26 febrero 1995

Amusátegui está harto de las píldoras de la emisora de Jesús Gasulla

El Banco Central Hispano prohíbe por vía judicial a RADIO INTERECONOMÍA ‘mencionarle’ tras la campaña contra ellos

Hechos

  • El 6.02.1995 la revista ÉPOCA se hizo eco del pleito entre Radio Interconomía y el Banco BCH.
  • El 4.03.1995 el diario LA VANGUARDIA informó de la prohibición judicial a Radio Intereconomía de citar al Banco BCH.

Lecturas

A comienzos de 1995, la pequeña Radio Intereconomía, especializada en información económica y financiera, decidió enfrentarse abiertamente a una de las mayores entidades bancarias españolas: el Banco Central Hispano, presidido por José María Amusátegui de la Cierva. La emisora pertenecía al empresario Jesús Manuel Gasulla del Pilar y estaba dirigida por Luis Vicente Muñoz Fernández. Por iniciativa fundamentalmente de Gasulla comenzó a emitir unas breves cuñas, conocidas como «Las píldoras de Intereconomía» o «El muro de la verdad», locutadas por Fernando Acaso Bellón, en las que se lanzaban durísimas acusaciones contra determinadas entidades financieras y, muy especialmente, contra el BCH.

Las píldoras apenas necesitaban treinta segundos. «¿Cuándo, señores del Banco de España, van a intervenir ustedes al Banco Central Hispano?», preguntaba una de ellas. «Sabemos que está en quiebra técnica, porque sus recursos no responden a su realidad. Es una pregunta que hacemos en voz alta porque en privado no han querido atendernos». Para una entidad cotizada, cuya actividad depende en buena medida de la confianza de depositantes, inversores y mercados, escuchar repetidamente por radio que se encontraba supuestamente en «quiebra técnica» constituía algo bastante más serio que una crítica editorial. El BCH reaccionó llevando a Radio Intereconomía ante los tribunales.

La ofensiva judicial produjo entonces una de las situaciones más insólitas de la radio económica española. El 16 de enero de 1995, el Juzgado de Primera Instancia número 10 bis de Madrid adoptó medidas cautelares que ordenaban el secuestro de las denominadas píldoras y prohibían a la emisora emitir mensajes o alusiones referentes al Banco Central Hispano mientras se resolvía el litigio. La medida alcanzaba tal amplitud que Radio Intereconomía comenzó a utilizar una fórmula irónica cuando las cotizaciones bursátiles obligaban a referirse inevitablemente al BCH: «el banco del que no podemos hablar». Lo que había comenzado como una batalla sobre la veracidad o falsedad de unas acusaciones financieras se convertía así también en una controversia sobre libertad de expresión, información económica y censura previa.

El conflicto continuó durante febrero y marzo. El BCH emprendió acciones por competencia desleal, protección del honor y daños y perjuicios, mientras Intereconomía defendía que estaba ejerciendo su derecho a informar y a formular preguntas sobre la verdadera situación patrimonial de una entidad financiera. El 14 de marzo de 1995, el juzgado decidió mantener las medidas cautelares. Pero entonces ocurrió algo que terminaría proporcionando al episodio su desenlace más llamativo: antes de que los tribunales resolvieran definitivamente quién tenía razón sobre el fondo de aquellas acusaciones, Radio Intereconomía cambió de propietario.

El 16 de marzo de 1995 se cerró la venta de la emisora al Grupo Zeta de Antonio Asensio Pizarro. La operación se producía apenas unos días antes de la junta general de accionistas del BCH y ponía prácticamente punto final a la guerra radiofónica. Gasulla abandonaba la propiedad; desaparecían las píldoras y el Banco Central Hispano dejaba de tener enfrente a aquella pequeña pero extraordinariamente incómoda emisora que durante semanas había cuestionado públicamente su solvencia.

El pleito quedaba eclipsado por el acuerdo empresarial.

Y precisamente por eso quedó flotando una pregunta que nunca llegaría a desaparecer del todo: ¿había perdido Gasulla su guerra contra el Banco Central Hispano o acababa de hacer el negocio que esperaba hacer desde el principio?

06 Febrero 1995

LAS PÍLDORAS DE INTERECONOMÍA SACUDEN MADRID

Jesús Cacho

Leer

El mundo bancario anda conmocionado y revuelto por culpa de dos medios de comunicación que han decidido tirar por la calle de en medio llamando a las cosas por su nombre. Se trata de uno escrito, la revista quincenal BANCA15, que dirige Ángel Gómez Escorial, y otro radiofónico, la emisora INTERECONOMÍA, antigua RADIO INTERCONTINENTAL, propiedad de la familia Serrano Suñer y cuya licencia pose ahora Jesús Gasulla.

El pollo estalló cuando, semanas atrás, INTERECONOMÍA, decidió incluir unas ‘píldoras’, unas cuñas que emitía 17 veces al día, poniendo de chupa de dómine al Banco Central Hispano y a su presidente, José María Amusátegui. De aquél, las píldoras de Gasulla cuestionaban su capacidad para superar la crisis provocada por la fusión y otras desventuras, y de éste su idoneidad para dirigir tan hercúlea tarea.

La aparición de las píldoras produjo un verdadero shock en los medios financieros y bancarios madrileños. En el BCH el asunto no se echó precisamente a humo de pajas. Muy al contrario, Amusátegui estableció un comité de crisis encargado de seguir el problema, vigilar la salida de depósitos (al parecer significativa), y ver posibles vías para neutralizar el virus.

A Gasulla y a través de su abogado, García Trevijanoo, primero, y después de los populares Encarna Sánchez y José María García, de quienes aquél había sido comercializador, comenzaron a lloverle llamadas y ofertas a la negociación y la concordia por parte de BCH. La versión del banco asegura entre líneas que el lío tiene su raíz en el despecho del gestor de la radio a quien la entidad había negado un ‘crédito’ de 50 millones para instalar la emisora. ‘Esas cosas hay que demostrarlas’, asegura el propio Gasulla, ‘he tenido 1.200 millones en una cuenta al a vista en el BCH y no he necesitado sus créditos para montar la emisora’. Luego comenzaron a llegar las ofertas de compra. ‘Sobre nosotros han caído más de una docena de hampones dispuestos a quedarse con la emisora y cerrarla por el dinero del BCH”. Por los mentideros ha circulado la cifra de 400 millones de pesetas, a la que Gasulla habría respondido pidiendo 1.000 millones. “Eso tampoco es cierto: la oferta mínima que me han hecho era de 550 millones, y algunos intermediarios llegaron a ofrecer 2.000… Hubo un momento en que estuve a punto de abandonar, tantas eran las presiones, pero cuando vi que las intenciones de los negociadores eran las de cerrar la emisora, di marcha atrás y me negué”.

El lunes 9 de enero, una jueza de Madrid ordenó la suspensión cautelar de los pildorazos de INTERECONOMÍA, medida que concede al banco un plazo de 8 días hábiles para presentar la correspondiente demanda. ‘Voy a defender esto con uñas y dientes’, asegura Gasulla. ‘Lo que pasa es que no soy un suicida, y sé que he montado un cristo del que puedo salir sin un duro’.

El BCH, por su parte, sostiene que lo que hace INTERECONOMÍA es ‘terrorismo informativo’, algo difícilmente imaginable en otro país europeo que no sea España. Entre los grandes bancos se han cruzado consultas para acabar con unas píldoras que iban a tenerse que tragar casi todos, uno detrás de otros.

Jesús Cacho

El Análisis

EL PRECIO DE UNA RADIO MOLESTA

JF Lamata

Los bancos españoles están acostumbrados a recibir un trato bastante mejor de los medios de comunicación que el que Radio Intereconomía acaba de dispensar al Banco Central Hispano. No hace falta imaginar conspiraciones para comprender la razón. Los grandes grupos periodísticos necesitan financiación, refinancian créditos, negocian pólizas y llaman periódicamente a las puertas de los mismos bancos sobre los que después deben informar. Una entidad como el BCH está acostumbrada a que un periódico pueda criticar alguna de sus operaciones; bastante menos a escuchar cada media hora una voz que pregunta al Banco de España cuándo piensa intervenirlo porque supuestamente se encuentra en «quiebra técnica». Puede discutirse si semejante afirmación era información, opinión, temeridad o una acusación que debía demostrarse. Lo más preocupante de la reacción del banco es otra cosa: pretender que la solución consistiera en conseguir judicialmente que Radio Intereconomía ni siquiera pudiera hablar del Banco Central Hispano, hasta obligar a una emisora especializada en Bolsa a referirse a una de las principales entidades cotizadas como «el banco del que no podemos hablar». Un banco tiene exactamente el mismo derecho que cualquier ciudadano a defender su honor ante una acusación falsa. No debería tener, por ser banco, derecho a desaparecer temporalmente del vocabulario de una emisora.

Pero tampoco conviene convertir automáticamente a Jesús Manuel Gasulla del Pilar en un heroico David enfrentado desinteresadamente al Goliat financiero. Existe una interpretación bastante menos romántica de esta historia. Una radio pequeña puede valer una determinada cantidad; una radio pequeña capaz de causar diariamente un problema enorme a un banco puede valer mucho más. Si se ataca con suficiente intensidad a una entidad poderosa, llegará un momento en que eliminar el problema tendrá un precio. Y si la forma de eliminarlo consiste finalmente en facilitar que otro empresario compre la emisora, su propietario puede transformar una cruzada periodística en una magnífica operación empresarial. No hay prueba suficiente para afirmar que Gasulla diseñara desde el principio las «píldoras» con semejante propósito. Pero el desenlace permite legítimamente formular la pregunta: después de semanas presentándose como el hombre dispuesto a contar aquello que nadie se atrevía a contar sobre el BCH, Gasulla vendió la radio, cobró y se marchó; las píldoras desaparecieron y el banco dejó de ser atacado. Tal vez fuera una feliz coincidencia para todos. O tal vez el verdadero negocio de una radio incómoda no consistiera en tener muchos oyentes, sino en conseguir que alguien estuviera dispuesto a pagar mucho dinero para que dejara de ser incómoda.

J. F. Lamata