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Es el tercer español en lograr el galardón tras Jacinto Benavente y Juan Ramón Jiménez

El escritor español Vicente Aleixandre obtiene el Premio Nobel de Literatura, siendo el segundo en lograrlo

HECHOS

Vicente Pío Marcelino Cirilo Aleixandre y Merlo fue galardonado con el premio Novel de Literatura en 1976.

12 Octubre 1977

No sólo de pan

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

La concesión del Premio Nobel a Vicente Aleixandre debería ser un simple acontecimiento literario. Pero lo cierto es que ni los criterios que guían a la Academia Sueca se hallan totalmente alejados de la política, ni la vida cultural de un país se encuentra al margen de la acción del Estado.Los otorgantes del Nobel de Literatura han mostrado en general gran cuidado en evitar que regímenes políticos represivos puedan utilizar la distinción concedida a uno de sus súbditos para maquillar su deteriorada imagen. En el caso de la Unión Soviética, el premio al oficialista Sholojov fue ampliamente contrarrestado por el otorgamiento de la misma distinción literaria a Pasternak y Soljenitsin, dos conocidos disidentes, al igual que Sajarov, Nobel de la Paz en 1975. Y el sempiterno e injusto postergamiento de Jorge Luis Borges puede ser parcialmente explicado por la identificación de ese gran escritor con las dictaduras militares de su país y de todo el continente.

En cualquier caso, y en lo que se refiere a España, lo cierto es que el Premio Nobel de Literatura ha recaído, en la época más reciente, en dos grandes poetas del exilio: Juan Ramón Jiménez, que falleció en él exilio exterior, y Vicente Aleixandre, que ha vivido cuarenta años de exilio interior. No podía ocurrir de otra manera.

Durante el franquismo, la actitud de la Administración hacia la cultura fue impedir su crecimiento a través de la censura y utilizar el presupuesto nacional y los medios de comunicación estatal para promover mediocres valores y horterizar al país entero. Dejando a un lado los estragos producidos en la Universidad, el pensamiento, las letras, el cine, el teatro y las artes sobrevivieron y se desarrollaron a pesar del Estado. Mientras la censura prohibía libros de Jorge Guillén, Rafael Alberti y León Felipe, la España oficial pedía el Nobel para José María Pemán. El faraónico esperpento del Valle de los Caídos tenía como correlato natural el rechazo por el alcalde Arias Navarro de la escultura que Eduardo Chillida había regalado al pueblo de Madrid-. La lucha contra la administración cinematográfica del director Saura y el productor Querejeta, que han conseguido premios en los más importantes festivales internacionales, puede ser mejor comprendida al recordar que varias películas de Luis Buñuel han estado durante largos años prohibidas.

No sólo de pan vive el hombre; y no sólo de política se alimenta una comunidad humana. La cultura nace en la sociedad y revierte a ella. En este sentido, hay que ponerse en guardia contra cualquier forma, aunque sea encubierta, de dirigismo estatal. Por lo pronto, al Estado hay que exigirle que no invada el ámbito de la libre expresión, pero que la proteja de los bárbaros que incendian librerías o dinamitan periódicos y revistas. De manera activa, la Administración debe promover nuestra cultura en el exterior, tanto a través del fomento a la exportación de nuestros libros y publicaciones como mediante la difusión, sin distinción de ideologías, de nuestros escritores y artistas. Dentro de nuestras fronteras, quedan fuera de la dinámica del mercado y de las posibilidades de la empresa privada tareas tan importantes como la multiplicación y dotación de bibliotecas, la protección de grupos experimentales teatrales, musicales y cinematográficos, o la creación de una gran editorial universitaria.

Para esas tareas el Ministerio de Cultura necesita encontrar su ámbito propio de actuación, que en los actuales momentos tropieza necesariamente con las competencias de otros departamentos: Asuntos Exteriores en la promoción de la cultura, Comercio en la exportación de libros, Educación en el campo de la enseñanza, Gobernación en las relaciones con la Administración local, etcétera. Y necesita también, como es lógico, disponer de los fondos necesarios para llevar adelante sus proyectos, de los que habría que excluir la RTVE, financiada en los grandes países europeos por tributaciones específicas. Ciertamente, no está el horno del gasto público para bollos; pero si el propósito de la reforma fiscal es favorecer una redistribución másjusta de la riqueza, algo habrá que hacer para suministrar a los ciudadanos españoles esos bienes de cultura que el franquismo suprimió de la dieta nacional. No basta con que los ministros citen a los poetas; su deber es que todos los españoles tengan acceso a su lectura. En Francia, el Ministerio de Cultura (que también se ocupa de la juventud y los deportes) dispuso en 1976 del 1,25% de la suma total de los Presupuestos del Estado y de la Seguridad Social; y las otras dos naciones comunitarias que disponen de ese departamento estatal, Bélgica y Holanda, superan ese porcentaje.

Por supuesto, es preciso evitar los despilfarros y exigir al Ministerio de Cultura eficacia y transparencia en la aplicación del gasto público. Al Parlamento le corresponde vigilar esos aspectos; y no estaría de más que el Congreso creara una Comisión permanente de Cultura para la orientación y el control de la acción del Ejecutivo en ese campo.

13 Octubre 1977

Los dos Premios Nobel de la Paz

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

HAY ALGO de sarcástico en que la fundación que allega los fondos de los que se nutre el Premio Nobel de la Paz tenga su origen en el descubrimiento y comercialización de un poderoso explosivo, que ha sido utilizado también como eficaz arma mortífera contra la vida humana; y también que en las lista de los galardonados con dicho premio figure un maestro tan destacado, en la teoría y en la práctica, de la real politik y del uso ilimitado de los medios bélicos al servicio de una gran potencia como es Henri Kissinger. Y resulta muy comprensible que ese premio haya quedadó vacante durante buen número de años, a partir del momento en que el Viejo Continente fue asolado por la Gran Guerra.Se diría, sin embargo, que la concesión, prácticamente en el mismo acto, de los Premios Nobel de la Paz de 1976 y 1977 a las fundadoras del Movimiento para la Paz en el Ulster y a la organización Amnistía Internacional marcan el camino para que esa recompensa -honorífica y material- adquiera definitivamente perfiles claros e indiscutibles.

Amnistía Internacional, creada en 1961, es una organización que ha crecido de manera espectacular en sus escasos años de existencia. Dispone de secciones en más de 35 países -la española espera todavía el reconocimiento de la Administración-, cuenta con cerca de 200.000 miembros, y su popularidad aumenta a medida que se conocen su ideario y sus gestiones para defender la dignidad humana en los cinco continentes. Amnistía Internacional es un molesto testigo para quienes ejercen el poder en el mundo entero. Su sistemático no alineamiento con los bloques de poder, las ideologías políticas y los Gobiernos la sitúan éticamente por encima de la sospecha de que sus continuas y fundadas denuncias de las violaciones de los derechos humanos por los Estados persiguen el descrédito de unos sistemas políticos en beneficio de otros. Naturalmente, el Poder siempre tiene la piel lo suficientemente encallecida como para atribuir, con todo descaro, esos aguijonazos a maniobras del enemigo. Las denuncias hechas por Amnistía Internacional de las torturas y persecuciones en los países llamados socialistas son atribuidas a los malvados designios de los servicios de inteligencia del mundo capitalista. Y a la inversa, las indagaciones realizadas sobre las desapariciones y las violaciones de los derechos humanos en el Cono Sur o en el Africa Austral son desautorizadas como, maniobras comunistas.

Pero Amnistía Internacional sigue adelante con sus trabajos, que no hacen sino verificar los temores de sus fundadores. Efectivamente, la tortura se extiende con rapidez acelerada como medio habitual para tratar a los disidentes. Existen escuelas de torturadores; e incluso cooperación intergubernamental para la aplicación de métodos violentos de represión. Son decenas de miles los encarcelados por oponerse a sus Gobiernos, discrepar de la ideología o la religión oficiales, ejercer la libertad de expresión, negarse a aceptar la discriminación racial, y mientras, la pena de muerte sigue vigente en la inmensa mayoría de lbs Estados del planeta. Tal vez el Premio Nobel de la Paz de 1977 sirva, al menos en los países libres, para que nuevos sectores de la opinión pública conozcan la existencia no sólo de la organización, sino de los terribles hechos que justifican sunacimiento y crecimiento. Asimismo, puede potenciar la autoridad de Amnistía Internacional ante los Gobiernos que, practican o toleran la violación de los derechos humanos, aumentar el número de sus socios y colaboradóres y dar mayor eficacia a su estructura administrativa.

El Premio Nobel de 1976, por su lado, tiene aleccionadoras enseñanzas para países en los que el desbordamiento de las pasiones, los vínculos emocionales forjados por el recuerdo de los companeros muertos, la visión deformada y enconada de la historia y la desesperación de los condenados a convertirse en profesionales de la violencia puede mantener viva una irracional guerra a muerte entre dos comunidades dentro del mismo Estado. Betty Williams y Mairead Corrigan crearon, hace poco más de un año, un movimiento contra la violencia y en favor de la reconciliación y la paz en el Ulster, que cuenta ya con miles de seguidores. En más de una ocasión, EL PAIS ha mantenido la tesis de que la situación en Euskadi no es comparable con la de Irlanda del Norte. Y es seguro que las posibilidades de que ese fatal parecido llegara a producirse algún día -el crimen de Guernica y la falta de valor cívico de algunos partidos y sectores de opinión vascos para denunciarlo constituyen un mal augurio- desaparecerían si un movimiento como el iniciado por esas dos valerosas mujeres surgiera también en el País Vasco.

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