6 junio 1975

ETA asesina al policía nacional Ovidio Díaz López

Hechos

El 6 de junio de 1975 murió asesinado D. Ovidio Díaz Lopez.

Lecturas

En la primavera de 1975, la rama político militar de ETA envió varias células a Barcelona y Madrid para abrir nuevos frentes contra el régimen franquista. En Barcelona, los etarras atracaron varios bancos. En uno de ellos Ovidio Díaz López, de 31 años, casado, y a punto de ser padre de su primer hijo, perdió la vida.

El 6 de junio los etarras entraron en una oficina del Banco de Santander en la calle Caspe, pero una empleada activó una alarma conectada a la Policía que envió una patrulla. Los terroristas se toparon al salir con los agentes y abrieron fuego contra ellos. El cabo primero Ovidio Díaz López fue alcanzado por siete disparos, uno de ellos en el corazón. Uno de los asaltantes resultó herido todo el grupo –seis o siete individuos- logró darse a la fuga. Mes y después fueron detenidos en Barcelona Ignacio Pérez Beotegui, Wilson, uno de los principales dirigentes de ETA y máximo responsable de sus comandos especiales, y Jon Paredes Manot, Txiki, sorprendidos mientras preparaban un nuevo atraco. Txiki fue acusado de intervenir en el tiroteo que costó la vida a Ovidio López,  juzgado en Consejo de Guerra sumarísimo y condenado a muerte. Le fusilaron el 27 de septiembre en el cementerio de Collserola . También al etarra Ángel Otaegui y a los integrantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena. Fueron las últimas ejecuciones del franquismo.

El Análisis

La vida truncada de Ovidio Díaz López

JF Lamata

El 6 de junio de 1975 la violencia terrorista segó una vida joven y prometedora en Barcelona. Ovidio Díaz López, cabo primero de la Policía Armada, cayó bajo una ráfaga de disparos cuando un comando de ETA intentaba huir tras atracar una sucursal del Banco de Santander en la calle Caspe. Siete balas, una de ellas en el corazón, arrebataron la vida a un hombre de apenas 31 años, casado y a punto de ser padre por primera vez. Su muerte simboliza la tragedia de un país que, en plena incertidumbre política, veía cómo el fanatismo sustituía la palabra por la sangre.

El crimen de Ovidio no fue un accidente ni un exceso: fue el resultado calculado de la decisión de ETA de extender la violencia más allá del País Vasco, abriendo frentes en Madrid y Barcelona. Bajo el pretexto de luchar contra la dictadura franquista, lo que realmente sembraron aquellos comandos fue miedo, dolor y desolación. Nada justifica disparar contra un servidor público que cumplía con su deber ni llenar de viudas y huérfanos a las familias españolas. Convertir el atraco a un banco en una guerra particular no tiene nada de heroico: es terrorismo en estado puro.

La detención posterior de Jon Paredes Manot, “Txiki”, y de otros integrantes de la banda, así como los juicios que culminaron en las últimas ejecuciones del franquismo, demostraron cómo la espiral de violencia se retroalimentaba. ETA no frenó; al contrario, encontró en la represión un nuevo argumento para legitimar su causa. Pero lo esencial no debe olvidarse: detrás de las proclamas políticas y de los símbolos, hubo víctimas concretas como Ovidio Díaz López, cuyo único delito fue cumplir con su deber y vivir con la esperanza de formar una familia. Su memoria debe imponerse siempre sobre el ruido de las balas.

J. F. Lamata