24 agosto 2008
La directora de la Biblioteca Nacional para defender a las ministras atacó a Esperanza Aguirre y Sánchez Dragó
Las ocho mujeres ministras nombradas por Rodríguez Zapatero aceptan posar para la revista de moda VOGUE desatando las burlas de la oposición y una polémica por Rosa Regàs
Hechos
El 24 de agosto de 2004 Dña. Rosa Regàs publica el artículo «Las ministras en ‘Vogue’ y los críticos en la Luna».
Lecturas
La revista VOGUE publica en 2004 unas fotografías de las nuevas mujeres ministras nombradas por el nuevo presidente D. José Luis Rodríguez Zapatero: estas son la vicepresidenta Dña. María Teresa Fernández de la Vega – Vicepresidenta Primera y portavoz del Gobierno, y las ministras Dña. María Jesús San Segundo, Dña. Elena Salgado, Dña. María Antonia Trujillo, Dña. Cristina Narboba, Dña. Carmen Calvo y Dña. Elena Espinosa.
En el diario EL MUNDO la directora de la Biblioteca Nacional nombrada por el PSOE, Dña. Rosa Regàs, publicó un artículo en defensa de las ministras, su texto causó réplicas de D. Fernando Sánchez Dragó y la presidenta de Madrid, Dña. Esperanza Aguirre, del PP, citados en el texto de la Sra. Regàs.
24 Agosto 2004
Las ministras en 'Vogue' y los críticos en la Luna
Ante el revuelo informativo que se ha armado en este país por la reciente aparición en Vogue y en Marie-Claire de un reportaje sobre las ocho ministras del Gobierno Zapatero, cabe preguntarse si es que a los españoles se nos ha inoculado el veneno de los programas del corazón, o le hemos perdido el amor y la afición a la política, o nuestro nivel de debate ha descendido de forma alarmante a los niveles más inanes, o simplemente estamos en la Luna. Ninguno de los espectaculares cambios en la política de este país llevados a cabo por el Gobierno en los cuatro meses que tiene de vida ha provocado tanto debate. Ni la retirada de los soldados de Irak, ni la demolición del Plan Hidrológico Nacional, ni la remodelación de la Educación Pública, ni la solución para las pateras o para los cientos de miles de sin papeles que viven desde hace años en nuestro país, ni el drástico cambio en la política internacional. Es descorazonador lo poco que la política pone al personal y lo mucho que los pone a todos, incluidos los medios, aquello que pueda convertirse en un escándalo social o sexual.
Que unas ministras aparezcan en una revista como Vogue no es nuevo ni aquí ni en los demás países. Hemos visto a Luisa Fernanda Rudi cuando era presidenta del Congreso y a Esperancita Aguirre cuando lo era del Senado, vestida la primera con modelos suministrados por la revista, y la segunda con su propio traje Chanel. ¿Era esto impensable con Aznar como ha dicho Javier Arenas? Más memoria histórica, señor vicesecretario general del PP, que esto es estar en la luna.
Hemos visto a Cristina Almeida, hemos visto a Carmen Alborch original y espectacular, y sobre todo hemos visto a la esposa del derrotado presidente Aznar en un reportaje de 12 páginas con fotografías de Graham Piggot, asistente de Lord Snowdon, y texto de Fernando Sánchez Dragó, para el que la egregia dama tuvo que cambiarse no menos de ocho veces de modelo. También hemos visto a Emma Bonino en ocho páginas de Vogue, cuando era comisaria europea para la Ayuda Humanitaria, la Política del Consumidor y la Pesca; a la escritora Susan Sontag en Vanity Fair, y a Hillary Clinton varias veces y en varias revistas, por no citar más que algunas. Y en ningún caso se han desatado comentarios tan exaltados como en éste, ni se ha hablado de frivolidad, ni se ha puesto en entredicho la eficacia de su labor, ni nadie ha salido con moralinas sobre lo que debieran o no debieran hacer.
Es más, también en la revista Hombres Vogue-España que, al igual que Vogue, no es una revista de cotilleos y vidas privadas, hemos contemplado a Alberto Ruiz-Gallardón, Fernando Pérez Royo, Eduardo Punset y Pasqual Maragall como árbitros de elegancia en un reportaje de Mario Vargas con fotos de Fabio Paleari, de 1992.
¿A quién le ha irritado que Aznar haya aparecido en las páginas de todas las revistas corriendo en pantalón corto con su entrenador por los jardines de La Moncloa? ¿En qué aquellos dos reportajes en TVE de Sánchez Dragó en los que Aznar presumía de conocedor profundo de poesía y literatura?
Nada hay de malo en que las revistas muestren aspectos de la vida de los ministros o de los presidentes, sean reales o fantasiosos, en pantalón corto o largo, leyendo poesía o vestidos de Armani propios o no. Todo el mundo tiene derecho a mostrarse como es o como le gustaría ser por unas horas. ¿Por qué, pues, provocan tanto encono esas fotografías si, encima, las posturas a las que se alude como ejemplo de lo que no debe hacer una ministra son apenas ironías de la vida social, y en los textos se habla sólo de su trabajo sin caer ni una sola vez en el cotilleo, la vida privada o los secretos de alcoba?
Me aventuraré a decir que porque las protagonistas, además de ser mujeres, son socialistas, y cualquier recurso es bueno para meterse con los socialistas por una oposición que todavía no ha digerido la derrota. Sí, ya sé que se me dirá que no es cierto, que el mismo trato reciben hombres que mujeres, izquierdas que derechas, en los medios de comunicación. Pero, yo insisto, no es el mismo. ¿Se imaginan ustedes que Rodríguez Zapatero hubiera tenido la desvergüenza de organizar en El Escorial la boda de su hija, dándole categoría real y gastándose del erario público lo que Aznar se gastó en seguridad para sus amigos los jefes de Estado de la guerra y los socios de Agag que fueron invitados a la boda?
Que el Gobierno socialista sea el primero en reconocer la igualdad de derechos de la mujer en sus funciones gubernamentales es algo que cuesta digerir, y más aún si no ha costado encontrarlas, si son eficaces y si tienen tras de sí un currículo envidiable.Las mujeres y los hombres, ya lo sé, sólo somos iguales en dignidad y derechos; en todo lo demás somos equivalentes. En teoría, porque en la práctica seguimos en mil situaciones ocupando un lugar subalterno, aún sin necesidad de que venga la Iglesia a recordarnos que nuestro puesto está en el hogar, nuestro trabajo son los hijos jóvenes y los padres ancianos y nuestra obediencia se la debemos al «hombre que nos ha elegido».
Cómo se entiende si no que, si Vogue hubiera publicado un reportaje de los ocho ministros, como se ha hecho tantas veces, jugando al fútbol, a nadie le habría extrañado sino todo lo contrario: habría parecido normal y se habría aplaudido a la revista por una idea tan divertida y graciosa.
Por otra parte y para desmentir las malévolas críticas, hay que recordar que, a diferencia de los de otras ministras de otros gobiernos con más posibles que las actuales, los modelos que vestían pertenecen a la moda española y fueron suministrados por el equipo de estilistas de Vogue. En cuanto a las pieles que cubrían los sofás donde se sentaban algunas ministras, se ha dicho y repetido que eran pieles de animales muertos, por más que Cristina Narbona, nuestra espléndida y coherente ministra de Medio Ambiente, dijera que eran sintéticas. Pues bien, son mantas imitando piel y llevan la firma de una de las más famosas diseñadoras españolas, Amaya Arzuaga.
Decir como ha dicho Arenas que «estas fotos evidencian una ostentación de poder un tanto cutre» es, insisto, no tener memoria y estar en la luna. ¿O será cierto que cada vez que alguien, además de destacar en su profesión, invade con éxito territorios adyacentes, se levantan airados los moralistas de turno?
26 Agosto 2004
Esperanza Aguirre no vestía ropa de Chanel, sino de Zara
En el número de su periódico correspondiente al martes 24 de agosto se incluye un artículo de la escritora y directora de las Biblioteca Nacional, Rosa Regás, en el que se alude a una aparición mía, cuando era presidenta del Senado, en la hoy muy conocida revista Vogue.
Me extraña que la señora Regás (Rosita), que como otras de sus compañeras socialistas debería ser una buena conocedora de la alta costura, al repasar la entrevista que me hizo la citada publicación y al estudiar las fotos que la acompañan, haya cometido la torpeza de confundir un traje de Dolores y Teresa y un body que me compré en Zara con un traje Chanel, marca de lujo que nunca he tenido la oportunidad ni la suerte de usar.
Pero si una conspicua conocedora de la alta costura ha confundido el traje que yo llevaba aquel día con un modelo de Chanel (no quiero ni sospechar que lo que pretendía la actual responsable de la Biblioteca Nacional con su artículo era arrojar sobre mí la sospecha de que me parezco a sus compañeras de partido en su amor y fascinación por el lujo), no tenga la menor duda de que esa confusión constituirá un motivo de satisfacción para sus dos creadoras. Esperanza Aguirre. Presidenta de la Comunidad de Madrid.
27 Agosto 2004
Sánchez Dragó matiza el artículo de Regàs
Le pongo estas líneas a cuento del artículo dedicado a «las ministras en Vogue», escrito por Rosa Regás con fecha 24 de agosto. En él se me menciona dos veces, y ambas pecan de inexactitud (desprovista, espero, de mala intención por parte de la autora). No es cierto, como dice ésta, que el reportaje dedicado en su día por la mencionada revista a Ana Botella llevase, como acompañamiento, un «texto» mío. Lo que sí llevaba era una entrevista, que es cosa sutilmente distinta, y que -en contra de lo que asegura mi amiga Rosa Regàs- fue ásperamente criticada por los de costumbre.
Aún más criticado -vilipendiando, de paso, a mi persona- fue el programa de Negro sobre blanco (eliminado hoy de la rejilla por quienes tienen poder para ello) en el que entrevisté al presidente Aznar, sin que éste, por cierto, conociera de antemano ninguna de las preguntas. Fue, además, un episodio del programa, y no dos, como -volviendo a equivocarse- asegura Rosa. Dicha entrevista provocó centenares de ataques furibundos -por prensa, radio, tierra, mar y aire- suscritos y divulgados por quienes temen (y, por ello, odian) la libertad y la ecuanimidad. No voy a decir sus nombres. Son de sobra conocidos. Acuda Rosa Regàs, si no me cree, a Internet y compruebe la veracidad de lo que estoy diciendo.
Vaya de todos modos por delante mi voluntad de seguir siendo amigo, aunque adversario (lo uno, entre gentes de bien no quita lo otro), de la escritora que también, como Aznar, tuvo la gentileza de aparecer en Negro sobre blanco y en El Faro de Alejandría.Ahí va mi mano, Rosa.
Fernando Sánchez Dragó. Castilfrío (Soria).