22 enero 1996

Martín Prieto publica en TIEMPO un artículo contra su exjefe Jesús Polanco (Grupo PRISA) pidiendo una ley antimonopolio contra él

Hechos

El artículo es publicado el 22 de enero de 1996.

Lecturas

José Luis Martín Prieto publica un artículo perfil crítico de D. Jesús Polanco Gutiérrez, presidente de PRISA en la revista Tiempo del 22 de enero de 1996 donde alude al apodo ‘Jesús del Gran Poder’ que atribuye a Alfonso Guerra González.

22 Enero 1996

JESÚS DE POLANCO

Martín Prieto

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Conocí a Jesús de Polanco en la iniciatica redacción de un non nato EL PAÍS como un sector bajito y pícnico que se acercaba a la mesa de redacción con paso corto y aires de mala leche por ver cómo marchaban las cosas en aquel intento de periódico en el que primó el voluntarismo de un equipo humano impagable más que la racionalidad y la tecnología. Consejero delegado, sólo sabía de oídas que era un próspero editor de libros de texto que hizo fortuna exportándolo a Hispanoamerica; que tenía como socio a la bellísima persona de Pancho González, hombre prudente y distreto, y como amigo a Ricardo Díaz-Hochleither, alias Jolines por lo impronunciable de su apellido, ex alto cargo de la Educación franquista, presidente del Club de Roma y miembro de la trilateral con menos piedras se ha hecho una catedral.

Pobre no era, pero tenía un perfil muy bajo a la muerte de Franco; vivía en un piso del centro de Madrid y un chofer le llevaba en un Mercedes negro que ya casi era de colección. A veces le embromábamos sugiriéndole que cambiara de automóvil y nos contestaba que no tenía dinero. Augusto Delkáder, entonces redactor jefe del diario lo bautizó con su gracia gaditana de “¿Cuánto vale la clase obrera?”. Lo explicaré: En 1976 los conflictos político-sindicalistas en una empresa que nacía eran el plato del día y Polanco era largo de mano dispuesto a apagar fuegos con dinero. De él se suponía que, sentado a una mesa de negociación, era capaz de hacer la pregunta definitoria de Delkáder y comprar el proletariado. Luego ha ido adquiriendo otras cosas más rentables, pero si hubiéramos estado más avivados entonces y menos ocupados en los afanes de crear un diario, le habríamos visto venir de lejos. En aquellos tiempos no es que se le tuviera por un rojo, pero sí por desclasado, proveniente de una familia cántabra venida a menos y habiendo tenido que trabajar para recibirse de abogado. Ya no sé si la leyenda o la verdad cuenta que vendió enciclopedias puerta a puerta, y es cierto que con Pancho se hizo la América hispana de cabo a rabo, colocando libros y pasando penalidades. El caso es que se situó en EL PAÍS a golpe de intuición y talonario, y no seré yo quien no quiera para España empresarios como él, empujadores y dispuestos a asumir riesgos. Ni quienes estábamos fabricando el producto creíamos en tra cosa que en un periódico rentable, pero denso intelectual y minoritario. Él olfateó que el primer diario nacido del a democracia sería masivo. No le tocó la lotería; intuyó como iban a ser las reglas del juego.

Probablemente fue Guerra quien acuñó, saludándole, lo de Jesús del Gran Poder, con acertada guasa sevillana. Ya más conocido y obligado a cierta vida pública, supongo que mucha publicidad sobre su persona le sigue disgustado. Muchas frases lapidarias se le han atribuido; demasiada para será auténticas: “¡Quién se me enfrente que se marche de España!”, “¡No hay cojones en este país para negarme a mí una televisión privada!”. Pero por ahí va el personaje no sólo de duro sino encantado de que se le note. Más macho que nadie, prefiere que se le tema a que se le respete, y es posible que hasta tenga miedo de que le quieran, no sea que suponga una debilitad. Sí doy fe de unas palabras terroríficas: “¡Cuidado conmigo porque tengo una gran capacidad de destrucción!”.

El problema de este Ciudadano Kane es que campa en una sociedad tan desarmada económicamente en la que podemos acabar comprando los libros a Polanco, leyendo los diarios de Polanco, hablando por los teléfonos de Polanco, viendo la TV de Polanco, escuchando las radios de Polanco, contemplando el cine de Polanco y hasta siendo hinchas del Real Madrid de Polanco cuando devenga en S. A. y en otra propiedad de Ciudadano P.

Bienvenidos sean los grandes espacios empresariales y multinacionales, pero la UE necesita leyes antimonopolio que permitan el crecimiento sin caer en la monotonía de servicios prácticamente únicos y oligopolistas. Polanco tiene dos etapas: la de su lucha por el poder y la de poder poner el cazo para que un prolongado Gobierno se lo colme de prebendas. Me gustaba más cuando circulaba en el Mercedes. Lo único que me asusta es que nunca termina de llegar y carece de límites. Como le quiero, le deseo que encuentre su camino entre pasar a la historia periodística como el gran editor español o como simple agiotista.

Martín Prieto