4 septiembre 2008

Medios difunde el rumor de que José María Aznar a dejado embarazada a una ministra francesa

04 Septiembre 2008

RUMORES.COM

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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El que calla, otorga. Aznar se habrá acordado del refranero español a la hora de tomar la decisión que le lleva hoy a los titulares de todos los medios españoles y de muchos internacionales. «Se trata de una total y completa falsedad», ha afirmado el ex presidente del Gobierno en un comunicado destinado a desmentir el rumor que le atribuía la paternidad del hijo que espera la ministra de Justicia francesa, Rachida Dati.

Habrá quien piense que Aznar se ha equivocado al salir al paso de un mero rumor, es decir, de una noticia no verificada, contribuyendo así a que tenga una mayor difusión puesto que su reacción sí que es, sin lugar a dudas, una noticia. Pero ¿cuál era su alternativa? Al ritmo que circulan los rumores en la era internet, estaba condenado a que la supuesta paternidad fuera la comidilla de todos los confidenciales, programas del corazón y, en último término, como de hecho se pudo comprobar ayer, terminara teniendo eco como hipótesis en muchos medios informativos más serios. Por eso no es descabellado imaginar que cuando Aznar advierte de que podría emprender acciones legales contra quienes «viertan tales falsedades», su pensamiento no está tanto en el diario electrónico marroquí que ayer le atribuía la paternidad de la criatura, sino en lanzar un aviso a los navegantes que quisieran seguir su estela. Más si cabe cuando la única fuente realmente fiable en este asunto, la propia Rachida Dati, mostraba ayer su nula disposición a hacer público el nombre del padre con un enigmático «mi vida privada es muy complicada».

Desde luego, su condición de ministra no merma en absoluto su derecho a la intimidad y a no revelar esa información. Lo singular es comprobar cómo internet ha cambiado las reglas del juego, sirviendo como cauce idóneo para la publicación de rumores y noticias sin fuente que difícilmente verían la luz en los medios tradicionales, pero que al final acaban en éstos cuando los protagonistas de la pseudonoticia se ven forzados a intervenir.

No es ésta la aldea global que imaginó McLuhan, ilusionado con enfatizar lo magnífico que sería terminar con el aislamiento y conectar el mundo entero a través de la comunicación. El hecho de que un ex jefe de Gobierno español tenga que salir al paso de un confidencial marroquí, por algo sucedido en Francia, y que todo se refiera al final a un cotilleo de patio de vecindario, encaja mal con el romanticismo de la interconectividad humana. Pero eso no justifica ser agoreros, ya que las ventajas de la gran Red siguen pesando mucho más que su potencial para albergar conductas deontológicamente insostenibles.