15 abril 1924

Despertar de la crónica de sucesos en España

El Crimen del ‘Expreso de Andalucía’ en Córdoba se convierte en el caso que más expectación despierta en los tribunales españoles

Hechos

El 15.04.1925 la prensa informó del ‘Crímen del Expreso’ en Córdoba.

Lecturas

En lo que a eventos sociales se refiere, la prensa dedicará varias portadas al crimen de El expreso de Andalucía, en Córdoba, “Espantoso Crimen” publica el ABC el día 15 de abril de 1924 cuando los dos cadáveres de los oficiales don Santos Lozano y don Ángel de Ors fueron encontrados en el coche de correos tras el robo. Habían sido asesinados por unos ladrones que conocían la cantidad de dinero que transportaba aquel transporte y planearon el robo que incluía asesinar a los guardianes que lo custodiaban.

AntonioTeruel  Antonio Teruel, uno de los asesinos, se suicidó al verse sitiado por la policía dejando las pistas para que la policía pudiese dar con el resto de la banda.

Detenidos los culpables (Navarrete, Sánchez Molina, Piqueras y Donday) su Consejo de Guerra se convierte en el juicio más seguido hasta el momento.

Las propias crónicas recogen que la atención que despertó en la población el juicio por aquella trama:

El proceso seguido contra el capitán Sáchez y su hija, el crimen de D. Nilo, los atentados de Sancho Alegre y Mateo Morral, el asesinato del señor Pastor por su criada, Cecilia Aznar y, más recientes, el envenenamiento de la Mancisidor, la tragedia del paseo de Rosales, el parricidio repugnante de los altos de Maudes y el asesinato del infortunado don Eduardo Dato… ninguno de estos sangrientos sucesos logró, sin embargo, conmover de tan intenso modo al público ni produjo ninguno de ellos expectación tan grande.(ABC)

Los criminales serían condenados a muerte y – de acuerdo a las leyes de la época – ejecutados mediante el temible garrote vil.

El Análisis

El Expreso de Andalucía: crimen, justicia y la España que mira horrorizada

JF Lamata

Apenas despuntaba la madrugada del 21 de abril de 1924 cuando el Expreso de Andalucía, procedente de Madrid, se vio sacudido por un suceso que, en cuestión de días, conmocionaría a toda España: el brutal asesinato de un viajante, Rafael Sánchez Molina, en su compartimento del tren. Lo que a primera vista pareció un simple robo pronto se reveló como una compleja operación criminal perpetrada por una banda organizada, con escalofriante premeditación. Este crimen, cometido en la noche cerrada y a bordo de uno de los símbolos del progreso moderno —el ferrocarril— no solo provocó estupor en la opinión pública, sino que se convirtió en el primer gran caso de crónica negra nacional, seguido con avidez por la prensa de Madrid, Sevilla, Barcelona y más allá.

Aunque no era la primera vez que un crimen horrendo acaparaba titulares —baste recordar el caso Mancisidor, el de Cecilia Aznar o el misterioso envenenamiento del médico don Cirilo— ninguno de ellos desató el fervor mediático ni la ansiedad ciudadana como lo hizo este asesinato ferroviario. Quizá por su modernidad: un crimen en pleno tren expreso, en marcha, contra un viajero indefenso. El caso impulsó a la Dirección General de Seguridad y al Gobierno de Primo de Rivera a presentar este proceso como un ejemplo de eficacia policial y judicial. Pronto se identificaron a los culpables: los hermanos Izquierdo y el feriante Ramón Madueño, quienes formaban parte de una banda que no era ajena al crimen violento. La detención fue rápida, y el proceso judicial aún más. Uno de ellos se suicidó en prisión; los otros fueron ejecutados poco después, ajusticiados como ejemplo.

Este crimen marca un antes y un después. Primero, en la forma en que la prensa y la sociedad se enfrentan al horror: la crónica de sucesos ha entrado de lleno en la conversación nacional, entre editoriales, cafés y tertulias. Segundo, en cómo el Estado aprovecha esta conmoción pública para reivindicar el orden, la justicia rápida y el castigo ejemplar, en un momento en que el régimen militar necesita legitimarse. Y tercero, en cómo la violencia del crimen no solo revela los peligros del bandolerismo moderno, sino también el morbo y la fascinación de una sociedad que empieza a mirar los crímenes como espectáculo, con interés casi literario. El Expreso de Andalucía ya no es solo una línea ferroviaria: es el símbolo de una España que ha despertado al siglo XX con horror, plomo y tinta.

J. F. Lamata