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Jamal Zougam, Otman Gnaoui y Emilio Suárez Trashorras fueron condenados a penas de cárcel milenarias

La Sentencia por la matanza del 11-M confirma la autoría islamista y descarta a ETA mientras se endurece la guerra mediática

HECHOS

El 31.10.2007 la Audiencia Nacional hizo pública la sentencia por la matanza del 11-M.

PROTAGONISTAS DEL JUICIO:

TRIBUNAL

bermudez_11_M Los jueces D. Javier Gómez Bermúdez (presidente de la Sala y ponente), D. Félix Alfonso Guevara y D. Fernando García Nicolás presidieron el juicio por la matanza del 11-M.

FISCALES

olga_sanchez_fiscal_2 La fiscal fue Dña. Olga Sánchez, respaldada por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, D. Javier Zaragoza y también por el fiscal D. Carlos Bautista. Todos ellos defendieron que se tratabade un atentado islámico el que eran responsables los acusados. Sobre ella cayeron las mayores burlas y críticas desde los medios de comunicación que cuestionaban que el atentado hubiera sido islamista.

ABOGADOS

abascal_11_M D. Jose Luis Abascal era el abogado de Jamal Zougam, el principal acusado, intentó convencer en vano al tribunal de que el atentado había sido obra de ETA. También era el abogado de Basel Ghalyoun, otro de los acusados en aquel proceso.

gerardo_turiel D. Gerardo Turiel era el abogado de Suárez Trashorras, el acusado de suministrar los explosivos al comando asesino. Defendió que no era seguro que los explosivos utilizados en el atentado hubieran sido ‘Goma 2 Eco’.

jose_maria_de_pablo D. José María de Pablo, ejercía la acusación particular de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, y firme defensor de toda pista que apuntara a ETA. Durante el juicio participó en varios programas del canal LIBERTAD DIGITAL.

emilio_murcia_abogado D. Emilio Murcia, ejercía la acusación particular en nombre de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), también defendió la hipótesis de que pudiera ser un atentado de ETA.

abogado_rodriguez_segura D. Carlos Rocríguez Soria, también abogado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) al igual que su compañero también defendió posibles vínculos con ETA y pidió que declararan en el juicio como testigos varios etarras como Henri Parot, que no aportaron nada.

gonzalo_boye D. Gonzalo Boye ejerció la acusación particular en nombre de una de las víctimas, que era de origen chileno como el propio abogado. El Sr. Boye era polémico porque en el pasado había sido condenado por colaborar con ETA (precisamente por la fiscal Dña. Olga Sánchez). Uno de los acusados, Rafa Zouhier, se lo hechó en cara durante el proceso: «Ese señor sabe mucho más de bandas armadas que yo», dijo. El Sr. Boye defendía la autoría islámica de la matanza.

LOS ACUSADOS:

jamal_zougam Jamal Zougam. Fue condenado a penas que sumaban 42.922 años de cárcel acusado de ser un ‘autor material’ de los atentados, puesto que varios testigos le identificaron en los trenes.

gnaoui Otman Gnaoui. Fue condenado a penas que sumaban 42.924 años de cárcel al haber transportado los explosivos de Burgos a Madrid, ayudando a construir el lugar donde fueron almacenados en la finca de Chinchón.

suarez_trashorras El minero Emilio Suárez Trashorras fue condenado a penas que sumaban 34.715 años de cárcel por haber vendido la dinamita procedente de mina Conchita a Jamal Ahmidan.

zouhier Rafá Zouhier, fue condenado a 10 años de cárcel por haber mediado entre Suárez Trashorras y Jamal Ahmidan la venta de explosivos a cambio de hachis. Era un confidente de la Guardia Civil.

osman Rabei Osman ‘El Egipcio’ fue señalado por la fiscalía como un posible ‘cerebro’ de la trama. El Tribunal del 11-M lo absolvió al no ver suficientes indicios de aquello.

bouchar Abdelmajid Bouchar fue condenado a 18 años de cárcel. Convivió con los terroristas suicidas de Leganés, logrando escapar del cerco policial, por lo que se le consideró ser miembro de la célula. En el juició negó toda vinculación con el piso de Leganés.

LA SENTENCIA EN LOS MEDIOS:

El error de la portada de EL PAÍS de julio de 2007:

elpais_11M_julio En julio de 2007 el diario EL PAÍS se atrevió a vaticinar en portada que Rabei Osman estaría entre los condenados. Se coló: la sentencia lo absolvió.

REACCIONES MEDIÁTICAS ANTE LA SENTENCIA DEL 11-M:

zap_sentencia11M_01 Ya la noche antes de conocerse la sentencia en ‘Diario de la Noche’ de TELEMADRID, presentado por D. Fernando Sánchez Dragó se produjo un encendido debate entre D. Casimiro García Abadillo (vice director de EL MUNDO) y Dña. María Antonia Iglesias (colaboradora del Grupo PRISA). La Sra. Iglesias acusó a EL MUNDO de defender la hipótesis de que el atentado era obra de ETA por su interés en defender al Sr. Aznar.

zap_sentencia11_00 D. Iñaki Gabilondo en ‘Noticias Cuatro’ en el canal TV del Grupo PRISA, declaró que tras conocerse la sentencia los medios que habían cuestionado la autoría islámica – llamados siempre por PRISA medios de ‘la teoría de la conspiración’ – tenían que pedir perdón. El Sr. Gabilondo citó expresamente a EL MUNDO, a la Cadena COPE y a TELEMADRID.

zap_sentencia11M_02 El director de la Cadena SER, la emisora de radio del Grupo PRISA, D. Daniel Anido, intervino a través de las ondas para dejar claro en antena que no consideraba a los periodistas de EL MUNDO y COPE «compañeros de profesión», porque no se dedicaban a lo mismo y que la sentencia ponía fin a sus mentiras.

zap victima olmoEl locutor estrella de PUNTO RADIO, la emisora del Grupo Vocento, comenzó su programa del día siguiente de la sentencia cuestionándose la credibilidad de los medios que habían cuestionado la autoría islámica del atentado del 11-M: «Estamos hablando de EL MUNDO y la COPE, ¿dónde queda ahora su credibilidad?».

zap_sentencia11M_05 A las pocas horas de conocerse la sentencia el director del diario LA RAZÓN, D. José Alejandro Vara intervenía en TELEMADRID. El director del periódico del Grupo Planeta recordó que LA RAZÓN nunca atribuyó el 11-M a ETA y que desde el principio había tenido claro que el atentado era obra de terroristas islámicos. Dijo que no quería criticar a colegas – en referencia a EL MUNDO – pero comentó que ‘han vuelto locos a muchos lectores’. Se daba la circunstancia de que el Sr. Vara era tertuliano en la COPE donde no apoyó, pero tampoco expresó réplica cuando otros tertulianos de este programa sí cuestionaban la autoría islámica.

zap_sentencia11M_03 En el programa ’59 Segundos’ de TVE (producido por Globomedia) el Adjunto al Director de EL MUNDO, D. Melchor Miralles aseguró que él sí seguía convencido de que ETA había tenido implicación en el atentado del 11-M, aunque reconocía no saberlo a ciencia cierta y por eso pedir que se siguiera investigando ante los agujeros de la sentencia.

zap_MAR_11MTambién en el programa ’59 Segundos’ de TVE, el tertuliano D. Miguel Ángel Rodríguez dejó claro que para él la sentencia no es suficiente: «Algunos no nos creemos que esos 14 condenados fueran los que causaron esa matanza que cambió un gobierno».

zap_sentencia11M_04 En ese mismo programa ’59 Segundos’ el periodista del Grupo PRISA, D. Ernesto Ekaizer mantuvo un enfrentamiento con el político del PP D. Eduardo Zaplana sobre la autoría del atentado. Cuando el Sr. Ekaizer le echó en cara que cuestionara la autoría islámica, el Sr. Zaplana aseguró que las personas señaladas como ‘cerebros’ del atentado habían sido absueltas, desatando la indignación del Sr. Ekaizer: «¡Miente usted! ¡Tergiversa la sentencia!».

zap_sentencia11M_06 La presentadora de ‘Alto y Claro’ en TELEMADRID consideró que la sentencia no aclaraba nada y que por tanto, al ser absueltos los ‘cerebros’ había legitimidad para seguir cuestionando la teoría islámica del 11-M. Varios de sus tertulianos como Dña. Victoria Prego (EL MUNDO) o Dña. Mamen Gurruchaga, corroboraron su actitud, aunque otros, como D. Fermín Bocos, se la reprocharon.

01 Noviembre 2007

¿QUIÉN AVALA LA CONSPIRACIÓN?

Germán Yanke

¡Lo que hemos escuchado y leído! Que la «falta de autopsias» en el piso de Leganés ponía en duda lo que allí había ocurrido e incluso que los ocupantes de la vivienda «habían sido suicidados», que la mochila era una prueba falsa, que no se sabía lo que había estallado en los trenes, que no se quería investigar el papel de ETA en los atentados del 11-M, que había que ver qué hacían o qué responsabilidad tenían determinados servicios del Estado, que se quería imponer una «verdad oficial», que el juez instructor era un patán o un manipulador, que el secreto del sumario atentaba a la defensa de los imputados y a la propia investigación. Y más. Y mucho más.

Ese ha sido el ambiente de crispación en el que se ha llevado a cabo la investigación y el juicio. Aunque ayer el tribunal presidido por el magistrado Javier Gómez Bermúdez replicara a argumentos utilizados en el juicio, la sentencia tiene una clara descripción de la mayoría de estos procedimientos de «la teoría de la conspiración»: se toma un hecho, se descontextualiza, se desvirtúa así su significado real y sus consecuencias lógicas y jurídicas, se hace pender todo el proceso de el hecho así entendido y, tras todo ello, se siembra la duda, se critican las evidencias y se coloca encima de la mesa una «teoría alternativa».
Más claro, agua. O ni eso. La sentencia establece que no hubo indefensión por el secreto sumarial, que la referencia a la ausencia de autopsias es falaz, que no hay duda racional sobre lo que ocurrió en el piso de Leganés, que la prueba de la mochila -aunque fuera trasladada en un «extravagante periplo»- es auténtica, que no hay, por el contrario, prueba alguna que avale la tesis de la participación de ETA y que se ha acreditado cómo se compraba, se trasegaba y se transportaba la dinamita desde Asturias hasta el grupo terrorista islamista en Madrid para ser utilizada en los atentados.
Más incluso: que no es verdad que los peritos coincidieran en que no se puede saber lo que estalló el 11-M; que su acuerdo era en torno a la imposibilidad de determinar la marca comercial del explosivo. Es decir, que se ha acreditado que toda o gran parte de la dinamita procedía de la Mina Conchita y que Suárez Trashorras ha sido condenado como cooperador necesario.
Para quienes han insistido en que no se ha investigado la posible participación de ETA, la sentencia señala no ya que una ampliación de la investigación debería sustentarse al menos en indicios serios, sino que la revisión de los testimonios y de al menos nueve informes revela la ausencia de prueba alguna.
Lo sorprendente, vistas las evidencias, es que entre los conspirativos y los defensores de teorías alternativas no sólo había periodistas alterados e investigadores aficionados. Allí han estado algunos dirigentes del PP, con su secretario general entre ellos y el portavoz parlamentario a la cabeza.
No se entiende que, tras la Comisión de Investigación en el Congreso -que el PP tomó con entusiasmo para defenderse de las acusaciones de mentir o de tener alguna responsabilidad por su política exterior, extremo impresentable- se haya mantenido una estrategia tan alejada del sentido común promocionada por este grupo y no desautorizada por los demás.
En este contexto, las palabras de Mariano Rajoy «ante» la sentencia, como reza el documento del PP, son paradójicas y atosigantes. El líder de la oposición, en vez de limitarse a acatar y respetar la sentencia y recordar a las víctimas, afirma que apoya «otra» investigación para que sean identificados los inductores o autores intelectuales de los atentados «sin límites en la acción de la justicia».
Ante tan desafortunada declaración se ha argumentado después que ya la fiscal dijo que algunos de ellos podrían no estar en el banquillo, pero a nadie se le oculta que, después de todo lo dicho y hecho por algunos de los suyos, parece más bien que lo que respeta y acata es la actuación atrabiliaria de estos y no la de los jueces.
Como si faltara algo, como si se tratase de una media verdad, como si se pudiese obviar, entre otras cosas, que «El Egipcio» no ha sido condenado por pertenencia a organización terrorista porque ya ha sido condenado por el mismo delito en Italia, como si la «otra» investigación no siguiera llevando al terrorismo islamista.
Germán Yanke
01 Noviembre 2007

LA MEMORIA DEL PEZ

Ignacio Escolar

Dicen que la memoria de algunos peces apenas supera unos pocos segundos. Tiene gracia si vives en una pecera: a cada vuelta, puedes descubrir y descubrir, una y otra vez, el mismo castillo sumergido. También tiene su inconveniente siniestro. La memoria del pez es tan corta que, a cada rato, debe acordarse de respirar. Toda su vida se resume en una infinita sensación de ahogo.

 Hay quien cree que la memoria de los ciudadanos es apenas superior a la de los peces. Que poco importa que el PP de Mariano Rajoy se haya pasado tres años largos alentando una ficción surrealista en la que se acusaba al actual Gobierno de estar detrás del peor atentado terrorista de la historia de España. Que no hace falta que dimita nadie. Que basta con que Eduardo Zaplana, con su cara bronceada, diga que el PP jamás ha alentado ninguna teoría de la conspiración para borrar del registro del Congreso las 1.200 intervenciones parlamentarias sobre el ácido bórico o la Orquesta Mondragón con las que la derecha llevó este delirio interesado de EL MUNDO y la COPE al corazón de nuestra democracia.

 Ayer José María Aznar estuvo callado. Es lo menos, pero me temo que no durará. Él, como el resto de los conspiranoides, se aferrará ahora a la absolución de El Egipcio para pedir que se siga buscando a ese autor intelectual que no está en desiertos lejanos, como si la sentencia no hubiese sido lo bastante contundente.

Pero la conspiración no vivirá mucho más. Sólo quedan los últimos coletazos y serán a la defensiva. Hace meses-desde las Municipales- que el PP intenta desmarcase del club de parapsicólogos ‘Elvis vive’. Sus líderes ya no acuden a las manifestaciones de los Peones Negros. Los conservadores han pasado del “ha sido ETA” al “nosotros no hemos sido”.

 Dentro de muy poco, cuando alguien les recuerde cómo jugaron con 192 cadáveres para hacer la política más sucia, dirán que la memoria crispa. Que hay que mirar al futuro. Que no hay que desenterrar a los muertos. Habrá que recordar entonces que lo de abrir tumbas -para repetir la autopsia- fue una idea de Zaplana.

Ignacio Escolar

01 Noviembre 2007

EL FINAL DEL PRINCIPIO EN LA INVESTIGACIÓN DEL 11-M

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La histórica sentencia sobre la masacre del 11-M puede ser analizada desde muy diversos puntos de vista, pero lo primero que hay que subrayar es que la celebración de este juicio y el fallo del tribunal son ya de por sí un triunfo del Estado de Derecho y de las instituciones democráticas. Tan sólo han transcurrido tres años y medio desde los atentados que provocaron 192 víctimas hasta este primer esclarecimiento judicial, que permitirá resarcir a las familias afectadas por la masacre. Ellas eran las más interesadas en la finalización de este proceso, cuyo veredicto fue leído ayer por el magistrado Gómez Bermúdez, que de forma muy meritoria consiguió evitar cualquier filtración previa.

Respetamos y acatamos la sentencia, con la que estamos de acuerdo en aspectos sustanciales y con la que discrepamos en otros, quizás menos esenciales pero también importantes. En cualquier caso, estamos ante el final del principio de la investigación del 11-M, que queda más abierta que nunca tras esta resolución.

Hay que resaltar antes de comenzar a analizarla que, como señala el propio tribunal, «la sentencia contesta a las cuestiones planteadas dentro de los límites de las acusaciones con la finalidad de declarar o excluir la responsabilidad penal de los procesados». Nada menos, pero nada más. Se trataba, por tanto, de establecer esas responsabilidades penales entre las personas que se sentaban en el banquillo y no de vindicar una verdad omnicomprensiva de los hechos.

En este sentido, lo más importante es que la resolución exonera como cerebros o autores intelectuales de los atentados a los tres únicos imputados a los que la Fiscalía vinculaba a Al Qaeda y para los que pedía 38.900 años de cárcel. El fallo considera inocente a Rabei Osman El Egipcio, al que la Fiscalía acusaba de ser el inductor de la masacre, y castiga a Hassan Haski y Youssef Belhadj por pertenencia a banda terrorista, pero sin implicación alguna en los preparativos de los atentados de Madrid. Ambos tendrán que cumplir condenas de 15 y 12 años, respectivamente, muy lejanas de lo que solicitaba la fiscal.

En medios progubernamentales se argumentaba ayer que, cuando se condena a un miembro de ETA por un asesinato, nadie se pregunta quién ha sido el autor intelectual del crimen. Así es. Pero ello se debe a que ETA es una organización jerarquizada, en la que las órdenes se transmiten de arriba abajo. ETA tiene una cúpula política y operativa, pero nadie sabe, en cambio, quién movió los hilos del comando de Leganés.

No fue este periódico sino la Fiscalía la que decidió sentar en el banquillo a El Egipcio, Belhadj y Haski como autores intelectuales -dando por hecho que ninguno de los que pusieron las bombas tenía nivel para serlo-, para lo cual fabricó unas hipótesis que la sentencia ha tirado por tierra. El Egipcio fue acusado por unas grabaciones en las que se contradecía y que finalmente resultaron estar mal traducidas. A Belhadj se le imputó haber elegido la fecha de los atentados en base a interpretaciones casi cabalísticas. Y a Haski, que no habla castellano ni tenía contactos en España, se le sentó en el banquillo por su acreditada trayectoria islamista en Marruecos. Ninguno de los tres ha resultado condenado por su implicación directa o indirecta en la concepción y preparación de la masacre. Ello vuelve a suscitar todos los interrogantes sobre quién, por qué, cuándo y dónde se planificaron los atentados del 11-M. La Fiscalía pretendía demostrar, con la acusación a estas tres personas, que la acción había sido ordenada por Al Qaeda, pero su exculpación rompe el eslabón de la cadena que unía al grupo de Leganés con la organización que dirige Bin Laden.

Tanto el juez instructor, en el sumario, como la fiscal Olga Sánchez habían asumido sin reservas la tesis de la implicación de Al Qaeda o una de sus ramificaciones, vinculando los atentados al respaldo del Gobierno de Aznar a la intervención de Bush en Irak. La sentencia sólo alude a Al Qaeda como un eventual referente ideológico de los autores, desechando los enormes esfuerzos de la Fiscalía para presentar las bombas como una represalia contra ese apoyo a Bush, pues de Irak ni siquiera se habla.

Según el fallo de ayer, no hay ninguna duda de que El Chino, El Tunecino, Lamari y sus compañeros yihadistas colocaron las bombas en los trenes, pero lo que no está nada claro es quién les indujo a hacerlo. Ello no sólo deja profundamente tocada la versión oficial de la Fiscalía y del Gobierno, sino que además pone en evidencia que existen aspectos sustanciales sobre la masacre que seguimos sin conocer.

El baremo de las penas

Si se puede juzgar por un baremo objetivo el grado de aceptación de las tesis de la Fiscalía por el tribunal, baste señalar que el total de las condenas asciende a 120.775 años, frente a los 311.959 que solicitaba el Ministerio Público. Sorprende que habiendo conseguido menos del 40% de sus objetivos, la Fiscalía se conforme y descarte recurrir ante el Supremo. Tal vez se deba a que si bien la sentencia deja abiertas trascendentales cuestiones sobre la planificación y organización de los atentados, ratifica, en cambio, la versión oficial sobre el origen de la dinamita y la autoría material de la masacre. Ésta es la parte con la que no coincidimos en algunos aspectos muy relevantes.

Gómez Bermúdez hizo énfasis ayer en que el tribunal ha procedido para dictar su sentencia a una «valoración conjunta de la prueba dentro de la lógica y la experiencia». Ello ha llevado a los magistrados a no considerar como prueba el Skoda en el que se hallaron rastros del ADN de Lamari. ¿Quién lo puso allí? Si los terroristas no utilizaron este vehículo y sólo tres viajaron en la Kangoo, como precisa la sentencia, ¿en qué vehículos se desplazaron los demás para colocar las bombas? Al querer cerrar este asunto, la sentencia abre un enigma más.

Por el contrario, el tribunal considera de forma categórica que no se rompió en ningún momento la cadena de custodia de la mochila hallada en Vallecas, por lo que concluye que esta prueba es válida. Se trata de una deducción lógica, pero no va acompañada de una demostración irrebatible porque no se puede verificar ni una cosa ni otra. Estamos en desacuerdo con esta conclusión del tribunal, que en buena medida se basa en un sofisma. No hay forma humana de demostrar que no se rompió la cadena de custodia porque, como los jueces reconocen, nadie sabía durante lo que denominan «su extravagante periplo» que la mochila estaba allí. El hecho es que -como se apunta en el fallo- las partes eludieron llamar a testificar al inspector que dirigía la recogida de objetos en la estación de El Pozo donde fue encontrada, pese a que manifestó en EL MUNDO que tal mochila no pasó nunca por sus manos. Las declaraciones de los tedax y de Sánchez Manzano corroboraron en el juicio que ellos no vieron en El Pozo ningún objeto de esas características. Nuestras dudas no quedan, por lo tanto, disipadas.

Respecto a los explosivos, la sentencia considera acreditado que «todos o gran parte» de los que estallaron en los trenes eran Goma 2 ECO o Goma 2 EC, procedentes de Mina Conchita. Aunque la sentencia incluye una extraña relación de componentes y porcentajes, no es posible desde el punto de vista científico llegar a esta conclusión, porque ocho peritos coincidían en sus informes en que la cantidad de explosivo analizada era insuficiente para establecer la composición cuantitativa del que estalló en los trenes. La aparición de nitroglicerina en el polvo de extintor y de DNT en los restos de los focos indica que pudo emplearse también otro tipo de dinamita. Pero los jueces infieren que se usó Goma 2 ECO porque éste fue el explosivo hallado en Leganés, en la Kangoo y en la mochila de Vallecas.

Dice también la sentencia que en la Kangoo se encontraron 61 objetos, algunos de ellos ciertamente voluminosos, pero que eso «no contradice la genérica y usual acepción que en el lenguaje ordinario significa que una furgoneta está vacía». El lenguaje será «ordinario», pero esta manera de cuadrar los hechos con las premisas parece más bien «extraordinaria», desde el punto de vista de la técnica jurídica.

Trashorras y la dinamita

La sentencia considera partícipes directos en el atentado a Otman Gnaoui y a Jamal Zougam, al que condena básicamente por ser reconocido en los trenes. También inculpa como cooperador necesario a Suárez Trashorras, que, según el fallo, actuó con dolo al vender los explosivos a una organización terrorista.

Si Trashorras ayudó a robar la dinamita y se la entregó al comando de Leganés, es más pertinente que nunca preguntarse qué hacía en el año 2001 cuando buscaba gente que supiera montar «bombas con móviles». Esa profecía autocumplida no se ha investigado jamás.

Sorprende también la absolución de Antonio Toro, que presentó a su cuñado a Zouhier y estaba en la segunda reunión del McDonald’s. Resulta inverosímil, como alega el tribunal, que la primera vez se hablara de explosivos y la segunda -más próxima a la consumación del negocio-, no.

A Zouhier se le absuelve de haber participado en los atentados, pero se le condena por traficar con explosivos. Ello vuelve a dar verosimilitud a sus denuncias de que él avisó a la UCO de lo que se preparaba. El propio coronel Hernando, jefe de la UCO, reconoció que hubo al menos 12 conversaciones en los días previos al 11-M entre Víctor -un agente de su unidad- y Zouhier, que fue quien ayudó a localizar a El Chino tras la masacre.

El tribunal podría haber deducido testimonio para que se investigara la actuación de la UCO y de la Policía Nacional en Asturias, lo mismo que la negligente conducta de Sánchez Manzano, pero ha optado por no hacerlo, tal vez con la idea de no ir más allá de lo que estrictamente era su obligación.

Algunos medios de comunicación resaltaron ayer con sospechoso triunfalismo que la sentencia había acreditado que ETA no participó en los atentados. Lo que dijo el juez Gómez Bermúdez fue bien distinto: que de ninguno de los nueve informes policiales del sumario se habían podido deducir datos que permitieran concluir la participación de la banda, y ya sabemos cómo se cocinaban y maquillaban esos informes.

Muchas más cosas se podrían añadir sobre este fallo que no aclara ni quién compró los móviles, ni quién montó las bombas, ni cómo las transportaron los terroristas, pero tenemos motivos más que suficientes para sentirnos satisfechos, tanto por los aspectos en los que nos da la razón como en los que nos la quita, porque casi todos estos «agujeros negros» fueron investigados por nuestro periódico y no habrían salido a la luz de no haber sido por ello.

Estamos, como hemos dicho, solamente en el final del principio, porque nuestro periódico va a seguir investigando sobre la decisiva autoría intelectual y todas las demás cuestiones que el fallo deja abiertas. Ése es nuestro compromiso ante los lectores que depositan su confianza en EL MUNDO.

01 Noviembre 2007

El fin de la infamia

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

La sentencia de la Audiencia Nacional sobre el 11-M no ha podido ser más clara y contundente: de conspiración nada, de ETA ni rastro. Uno a uno, desmonta todos los infundios lanzados durante más de tres años, en un feroz desafío a las instituciones democráticas y al funcionamiento del sistema constitucional. También responde a la necesidad de reparación del daño infligido a las víctimas y significa una victoria del Estado de derecho frente al terrorismo, en una época en que abundan las respuestas desproporcionadas y peligrosas para las libertades.

Cada uno queda en su sitio: en primer lugar, aquellos medios de comunicación que han intentado hacer una instrucción paralela en un uso espurio del derecho a la información, para intoxicar el debate político; pero en segundo lugar, también y sobre todo, el Partido Popular, que se ha prestado a servir de simple recadero de la prensa sensacionalista y de la radio de los obispos en el seno de las instituciones representativas.

Unos y otros deben una explicación a la sociedad española y especialmente a las víctimas. Pero, además, el PP, como partido que ha sido de Gobierno y ahora principal partido de la oposición, está obligado a asumir responsabilidades políticas específicas por la conducta mantenida durante estos tres años, en los que ha venido avalando con centenares de iniciativas parlamentarias y de declaraciones cualquier infundio que pudiera dañar a la instrucción y al proceso.

Ahora parece decidido a añadir falsedad a la falsedad e ignominia a la ignominia, tratando de negar lo que está registrado en las actas parlamentarias y consta en los archivos y hemerotecas. No cabe ni siquiera trasladar el problema a los líderes subalternos aunque correosos que han mantenido viva la llama de esta farsa: hay que recordar que fue Mariano Rajoy, el propio presidente del partido y candidato a la presidencia del Gobierno, quien defendió la eventualidad de anular toda la investigación y todo el sumario después de que el medio de comunicación de servicio lanzara el bulo de la mochila de Vallecas.

El mecanismo del bulo

Tras la sentencia, ninguna duda debería quedar respecto de que lo sucedido el 11-M en Madrid es obra exclusiva del terrorismo yihadista. Ha quedado meridianamente claro quiénes fueron los autores de la masacre, la procedencia y la clase de explosivos que utilizaron y el modo en que se financiaron. El tribunal ha descrito con claridad cómo han operado los intoxicadores y propagadores del culebrón, los aprendices de brujo que han querido jugar a jueces, policías y periodistas, todo revuelto: «Como en muchas otras ocasiones de este proceso», señala la sentencia, «se aísla un dato, se descontextualiza y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos -prueba- que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia».

Una fabricación especial que fue ayer el clavo ardiente al que se agarró Mariano Rajoy ha sido la fórmula periodística de la «autoría intelectual», sin significado alguno en el ámbito del Derecho Penal, con el doble propósito de sembrar dudas sobre la instrucción procesal y, llegado el caso, tratar de salvar la cara frente a una sentencia que, como la que se acaba de dictar, les deja en evidencia. Los terroristas son asesinos, pero la condición de asesinos no significa que no dispongan de intelecto para cometer como sea sus atrocidades.

Son sobre todo las víctimas -las 191 fallecidas en los atentados, las más de 1.800 heridas de diversa consideración y sus familias- a las que la sentencia trata de hacer justicia, dándoles lo que está en su mano: una reparación jurídica, moral y económica que alivie su dolor. La condena de los culpables probados de su tragedia es una victoria especialmente de ellas -y no sólo del Estado de derecho y de la sociedad-, tanto más destacable por cuanto han sido preteridas, relegadas y consideradas poco menos que de segundo orden respecto de las de ETA por los sectores políticos y los medios de comunicación empeñados en sostener el culebrón sensacionalista.

Ayer mismo, el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo puso bien de manifiesto la consideración que le merecen las víctimas del 11-M: ninguna. En caso contrario no se hubiera declarado decepcionado por una sentencia que condena a los terroristas del 11-M, con independencia de que, como ha señalado la asociación mayoritaria, dirigida por Pilar Manjón, exista la posibilidad de recurrirla.

Justicia eficaz

La sentencia hace un reconocimiento expreso del buen hacer profesional del juez instructor Juan del Olmo, atacado hasta la náusea por los partidarios de la infamia sensacionalista, y deshace todas las fabulaciones sobre las principales pruebas de la investigación judicial, desde la furgoneta Renault Kangoo, la mochila de Vallecas y el suicidio de los siete terroristas en Leganés hasta los explosivos utilizados en la masacre, que los jueces dan por probado que fue dinamita Goma 2 y no Tytadine, y que procedió en su totalidad o gran parte de la mina asturiana Conchita.

No es cierto, además, que el instructor Juan del Olmo no investigara las posibles conexiones con ETA; lo hizo, y la consecuencia resultante es que esas conexiones no han existido. Conviene subrayar, por último, el párrafo dedicado en la sentencia a desmontar uno de los puntos clave del montaje de los medios sensacionalistas: que no se hizo la autopsia a los cadáveres de los siete terroristas suicidados en Leganés, lo que dejaría sin aclarar la causa de su muerte.

No todos los sentados en el banquillo han sido condenados. Algunos han sido absueltos y otros han tenido penas inferiores a las pedidas por el ministerio fiscal. Aunque no haya gustado a las víctimas, que quisieran verlos a todos condenados a la pena máxima, eso realza la sentencia, pues muestra que ha habido un juicio con garantías, en el que sólo se condena con pruebas indubitables y se absuelve si no las hay. Porque había dudas, y muy fundadas, y porque no podía condenársele de nuevo por los mismos hechos ha sido absuelto Rabei Osman El Egipcio, uno de los considerados inductores del 11-M por el ministerio fiscal y ya condenado en Italia por pertenencia a banda armada. También han sido absueltos Hassan El Haski y Youssef Belhadj, aunque condenados por pertenencia a banda armada.

Frente a la monstruosidad de un mortífero atentado yihadista, sólo cabe señalar, no sin un punto de orgullo, la solvencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y de la justicia de este país. Pero, en lugar de ello, la prensa sensacionalista y el principal partido de la oposición siguieron ayer obstinados en seguir alimentando la nube tóxica que ellos mismos han creado.

02 Noviembre 2007

Justicia... ¿o algunos personajes sin autor?

Víctor de la Serna Arenillas

¿A quién se ha juzgado en Madrid? A la vista de que la sentencia no ha encontrado mayor responsable que un minero trastornado (LA RAZÓN titulaba, con cierta sorna, Emilio Suárez Trashorras se convirtió ayer en el mayor asesino de la historia), quizá la clave la tenga Pablo Ordaz en EL PAÍS: La mentira, condenada. El tribunal culpa del 11-M a una célula islamista y deshace la teoría conspirativa. Y lo reitera su editorial: El fin de la infamia. En el texto, proclama: «Cada uno queda en su sitio: en primer lugar, aquellos medios de comunicación que han intentado hacer una instrucción paralela en un uso espurio del derecho a la información, para intoxicar el debate político». (Uno recuerda, en efecto, que EL PAÍS fue identificando uno tras otro a siete autores intelectuales de los atentados, ninguno condenado por ello).

Es decir: que, para la prensa progubernamental lo más importante de todo este ejercicio judicial era enterrar toda duda sobre la verdad oficial, y no hallar a los cerebros de la trama.

En ABC, como no podía ser menos, no quedan dudas. Ignacio Camacho advierte al PP contra la tentación -ya manifestada por Mariano Rajoy- de seguir indagando: «El resto es ruido y furia, alharaca y aspaviento, conjetura y presagio». Y su editorial resalta la «sorpresa» que supone «la contundencia con la que los tres magistrados han respaldado todas y cada una de las principales pruebas de cargo».

LA RAZÓN, que se ha mantenido muy distante de todo el juicio y mantiene siempre una acérrima defensa de las fuerzas de seguridad, ve «sorprendente» otra cosa, «que, frente a la algarabía con la que han recibido la caída en desgracia de la llamada teoría de la conspiración, los socialistas pretendan que la opinión pública pase por alto el hecho de que el juez ha eludido también la otra gran teoría, la de que los atentados se produjeron en venganza por la presencia española en la guerra de Irak».

Decepcionado, Ignacio Escolar, director de PÚBLICO, constataba desde el miércoles por la tarde en su blog (este periodista poliédrico tiene tiempo para todo): EL MUNDO no se baja de la conspiranoia. Claro que el pluralismo de este periódico quedaba de nuevo de manifiesto en otro blog, en elmundo.es, en el que Javier Pérez de Albéniz celebraba «una sentencia que pone las cosas en su sitio, (…) que podría dejar algunos cadáveres más, tanto políticos como periodísticos», y recomendaba el libro Los tres pies del gato de Ordaz, el cronista del juicio en EL PAÍS.

El editorial de EL MUNDO confirmaba, en efecto, los peores temores de Escolar: El final del principio en la investigación del 11-M, se titulaba. Esa investigación «queda más abierta que nunca tras esta resolución». Y apuntaba el camino: «En medios progubernamentales se argumentaba ayer que, cuando se condena a un miembro de ETA por un asesinato, nadie se pregunta quién ha sido el autor intelectual del crimen. Así es. Pero ello se debe a que ETA es una organización jerarquizada. (…) Nadie sabe, en cambio, quién movió los hilos del comando de Leganés».

Otro que tampoco va a cejar en su empeño es, a todas luces, Federico Jiménez Losantos, quien ayer desmenuzaba en la COPE los agujeros de la sentencia y clamaba que «lo de ayer se pareció peligrosamente a la condonación de un Estado policial», por la aceptación de todas las pruebas, y denunció «el tono de amedrentamiento» de Gómez Bermúdez al leer el fallo.

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