8 febrero 2026

El Partido Aragonés queda fuera y Podemos queda por debajo del partido de Alvise

Elecciones Aragón 2026 – Jorge Azcón (PP) gana a Pilar Alegría (PSOE) pero con la decepción de bajar resultados ante el ascenso de Vox

Hechos

El 8 de febrero de 2026 se celebraron elecciones a las Cortes de Aragón.

Lecturas

El 8 de febrero de 2026 se celebran elecciones autonómicas en Aragón siendo la primera vez que esta comunidad celebra elecciones separada a las otras 12 autonomías que celebran los comicios de manera conjunta desde 1983. El presidente del Gobierno y del PP aragonés Jorge Azcón Navarro jusificó el adelanto en que le costaba negociar con Vox y prefería adelantar elecciones para tener una mayoría más holgada, aunque analistas señalaban en que el adelanto electoral se debía a la situación de debilidad del PSOE que hacía ver al PP con más posibilidades.

Los resultados son los siguientes:

  • PP (Jorge Azcón Navarro) – 26 esscaños
  • PSOE (Pilar Alegría Coninente) – 18 escaños
  • Vox (Alejandro Nolasco Asensio) – 14 escaños
  • CHA (Jorge Pueyo Sanz) – 6 escaños
  • Existe (Tomás Guitarte Gimeno) – 2 escaños
  • IU – Sumar (Marta Abengochea Aurensanz) – 1 escaño
  • Partido Aragonés (Alberto Izquierdo Vicente) – 0 escaño
  • Podemos – Alianza Verde (María Goikoetxea Bernad) – 0 escaños.

Los resultados suponen una victoria del PP pero con la decepción de que no sólo no aumenta su victoria sino que disminuye ante Vox, que duplica sus escaños, por lo que el PP deberá negociar en posición de debilidad. Entre la izquierda baja el PSOE con la ministra Pilar Alegría Continente como dandidata, Sumar se queda con un escaño y Podemos desaparece del mapa. Chunta Aragonesista es la única formación de izquierdas que sube votos. Teruel Existe logra mantener su presencia, al contrario que el Partido Aragonés que, por primer vez, queda fuera del parlamento de Aragón.

La candidatura Se Acabó la Fiesta, encabezada por Cristina Falcón Aldana, patrocinada por el eurodiputado Luis Pérez Fernández ‘Alvise’ no logró representación, pero quedo por delante de  Podemos con más del triple de votos que ellos.

08 Febrero 2026

Aragón derrota a Sánchez

ABC (Director: Julián Quirós)

Leer
Hay un resultado inapelable en Aragón que da continuidad al de Extremadura: existe una mayoría para el cambio político, cada vez más arraigada hacia la derecha

Los resultados de las elecciones autonómicas de Aragón han confirmado, con correcciones significativas, las tendencias marcadas por las encuestas. El PP ha ganado, como estaba previsto, pero ha perdido dos escaños –de 28 pasa a 26–, lo que obliga a los populares a reflexionar sobre su estrategia de cara a los próximos comicios en Castilla y León y en Andalucía. Vox duplica escaños, hasta 14, dando continuidad al éxito obtenido en Extremadura. La apuesta personal de Pedro Sánchez con Pilar Alegría ha resultado un fracaso rotundo, con la pérdida de cinco escaños, quedándose en 18. El resto de la izquierda oscila entre el buen resultado de la Chunta Aragonesista, convertida en refugio electoral de los desencantados con los socialistas y sus socios en Madrid, y la irrelevancia de Sumar y la desaparición absoluta de Podemos.

El PP tenía tres objetivos: marcar distancias con Vox para depender lo menos posible de este partido, hundir la candidatura de la ministra y portavoz del Gobierno de Pedro Sánchez y sumar más escaños que toda las izquierdas. El primer objetivo no lo ha logrado, porque Vox ha duplicado sus escaños y, con la pérdida de los dos escaños del PP, Azcón necesita asegurarse el voto favorable de los diputados del partido de Santiago Abascal. Desde esta perspectiva, el PP de Aragón ha empeorado la posición electoral y parlamentaria que sí mantuvo en Extremadura. Azcón arriesgará mucho si juega con la baza de la abstención de Vox para volver a ser investido. Es la segunda contienda autonómica adelantada por el PP que beneficia más a Vox que a los populares. Esta es una realidad que se está imponiendo y que presenta a Vox como una formación que recoge un estado de ánimo muy determinado y consolidado de capas sociales heterogéneas.

La caída del PSOE es muy grave para Pedro Sánchez, porque la derrotada no es un cargo local sin relevancia nacional, sino una ministra de su Gobierno que, además, era la portavoz del Consejo de Ministros, con el protagonismo semanal que tal función suponía. El PSOE buscará paños calientes en la pérdida de dos escaños por el PP, pero no los hallará: Sánchez está condenando a su partido al naufragio electoral, probablemente de manera consciente, para transformarlo en un movimiento personal que lo convierta en líder no partidista de una izquierda abducida por su carisma. El caso es una segunda derrota que Sánchez, zarandeado por la gestión de los ferrocarriles, no ha podido siquiera maquillar con sus escudos sociales y sus buscados enfrentamientos con Donald Trump, Elon Musk y los ‘tecnoligarcas’. El anuncio de la regularización masiva de inmigrantes más que un regalo a Vox fue un tiro en el pie de Pilar Alegría.

A la izquierda del PSOE, sus socios de Gobierno y de Parlamento solo logran un escaño, el de Sumar. Podemos paga caro su servidumbre al PSOE y el discurso disparatado de Irene Montero sobre el reemplazo «de fachas y racistas» por los inmigrantes regularizados. Solo la Chunta Aragonesista se salva de la debacle, acogiendo el voto frustrado de la izquierda nacional y forzando a Azcón a buscar el apoyo de Vox, porque si Teruel Existe añade –algo improbable– sus dos escaños a los de la izquierda, sumarían 27, uno más que el PP. Por eso, el objetivo del PP de sumar más que la izquierda está conseguido con alfileres.

Hay un resultado inapelable en Aragón, que da continuidad al de Extremadura: existe una mayoría para el cambio político, cada vez más arraigada hacia la derecha. Y en esa mayoría política hay un liderazgo que sigue correspondiendo al PP, al que las urnas encomiendan la responsabilidad de gobernar. Pero también se integra en esa mayoría una fuerza dinámica, populista, de discurso fácil y, por esto mismo, convincente para sectores de la derecha y de la izquierda y la abstención tradicional. Esto explica que el voto de derecha haya aumentado en Extremadura y en Aragón, pero tampoco hay que engañarse. Para Vox, el verdadero cambio no es tanto la derrota de Pedro Sánchez como su acercamiento al PP en el liderazgo conservador. La derecha, además de arrasar –como ha hecho en Aragón, con más del 50 por ciento de los votos–, tiene que gobernar, ahora desde dos ángulos. El PP habrá de asumir que la derecha española se ha reconfigurado para mucho tiempo y que Vox es un actor político cuyo tamaño no depende de la estrategia de un PP que duda entre confrontar o contemporizar con él. El cambio político que mande al PSOE a la oposición se asienta en esta nueva composición –contradictoria en cuestiones importantes– tanto electoral como social de la derecha española. Para materializar este incontestable nuevo ciclo hay que asumir esta realidad.

La derecha debe entenderse

Entre las muchas lecturas que pueden extraerse de los comicios de Aragón quizá la más evidente sea la del avance conjunto de los partidos de la derecha, que suman 40 diputados en las Cortes. Nunca antes en la historia de la democracia autonómica, uno de los dos lados del arco parlamentario había logrado una cifra semejante. El resultado ofrece una imagen nítida y contundente de un movimiento profundo del electorado hacia posiciones más conservadoras, un desplazamiento de calado que no puede despacharse como un fenómeno coyuntural ni debe desoírse en favor de las estrategias de cada formación. Los dos partidos que hoy representan ese espacio político están obligados a ofrecer una respuesta coherente a unos votantes que se han expresado con claridad. El mensaje de las urnas es inequívoco para la región y, junto al de anteriores comicios, apunta a una voluntad compartida: poner fin al ciclo del sanchismo y a unas derivas políticas que muchos ciudadanos perciben como dañinas. Ni el PP, que sigue siendo la fuerza hegemónica, ni Vox, que ha duplicado su resultado, pueden enredarse en estrategias estériles para disputar la primacía dentro de la derecha. Ambos deben priorizar una respuesta eficaz y responsable a los intereses de los aragoneses mediante un gobierno que, sea cual sea la fórmula, refleje la voluntad de las urnas.

Es legítimo que cada formación conserve su autonomía, defienda su perfil ideológico y aspire a crecer electoralmente, pero ni los votantes de Aragón ni los ciudadanos que se identifican con la derecha en el conjunto de España entenderían que PP y Vox trabajaran el uno contra el otro, neutralizándose en lugar de complementarse y convirtiendo sus diferencias en un espectáculo que solo serviría para aliviar la presión sobre el sanchismo. La fragmentación estratégica de la derecha sería interpretada como una irresponsabilidad política en un momento en el que los electores han pedido, precisamente, lo contrario: entendimiento, madurez y capacidad de gobierno.

Existen, sin duda, condicionantes que complican ese entente. Vox no debe dejarse arrastrar por la tentación de convertir su crecimiento en una pugna inmediata por el liderazgo de la oposición o del bloque conservador. La experiencia reciente demuestra que los partidos emergentes que confunden el éxito inicial con una hegemonía inevitable corren el riesgo de diluirse tan rápido como crecieron, como ocurrió con Podemos o Ciudadanos, y terminan por arruinar las opciones de gobierno que defienden. El entusiasmo legítimo por los resultados no debería hacer que los de Bambú olviden esas lecciones. Al mismo tiempo, el PP debe asumir con realismo que Vox no es un fenómeno pasajero y que su presencia condiciona la gobernabilidad de numerosos territorios. La nueva derecha populista, aunque desde una posición más sólida que en otros países europeos, no puede refugiarse en una idea abstracta de pureza ni en torres de marfil alejadas de la realidad electoral. Gobernar exige reconocer el tablero tal como es, no como a uno le gustaría que fuera. Las declaraciones del líder del PP apuntan a que Génova ha abierto los ojos y asumido este nuevo equilibrio. Lo mismo debería hacer la formación de Santiago Abascal, facilitando cuanto antes y en los términos que sean la gobernabilidad en comunidades como Extremadura y cerrando un acuerdo estable en Aragón. Ambos partidos están condenados a entenderse si quieren responder al mandato de las urnas y construir una alternativa sólida, responsable y duradera al proyecto de la izquierda. No hacerlo sería defraudar a quienes les han confiado su voto y desaprovechar una oportunidad histórica para la reconstrucción democrática de España.

09 Febrero 2026

Gana Vox, otra vez

EL PAÍS (Director: Jan Martínez Ahrens)

Leer
La fallida estrategia del Partido Popular refuerza aún más a la ultraderecha en las elecciones anticipadas de Aragón

La ultraderecha se confirmó este domingo como la fuerza política con más potencial electoral en España al duplicar sus escaños en las elecciones autonómicas adelantadas en Aragón. Por segunda vez consecutiva tras las elecciones de Extremadura, Vox emerge como el gran beneficiado de una derechización del electorado, pero también de una estrategia fallida del Partido Popular, que con sendos adelantos electorales le ha regalado a su principal rival en la derecha no solo dos resultados magníficos, sino una creciente legitimación como partido de gobierno.

Las elecciones fueron convocadas por el presidente Jorge Azcón supuestamente para depender menos de Vox, que dificultaba la negociación de los Presupuestos. El resultado es que Vox suma 40.000 votos y pasa de 7 a 14 escaños. El PP de Azcón baja dos (26) y el PSOE obtiene un penoso resultado (18). Entre el regionalismo, la Chunta obtuvo un gran éxito (6 diputados). Pero la novedad es que PP y PSOE ya no pueden decir que ellos formen el cuerpo central del electorado: Vox está ya en esa categoría.

Aragón ofrece así una repetición del escenario en Extremadura. Pero aquella ocasión se podía entender como una prueba del PP para medirse con Vox en nombre de la gobernabilidad. Jorge Azcón, sin embargo, disolvió las Cortes de Aragón y convocó a las urnas cuando ya había visto esa dinámica. Por eso es necesario que explique a los aragoneses, y especialmente a los votantes del PP, para qué convocó estas elecciones. Es inevitable pensar que para el PP era más importante señalar una derrota del PSOE para dar sensación de final de ciclo a nivel nacional que la estabilidad de Aragón. Jorge Azcón, y sobre todo los aragoneses, tendrán que lidiar ahora con los efectos de esa estrategia.

Las explicaciones a sus votantes también son imprescindibles en el PSOE tras una nueva derrota que confirma un ciclo histórico de debilidad socialista en el poder territorial. El resultado es más preocupante aún que en Extremadura, donde concurrieron sin más programa que la supervivencia de un candidato imputado. En Aragón, la candidata Pilar Alegría venía de disfrutar una exposición pública privilegiada como ministra portavoz del Gobierno central. Además, es muy conocida en la región y había ganado unas elecciones a la Alcaldía de Zaragoza. Su fracaso es un mal augurio para los ministros que Pedro Sánchez se ha empeñado en poner al frente de varias federaciones. El proyecto socialdemócrata para las comunidades autónomas se ha confundido con el del Gobierno central. La apelación genérica para frenar a la ultraderecha es evidente que no funciona en las elecciones autonómicas. La pérdida de poder territorial del PSOE con Sánchez es fuerte y la estrategia de subordinar los territorios a los intereses del Gobierno ha empezado mal sus primeras pruebas en las urnas. Este domingo quedó claro que pertenecer al Gobierno de Sánchez no es un activo electoral.

En julio de 2024, Vox abandonó por sorpresa los gobiernos de coalición que había formado un año antes con el PP en Aragón, Extremadura, Murcia, la Comunidad Valenciana y Castilla y León. Desde entonces, el PP no logra ni gobernar con estabilidad esas comunidades, ni dar con la tecla que desactive el ascenso de Vox. En Aragón ha inaugurado además un nuevo capítulo en la normalización de la ultraderecha al copiar no solo su discurso, sino también su gamberrismo, con el uso de agitadores digitales. Y Vox sigue subiendo. A base de convocatorias electorales fallidas, pactos de gobierno humillantes y plagios, el PP no solo está ayudando a crecer a Vox, lo está haciendo inevitable.