17 marzo 1973
Ajuste de cuentas de los exdirectores despedidos Antonio Fontán (Diario MADRID), Jaime Campmany (ARRIBA) y Juan Pablo Villanueva (NUEVO DIARIO)
Hechos
El 17 de marzo de 1973 la revista ACTUALIDAD ECONÓMICA publica una entrevista a tres exdirectores de periódico.
Lecturas
Actualidad Económica publica amplias entrevistas a tres ex directores de periódico: Jaime Campmany Díez de Revenga (Arriba), Antonio Fontán Pérez (Diario Madrid) y Juan Pablo Villanueva Domínguez (Nuevo Diario). Fontán Pérez explica que se dio de baja de la Asociación de la Prensa de Madrid de Lucio del Álamo Urrutia por actuar en su contra durante el cierre del periódico y Villanueva Domínguez que ganó el juicio que tuvo con Emilio Romero Gómez.
17 Marzo 1973
ANTONIO FONTÁN (EXDIRECTOR DE DIARIO MADRID)
Siempre es una mala tensión recordar malos recuerdos… ¿Pero cuál ha sido la experiencia del Diario MADRID?
La experiencia en parte se cuenta en un libro que ha salido ahora, con un largo prólogo, sobre la historia del MADRID. Es un libro hecho entre Amando de Miguel , Burguera y yo. La experiencia es que ha habido un momento en que desde un periódico se intentó tomar en toda su extensión y con decidida voluntad de ensanchar, dentro de la legalidad, los márgenes a las libertades de expresión y de opinión teóricamente proclamadas por la Ley de Prensa, y que en varios momentos a lo largo de estos años, señaladamente en el año sesenta y ocho y finalmente en el año setenta y uno, se ha comprobado que eran incompatibles con los criterios de las autoridades de prensa sobre la aplicación de la Ley…
Eran aquellos tiempos cuando Fraga gobernaba su pequeño imperio. Cuando Fraga aplicaba la Ley eran otros modos.
En efecto, muy otros…
Y Fraga esgrimió el artículo segundo de la Ley de Prensa, y según unas disposiciones que no recuerdo, se trataba de aclarar a la opinión pública quiénes son los accionistas del periódico. Y esa preocupación le entra al director general de Prensa justamente cuando ha quedado claro, en virtud de una sentencia de la Audiencia de Madrid, que el propietario de la mayoría de más de dos tercios de las acciones del periódico eran del Sr. Calvo Serer. Hasta el momento no estaba claro quién era el propietario. Cuando todo estuvo claro y la opinión ya podía quedar satisfecha en su legítima curiosidad respecto a este asunto, dijeron que podía haber un diez por ciento que no quedaba resuelto y entonces había que cerrar el periódico. Es decir, es un caso o en otro se ha demostrado que era imposible por razones técnicas…
Señor Fontán todo esto – forzar motores hasta que se rompan las máquinas – ¿ha sido necesario hacerlo?
Yo creo que en ese intento había que hacerlo. Merecía la pena hacerlo. En el Diario MADRID se han acreditado prestigios intelectuales y literarios y eso queda ahí… Una hermosa tumba con crisantemos blancos…
De forma que algún día de alguna manera se podrá continuar. Yo estoy seguro de que nunca volveré a ser director del Diario MADRID, o todo lo seguro que uno puede estar del futuro. Pero igual de seguro estoy que lo que el Diario MADRID ha representado y ha intentando hacer en la vida profesional española tendrá continuidad.
¿Será cierto? ¿Será cierto que las ideas no se pueden enterrar?
Nunca se repiten situaciones profesionales y personales históricas, pero la empresa, y al decir la empresa quiero decir la significación, el espíritu más que el contenido, seguirá…
Señor Fontán… ¿Cómo fue ese sentido pésame nacional? Se dice que muchos profesionales prefirieron cerrar los ojos para evitar el espectáculo de negros cortejos.
Bueno…, yo creo que los periódicos de las empresas periodísticas independientes han reaccionado de una manera muy alentadora dentro de las posibilidades que ofrece un funcionamiento de la prensa en el que pasan cosas… en fin, que obligan a una cautela y a una prudencia. En cuanto a los profesionales, en líneas generales creo que bastantes sectores de la Asociación de la Prensa, no solamente entre los jóvenes, han reaccionado bastante, bastante bien…
¿Y respecto a los directivos de la Asociación de la Prensa? ¿Han ofrecido también su regazo material para consuelo de los afligidos?
Yo me di de baja en la Asociación de la Prensa en señal de disconformidad por una nota que publicó la Junta Directiva y que me pareció injusta, arbitraria y ofensiva contra determinadas personas. Y mientras no haya una rectificación o cambie la Junta, no volveré en mi vida a pertenecer. Y, sin embargo, esa misma Junta y el presidente de la Asociación se han portado muy bien con los profesionales del Diario MADRID en el plano de un compañerismo afectivo y de una asistencia efectiva.
Y siempre es consuelo recordar en estos momentos la figura de un Borgia, que ofrecía el más precioso de los venenos en el más precioso de los vinos.
Hay quien dice, también se dice, que aquellos periodistas que han trabajado en el Diario MADRID se encuentran con la frente marcada por la señal del ángel exterminador. ¿Es esto cierto?
Bueno, eso creo que ya no es verdad. Creo que eso viene de una exageración. Ha habido algún tiempo en que quizá se ha podido crear cierta confusión… Ahora, de hecho, todo el mundo está colocado. El subdirector de MADRID es corresponsal de ABC en Bonn; Alberto de Miguel, director de la sección de cultura es corresponsal de LA VANGUARDIA en Rabat. Nieto es corresponsal de otros periódicos y trabaja en LA VANGUARDIA. Ysart está haciendo información diplomática y también colabora en varios periódicos. Creo que se podría enumerar una gran mayoría de profesionales que se han situado bien. Luego está un grupo reducido del periódico, que adoptaron una actitud colectiva de hostilidad directa o indirecta hacia la empresa hacia la propia empresa del MADRID…
¿Y cuál fue su destino?
Estos han sido colocados por el propio Ministerio, han sido apoyados bien desde arriba. También hay que contar, naturalmente, con el hecho de que un sector de la prensa se encontraba frente al MADRID. Pero éstos ya estaban igual en el año sesenta y ocho…
Los representantes del pueblo…
Este grupo siempre ha estado enfrentado por razones políticas, fundamentalmente como ha sido una parte de la prensa del Movimiento y el diario PUEBLO… PUEBLO ha asumido una especie de penoso protagonismo contra el MADRID después de cerrado, más penoso y más vergonzoso que antes, cuando estaba abierto.
Señor Fontán, todo ha pasado ya… a veces resulta difícil imaginar que existió un periódico llamado MADRID… Pero usted ¿qué va a hacer usted?
Bueno, ahora yo no tengo ningún proyecto en este sentido. Escribo algunos artículos que saldrán próximamente, pero en relación con la prensa no tengo ningún interés… ni pienso tenerl, vamos.
En este momento, Antonio Fontán está dedicado por entero a la enseñanza como catedrático en la Universidad Autonómica de Madrid. Y así es el final de esta corrida de toros tan larga y tan corta que empezó aquel 15 de abril de 1967 al filo de la primavera, cuando le nombraron director del Diario MADRID y murió el 25 de noviembre de 1971, un día cualquiera de un viejo otoño.
17 Marzo 1973
JAIME CAMPMANY (EXDIRECTOR DEL DIARIO ARRIBA)
“Si mis hijos quieren ser periodistas que lo sean. Me parece estúpido que al os padres no les guste la misma profesión para sus hijos. Además, creo que no puede haber una profesión más maravillosa en el mundo”…
Rosa María Echeverría – ¿Cuál es la experiencia de un corresponsal en el extranjero?
Jaime Campmany – Realmente es una gran experiencia para un periodista, y creo, además, que en aquellos años te venía muy bien. Te ensanchaba horizontes, te daba una nueva manera de ver las cosas… Aprendías que no solamente nuestras funciones eran las que podían estar vigentes en el mundo. Te ayudaba a contrastar ideas en todos los sentidos. Y los años que pasé de corresponsal en Italia y los muchos viajes que he hecho como enviado especial del periódico y de la agencia Pyresa, del Movimiento, a muchos lugares del mundo, creo que me ha servido mucho para todo… Para un periodista, todo lo que se vea, todo lo que oiga, todo lo que experimente, pues te enriquece, te sirve y te ayuda.
Fue una dorada época que empezó en el año sesenta y terminó seis años más tarde.
Entonces me trajeron de Roma para dirigir la misma agencia de la que era corresponsal, la agencia Pyresa, coincidiendo con la entrada de Fernández Sordo como delegado nacional de la Prensa del Movimiento. Me nombró director de Pyresa, donde estuve cuatro años hasta que me hicieron director de ARRIBA, donde duré bastante menos.
Rosa María Echeverría – Señor Campmany, ¿cómo se ve el mundo detrás de una Agencia del Movimiento?
Yo no tenía ninguna experiencia en este tipo de trabajo, que es muy distinto. Es mucho más ingrato, mucho más anónimo. Es mucho más urgente. No te permite que te detengas a enriquecer la noticia. Es un periodismo mucho más movido. En España, todavía no tenemos experiencia de un periodismo de este tipo. Nos nutrimos mucho de agencias extranjeras, y no tenemos montada una competencia como podría ser la del periodismo norteamericano. Pero, en fin, es un periodismo muy interesante, del cual no tenía experiencia, y me costó trabajo comprenderlo desde el punto de vista de director.
Y ese delgado bigote de Jaime Campmany recuerda en su cara la rúbrica de una firma.
Para mi tuvo muchas satisfacciones, porque casi me fascinó con mayor fuerza que el periodismo de periódico. Seguramente, aquellos fueron los años en que me dediqué más de lleno a la profesión y olvidé mis otras aficiones, más o menos literarias o políticas, incluso el gusto de estar con mi familia. Allí enterré muchas horas.
¿Pero cuándo se hizo cargo de la dirección del periódico?
Fue en el año setenta, y lo dejé en el setenta y uno. La etapa del periódico no fue tan bonita quizá porque era mucho más difícil. Quizá porque un periódico político como es ése lleva consigo una serie de problemas que no son puramente profesionales. Trabajas mucho con la política. Y cuando estás en un momento en que el ambiente político se encuentra bastante confuso, también llega el momento en que uno se confunde, a pesar de la claridad de ideas que puedas tener.
¿Qué se siente, señor Campmany, a la hora de dirigir el mismo periódico en el que uno ha trabajado? ¿Se ve el mundo de distinta forma dentro de un despacho?
A pesar de todo, quedará en mi biografía como un auténtico honor. Siempre recordaré el año en que dirigí este periódico después de treinta años de trabajar en casa, teniendo en cuenta, además que lo fundó una persona cuyo pensamiento, en lo esencial yo seguiré toda mi vida, y que es José Antonio Primo de Rivera.
Y esta es la historia de una pajarita de papel que se empezó a deshacer.
¿Pero qué contribuyó a ese temblor? ¿Cuál fue la causa de ese movimiento?
El periódico político, cuando como en ARRIBA, ha pasado de ser un periódico de un movimiento político, muy en concreto y muy en embrión, muy de minoría como eran las primeras minorías falangistas, hasta pasar a ser un periódico político que encarna un movimiento que quiere ser de todos los españoles, entonces no cabe duda de que políticamente plantea un problema…
En efecto, no cabe la menor duda de que debe de plantear más de un problema.
Algunos te pueden acusar de haber traicionado a sus ideales o, por lo menos, de haber traicionado a esos primeros ideales. Otros, pueden acusarte de todo lo contrario…
Así es la vida…
Para mí fue muy interesante… Mira, fue interesante, fue en cierto modo alegre, aunque también fue doloroso. Yo había llegado como un pobre periodista de provincias al ARRIBA, dispuesto a aprender, y solicitando el último puesto. Y, naturalmente, abría los ojos con admiración cuando veía por el pasillo a personas que me parecían dioses en la profesión. Recuerdo cuando veía pasar a Sánchez Silva o a Rafael García Serrano o cuando oía las anécdotas del maestro D´Ors… Yo no era nada más que un muchacho que vivía obnubilado por los nombres de los colaboradores…
Fue un importante y efímero triunfo, señor Campmany, y ahora… ¿qué?
Ahora me encuentro en una situación profesional más bien de descanso en el periódico INFORMACIONES. Me ofrecieron una colaboración con la completa libertad con la que un colaborador sueña… donde uno puede escribir todo lo que piensa. Los De la Serna me ofrecieron esta posibilidad que yo he compensado en muy poca medida… porque la verdad es que terminé con un poco de cansancio de aquel año tan intenso, y de cierto nerviosísimo, en el periódico. Además, estaban antes los años de Pyresa, que prácticamente la puse en acción después de una gestión muy eficaz… Después, quedé tan cansado que sólo tenía ganas de volver a mi casa y conocer a mis niños, que apenas los conocía, y ya iban haciéndose mayores…
Y algún día, cuando el Sol llene de brillos los campanarios de las iglesias, ¿no volverán las pajaritas como las cigüeñas?
Este año… este año se me ha pasado sin darme casi ni cuenta. Tendré que seguir escribiendo algunos artículos, porque no tengo más remedio que ganarme la vida con la profesión. Y ya es muy tarde. Y tampoco me gustaría tener que ganarme la vida con otra. De modo que… supongo que me moriré siendo periodista.
Bueno, a su lado habrá una pequeña tumba de pájaro con una cruz de papel…
Volveré… creo que volveré a escribir con cierta frecuencia. La verdad es que este es un momento difícil, al menos para mí. Difícil, porque en los momentos en que empecé a escribir con cierto éxito, cuando empezó la pajarita… era un momento en que la política iba por caminos de esperanza aperturista. Se trataba de crear una estructura más válida para el futuro…
¿Y por qué se cortaron los caminos?
Porque en estos bandazos, en estos movimientos pendulares que indefectiblemente tiene toda política, llega un momento en que el péndulo se va al lado del hermetismo, y de la cautela, y de la prudencia…, cosa que normalmente pasa en todos los países y en todas las historias. Pero cuando eso llega, lo honesto y lo prudente, creo que es que nos reiteremos un poco y esperemos a que las cosas sean oportunas y vuelvan a coincidir con nuestra mentalidad… No como otras personas que lo que hacen es ir adaptando progresivamente a su mentalidad a los tiempos que corren, sin plantear absolutamente ningún problema de conciencia… Y, por favor, no quiero acusar a nadie, ni mucho menos a nadie que hace algún tiempo ha tenido una polémica conmigo. Lo digo exclusivamente en líneas generales, por los momentos como explicación a mi postura… no como censura.
Y habla tan bajo Jaime Campmany que parece que habla consigo mismo.
¿Cómo fue aquella época cuando el periodismo era menos periodismo y estaba sometido a censura previa?
Yo no he conocido verdadero periodismo hasta la Ley de Prensa. He vivido cuando la censura contribuía de una manera inevitable a descargar todas sus responsabilidades profesionales en el censor de turno…
Triste carga…
Te incita a la tranquilidad, a la falta de trabajo, a la falta de sistema, a la falta de rigor… Tú trasvasas todas esas responsabilidades al censor, y allá ellos… Y el censor, como no es Dios, a menudo se equivoca… Se equivoca más aún que el profesional, porque está obligado a obedecer unas leyes o unas normas, o unas consignas con criterios administrativos, y no con criterios puramente profesionales. Esto origina toda una serie de anécdotas graciosas sobre la censura. Recuerdo que una vez se prohibió hablar del hongo, porque era un procedimiento ridículo para eliminar el cáncer, y el pobre don Nicolás González Ruiz, en un artículo explicaba que un hombre iba por la calle con sombrero hongo, palabra que era tachada rápidamente por el censor…
Verdaderamente era un canto a su probidad y eficacia…
Pero lo que es importante es que, de alguna manera, estas son situaciones que incitan al periodista a liberarse. Por eso, la Ley de Prensa supuso la toma de conciencia responsable del periodismo. Este es el momento en que empezó a nacer la profesión de una manera más seria de lo que había sido antes de la Ley de Guerra del treinta y ocho, en que el periodismo no estaba formado como profesión. En el periodismo de aquella época pululaban una serie de seres que algo tenían que ver con el periodismo, pero que tampoco transformaban la profesión en consciente y seria. Todos aquellos intentos de legalizar la profesión, de darle una escuela, unos estudios, una reglamentación laboral… todo aquello cuajó después en la ley de Prensa e influyó en el verdadero nacimiento de la profesión.
En esta conquista – relativa, relativa – de la libertad… La Ley de Prensa, ¿Fue un paso demasiado corto o demasiado largo?
Creo que fue un paso demasiado importante para la prensa, porque al mismo tiempo creo que debían haber nacido y en cambio no lo hicieron, otras leyes que supusieran la misma apertura en otros campos de la actividad española, muy particularmente en el campo de las funciones políticas. Y como la Ley de Prensa fue de las primeras, a nosotros nos cargaron toda la responsabilidad de la discusión, de la polémica y de la lucha política, inevitable en todo país con un poco de libertad, de forma que se expresen las opiniones. Entonces a los periodistas no cargaron esa responsabilidad excesiva, porque la vida política ya tiene unos cauces y unas instituciones donde desembocar.
Es decir… ¿se convirtió ese ingenuo corazón del periodista en generador de toda clase de descargas políticas?
En realidad, no tendría que convertirse cada periódico en un club ideológico que es visible exclusivamente por quienes leen ese periódico. De cualquier manera, me parece que a este nuevo régimen de libertad en la prensa se tiene que acostumbrar tanto la empresa periodística como la propia sociedad.
17 Marzo 1973
JUAN PABLO VILLANUEVA (EXDIRECTOR DE NUEVO DIARIO Y EXREDACTOR DE EL ALCÁZAR)
Cuando yo empecé periodismo nunca pensé que el régimen de censura era aquello que te decían en la Escuela. Pero cuando te pones a hacer periodismo con una Ley sobre censura dictada en un tiempo excepcional, en un tiempo de guerra, como era la Ley del treinta y ocho, con censura previa de todos los textos, el periodismo se reduce a una cosa abusrrida, anodina, tan dirigida, tan controlada, tal filtrada… Hasta que llegó Fraga al Ministerio de Información y Turismo.
Y con él llegó el escándalo.
Empezó la etapa previa a la Ley de Prensa y la censura a hacer sus pinitos. Entonces comenzaban a publicarse artículos francamentes críticos, aun aprobados por la censura. Se trataba de crear una especie de clima sobre lo que ocurriría si no hubiera censura y demostrar poco a poco que no ocurría nada, para evitar que luego la Ley fuera una especie de bomba atómica.
Sin embargo es el momento en que empiezan a estallar pequeñas granadas.
Sí… a mí me ocurrió un incidente muy desagradable con un artículo que publiqué en EL ALCÁZAR. No era un artículo mal intencionado. Pienso que era un artículo hasta ingenuo, porque yo era muy joven y no sabía, digamos, hasta que punto está encastillada en posturas ideológicas. Y trataba, bueno… es lo que después ha sido la gran polémica entre la tecnocracia y la política. Entonces yo hablaba de la política y de la poesía, y se me echaron encima todos los poetas del país…
Un duro golpe
Se armó tal polvareda que tuve que estar quince días en un pueblo de la provincia de Salamanca escondido porque me querían dar una paliza. Y mientras se ocultaba el planeta aprovechando el plenilubio, los poetas resucitaban antiguos fuegos fatuos para purificar ciertas conciencias.
(…)
En los países en que ha existido siempre libertad de prensa, los puestos de responsabilidad se encuentran en manos de gente con mucha experiencia. Ahora bien, pienso en nuestro país, en profesionales que rondan los cincuenta años. Existen algunas personas destacadísimas, pero destacan por aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Pero si no hubiera ciegos serían personas normales y probabelmente habría mucho más para elegir.
Pero cómo empezó. ¿Cuál fue la órbita de Juan Pablo Villanueva?
Bueno, empecé a trabajar en Madrid en GACETA UNIVERSITARIA. Fundamentalemtne fueron dos años en que me dediqué casi por completo a estudiar y a leer. También colaboraba en publicaciones extranjeras. Era en octubre del sesenta y tres y en EL ALCÁZAR me aceptaron una sección semanal de información universitaria, donde dejaban decir bastantes cosas a pesar de que existía la censura. Vamos, me acuerdo de una polémica bastante sonora con Martín Villa, que entonces era el jefe del SEU. Fue muy interesante, pero al cabo de tres meses lo dejé.
¿Presiones políticas?
Presiones económicas… No me pagaban y un día ya les dije… “Bueno, señores o me pagan o me marcho”. Y como no encontré una respuesta clara al asunto, me marché. Entonces el director era Irazazábal y Luis Apostua el redactor-jefe.
Y así comienza esta aventura que empezó en el empeño de buscar una página y terminó en el desempeño de dirigir un periódico.
Cuando nombraron a José Luis Cebrián director de EL ALCÁZAR, a la hora de fichar a nueva gente se acordó de mí. El periódico entonces era muy populachero, no decía nada y Cebrián por lo visto trató de que empezara a tener opinión y me preguntó si quería trabajar en un equipo de editoriales. Me dijo que iba aensayar con editoriales muy cortitos para que la gente empezara a leerlos poco a poco. Recuerdo que un día Apostua me dijo “Oye, chaval, escríbeme un editorial de cuartilla y media”. Escribí entonces mi primer editorial que se llamaba “Sí a las regiones”. Al día siguiente lo publicó el ABC íntegro.
Se montó un comité editorial y nombraron director a Cerezales, que era el subdirector y a mí, secretario. Estaban también Guillamón, Alberto Minguez, Mariano del Mazo y yo. Nos pusieron juntos en un despacho y aquello funcionaba muy bien. Luego pasamos al Edificio Azul y el periódico pegó una estampida terrible hacia arriba. Más o menos estaba ya encargado de la opinión y era una opinión que empezaba a pesar, porque la difusión del periódico era mucho más grande y todo lo que se decía tenía eco.
¿Empezaba a resultar ya una de esas opiniones molestas?
Pero Cebrián era muy celoso de separar la información de la opinión, lo cual me parece un gran criterio, lo separó.
A mí me nombraron director de información nacional. Al poco tiempo coincidieron las elecciones sindicales. Entonces hicimos un despliegue informativo. Recorrimos Asturias, Guipuzcoa, Cataluña, Andalucía. No digo que lo cubriéramos maravillosamente pero en comparación con lo que se estaba haciendo se trataba de una ruptura absoluta con el resto de la información. Era la primera experiencia de unas elecciones más o menos libres con una prensa más o menos libre. Lo aprovechamos al máximo y tuvo un gran éxito. Desde el punto de vista profesional, yo quedé muy contento.
Fue el momento de las grandes polémicas, ¿no?
Sí… tuvimos grandes polémicas con PUEBLO sobre los sindicatos. Fueron bastante fuertes y yo pienso que esto contribuyó a un cambio de mentalidad sobre la Organización Sindical. No digo que fuese el único factor, pero es evidente que esta presión contribuyó a poner de manifiesto la necesidad de una nueva Ley Sindical.
¿A qué se puede atribuir aquel éxito absolutamente arrollador de EL ALCÁZAR?
El éxito del periódico yo creo que fue el conseguir una fórmula mixta entre la parte amena y la parte seria. Entonces estuve cuatro meses en el campo haciendo la mili y el resot me quedé en Madrid trabajando al mismo tiempo en el periódico… Fue una época agotadora, sin dormir apenas. Y al salir NUEVO DIARIO, Cebrián me pidió como jefe de opinión. No participé para nada en los preparativos y seguí en EL ALCÁZAR justo hasta el día anterior a la salida de NUEVO DIARIO. A los cuatro meses me nombraron subdirector. Por entonces también tuve una oferta de Rafael Calvo Serer para ir de director al MADRID.
¿Sí? Se ve que los hados te persiguen…
Fue cuando dejó el periódico Miner Otamendi, porque casi le dio un soponcio con aquellos editoriales de página entera con una fuerte carga crítica. Era una situación previa de la Ley Orgánica y estaban tratando de influir en su formulación y en su interpretación posterior. Me lo pensé… Hablé con Cebrián, pero me aconsejó que no aceptase, porque a él le iban a nombrar director general de la empresa y yo podría ser director de NUEVO DIARIO. Estuve de director en funciones ocho meses, hasta que en la empresa hubo un cambio de consejero delegado y se empezaron a preocupar porque EL ALCÄZAR había llegado a tiradas cumbres de doscientos mil ejemplares y había bajado un poco.
Eran esos momentos, cuando el muerto recién resucitado estaba a punto de volver a morir otra vez.
Le ofrecieron a Cebrián volver a EL ALCÁZAR. Y el mismo día que llegó fue cuando ocurrió la suspensión del periódico. Fueron unos días absolutamente trágicos para la empresa, para la profesión periodística, para los amigos y compañeros con los que había trabajado mucho…
Y así empezó la gran oscuridad. Ya no quedaba nada claro.
EL NUEVO DIARIO siguió adelante, aunque ya estaba amenazado de muerte política y económicamente, porque la fuente de ingresos de la empresa correspondía a EL ALCÁZAR, es decir… la empresa había hecho una gran inversión para llegar a una rentabilidad. Y cuando empezó a ganar dinero es cuando apareció NUEVO DIARIO.
Y en ese gran juego de ajedrez que se juega en las alturas alguien consiguió un perfecto jaque mate.
Y cosas de la vida… El Tribunal Supremo dictó el fallo a favor de PESA, pero el planeta se situó ya de pleno en la órbita política y le cubrió ya la negra noche para siempre.
NUEVO DIARIO cambió de empresa. Prensa y Ediciones se vio obligada a venderlo. Naturalmente al entrar la nueva empresa, el primero en salir fui yo. Además hicieron una lista con las personas que deberían salir y las que quedaban. Yo traté por todos los medios de reducir esa lista y evité un gesto de solidaridad que hubiera sido bastante fácil de conseguir.
En ese momento ¿cuántas personas dejaron el periódico?
En un mes se fueron del periódico veintidós personas. Algunos se solidarizaron conmigo, otros estaban en la lista y unos cuantos se marcharon inmediatamente al ver el ritmo que tomaban las cosas.
Me ofrecieron muchos trabajos. Jaime Campmany me oreció trabajar en el ARRIBA. Nunca consideré esta oferta, pero en aquellos momentos agradecí enormemente una mano de aliento. También me ofrecieron trabajo en EUROPA PRESS, pero la oferta más interesante la hizo Alejandro Armesto para trabajar en EFE. La gente me decía: “Ahí no vas a durar quince días”, pero me propuse permanecer por lo menos un año. Después estuve quince meses.
¿Y aquel asunto con Emilio Romero? ¿Cómo terminó?
Se querelló contra mí por un editorial publicado en NUEVO DIARIO titulado ‘De Risa’, en contestación a uno suyo titulado ‘En Serio’. Yo decía que Emilio Romero no era quién para dar lecciones de moral, lo cual le molestó como si le estuviera llamando inmoral… No es mi estilo insultar. El juez así lo entendió y medio la razón.