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La banda mantiene secuestrado a Antonio María de Oriol y ahora amenaza con asesinarlos a ambos

El General Villaescusa es secuestrado por los GRAPO en medio de ‘la Semana Trágica’

HECHOS

El teniente general Villaescusa fue secuestrado el 24.01.1977 por el Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre (GRAPO).

portada_villaescusa El ABC definió aquel secuestro como una ‘conmoción nacional’, puesto que se sumaba al de D. Antonio María de Oriol y Urquijo.

LA ‘OPERACIÓN CROMO’

abelardo_collazo El secuestro del General Villaescusa, simultaneo con el Sr. Oriol, fue bautizado por la organización criminal como ‘Operación Cromo’ y liderada por Abelardo Collazo Araujo.

25 Enero 1977

Las debilidades de un Gobierno fuerte

Editorial (Director: Juan Luis Cebrián)

No cabe dramatizar una situación de por sí tan grave como la que se está produciendo en este país. Nos hallamos ante un intento planificado de desestabilización del Estado. Ayer, Madrid llegó a sufrir un amago -¿sólo un amago?- de noche de los cuchillos largos.

La última fase de esta conspiración comenzó con el secuestro del señor Oriol. Lo prolongado del secuestro, sus características rocambolescas, el descaro con que han obrado y obran los GRAPO, son incógnitas que alguien tendrá algún día que explicar a la opinión pública. ¿Y qué decir de la acción llevada a cabo por estos mismos GRAPO -de harto dudoso origen- secuestrando ni más ni menos que al presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el teniente general Villaescusa? La secuencia de secuestros y provocaciones viene sospechosamente a coincidir con una serie de gravisimos asesinatos a sangre fría llevados a cabo en esta ciudad por la extrema derecha. El domingo, un muchacho es cosido a balazos por la espalda tras el repliegue de una manifestación; en la mañana del lunes, una muchacha resulta muerta accidentalmente en el curso de otra manifestación de protesta por la muerte del anterior, y también ayer, tras el nuevo secuestro de los GRAPO, un comando ametralla impunementebufetes de laboralistas de izquierda o locales públicos de reunión nocturna y concurrida, con un saldo de muertos y heridos gravísimos aún no contabilizado al cierre de esta edición.

Asistimos a una conspiración contra el Estado. La transformación por vía pacífica de la dictadura en una democracia hubiera sido insólita y hubiera pasado a los anales de la ciencia política. Era necesario, para algunos, intentar dinamitarla, y esa operación es a la que estamos asistiendo. ¿Cómo? Dispersando armamento por Montejurra, la calle del Barquillo, la de Silva, Atocha… Sometiendo a secuestro a personalidades de significación tradicionalista para soliviantar a los defensores del orden establecido; haciendo otro tanto con jerarquías militares para provocar el descontento de los cuartos de banderas; más todo lo que nos quiera deparar esta perfecta y sincronizada operacion, sobre la que una duda adicional planea: ¿Quién paga a estos mercenarios del terror?

El Gobierno -sería ingenuo ignorarlo- ha sido débil en este tema. Sólo cabe esperar de él una política inequívoca en lo que atañe a la desarticulación de grupos fascistas. La opinión pública no puede seguir soportando sucesos como los de las últimas 72 horas. Todos ellos se enmarcan en un intento claro de que las Fuerzas Armadas o sectores de éstas se muevan, si algunos jefes son convencidos de que todo l o que nos pasa es fruto del cambio político operado y de las promesas, aún no cumplidas, de democracia. Ya no cabe duda de que tanto el secuestro de Oriol como el del general Villaescusa tienen una misma causa y un mismo fin: el intento desesperado de grupos detentadores de amplias parcelas de poder por mantener éstas, aun después de la muerte del general Franco. Algunos servicios de inteligencia, de la multitud de redes de espías que cubren este país, están metidos, sin duda, en ello.

El Ejército no ha de atender a la. provocación. No existen condiciones reales de subversión social o de crisis nacional que hagan necesaria una intervención armada. Item más: a estas alturas del proceso político español ya se conoce perfectamente la actitud de unas Fuerzas Armadas que aspiran a una neta y clara profesionalización radicalmente alejada de protagonismos políticos. Máxime cuando los que desde la muerte de Franco tratan de excitar los cuartos de banderas no persiguen otra cosa que la defensa de intereses económicos y políticos, como poco, contrarios a la ética castrense. Todo ello al margen de que tenemos al Ejército por la última institución de este país capaz de perder los nervios.

Existen sólo profesionales del desorden al servicio de grupos minoritarios que utilizan las páginas de la prensa amarilla para excitar los ánimos de la oficialidad y confundir las conciencias. Parece que su único deseo consista en tratar de evitar, mediante la apelación a un golpe militar, la celebración de unas elecciones libres y pacíficas que demuestren por vía de las urnas; qué es lo que definitivamente quiere y piensa este país.

El secuestro del general Villaescusa es, no obstante, un evidente fallo de los servicios de seguridad del Estado. Es inconcebible que un grupo de delincuentes pueda tener secuestrado durante mes y medio al presidente del Consejo de Estado sin que la investigación aporte una luz mínima que permita resolver el caso. Los secuestradores se han paseado por Madrid, han llamado y escrito a los periódicos, incluso han entregado notas en mano. Se permiten el lujo de prometer que harán más secuestros y de realizarlos después. Y no se comprende que, ante una situación así, personalidades de la significación del presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar no tuvieran un servicio de vigilancia adecuado.

Mientras tanto, pistoleros fascistas disparan a mansalva y ante testigos contra los manifestantes en Madrid. Hace meses ya murió otro joven estudiante en parecidas circunstancias y no tenemos noticias de que hayan sido localizados los autores del crimen. ¿Habrá que recordar cuántas veces este periódico ha señalado la necesidad de desarmar a las bandas de ultraderecha que vienen sembrando el terror entre nuestros ciudadanos en un permanente atentado a la convivencia pacífica? Pues, al parecer, tampoco nadie lo ha hecho y los guerrilleros campan por sus respetos.

Estamos ante una impresionante operación de deterioro del Gobierno. Y parece como si los conspiradores quisieran provocar, entre otras cosas, reacciones como las de este editorial. Pues hay que decir algo más al respecto: impresiona la serenidad del presidente Suárez y de algunos de sus colaboradores. Pero el Gobierno ha abandonado el ejercicio de la autoridad, precisamente en los sectores donde más debería emplearla. No debe caer el Gobierno en situación semejante. Lo que hace falta es convocar a los políticos de esta hora en torno al presidente y demostrar al país que se está dispuesto de veras, desde el poder, a ejercitar el poder. Ejercer el poder significa no más retrocesos ni cesión a chantajes como los que se están haciendo: controlar el poder que se tiene.

Caben fundadas sospechas de que esta conspiración, que es de origen interno, esté apoyada y avalada por fuerzas internacionales. La Internacional Fascista es una realidad, y la prensa ha denunciado públicamente la existencia de varios de sus dirigentes en nuestro país. ¿Lo que la prensa denuncia las autoridades no lo saben? El Poder tiene medios de información. Si no los tiene, debe sancionar a los responsables de tan increíble carencia.

El presidente Suárez reúne hoy en torno de sí un consenso generalizado de los ciudadanos, que quieren continuar el camino emprendido hacía la democracia. Ni uno solo de los verdaderos líderes políticos de este país -a la derecha o a la izquierda- le va a negar su apoyo en momentos como este. Pero el presidente Suárez no debe ser sensible a la provocación creada: sólo hay un camino razonable para el futuro de España, y es un régimen democrático moderno y constitucional. Por eso, aquí, lo verdaderamente importante, por el momento, es llegar a las elecciones en condiciones de que éstas sean viables. Luego, el Estado que de ellas surja deberá empezar a barrer tanta basura como ha quedado.

Ejercer el poder, en una palabra, es la única manera que el Gobierno tiene hoy de corresponder a la serenidad admirable del Ejército y de la comunidad civil.

28 Enero 1977

Los GRAPO: un misterio a punto de resolverse

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

LA DISCUSION sobre la naturaleza política de los GRAPO puede llegar hoy mismo a su final. Quienes hayan seguido esa polémica saben que los diversos matices y argumentos pueden reducirse a tres posiciones bien diferenciadas. Para un amplio sector de la Oposición y algunas personalidades del Gobierno, este grupo es un burdo invento de servicios paralelos, nacionales o internacionales, de inequívoco signo derechista. Otros sectores de opinión adoptan el criterio opuesto: toman al pie de la letra los mensajes en los que los secuestradores del señor Oriol y del teniente general Villaescusa se autodenominan revolucionarlos antifascistas. Existe aún una tercera posibilidad, que combina elementos de las dos anteriores: un grupo de militantes de extrema izquierda manipulados desde zonas próximas a la Internacional Negra y los servicios secretos extranjeros.

Cada una de estas tres hipótesis cubre, con mayor o menor eficacia, un cierto número de los hechos hasta ahora producidos; y dejan también sin explicar, cada una por su lado, otros acontecimientos. Son necesarias nuevas y contundentes pruebas para que cualquiera de esas hipótesis pueda transformarse en una teoría sólida e indiscutible.

Estamos en vísperas de poder descartar para siempre la hipótesis de que los GRAPO son un grupo independiente de militantes revolucionarios de extrema izquierda. A esta conclusión se llegará de forma irrebatible si el señor Oriol y el teniente general Villaescusa no son puestos inmediatamente en libertad. Porque las condiciones exigidas por los secuestradores para esa liberación puede decirse que ya han sido cumplidas.

En efecto, la carta del señor Oriol, recogida por redactores de este periódico el miércoles 19 de enero, y publicada dos días después, exponía con claridad las nuevas exigencias de sus secuestradores, hechas llegar al ministro de la Gobernación días antes: «En la carta a Martín Villa se rectifica el planteamiento anterior, que yo resumía en la fórmula libertad por libertad, por el nuevo, que se resume en la fórmula: promesa pública de libertad por libertad.» Ese cambio de criterio se halla igualmente explícito en el comunicado en el que los GRAPO se responsabilizaron del nuevo secuestro: «Si el Gobierno hace una declaración clara y pública de una próxima amnistía total, nosotros liberaríamos a Oriol. » (Y, lógicamente, también al teniente general Villaescusa).

Esa «declaración clara y pública» de «premesa de libertad» por parte del Gobierno se ha producido. El comunicado del Consejo de Ministros del miércoles 27 de enero señala taxativamente que «el Gobierno estudia detenidamente unos proyectos de máxima aplicación del derecho de gracia, que permitan llegar a las elecciones generales en un clima político y social superador de discordias pasadas». Y también da claramente a entender que sólo «los atentados contra la libertad, la integridad física y la vida de las personas» producidos últimamente, entre otros los dos secuestros, han impedido que esos proyectos se transformen en leyes.

Y hay más que esa promesa. En sus conversaciones con los representantes de la «comisión de los nueve», el presidente Suárez ha asegurado formalmente que para el Aberri Eguna de los vascos, esto es, el domingo de Pascua, no habrá ningún preso político en la cárcel. Las filtraciones no permiten determinar las fórmulas exactas mediante las que se realizará esa promesa (se habla, por ejemplo, de la conmutación de las penas de cadena perpetua por el extrañamiento), pero esa promesa existe. Las consecuencias de su eventual incumplimiento son Inealculables en muchos terrenos, pero previsibles en un dominio concreto: imposibilitaría la celebración de esas elecciones que el propio Gobierno tanto desea y necesita. De otro lado, el desprestigio del señor Suárez ante la opinión pública nacional e internacional sería completo e irreparable: un presidente de Gobierno no puede engañar a los representantes de los principales partidos sin firmar, al tiempo, su sentencia de muerte política.

Todo este razonamiento, claro y elemental, lleva a una sola conclusión: si los militantes de los GRAPO son los que dicen ser, en el plazo de unas horas el señor Oriol y, el teniente general Villaescusa, sanos y salvos, se reunirán con su familia; y en el plazo de dos meses y medio todos los presos políticos, incluídos los condenados a muerte y luego conmutados por delitos de sangre, recobrarán su libertad. Si esa liberación no se produce, ya sabemos a qué atenernos: los servicios paralelos que se proponen la desestabilización de la situación española son los respon sables del doble secuestro, bien de manera directa, bien a través de la financiación y la manipulación de militantes de extrema izquierda que creen estar sirviendo a otros objetivos.

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