28 junio 1979

La redacción del periódico se desvincula del reportaje que es atribuido a Antonio García Trevijano, abogado de Sebastián Auger y accionista del diario EL PAÍS

INFORMACIONES publica un dossier contra EL PAÍS, informando de la guerra accionarial interna en PRISA

Hechos

El 28 de junio de 1979 el diario INFORMACIONES publicó un amplio dossier sobre la guerra accionarial de EL PAÍS.

Lecturas

Sebastián Auger era dueño del INFORMACIONES desde diciembre de 1978. 

El 22 de junio de 1979 el periódico El País publica un reportaje sobre las dificultades financieras de D. Sebastián Auger Duro, editor de Mundo Diario, Tele/eXpres, Catalunya Exprés, 4-2-4 y Informaciones. En aparente respuesta el 28 de junio de 1979 el periódico Informaciones publicaba un amplio dosier en el que desvelaba que varios accionistas de PRISA habían demandado al presidente de PRISA, D. José Ortega Spottorno, por estar permitiendo que D. Jesús Polanco Gutiérrez estuviera incrementando cada vez más su participación. Además la nota de Informaciones reprocha el pasado franquista tanto de Polanco Gutiérrez como del director de El País, D. Juan Luis Cebrián Echarri. Aquel informa de Informaciones contra El País generará comentarios en Diario16, El Imparcial y La Calle donde se apuntará que detrás de ese dossier está D. Antonio García-Trevijano Forte, abogado de D. Sebastián Auger Duro que está tratando de convertirse en accionista mayoritario de PRISA con D. Darío Valcárcel Lezcano como testaferro. Valcárcel Lezcano mandará una carta de réplica a La Calle defendiendo la ética de sus actos. La redacción de Informaciones hará pública una nota desvinculándose de la nota contra El País.

El diario INFORMACIONES publicó el 28 de junio de 1976 un ‘dossier’ a dos páginas completas explicando los pleitos que se mantenían por el control de las acciones de PRISA, la empresa editora del diario EL PAÍS. La pelea era de dominio público desde que el sector de accionistas opositores al consejero-delegado D. Jesús Polanco Gutiérrez (apoyado por D. Juan Luis Cebrián Echarri) formalizaran y presentaran en público la creación de un ‘Sindicato de Accionistas‘ de PRISA para hacer frente al propietario de Santillana. Sin embargo, ningún periódico lo había explicado claramente como lo hizo el diario INFORMACIONES aquel día. Se explicaba que D. José Ortega Spottorno, presidente de PRISA, había perdido el poder real de la empresa en manos del Sr. Polanco y no había podido ejercer su papel de árbitro – de que no hubiera ningún accionista mayoritario – puesto que la crisis económica de la ruina de su empresa Alianza Editorial , le había dejado en manos del Sr. Polanco, que sí tenía suficiente lomo económico como para salvar PRISA. Además se apresuraba en recordar el pasado franquista de D. Juan Luis Cebrián y también del propio Sr. Polanco, algo menos conocido que el del anterior.

La publicación del dossier era interpretada como un ataque al diario EL PAÍS, que era el diario que más se había identificado con el sistema democrático, hasta el punto de que atacar a ese diario en aquel momento podía entenderse como un ataque al ‘nuevo periodismo’ y a la nueva democracia.

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LA REDACCIÓN DEL DIARIO INFORMACIONES SE DESVINCULA DEL REPORTAJE CONTRA EL PAÍS:

El 2 de julio de 1979 en el diario INFORMACIONES aparecía publicado un insólito recuadro en el que la redacción del periódico se desvinculaba completamente de aquel texto dedicado a la guerra interna de EL PAÍS. El recuadro decía lo siguiente:

La información aparecida el pasado día 27 en la página 2 y penúltima de nuestro periódico en relación con el diario EL PAÍS, ha sido elaborada por un equipo de profesionales – ajenos a la Redacción de INFORMACIONES – según ha declarado a los trabajadores de Redacción la empresa editora del periódico.

Dicho de otra manera, que esos autores ‘ajenos’ no tenían nada que ver con la redacción que dirigían D. Guillermo Solana Alonso y D. José María Izquierdo Rodríguez (en aquel momento director y subdirector de INFORMACIONES). Luego, si no eran de la redacción sólo podían ser cosa del editor, que, desde diciembre de 1978 era el empresario catalán opusdeista D. Sebastián Auger.

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO SEÑALADO COMO ‘AUTOR’ DEL INFORME (29.06.1979)

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¿Quién estaba detrás de aquella información? Una persona señalada – entre otros por la revista LA CALLE – como el autor de aquel dossier era el ex subdirector y fundador de EL PAÍS, D. Dario Valcárcel, que era miembro de ‘El Sindicato de Accionistas’ del diario de PRISA, pero el Sr. Valcárcel no tenía ningún tipo de vinculación con el diario INFORMACIONES. Quién sí tenía vinculación con el diario INFORMACIONES era el abogado D. Antonio García-Trevijano Forte, que era abogado de D. Sebastián Auger Duro. El periódico DIARIO16 del día 29.06.1979 señalaba directamente al Sr. Trevijano como responsable de la nota de INFORMACIONES contra EL PAÍS de la siguiente manera: «La información – que ayer tarde los rumores achacaban a Antonio García Trevijano, del vesperitno madrileño…»

Lo cierto es que tanto D. Antonio García-Trevijano Forte como D. Darío Valcárcel Lezcano, consultados por miembros de LA HEMEROTECA DEL BUITRE reconocieron que trabajaron juntos en la guerra de accionistas de PRISA, aunque ambos manifestaron radicales diferencias personales sobre sus respectivas conductas en aquella época. En lo que se refiere al Sr. Auger, el Sr. García-Trevijano aseguró que durante un periodo de tiempo este se sometió a su dirección política.

En septiembre de 1978 se hará pública la guerra de accionistas de INFORMACIONES de Auger-Trevijano contra Garrigues-Ussía. 

28 Junio 1979

DEMANDA JUDICIAL CONTRA EL PRESIDENTE DE EL PAÍS

INFORMACIONES (Editor: Sebastián Auger)

Lucha por el control en el periódico

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El presidente del diario EL PAÍS, Jose Ortega Spottorno, ha sido demandado judicialmente por un grupo de accionistas por eventuales irregularidades en la trasmisión de acciones de la sociedad editora del periódico. El acto de conciliación tuvo lugar, sin avenencia, el pasado día 8 ante el Juzgado del distrito número 16 de Madrid.

Los demandantes estiman que no se han cumplido las garantías establecidas en los Estatutos con ocasión de la venta de las acciones del propio Ortega Spottorno, realizada hace ahora un año. En efecto, el señor Ortega hubo de desprenderse de su participación en EL PAÍS (aproximadamente ocho millones de pesetas de nominal, sobre un capital de 300 millones) a causa de su situación en otras empresas.

José Ortega Spottorno fue hasta noviembre de 1977 el consejero-delegado de Alianza Editorial y fue cesado en dicho cargo al encontrarse un inexplicable descubierto, del orden de 60 millones de pesetas, con un pasivo en torno a los 100 millones. Ambas circunstancias eran, según se afirma, desconocidas del Consejo de Administración de Alianza, así como de la Junta de Accionistas. Se señala también la posibilidad de que se realizaran inadecuadamente trasvases de fondos desde Alianza a una pequeña empresa editorial presidida por el Sr. Ortega.

Meses antes, a raíz de las elecciones generales de junio de 1977, el presidente de EL PAÍS junto a los presidentes de otras sociedades periodísticas fue designado senador real. Al conocerse en noviembre la situación de Ortega Spottorno, algunos senadores sugirieron una dimisión voluntaria que el señor Ortega desoyó.

Posteriormente varios grupos de accionistas propusieron un relevo en la presidencia de EL PAÍS por considerar que, en aquellas circunstancias, el presidente no podía asegurar la independencia del periódico. De acuerdo con los Estatutos, el presidente de la Junta de Fundadores (cargo que también detenta Ortega en la empresa editorial de EL PAÍS) es quien ha de velar por la línea general del diario, con control sobre el director. Como presidente del Consejo de Administración, tiene la facultad de conocer, aprobar y tramitar las transmisiones de acciones. Los accionistas demandantes señalan que una irregularidad en una venta de acciones es grave, máxime si se trata de las acciones del propio presidente, responsable de hacer cumplir los preceptos estatutarios.

La demanda se produce además cuando, según indicios coincidentes, se lleva a cabo un intento de compra masiva de acciones por parte del consejero-delegado de EL PAÍS, el editor de libros de texto Jesús Polanco. José Ortega se desprendió de sus acciones en junio de 1978. El comprador fue uno de los acreedores que acudieron a salvar la situación creada por Ortega en Alianza Editorial. Los demandantes piden, entre otras cosas, la nulidad de esta compraventa.

COMIENZAN LAS COMPRAS DE ACCIONES

En 1978 Jesús de Polanco comenzó a adquirir la mayor parte de las acciones de PRISA, sociedad editora de EL PAÍS, puestas a laventa. Las compras fueron realizadas por Polanco, bien directamente o a través de colaboradores, parientes y empresas dependientes de él: la sociedad PROPUSA, Francisco Pérez González, Ismael Moreno, Javier Baviano, Juan Luis Cebrián, Vicente Cebrián, Ignacio Polanco, Isabel Polanco, Tomás Torralba Ropero, María Jesús Polanco, etc.

El total de estas compras y una adquisición suplementaria de 20 millones de nominal, ascendía aproximadamente a 28 millones de pesetas. Con ello, el señor Polanco sumaba a la participación que controlaba, en principio, en torno al 8 por 100, un 9 por 100 más, que le otorgaba una posición privilegiada en la sociedad. Entretanto, los demás consejeros no habían adquirido, a lo largo de 1978, sino un total de 10.500.000 equivalente a un 3,5% del capital. Tal es la información derivada de los anuncios públicos de compraventa preceptivamente publicados a fin de que los otros socios puedan ejercer la opción preferente por los Estatutos.

Contra este intento de control se alzó advertido a tiempo un amplio número de accionistas que denunció la situación en Junta general el pasado mes de noviembre. Desde entonces, el señor Polanco y sus colaboradores no han realizado una sola compra pública más.

LOS ACCIONISTAS DE LA OPOSICIÓN

Como reacción a lo que aparentaba ser una abierta operación de coparse se constituyó un sindicato de Accionistas en diciembre último. Agrupaba en principio un 10 por 100 del capital y estaba dirigido por un grupo de socios en que predominaban los empresarios. Los sindicatos eran de diversas tendencias políticas (desde Alianza Popular a liberales de UCD, pasando por algún dirigente del Partido Nacionalista Vasco), pero el director de EL PAÍS saludó su constitución con una violenta nota en la página editorial denunciando al Sindicato como operación de la derecha reaccionaria contra la independencia y la pureza de EL PAÍS.

No obstante la oposición creada dentro de la sociedad pasó en dos meses a controlar el 20 por 100 del capital. Actualmente sus directivos afirman tener un control del 30 por 100 (frente al 17 por 100 personalmente controlado por Polanco). Hoy la gestión del Sindicato está encomendada a una directiva de cinco miembros: Alejandro Serrano, presidente del grupo y empresario madrileño, Jaime García de Vinuesa, liberal, vinculado a Joaquín Satrústegui, Miguel Ángel Cifuentes, también empresario, el profesor González Páramo, próximo a Manuel Fraga, y el hijo mayor de Ortega y Gasset, Miguel Ortega Spottorno, médico y hermano del actual presidente de EL PAÍS. Sus asesores jurídicos son José María Gil Robles y Fernando Escardó.

El Sindicato de Accionistas se ha declarado reiteradamente neutral en política. Sus propósitos son mantener el proyecto fundacional de EL PAÍS como diario independiente, europeísta y liberal y evitar el asalto a la propiedad por la compra creciente de acciones. El Sindicato ha recordado que al fundarse EL PAÍS el presidente puso como condición un capital fragmentado de modo que no existieran participaciones predominantes.

Por otra parte un grupo de accionistas patrocina, en la actualidad un estudio en el que se analiza el contexto editorial e informativo de EL PAÍS para enumerar sus reiteradas faltas de imparcialidad. Por ejemplo s latente hostilidad contra catalanes y vascos o sus editoriales sobre la OTAN, no sólo contrarios al ingreso de España, sino favorables a las posiciones estrategias de la Unión Soviética.

TRÁFICO DE INFLUENCIAS

Accionistas han realizado un catálogo en el que se clarifican pretendidas operaciones de tráfico de influencias. Por ejemplo: en el invierno de 1978 se ofreció una cena en EL PAÍS en honor de los responsables del ministerio de Agricultura. Poco después, José Ortega Spottorno, destituído de Alianza Editorial y privado de su sueldo, recibió un puesto en dicho departamento ministerial. (…) Entretanto EL PAÍS publicó extensas informaciones en loor de Editorial Santillana, propiedad de Polanco, y varios editoriales pidiendo al Gobierno ayudas para la exportación de libros de texto. La editorial de Polanco tiene un creciente volumen de negocio con Chile, Argentina y otros países iberamericanos. (…) El grupo empresarial del señor Polanco es por otra parte dependiente en buena medida del crédito oficial y de la actitud de tres ministerios: Educación, Comercio y Cultura.

La editorial Santillana, editora de textos de enseñanza primaria y media, fue fundada en 1960, pero era desconocida hasta 1966, en que su rápido crecimiento sorprendió a la competencia. Su promotor y propietario Jesús de Polanco, nacido en Santander en 1931, había servido en la Falange, para convertirse en secretario de un miembro del Opus Dei, Florentino Pérez Embid, con ocasión del acceso de algunos tecnócratas al Gobierno de Franco. La empresa de Polanco encontró su mejor momento en 1969, al ser ministro de educación el señor Villar Palasí. Al cesar en ese Ministerio, su subsecretario Ricardo Díez Hochleitner es nombrado vicepresidente de Editorial Santillana. Pío Cabanillas accedería igualmente al complejo editorial de Polanco.

DISENCIÓN INTERNA DE EL PAÍS

El grupo de los disconformes crece entretanto en el seno del periódico. La Redacción, considerada como una de las mejores de España, observa como el director del diario, Juan Luis Cebrián, abandona progresivamente la actividad periodística para participar en la confrontación que divide al accionariado. La Redacción mayoritariamente trata de crear una Sociedad de Redactores para hacer frente a supuestas arbitrariedades y favoritismos de la Dirección y para participar en la línea editorial que consideran variable a todo viendo y manejada en solitario por el director de EL PAÍS y el consejero-delegado.

Juan Luis Cebrián hace política interna con los consejeros, política externa con los miembros del Gobierno y se insinúa su candidatura a la Dirección General de RTVE.

PERIODISMA PRECOZ

El director de EL PAÍS, con treinta y seis años de edad, pasa por ser uno de los profesionales más precoces de periodismo nacional. Nacido en una familia de viva raigambre falangista – su padre fue director de ARRIBA y procurador en las Cortes por el tercio familiar – se convierte en hombre de confianza de Emilio Romero durante los años de periodismo de Solis Ruiz (1964-1969). Posteriormente ocupa varios puestos para acceder a un cargo directivo en Televisión Española durante el primer Gobierno de Arias Navarro, en la etapa final del franquismo. Su paso por la casa de INFORMACIONES coincidió con una gran reorganización del periódico, llevada a cabo por Cebrián bajo los hermanos De la Serna (Jesús y Víctor), director uno y miembros del Consejo de Administración el otro de este diario vespertino. En la actualidad ambos ocupan puestos en EL PAÍS, uno como ‘asesor de publicaciones’ y otro como crítico gastronómico. ‘Es lástima que se nos pidiera – explica un accionista fundador – un gran esfuerzo económico para hacer un nuevo periódico al servicio de la cultura y la solidaridad entre los españoles, y ahora veamos cómo EL PAÍS atiende, sobre todo, a intereses particulares.

SE EXTIENDE LA DISIDENCIA

A lo largo de 1978 se produce un disidencia creciente dentro del Consejo. Polanco, que mantiene a sus órdenes a Ortega y Cebrián, opera con rapidez, tanto ante la discrepancia de los empleados como frente a los consejeros y accionistas disconformes. Se suceden las dimisiones en el Consejo de Administración abandonado entre otros por Julián Marías, Miguel Ortega Spottorno y Antonio Mencheca Carega. El profesor Alfonso de Cossio, que muchos accionistas consideraban como una garantía última de independencia, muere de una crisis cardíaca en el noviembre último. Otros consejeros observan la evolución de los problemas internos. Un grupo minoritario del Consejo mantiene no obstante la disidencia abierta en el Interior. Entre ellos, uno de los tres fundadores de la Sociedad, Dario Valcárcel, que reunió en 1972-1975 una cuarta parte del capital, incompatible con Ortega y Polanco, Valcárcel fue destituido de su puesto de subdirector de EL PAÍS, luego de los de adjunto a la presidencia, secretario del Consejo y secretario de la Junta de Fundadores. Sin embargo es inamovible del Consejo, donde representa un procentaje suficiente de capital y de la Junta de Fondadores, donde no puede cesar sino a propia voluntad. (…) Los consejeros más representativos (en un total de veinte) mantienen una actitud distante de Polanco como del sector disidente: entre esos consejeros destacan los banqueros Álvaro Noguera y Fernando Pérez Mínguez, el médico pediatra Manuel Varela Uña, los diputados de UCD Alzaga y Muñoz Peirets y el diputado comunista Ramón Tamames. Ese grupo de consejeros representa una participación del 22%, superior por tanto a la de Polanco, que controla el 17%.

NEGOCIO, PROSPERO Y DISCUTIBLE

Para muchos socios, los resultados satisfactorios no se deben a la gestión del señor Polanco, apasionado por la política y poco interesado por la administración de EL PAÍS, sino al diseño de una de las primeras empresas de su sector que opera en España con equipo electrónico. Eso le permite tener una nómina total de 340 empleados (109 periodistas) mientras los diarios de la competencia, ABC y YA, tienen que hacer frente a un diseño industrial anticuado y a una nómina de de 1.500-2000 empleados.

La propiedad de EL PAÍS sigue dividida entre 1.200 accionistas, la mayor parte de ellos con participaciones inferiores a las 200.000 pesetas. De ello, y otras cuestiones trataremos en una próxima información.

29 Junio 1979

JUAN PLA Y LOS LEONES

Joan Pla

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Jamás he sido propenso a instalar mi tienda en las encrucijadas. Ayer se levantó en los medios periodísticos una fuerte polémica en torno al artículo que publicaba el vespertino madrileño INFORMACIONES referente a EL PAÍS. Recuerdo que en casi todas las tertulias y mentideros a que asistí se producía unanimidad en los calificativos empleados. Casi todo el mundo decía: ‘Es un artículo feroz contra EL PAÍS y van a rodar muchas cabezas’. Ya se sabe, en este país siempre abundaron las personas con inclinación desmesurada al aspaviento y al dramatismo. Para desdramatizar la cuestión convendrá leer despacio, otra vez, el artículo de INFORMACIONES y, a continuación preguntarse con toda decencia interior: ‘¿Quién ha escrito eso, quién dirige esa orquesta contra Ortega Spottorno, contra Polanco y, por ventura, contra el lozano Salvat, editor de libros?’

La Moda, en nuestros días, es no firmar nombre y apellidos los artículos fuertes. Nosotros mismos, en este barquito de papel hemos producido grandes artículos, importantísimos artículos (la calificación es mía, puesto que no fui su días y dialécticas se atribuyeron a Tomás Beckett quien, desde luego, jamás luchó por las autonomías de España, etcétera. La moda está cifrada en tirar la piedra y esconder la mano. A raíz de los quebrantos que pueda producir en EL PAÍS la fuerte andanada de INFORMACIONES, a uno le nace la memoria de aquella célebre ‘Operación Galaxia’ en la que precisamente EL PAÍS se marcó un iluminado farol de primicias, haciéndonos bailar con la más fea y propagando a los cuatro vientos, en alas de su poderío y difusión incuestionable, la rara especie de que nosotros éramos conspiradores, acrósticos e insidiosos. Bueno, la venganza es placer de los dioses, pero a uno, que ya le dijo en su día a Juan Luis Cebrián que no estaba dispuesto a seguir engrescado con los colegas, le ha producido la natural pesadumbre el hecho de que una empresa trate de hundir a otra, una banda a la otra, dejando que los hermanos pequeños, los trabajadores, los que no son y no serán nunca accionistas del gran tinglado, se saquen los ojos mutuamente, opinando a voces en clamorosas asambleas inútiles.

Cada maestrico tenía ayer su librico madre y por un lado nos decían: ‘Son unos babosos. Eso viene del contencioso que tiene Auger con Garrigues, que se lo defiende Trevijano’. Otros, por su parte, alegaban todo lo que alegaban y que bien claro quedó escrito en INFORMACIONES. Yo fui directamente al toro. Llamé a Juan Luis Cebrián y la voz femenina que me atendió debió pensar que soy muy despistado, porque me dijo algo así: ‘¿Acaso no sabes que Juan Luis está en el extranjero?’. Después, un minuto después, supe que Cebrián, director de EL PAÍS, estaba nada menos que en Israel. Creció la noche y no disminuyó la curiosidad periodística. Alguien señaló dos cosas: una, que Trevijano no es mayoritario de las acciones de EL PAÍS. Otra, que José Luis Álvarez, por ejemplo, arremete fuerte, junto con Gil-Robles y González Páramo, desde su sindicato de accionistas, porque entre otras cosas, el ex alcalde de UCD tiene la convicción de que perdió la batalla electoral por culpa de su propio periódico, que es EL PAÍS. Andan calientes los ánimos… Uno observa, imparcial, aunque puñetero, como siempre.

Juan Pla

10 Julio 1979

Carta

Dario Valcárcel

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Señor director:

En la información publicada en LA CALLE de 10 de julio sobre el diario EL PAÍS se me atribuyen actos que no responden a la verdad.

Se afirma textualmente que yo he ofrecido informaciones sobre la situación interna de dicho periódico por toras las redacciones de Madrid y se me atribuyen estas palabras: «Yo tengo dossiers bajo el brazo’. Esa imputación es contraria a la verdad e injuriosa para mí. Soy miembro del Consejo de Administración de la empresa editora de EL PAÍS y vocal de su Junta de Fundadores. En estas circunstancias nunca me consideraré con derecho a ofrecer información sobre la sitación interna de una empresa en la que tengo responsabilidades de consejero.

En la información a que laudo abundan los datos erróneos (don José Luis Álvarez no es accionista de la sociedad, las cifras des votaciones no son exactas, se confunden las abstenciones con los votos en blanco, etcétera).

Por mi parte me limitaré a rectificar sólo lo que a mí se refiere. A más de lo que anteriormente señalo como contrario a la verdad, y sin entrar en las especulaciones y procesos de intención que ne torno a mí se formulan, le ruego considere, señor director, el alcance de la acusación que en el citado artículo se me hace, por lo que representaría de deslealtad hacia una empresa que contribuí a fundar y a la que sirvo desde hace siete años por encima de todas las dificultades.

Aclaración menor, pero también necesaria: no soy conde de O´Reilly ni he tenido nunca, salvo en condición de estudiante, relación alguna con la República de Irlanda.

Como periodista creo que toda información contraria a la verdad debe ser rectificada, sobre todo si es difamatoria para instituciones o personas. Por eso confío en su rectitud profesional al encarecerle la publicación íntegra de esa carta.

Dario Valcárcel

El Análisis

CUANDO LA PRENSA ERA SAGRADA

JF Lamata

El diario INFORMACIONES publica un dossier sobre que los accionistas del diario EL PAÍS se están demandando entre ellos… lo que ahí cuenta es totalmente verdad… ¡y toda la prensa se escandaliza! «¡Que barbaridad, atizan a EL PAÍS!». Y la propia redacción de INFORMACIONES se ruboriza e intenta convencer de que la cosa no tiene nada que ver con ellos… era otra época, aún existía aquel dicho de ‘perro no come carne perro’. ¿Qué aquel dossier era interesado porque era una maniobra de D. Antonio García Trevijano y D. Dario Valcárcel para frenar a D. Jesús Polanco? Es posible. Pero lo relevante, sin ocultar ese dato, es si era verdad que los accionistas de EL PAÍS estaban pleiteando entre ellos, y lo era.

Aunque en ese momento informar sobre las pugnas internas dentro de un medio de comunicación fuera considerado ‘una agresión’ a ese medio, a partir de entonces se convertiría en algo bastante habitual.

Lo más irónico es que el dossier de INFORMACIONES era genuina ‘paja en ojo ajeno’, porque también los principals accionistas de INFORMACIONES se estaban demandando mutuamente por aquella época.

J. F. Lamata