que fundásemos un diario impreso. Le propuse a Guillermo Luca de Tena que el nuevo periódico lo editara Prensa Española, con las acciones que deseara, del 1% al 100%, que fuera vespertino, que se imprimiera en la maquinaria de ABC. Me contestó con una carta desabrida, que conservo, vaticinándome el fracaso absoluto de la iniciativa. Mi respuesta fue ponerme, como he hecho siempre, al lado de mis compañeros y no al lado del empresario y tres años después de la aparición de LA RAZÓN, el periódico por mí fundado el 5 de noviembre de 1998, Guillermo Luca de Tena, acosado por las deudas, se vio obligado a vender sus acciones de Prensa Española, venta que prefirió resolver con un canje, como he explicado antes.

En el mes de julio de 1998, cuatro meses antes de la aparición de La Razón, Guillermo Luca de Tena traicionó abiertamente mis quince años de servicios como director de ABC y visitó a una serie de financieros para amenazarles con ataques del periódico si me prestaban apoyo o créditos. Uno de los banqueros, que vive, le contestó, por cierto: «Mantendré con Anson la relación de siempre, entre otras razones porque tú le debes a él tu fortuna». Guillermo Luca de Tena ordenó que no se volviera a mencionar mi nombre en ABC, hasta el punto de que se ha suprimido incluso de los jurados en los que participo. Semejante ridiculez motivó un divertido artículo de José Luis García Martín.

Durante doce años he callado todo esto y cien cosas más que podría contar. Pero, a la muerte de Guillermo Luca de Tena, ABC publicó un recuadrito con clara voluntad de denunciar mi «ingratitud», porque yo había declinado escribir un artículo sobre el editor fallecido. Así que, tras dejar pasar un mes, aclaro todo ésto porque, en primer lugar, publiqué el artículo en EL MUNDO, que es el periódico donde colaboro a plena satisfacción; en segundo lugar, porque el director de ABC, ocupadísimo, no tuvo un minuto para llamarme, tras doce años de ridículo silencio. Alguien del periódico habló con mi secretaría para encargar que escribiera yo un artículo. Y lo hice para EL MUNDO, sin hablar de mi relación con Guillermo, sin una reticencia, subrayando sólo las muchas cualidades que tuvo el editor desaparecido. Porque Guillermo fue sólo un discreto periodista y un mediocre empresario, pero se mantuvo siempre leal al Rey y coherente con sus ideas de libertad y democracia, y así lo subrayé yo desde el título de aquel artículo necrológico: «Guillermo Luca de Tena, caballero de la lealtad».

Luis María Anson

06 Mayo 2010

EL NECRÓLOGO IMPERTINENTE

Emilio Campmany

Voy a decir lo que opino de Anson sin esperar a que se muera. Es un discreto director de periódicos, un mediocre periodista y un pésimo escritor.

Este último miércoles, la centralita de LIBERTAD DIGITAL se vio congestionada de llamadas telefónicas de lectores y admiradores de Luis María Anson que deseaban le transmitiéramos sus felicitaciones por el noble artículo publicado en EL MUNDOEn él, el académico nos cuenta cómo él solito salvó al ABC de la torpe gestión de Guillermo Luca de Tena. Nos narra también el excelso escritor cómo salvó al pobre Guillermo de las garras de los banqueros. Y finalmente nos explica cómo ABC tuvo que ser finalmente vendido al mejor postor tras dejar Anson de vigilar al manirroto Luca de Tena.

Y si el hombre se dedica a hablar así de quien le hizo director de ABC ¿dónde está su nobleza? Pues la nobleza está en, como él dice, haber estado callando todo esto y mucho más durante doce años y haber tenido la santa paciencia de esperar a que Guillermo Luca de Tena se muriera y no pudiera contestarle. No sólo, sino también reside en socorrerse de lo que dejó escrito otro fallecido, Rafael Pérez Escolar, que jamás habría suscrito el fondo, la forma ni la oportunidad del artículo, pero que hoy no puede afearle la conducta de extractarle lo que escribió de Guillermo cuando éste estaba vivo precisamente ahora que está muerto.

En defensa de Anson puede decirse que del único que habla bien de verdad es de sí mismo y que, por lo tanto, no cabe esperar de él muchos halagos si se está vivo y no se es poderoso. Mucho menos cabe hacerlo, por tanto, si lo que se está es muerto. Al parecer, tiene motivos para ser así. Según él, no ha habido otro cronista, otro enviado especial, otro director de periódico que pueda igualársele. Hasta tal punto es así que el autor más citado en sus artículos es él mismo. Porque todo lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá ya ha sido advertido por él y no está de más recordar, ya que no lo hace nadie más, que él ya lo había dicho.

Guillermo Luca de Tena era un caballero. Quizá no sea mucho, pero es más de lo que pueden decir otros. Quizá le fuera innato o quizá le obligara su apellido o lo más probable es que fueran las dos cosas a la vez. Su abuelo, Torcuato Luca de Tena, con ese apellido, pudo haber rechazado el marquesado que le ofreció Alfonso XIII con las mismas palabras que Eduardo Miura, diciendo que él con llamarse Torcuato Luca de Tena tenía más que de sobra. Sin embargo, tuvo la humildad de aceptarlo.

El único valor que Anson tiene la caridad de reconocerle al gran señor que fue Guillermo Luca de Tena es el de haber sido leal al Rey, que es cosa que al parecer siempre ha valorado mucho. Francamente, es lo que menos importa de su biografía. Lo relevante es que fue un señor dentro y fuera de la redacción.

Yo, como no soy tan noble como Anson, voy a decir lo que opino de él sin esperar a que se muera. Es un discreto director de periódicos, un mediocre periodista y un pésimo escritor. El que no escriba con faltas de ortografía como quien le acompañó en su ingreso en la Academia tan sólo le hace mejor que Juan Luis Cebrián, que eso y nada es lo mismo. Pero lo que importa es que, como persona, al buen hombre que fue Guillermo Luca de Tena no le llega a la altura del zapato.

Hay más, pero eso queda para otra ocasión.

Emilio Campmany

El Análisis

NOBLEZA OBLIGA

JF Lamata

No voy a entrar en el complejo debate de si a la muerte de una figura relevante los enemigos deben recordar todos sus pleitos con el finado y ser acusados de atacar a quien ya no puede responder, o deben cambiarlo por silencio o elogios y ser acusados de hipócritas.

En lo que se refiere al Sr. Campmany Jr. – y aún sabiendo que su familia tiene motivos para no simpatizar demasiado con el Sr. Anson – llama la atención la fuerte seguridad que debe tener en sus propias capacidades si se atreve a considerar al Sr. Anson un ‘discreto director de periódicos, un mediocre periodista y un pésimo escritor…’, porque los resultados de los proyectos dirigidos por el Sr. Anson son los que son, al margen de la valoración que merezca a cada uno el personaje.

Pero entremos en el terreno de la ‘ingratitud’: si hay algo que nadie le puede negar al Sr. Anson, y es que tras más de 30 años en el periodismo, incluyendo la dirección de la agencia EFE, el diario ABC o el diario LA RAZÓN, un mínimo de cortesía profesional requería que para reclamar que el director de ABC, D. Ángel Expósito, llamara al Sr. Anson personalmente a pedirle el artículo. Pero no, mandó a un emisario a hablar con la secretaria del Sr. Anson y encargarle el artículo. Ningún profesional de trayectoria (se llame D. Luis María Anson, D. Pedro J. Ramírez, D. Federico Jiménez Losantos o D. Javier Pradera) respondería de esa manera. Nobleza obliga, Sr. Expósito.

J. F. Lamata

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