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Broseta fue accionista tanto del Grupo PRISA como de la revista LA CALLE y era un político odiado por el nacionalismo por su papel en la LOAPA que limitó las competencias de las autonomías

Manuel Broseta, Secretario de Estado con UCD y columnista de LAS PROVINCIAS, asesinado por el comando de Urrusolo Sistiaga de ETA

HECHOS

El 16 de Enero de 1992 fue asesinado en Valencia D. Manuel Broseta.

Hechos: El 16 de Enero de 1992 moría asesinado en Valencia el catedrático Manuel Broseta tras recibir dos tiros en la nuca por la espalda y a bocajarro en lo que era un regreso a los asesinatos de políticos ocho años después del asesinato de Enrique Casas. D. Manuel Broseta fue Secretario de Estado para las Autonomías durante el gobierno de la Unión de Centro Democrático (Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo) lo que le colocaba como objetivo de los terroristas, además en los últimos días Broseta se había acercado al Partido Popular hasta considerar la posibilidad de ser cabeza de lista por Valencia. Manuel Broseta, casado, era miembro activo del Consejo de Estado.

Víctimas Mortales: D. Manuel Broseta

LOS ASESINOS:

urrusolo_sistiaga José Luis Urrusolo Sistiaga era el jefe del ‘comando Ekaitz’ que realizó el asesinato del Sr. Broseta. Algunos medios especularon con que el propio Urrusolo e Idoia López Riaño fueron los autores directos del asesinato. Durante el juicio reconoció que él había coordinado el asesinato, pero que los autores materiales fueron Juan Jesús Narváez Goñi e Itziar Alberdi Uranga.  Urrusolo Sistiaga fue condenado a 28 años de cárcel por aquel asesinato.

pakito_mugica_garmendia El asesinato fue ordenado por los miembros del Comité Ejecutivo de ETA Francisco Múgica Garmendia ‘Pakito’ y José Luis Álvarez  Santacristana ‘Txelis’, del colectivo ‘Artapalo’. Le consideraban un anti-nacionalista por su responsabilidad en la LOAPA. Ambos fueron condenados a 30 años de cárcel por la muerte del Sr. Broseta.

GOLPE MORAL AL DIARIO LAS PROVINCIAS

broseta_funeral D. Fernando Abril Martorell (ex vicepresidente con UCD) y los periodistas Dña. María Consuelo Reyna y D. Jesús Sánchez Carrascosa, el matrimonio que controlaba LA PROVINCIAS y que tenían en el Sr. Broseta no sólo a un amigo personal, sino también a un mentor. Ambos escribieron artículos de elogio al fallecido el día 16 de enero de 1992. El de Sánchez Carrascosa definía al Sr. Broseta como ‘un ser superior’, en el de la Sra. Reyna pedía que no hubiera perdón para los asesinos.

CANDIDATO DEL PP

broseta_002 D. José María Aznar había conseguido que D. Manuel Broseta aceptara volver a la política como su cabeza de lista por Valencia en las elecciones generales de 1993, en lo que podía haber sido el primer paso para que el Sr. Broseta fuera el líder del PP valenciano y candidato a la presidencia de la Comunidad Valenciana en las autonómicas de 1995.

16 Enero 1992

Querido Amigo

María Consuelo Reyna

Que los asesinos de Manuel Broseta paguen. Que no haya perdón.

Dios mío, y lo que cuesta escribir, sacar adelante las palabras para decir adiós al mejor amigo que jamás he tenido, a Manuel Broseta, a don Manuel. Tenía tantísimo respeto por él que, pese al o profundo de nuestra amistad, siempre le llamé don Manuel. Era casi como una broma entre nosotros. Han sido veinte años de amistad, veinte años de hacer cosas por Valencia, veinte años que los disparos canallas de los que lo han asesinado no podrán borrar. Como no podrán borrar ni su recuerdo, ni su huella, ni lo mucho que hizo por esta Valencia nuestra a la que amaba con pasión. Él, tan mesurado en todo, sentía un amor incontenible por Valencia y, cuando tenía que tomar decisiones, en el platillo de la balanza en que se pusiera Valencia, hacia él se inclinaba. (…)

Ayer mismo hablé con él y hablamos, como tantas otras veces, de cuestiones valencianas y de su casi segura reincorporación a la política en las próximas elecciones legislativas para luego concurrir a la presidencia de la Generalidad. Iba a dejar su despacho profesional, magníficas ofertas de su gran amigo Escámez y su brillantísima carrera para dedicarse a Valencia por completo. Ahora que ya no está, que los canallas de ETA, con información de Terra Lliure, nos lo han quitado, puedo romper el pacto de silencio. Perdóname don Manuel. No te enfades por haber roto la promesa de no publicar nada.

En otras épocas sí estuvo amenazado. Hasta unos cretinos de esos que tenemos por aquí le hicieron un juicio popular y lo condenaron a ser ejecutado. Era una época dura. Muy dura. Sus artículos de los domingos en LAS PROVINCIAS que repasábamos mil veces causaban conmoción y le hacían ser blanco de toda clase de amenazas. Especialmente desde sectores ultranacionalistas. Pero ahora no. Ahora vivía confiado, sn tomar la más mínima precaución.

Ayer, sobre mi mesa tenía las fotos de su cuerpo roto, tendido en la calle. Era como una pesadilla. Una familia rota, ilusiones destrozadas, proyectos hechos añicos porque unos hijos de mala madre decidieron que Manuel Broseta estorbaba que había que quitarlo de en medio. Que un hombre tan cabal, íntegro e inteligente está molesto para sus intereses. Desgraciados asesinos. Alimañas. Que no tienen perdón de Dios ni de los hombres.

Ayer, Valencia quedó conmocionada, paralizada. Estábamos todos atónicos sin capacidad de reaccionar como no fuera para llorar. Maldiciendo a unos nombres que han querido dañar a alencia en lo que mejor tenía. Pero no les valdrá de nada. Surgirán nuevas generaciones, hombres y mujeres valencianos que continuarán la labor de quien dio lo mejor que tenía por Valencia: su vida.

Pero desde aquí, hoy 15 de enero, pido justicia. Que los asesinos de Manuel Broseta paguen. Que no haya perdón.

María Consuelo Reyna.

16 Enero 1992

Su última lección magistral

Jesús Sánchez Carrascosa

En la última semana de la vida del profesor Manuel Broseta he tenido la suerte de asistir a dos cenas con él donde se hablaba de cuestiones bien diferentes el pasado lunes, en el Club de Encuentro con motivo de la conferencia de Carmen Posadas tras la que charlamos y nos divertimos epatando sobre el feminismo y el machismo. Y el jueves anterior en el restaurante La Pechina, donde teóricamente nos reuníamos un grupo de personas para tratar de un utópico, pero hermoso proyecto editorial. Fue precisamente aquí donde sin duda el profesor nos dio su última lección magistral.

En dicha cena estaba representada Valencia sin que los presentes vinieran en representación de nadie: Cirpiano Ciscar, Amadeu Fabregal, Eliseu Climent, Ramón Lapiedra, Manuel Broseta, Leopoldo Ortiz, Rafa Arnal, Ribes, Jesús Huguet, Manuel Tarancón, Toni Mollá y Rafael Ninyoles. Desde el primer momento nos dimos cuenta de que el hecho de conseguir sentar a la misma mesa a estas personas para hablar con libertad y respeto era infinitamente más relevante que la razón que les llevó hasta allí. Hubo sorpresas porque algunos de ellos no se veían desde hace 15 años, incluso Ninyoles recomendaba con humor y afecto a Broseta que le hubiera suspendido por tres veces consecutivas en Derecho Mercantil.

Entre catalanistas, blaveros, progresistas, conservadores, soñadores y realistas se creó un clima de concordia, un maravilloso diálogo regado con ese buen humor socarrón que caracteriza a los valencianos. Parecía que el milagro se había obrado, que los malos modos eran historia, que los enfrentamientos entre los distintos sectores sociales valencianos iban a convertirse en discrepancias a corto plazo.

Precisamente en este clima nos dio el profesor su última lección magistral. Habló, como siempre, como nadie, poniendo ese toque de cordura, sabiduría y humanidad que él ponía a todo lo que tocaba y en todo lo que intervenía. Realmente era el que más discrepaba del proyecto editorial que allí se debatía, pero lo hizo con un estilo, con unos razonamientos y con una dosis de respeto tal que nos llevó a todos al huerto y encima le dimos las gracias. Sencillamente magistral.

En lo personal, también he recibido esta última semana una lección particular magistral de manos de Manuel Broseta. He descubierto por él algo así como otra dimensión de las cosas. Saltando por encima de ese cinismo del que yo alardeaba ante Broseta y que él me insistía en que era falso (“ya lo descubrirás, ya me dijo el mismo viernes pasado, cuando seas mayor y te des cuenta que sólo dices frases de cínico pero en realidad no lo eres”), he reconstruido mi escala de valores, mejor dicho, la he construido porque tras las últimas reuniones con el profesor me resultaba imposible negar íntimamente la evidencia de que existen personas superiores e irrepetibles. Manuel Broseta era un ser superior.

Jesús Sánchez Carrascosa

16 Enero 1992

Criminales

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Tratándose de ETA, ninguna hipótesis, por absurda o incomprensible que resulte a los ojos de cualquier persona razonable, es descartable. A la incredulidad inicial sobre su responsabilidad en el asesinato del catedrático Manuel Broseta ha seguido la convicción de que sólo a esa banda de orates sanguinarios podría, ocurrírseles ese absurdo crimen. Se trata de la tercera víctima mortal de ETA en las dos semanas de vida que tiene el año. Todos los asesinatos, de niños o adultos, de civiles o militares, de policías o paseantes, son igualmente odiosos: ninguna causa imaginable podría justificarlos. Pero es también evidente que con esta última salvajada los terroristas están dirigiendo un mensaje singular: que las personas que ahora, o en el pasado, ocupan o han ocupado cargos de responsabilidad política en las instituciones democráticas constituyen un nuevo frente de lucha para estos cobardes gudaris.

Pero no es ningún salto cualitativo. Hace años que, para los terroristas, todas las personas que no se plieguen a sus dictados son víctimas potenciales de su violencia. A comienzos de la pasada década, la otra sección de esa empresa criminal, los hoy desaparecidos polimilis, culminaron su sangrienta historia con los asesinatos de varios militantes no especialmente significados de la Unión de Centro Democrático (UCD) del País Vasco. No hemos olvidado la valerosa reacción de Mario Onaindía, entonces secretario general de Euskadiko Ezkerra, apareciendo en una noche como la de hoy en las pantallas de TVE para llamar fascistas a quienes horas antes habían acabado con la vida de un militantes del partido centrista. «Asesinado porque sus ideas no coincidían con las de los asesinos, sólo por eso», dijo Onaindía.

¿No habrá nadie en el entorno del abertzalismo capaz de tener hoy un gesto comparable al de Onaindía y de salir por televisión para decir a los pistoleros que matar a alguien por sus ideas significa demostrar que no se tiene en la cabeza otra idea que la de la muerte?

16 Enero 1992

Han asesinado a un demócrata

Manuel Colomina

Corría el mes de julio de 1976, Manuel Broseta Pont encabezaba una manifestación de miles de valencianos en favor de la Libertad, la Amnistía, el Estatuto de Autonomía y Sindicatos Obreros, Semanas antes jugó un decisivo papel, en su condición de presidente del a Junta Democrática del País Valenciano, a la hora de configurar las Mesas de Fuerzas Políticas y Sindicales, el órgano unitario de la oposición democrática valenciana que convocaba la protesta. Aún más atrás en el tiempo, cuando corrían aquellos años de horrores que fueron en España el comienzo de los setenta, la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, fue, con él de decano, un recinto de libertad y su cátedra de Derecho Mercantil un ejemplo de pluralismo y rigor académico, algo inusual en la época. A este hombre lo mataron ayer de un tiro en la nuca. Malnacidos sean sus asesinos y quienes los alientan. Ni un minuto dedicado a dilucidar el porqué de la sinrazón. No lo tiene. Son asesinos fascistas. Que se pudran en las cárceles no paliará ni un ápice nuestro dolor.

Manuel Colomina

17 Enero 1992

Carta a mi amigo Broseta

Jesús Cacho

Reconozco que hasta ayer me costaba trabajo comprender las declaraciones rituales que tras los asesinatos de ETA se suelen leer en la Prensa en homenaje a las víctimas. En el mejor de los casos me era posible entender tales lamentos, pero no sentirlos. Y hoy sé que eso no se puede sentir hasta que la persona afectada es un amigo, alguien a quien has conocido, apreciado y valorado. Por eso debo confesar que ayer sentí por primera vez en mi carne la indignación que producen los atentados de ETA, y por primera vez percibí en mí el amargo sabor del deseo de venganza. Ayer por la mañana, al ver su nombre impreso en grandes titulares del cuerpo 38 en la primera de EL MUNDO, no podía comprender que la víctima de esta sinrazón salvaje que es el terrorismo etarra fuera Manuel Broseta, y por un momento deseé que fuera otro Broseta. ¿Por qué te han elegido a ti, un hombre feliz, disfrutando ahora más que nunca de tu plena condición de maestro, un hombre de bien que caminó siempre por la vida a pecho descubierto, sin más escolta ni escudo que la fuerza de su pensamiento? Conocí hace años al profesor Broseta, y lo que empezó siendo una fuente informativa -una fuente siempre presta a ayudar a todos, como bien recuerda mi amigo y compañero Casimiro García-Abadillo, con ocasión del asunto Naseiro- allá por las primeras batallas financieras del 86, se convirtió en una sólida amistad edificada sobre la conciencia de compartir unos valores comunes, un sentido de la vida y la amistad, una concepción de país, y tantas otras cosas. Agradecí en secreto, como tú querías, tu valiosa ayuda en la redacción de mis dos primeros libros -«Asalto al Poder y Duelo de Titanes»-, y en aquellas charlas informales en tu despacho madrileño de la calle Españoleto aprendí que no todo es blanco o negro, que nadie tiene nunca toda la razón y que la verdad es multiforme y compleja, tan llena de matices como la vida misma. En aquellas conversaciones admiré enseguida tu cabeza bien pertrechada, mejor estructurada, tu talante dialogante, y esa inteligencia fina, mediterránea, aderezada por un cálido sentido del humor que hacía que los minutos transcurrieran fáciles como el fluir de la corriente. Juntos nos reímos muchas veces de las aventurasdesventuras de don Alfonso con los poderes financieros. Tu eras el asesor aúlico de Escámez, y decisiva fue tu intervención en el desembarco de Fernando Abril Martorell como vicepresidente del Central. Juntos especulamos sobre él futuro del Banco, entidad para la que tantos y tantos dictámenes salieron de tu pluma; juntos hablamos del pervenir de la derecha española, nos solazamos con el espíritu de la abeja de la «biutiful», y nos citamos con tu amigo del alma, Fernando Abril, «el meu yermá» como le llamabas en valenciano. En tu Valencia natal me invitaste a presentar mi segundo libro, y allí conocí a tu mujer, Soledad Bacharach, a quien es difícil imaginar hoy en el infierno de la repentina locura que ha caído sobre su vida, y en tu Valencia diserté torpemente contigo, el maestro, al lado. Ahora tenía pensado llamarte a la vuelta de Reyes para hacer lo de costumbre. Desearte un feliz año y pegar la hebra. Hablar de la economía, del Banco Central Hispanoamericano, de la abogacía, y de la mano izquierda de José María Amusátegui. – No ha sido posible. Te han segado el 92 en flor con el dalle de la sinrazón. Tus asesinos no han matado a un político, han matado a un hombre íntegro, un hombre cabal; han atacado al profesional, han atentado contra todos nosotros, contra la sociedad civil -para atemorizarla, para amedrentarla- de la que tú, Manuel Borseta, eras insigne representante. Tus asesinos han querido y quieren acollonar a esa sociedad civil porque buscan expandir el miedo, de manera que hoy sentimos que no han matado a todos un poco, y quienes te conocimos, admiramos y quisimos somos conscientes de que este país montaraz es hoy un poco más pobre que ayer, porque han arrancado con violencia la vida de una persona que enriquecía con su lucidez de pensamiento y su concepción positiva de la vida el paisaje común de lo español. Tu no necesitabas guardaespaldas porque en tu Valencia natal te guardaba todo el mundo. Caminar a tu lado por la capital del Turia era toda una experiencia. Todo el mundo te quería, te apreciaba o al menos te respetaba. No te olvidaremos fácilmente, Manuel Broseta. «No dejes que se enfríe lejos el corazón yermo, ni que mi voz se extravíe silenciosa en el desierto». No lo conseguirán. Cuatro asesinos a sueldo no conseguirán nunca poner de rodillas a un pueblo libre. «Si debemos morir, que sea con nobleza», dijo el poeta, «de manera que nuestra sangre no se derrame inútilmente, y hasta los monstruos que enfrentamos no tendrán más remedio que honrarnos aunque muertos». Que así sea.

Jesús Cacho

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