1 marzo 1997

El órgano colegiado de los obispos de la noche había hecho un comunicado público solicitando al sacerdote que deje de acudir a programas de televisión

El padre Apeles desafía desde ‘Moros y Cristianos’ a la Conferencia Episcopal: «Soy víctima de una persecución de los que no han dicho nada por las actitudes del obispo Setién o los curas pederastas»

Hechos

Emitido el 1 de marzo de 1997.

03 Marzo 1997

El precio de Apeles

Ferrán Monegal

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En la sesión de Moros y cristianos del sábado (Tele 5) ya advertimos una cierta desinflamación del cura Apeles. Era de esperar: la excentricidad de este mosén se agota a la misma velocidad con que creció. No obstante, siempre ocurre que los últimos estertores de quien se resiste a enmudecer son los más tremendos. Nada más comenzar el show arremetió contra los obispos diciendo: “Ante actitudes como la del obispo Setién, o ante los curas que protegen a los criminales de ETA, o frente a todos esos sacerdotes que denuncia Pepe Rodríguez en su libro porque han abusado de menores, ante todo eso, no ha habido ni una sola nota de la Conferencia Episcopal. En cambio yo, que lo único que hago es decir lo que dice el Papa y el cardenal Ratzinger, soy víctima de una persecución”. O sea, un ataque directo de no te menees. Este cura es, indiscutiblemente, un jeta que le saca a La Trinca 400.000 pesetas cada vez que sale a montar el pollo, pero su respuesta al comunicado de la Conferencia Episcopal es contundente en su mala leche. Les ha salido a los monseñores un granito debajo de la mitra y es comprensible que quieran extirparlo, como sea, antes de que le hagan una oferta y se lo encuentren en pelotas y a todo color en alguna publicación (ya advirtió Apeles, el sábado, de esta posibilidad cuando le dijo a Lolita: “Nosotros, los decentes, nos desnudaríamos por mucho más dinero que tú, que te has desnudado sólo por cuatro perras”.) Pero temiendo este mosén un golpe de bisturí, definitivo, de la Iglesia, también apuntó, veladamente, cuál sería el precio de su sumisión. A la pregunta de si le gustaría ser obispo, contestó: “No, no creo que me lo ofrezcan, pero precisamente hay ahora mismo una vacante en Tortosa que si se pudiera acceder por sufragio popular, me la llevaría de calle”. Ojo, tortosinos, que el apocalipsis se acerca.