7 abril 1976

El crímen quedará impune al estar incluido en la amnistía aprobada por el Gobierno Suárez en 1977

El industrial Ángel Berazadi Uribe es asesinado después de que su familia no pudiera reunir los 200 millones de rescate que se habían pedido

Hechos

El 7 de abril de 1976 el industrial vasco D. Ángel Berazadi apareció asesinado con un tiro en la cabeza

Lecturas

Angel Berazadi Uribe, de 58 años, era el director gerente de la empresa de máquinas de coser Sigma, de Elgoibar, y estaba casado con la hija del fundador de la factoría. Hombre de costumbres fijas, cuando la tarde del 18 de marzo no regresó a su casa en el barrio donostiarra de Intxaurrondo, su familia alarmada recorrió el trayecto entre San Sebastián y Elgoibar por si hubiera sufrido un accidente. Al día siguiente la esposa de Ángel denunció su desaparición. Al parecer, Berazadi fue capturado por un comando terrorista tras salir de la empresa  y trasladado al caserío Ipiola, en Itziar, donde lo mantuvieron cautivo veinte días. Los secuestradores pertenecían a los Comandos Bereziak (especiales) de ETA político-militar, encabezados por Francisco Múgica Garmendia, Pakito; Eugenio Etxebeste, Antxon, y Miguel Ángel Apalategi, Apala, enfrentados abiertamente a la la dirección de ETA Político Militar, liderada por Eduardo Moreno Bergareche, Pertur. Los Bereziak, situados al margen de la disciplina oficial de ETA, solicitaron un rescate de doscientos millones de pesetas antes del 5 de abril. La familia estuvo representada en las negociaciones con los terroristas por miembros del PNV ya que Berazadi era próximo al partido.

Según el relato de José María Irujo y Ricardo Arqués (ETA. La derrota de las armas, Plaza y Janés, 1993), el propio Xabier Arzalluz intervino para conseguir la liberación del empresario. Por parte de los Bereziak, fue Antxon quien participó en las negociaciones. La familia no logró reunir la cantidad exigida por los Bereziak, y estos, inflexibles, ordenaron al comando el asesinato. El cadáver del industrial apareció a la 1.45 horas del 8 de abril en una cuneta de la carretera comarcal Elgoibar-Azcoitia, tendido boca arriba, con los ojos cubiertos por unas gafas de soldador y un tiro en la nuca. Junto al cadáver había siete balas sin disparar. En las muñecas se apreciaban marcas de esposas o grilletes, lo que indicaba que había permanecido atado o encadenado a un lugar fijo. Aquella fue la primera vez que ETA asesinaba a un secuestrado.

Ángel nació en Zarautz el 8 de febrero de 1918, estaba casado y tenía seis hijos. Hablaba perfectamente euskera y se le consideraba un gran impulsor de la cultura vasca, pues había patrocinado la creación de varias ikastolas en Elgoibar, Zarautz y San Sebastián. Fue presidente del C. D. Zarautz de fútbol y era un consumado pescador de altura de atún. En agosto del año anterior había recibido una carta de ETA en la que le exigían diez millones de pesetas bajo amenaza de represalias, una carta similar a las recibidas por otros empresarios del País Vasco. El industrial era amigo de Francisco Luzuriaga, miembro del consejo de administración de Sigma y que sufrió un intento de secuestro el 11 de enero de ese mismo año.

ANTXON, EL ‘RECAUDADOR’

antxon  Eugenio Etxebeste ‘Antxon’ fue el terrorista encargado de reunirse con un familiar de Berazadi para pedir 200 millones por la vida del industrial. A pesar de que el familiar le informó de que les era imposible reunir ese dinero, no cambio de parecer. Berazadi fue asesinado.

Pertur será asesinado en julio de 1976.

El Análisis

El crimen de Ángel Berazadi y la deriva de ETA

JF Lamata

El secuestro y asesinato del industrial vasco Ángel Berazadi, encontrado muerto con un disparo en la cabeza tras la exigencia de un rescate imposible de 200 millones de pesetas, marca una página negra en la historia reciente de nuestro país. Berazadi, empresario guipuzcoano, hombre de prestigio en su tierra, fue convertido en rehén por el comando Bereziak de ETA —dirigido por Francisco Múgica Garmendia (Pakito), Eugenio Etxebeste (Antxon) y Miguel Ángel Apalategi (Apala)—, que redujo su vida a una moneda de cambio. La negativa de la familia a pagar, trasladada incluso a través de mediaciones políticas del PNV, no bastó para salvarle la vida. ETA optó por la ejecución, dejando a una familia rota y a una sociedad conmocionada.

El asesinato de Berazadi pone en evidencia la lógica perversa en la que se mueve ETA: un fanatismo que ya no distingue entre luchas políticas y el más vil crimen común. Y, sin embargo, el caso ha abierto grietas internas. Voces como la de Eduardo Moreno Bergareche, Pertur, se han manifestado contra la línea radical y sanguinaria que parece haberse impuesto en la cúpula de la organización. Entre los propios militantes surgen rumores de escisión, entre quienes quieren mantener a ETA en el terreno de la acción política violenta y quienes rechazan convertirla en una maquinaria de secuestros y ejecuciones indiscriminadas.

El secuestro y asesinato de Ángel Berazadi simboliza, por tanto, una doble tragedia. La primera, la de su familia y la de una sociedad que contempla con horror cómo la violencia vuelve a golpear en plena transición política. La segunda, la de una organización terrorista que, al cruzar nuevas fronteras morales, ahonda su aislamiento y se convierte en su peor enemiga. En la encrucijada de 1976, cuando España empieza a caminar hacia un horizonte de libertades, ETA demuestra que prefiere el camino de la sangre al del diálogo, y que sus fracturas internas nacen del mismo vacío moral en el que se sostiene.

J. F. Lamata