21 mayo 1993

La deportista Lilí Álvarez replica a una columna de Eduardo Haro Tecglen en EL PAÍS

Hechos

Publicada el 21 de mayo de 1993.

11 Mayo 1993

La llamada

Eduardo Haro Teglen

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Navratilova, Arancha, Conchita, Sabatini: tengo la sensación de que desde hace años veo el mismo partido de tenis entre cuatro o seis señoritas fornidas, gruñonas, duras. No habrá más: hay que conservarlas, como a las ballenas. Recuerda otras dos – damas de antaño – que parecían celebrar el mismo partido siempre, Susana Lenglen y nuestra Lilí Álvarez. Faldas hasta el pie; y la lanzada para el pelo flotaba al viento. Existía lo femenino; ahora hace un raro, aunque siga viendo su llamada en las revistas y los anuncios. En la misma emisora que muestra uno de estos partidos (Euronews), me entero de que en el Reino Unido las mujeres van expulsando del trabajo a los hombres, casi les alcanzan en número. El secreto: ya no se precisa fuerza física, en lo que nos hemos igualado: no hacemos falta los hombres (ellos, quiero decir: en cuanto a fuerza, soy un querubín); pero como el trabajo humano se hace menos necesario, las jornadas se han reducido a la mitad, y a las mujeres les conviene ese horario / sueldo abreviados. Los hombres no pueden porque, en cuestión de mantenimiento económico del hogar, siguen teniendo un indeseable primer puesto. Los divorcios les duplican, ahora, esa obligación (sólo se tiene un hogar, pero se pagan dos); y otra emisora me cuenta que Hacienda no acepta que se desgraven las pensiones que dan a los hijos los separados. Todo podría parecer en contra del hombre, incluyendo la desaparición paulatina de la feminidad, que es mucho más rápida que la desaparición de la masculinidad complementaria: pero, si se hacen cuentas, todo es lo mismo. Hay una masa de salarios y, se repartan como se repartan, todo va a parar a los garbanceros, los bancos, el Estado y los colegios. Lo demás, algo de alcohol para olvidar la condición masculina; ya, la femenina y la infantil: aumentan, en España, los alcoholismos de mujeres y de niños. Costes de la farsa de la libertad.

(Lilí Álvarez: osciló hacia el catolicismo militante, publicó libros de proselitismo; creo que se asoció al Opus. Como Virginia de Matos, estrella de revista, ‘novia de Madrid’, que abandonó esa forma de oprobio y se convirtió. La llamada se puede recibir en cualquier sitio, en cualquier momento).

21 Mayo 1993

Claridad

Lili Álvarez

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Me acaban de dar el artículo de Eduardo Haro Tecglen titulado La llamada, aparecido en su periódico el pasado día 11 de mayo. Había dos referencias a mi persona que debo enderezar por ser ambas equivocadas.En primer lugar, en 1926 no llevábamos faldas hasta el suelo para jugar al tenis, sino a media rodilla o justo por encima de la rodilla. Más luego, tampoco me 11 asocié» nunca con el Opus Dei, como dice en su periódico, ni escribí ningún libro de proselitismo.

Lo mío fueron ensayos diversos, en los que intentaba mostrar mi santo y seña de siempre, que al simple cristiano de a pie le ha sido dada por la Madre Iglesia una muy, particular y genuina forma de religiosidad, una por la cual no debe caer en la imitación de otro tipo de religiosidad. No hay por qué ser adicto de rasgos pertenecientes a monjas, frailes oscuras, por muy seculares que éstos parezcan, o justamente por ello. Así, al igual que antaño se solía pedir un café-café, yo he reclamado el de ser seglar-seglar. O sea, mi «llamada» moraba en una dirección completamente opuesta a la inferida por el señor Haro Tecglen.

Mucho le agradeceré, señor director, se publiquen estas líneas rectificadoras, pues con la edad se vuelve una, si bien más comprensiva, con todo, más deseosa de claridad