13 enero 1996
El nuevo juez de Instrucción Nº1 será Javier Gómez de Liaño, hasta ese momento vocal del CGPJ
El juez Carlos Bueren dimite como responsable del Juzgado Nº 1 de la Audiencia Nacional tras su enfrentamiento con Garzón en medio de la presión del ‘caso Lasa-Zabala’
Hechos
El 16.01.1996 el juez de Instrucción Nº1 de la Audiencia Nacional, D. Carlos Bueren, solicitó al CGPJ su dimisión de su cargo. El CGPJ designó para reemplazarle a D. Javier Gómez de Liaño, ex vocal del CGPJ.
Lecturas
El 17 de enero de 1996 se hace pública la renuncia del juez D. Carlos Bueren Roncero a su puesto de titular del Juzgado Central de Instrucción Número 1 de la Audiencia Nacional para dedicarse a la abogacía. Su renuncia se produce en un momento en el que este juzgado de instrucción estaba en medio de una polémica por instruir una de las piezas del ‘caso GAL’: el caso Lasa-Zabala, instrucción que era muy criticada porque el Sr. Bueren Roncero ha rechazado realizar grandes detenciones al contrario que su compañero del Juzgado Central de Instrucción Número 5, D. Baltasar Garzón Real, que lleva otra de las piezas de los GAL, el caso Marey y desde diciembre de 1994 ha ordenado espectaculares detenciones. .
El 13 de febrero de 1996 se hace público que el nuevo titular del Juzgado Centrla número 5 de la Audiencia Nacional es D. Javier Gómez de Liaño, hasta ahora vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Curiosamente, aunque el Sr. Gómez de Liaño entró al CGPJ a propuesta del PP durante el tiempo en que ha formado parte de este organismo ha votado habitualmente con los vocales del PSOE.
Está considerado amigo personal de D. Baltasar Garzón Real dentro del grupo de ‘los indomables’ del que también forman parte los fiscales Dña. Dolores Márquez de Prado de Noriega o D. Eduardo Fungairiño Bringas.
El 20 de junio de 1996 se hará público que el juez D. Javier Gómez de Liaño solicita al CGPJ una inspección sobre el mandato del Sr. Bueren asegurando que los sumarios ‘no cuadran’ con la relación de asuntos pendientes que el Sr. Bueren le pasó, como es preceptivo y que él se ha negado a firmar.
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EL JUEZ JAVIER GÓMEZ DE LIAÑO NUEVO JUEZ DE INSTRUCTOR Nº 1 DE LA AUDIENCIA NACIONAL
Cronología de las principales actuaciones de Bueren (1987–1996)
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1987 — Llegada al Juzgado Central número 1 y caso Sokoa. Bueren sucede a Ricardo Varón Cobos. En mayo consigue de las autoridades judiciales francesas la documentación intervenida a ETA en la cooperativa Sokoa, en Hendaya, que permite investigar su estructura financiera, sus responsables y el cobro del llamado impuesto revolucionario.
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1988–1990 — Procesamientos por la financiación de ETA. En noviembre de 1988 dicta un amplio auto de procesamiento derivado de los papeles de Sokoa. En enero de 1990 concluye el sumario con 56 procesados, entre ellos destacados dirigentes de ETA.
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1988–1989 — Secuestro de Emiliano Revilla. Tras la liberación del empresario el 30 de octubre de 1988, investiga a los presuntos intermediarios que participaron en la negociación y el pago del rescate exigido por ETA.
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1991–1993 — Extorsión y redes de financiación terrorista. Continúa las investigaciones contra personas acusadas de intervenir en el cobro de rescates y del impuesto revolucionario. Entre las actuaciones figura el encarcelamiento, en enero de 1992, del abogado José Antonio de la Hoz Uranga por su presunta intermediación en un secuestro.
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Abril de 1992 — Operación Santino contra el narcotráfico. Ordena una amplia redada en Galicia y otras comunidades contra una red internacional de tráfico de cocaína. La operación permite detener a numerosos sospechosos y se desarrolla con colaboración policial internacional.
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1992–1993 — Investigaciones patrimoniales del narcotráfico. Participa en las actuaciones contra redes de tráfico de drogas y blanqueo de capitales, con especial atención a organizaciones asentadas en Galicia. En febrero de 1993 ordena investigaciones económicas sobre decenas de personas.
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Enero de 1995 — Patrimonio de Laureano Oubiña. Junto a Baltasar Garzón Real, ordena el embargo de bienes del narcotraficante gallego Laureano Oubiña Piñeiro y de su esposa, Esther Lago González. Bueren investiga posibles operaciones de blanqueo y alzamiento de bienes, en una causa distinta de la operación Nécora, instruida originalmente por Garzón.
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1995–enero de 1996 — Caso Lasa-Zabala. Investiga el secuestro, torturas y asesinato de dos jóvenes vascos desaparecidos en 1983, cuyos restos habían sido identificados en 1995. La investigación apunta hacia antiguos agentes destinados en el cuartel de Intxaurrondo, pero el magistrado recibe críticas por la falta de detenciones y procesamientos de relevancia.
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Enero de 1996 — Últimas actuaciones y excedencia. Deja pendientes, entre otros asuntos, una solicitud de extradición del dirigente de ETA Eugenio Etxebeste Arizcuren, «Antxon», y las diligencias por la incautación de 36 toneladas de hachís en el buque Volga I. El 16 de enero solicita la excedencia y abandona el juzgado para ejercer la abogacía.
17 Enero 1996
La «espantada» de Bueren, otro fracaso de la Justicia
Su autorrecusación en uno de los recursos del sumario Marey por su «amistad manifiesta» con Rafael Vera ya fue un claro indicio de la incómoda situación que la reaparición del caso GAL en el escenario de la Audiencia Nacional entrañaba para el juez Carlos Bueren. La tibieza, indecisión y pusilanimidad de que ha hecho gala en la instrucción del sumario sobre los asesinatos de Lasa y Zabala, en medio de los elogios del club de fans del general Galindo, han confirmado esa sensación. Ante la disyuntiva de dar validez a los sólidos testimonios del policía López Carrillo, el ex contrabandista Miguéliz y otros y proceder contra Galindo, Dorado Villalobos y compañía o archivar la causa con el consiguiente escándalo, Bueren ha optado por la más taurina de las «espantadas». Teóricamente nada habría que objetar a la decisión del magistrado de colgar temporalmente la toga y aceptar una oferta tan lucrativa como la de incorporarse al despacho mercantilista de Rodrigo Uría. Sin embargo alguien que como Carlos Bueren ha edificado gran parte de su prestigio sobre la notoriedad de sus actuaciones en la Audiencia Nacional, antes de cambiar de rumbo estaba moralmente obligado a desentrañar la verdad de un asunto como el de Lasa y Zabala que tanta turbación produce en la conciencia de cualquier demócrata sincero.
21 Enero 1996
El socio número 20
Fue lo más parecido a un episodio de «La ley de los Angeles». A finales de diciembre, el abogado Rodrigo Uría anunciaba a la Junta General de su bufete la incorporación a la firma del socio número 20. Se trataba del juez Carlos Bueren. Su misión, encabezar el área de Derecho Penal Mercantil de la firma.
El fichaje se venía fraguando desde hacía dos meses. Rodrigo Uría hijo había mantenido en la reserva más absoluta varios contactos con el magistrado. La incorporación del juez cerraba una reestructuración del despacho, tras la reciente incorporación como socios de dos de sus abogados y la marcha de uno de ellos, Jaime Alfonsín Alfonso, que el 1 de diciembre fue nombrado jefe de la secretaría de la Casa Real.
El vínculo con la monarquía les viene de antiguo. Una de las cabezas visibles del bufete, Aurelio Menéndez, ex ministro de Educación y Ciencia entre 1976 y 1977, fue tutor del príncipe Felipe de Borbón.
La firma Rodrigo Uría es, posiblemente, uno de los tres despachos de abogados más prestigiosos del país. En ella trabajan 170 personas, entre letrados y administrativos, gobernados por un sanedrín de 20 personas que componen su Junta General. Con un capital social mínimo -3.700.000 pesetas-, la Rodrigo Uría Sociedad Regular Colectiva tuvo en 1994 una facturación de 3.051 millones de pesetas.
De esta cantidad y descontados los gastos -aproximadamente un 50 por 100-, los socios -que no reciben una nómina mensual- obtienen sus ingresos, cada uno en el porcentaje que tenga asignado. Suponiendo a Bueren una participación del 3 por ciento, el juez ganaría anualmente más de 50 millones.
Ni sus más allegados conocían la intención de Bueren de dar el salto a la abogacía. Lo más que aventuraban era su hartazgo de la Judicatura y comentaban sus dos fallidas oportunidades para dejar la Audiencia Nacional: la primera, cuando se especuló con su nombramiento como director general de la Policía; la segunda, cuando se le atribuyó un puesto seguro en el Consejo General del Poder Judicial, que debía haber cubierto en noviembre sus vacantes.
La verdad es que de Bueren se conocen pocas cosas. Se sabe que, recientemente, comenzó a dar clases particulares de inglés, que es un forofo de Atleti o que veranea en Bueu. Pocos están enterados de que su salud es delicada y de que, al parecer, padece una enfermedad de bazo.
El «superjuez», el hombre que instruyó los «papeles de Sokoa» y puso al descubierto buena parte de la infraestructura financiera de ETA, uno de los magistrados que más golpes ha asestado al narcotráfico, es también un obseso de la seguridad. Objeto permanente de amenazas del entorno terrorista -su fotografía ha aparecido en carteles del País Vasco en el centro de una diana-, Bueren y Angela, su mujer, han vivido siempre con la preocupación de ser víctimas de un atentado.
El asesinato de la fiscal Carmen Tagle le afectó sobremanera. También hizo mella en él la muerte del juez italiano Giovanni Falcone, a cuyo sepelio acudió acompañado de su entonces gran amigo Baltasar Garzón y del actual vocal del Poder Judicial Gómez de Liaño.
Las exequias del magistrado italiano impresionaron a Bueren. El trío tuvo dificultades para llegar a Palermo. Como únicos representantes de la Judicatura europea, contemplaron estremecidos el lugar donde fue asesinado Falcone y fueron testigos de cómo los asistentes al funeral arrojaban monedas a los autoridades políticas presentes.
De su amistad con Garzón apenas quedan jirones. Hoy, casi ni se hablan. Influyó en ello que Bueren aceptara la recusación que le presentó el ex secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera. Entonces, el magistrado se declaró amigo de Garzón y también de Vera. En noviembre, discutieron acaloradamente en la Audiencia Nacional. Bueren recriminó a Garzón la apertura de sumarios referidos al cuartel de Intxaurrondo.
La instrucción de este sumario, el de los asesinatos de Lasa y Zabala, ha sido el que más problemas de conciencia ha debido crear en Bueren. Al juez, un hombre tan vinculado a Interior que llegó a ser condecorado dos veces por el Ministerio, sus propios allegados le atribuyen un «ánimo adquirido» hacia los casos en los que se ven implicados las Fuerzas de Seguridad. En su despacho, luce banderines y figuras de la Guardia Civil.
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El sambenito de Bueren
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A pesar de su fama de sólo saber redactar autos de prisión -jamás de libertad-, en el procedimiento que afecta al general Rodríguez Galindo y al destacamento de Intxaurrondo su inacción ha sido duramente criticada y llegó a rumorearse que su intención era proceder al archivo de las actuaciones. El sambenito le viene de antiguo. En Arenas de San Pedro (Avila), uno de sus destinos como juez, aún se recuerda cómo procesó y envió a Yeserías a una viuda de Sotillo de la Adrada, cuyo marido había aparecido asesinado. Posteriormente, la mujer fue absuelta.
Su rictus serio y sus «tics» autoritarios no le han granjeado simpatía alguna en el gremio de la abogacía, en el que empezará pronto a trabajar. Además de las diligencias abiertas contra algunos de estos profesionales, varios letrados recuerdan el escrito de queja que presentaron al juez con motivo de la operación «Gamba 1». Bueren les había citado a las diez de la mañana para una declaración. A la una seguían esperando. Al parecer, el juez atendía a los opositores a judicatura a los que daba clase. Una funcionaria del Juzgado trató de identificar a los firmantes a través de su número de colegiado.
Lo que para muchos era signo de su minuciosidad instructora, para otros era sólo reflejo de su lentitud. Su juzgado es, posiblemente, el que acumule más causas pendientes de toda la Audiencia Nacional. Y no es, precisamente, porque el juez no trabaje.
Con su marcha de la Judicatura, Bueren romperá con una tradición familiar. Su padre llegó a ser magistrado del Tribunal Supremo y en Barcelona se le recuerda por ser el juez especial que dirigió una de las mayores redadas del franquismo contra la prostitución, que se tradujo en el cierre de decenas de casas de citas o «meublés». Su hijo sólo será ya el socio número 20.
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APOYO
El gran salto
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Acostumbrados a decidir y a pasear su autoridad, para un juez no debe de ser fácilcambiar su papel por el de letrado. Que se recuerde, sólo dos jueces -además de Bueren- y un fiscal se decidiron a dar el salto a la abogacía.
Entre los primeros, se encuentran el mítico juez de Delitos Monetarios Luis Lerga, que montó su propio bufete y dejó la carrera judicial, ofuscado por no haber sido designado magistrado del Tribunal Supremo. Federico Carlos Sainz de Robles es el otro ejemplo de juez reconvertido en letrado.
Jordana de Pozas. ex fiscal , ha sido el antecedente inmediato de Bueren. Recibió una oferta del bufete Cuatrecasas -un despacho similar al de Uría- y no se lo pensó dos veces.
Más raros aún son los casos de abogados de fama que acaben con la balanza de la Justicia en la mano. El único caso reseñable es el de Pascual Estevill, que abandonó su próspero bufete para vestir la toga de juez. Actualmente, es vocal del Consejo General del Poder Judicial y en su contra el Tribunal Supremo ha admitido una querella por prevaricación.
04 Diciembre 2000
Bueren, un peligro para sus nuevos jefes
La aparición del ex magistrado Carlos Bueren durante un registro que había ordenado el juez Baltasar Garzón en la sede central del BBV en Madrid resulta inaceptable. Sobre todo porque se trata de la interferencia de una persona que conoce al dedillo este tipo de actuaciones. Su acción llegó al extremo de entorpecer el trabajo de los funcionarios judiciales y repartir recomendaciones a los directivos de la entidad sobre como debían comportarse en un registro. El ahora abogado Bueren parece dispuesto a utilizar la posición de magistrado que tuvo en el pasado para influir en las acciones de la Justicia que estén relacionadas con sus negocios privados o de influencia, como ya hizo en el registro del joven acusado de enviar paquetes bomba a periodistas, por ser hijo de un cliente suyo. Sus jefes en el bufete Uría y Menéndez deberían exigirle mayor prudencia, pues su fichaje puede convertirse en un incómodo bumerán.
El Análisis
El Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional parece empeñado en alimentar su reputación de juzgado maldito. Su primer titular, José Luis Gómez Chaparro, acabó apartado de la instrucción de la matanza de Atocha después de que el ultraderechista Fernando Lerdo de Tejada, procesado por aquellos asesinatos, aprovechara un permiso penitenciario para huir en 1979. Años después, Ricardo Varón Cobos abandonó también el juzgado en medio de controversias sobre su actuación. Ahora le llega el turno a Carlos Bueren Roncero, cuya marcha no responde a una destitución ni a una sanción, sino a una decisión personal de ejercer la abogacía. Pero la coincidencia con la investigación del caso Lasa-Zabala hace inevitable el debate. Bueren había construido buena parte de su prestigio mediante investigaciones contra ETA y las organizaciones del narcotráfico. Sin embargo, el procedimiento por los asesinatos de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala ha provocado críticas por la ausencia de decisiones contra determinados responsables policiales y políticos. El contraste con su compañero Baltasar Garzón Real, que en otras investigaciones sobre los GAL había ordenado detenciones de gran repercusión, ha alimentado la percepción de que Bueren actuaba con excesiva prudencia. Esa comparación no demuestra por sí misma que el juez incumpliera sus obligaciones: las decisiones de prisión y procesamiento requieren indicios suficientes, no únicamente sospechas o exigencias de la opinión pública. Pero tampoco puede ignorarse que abandona el juzgado con una de sus investigaciones más delicadas todavía sin resolver.
La llegada de Javier Gómez de Liaño Botella al Juzgado número 1 no ha contribuido precisamente a cerrar la polémica sobre la etapa de Bueren. El nuevo magistrado, antiguo vocal del Consejo General del Poder Judicial y próximo a Baltasar Garzón, ha asumido un órgano judicial cargado de causas sensibles y ha terminado cuestionando la gestión de su antecesor. Su negativa a dar por buena la relación de asuntos pendientes y su petición de una inspección del juzgado han sido interpretadas como una desautorización de Bueren. Es legítimo que un juez entrante compruebe el estado de los procedimientos que recibe, especialmente cuando existen discrepancias documentales; otra cosa sería convertir esa revisión en un juicio anticipado sobre la actuación profesional de quien le precedió. El enfrentamiento se ha agravado con las decisiones de Gómez de Liaño sobre intervenciones telefónicas autorizadas por Bueren, alguna de las cuales ha sido posteriormente convalidada por la Sala de lo Penal frente al criterio del nuevo instructor. El episodio demuestra hasta qué punto las relaciones personales y las controversias públicas han terminado rodeando investigaciones que deberían desarrollarse con independencia y rigor. Bueren se marcha con un historial de importantes actuaciones contra el terrorismo y el narcotráfico, pero también con una pregunta pendiente: si la instrucción del caso Lasa-Zabala podía haber avanzado más antes de su salida. Será la continuación judicial de la causa, y no la rivalidad entre magistrados, la que permita valorar esa cuestión.
JF