5 septiembre 1993
Controversia política en torno a su figura, despedida con respeto por el actual alcalde socialista de Barcelona, Pasqüal Maragall, que llegó a trabajar en su juventud para el fallecido
Muere el catalán franquista Josep María de Porcioles Colomer, histórico alcalde de Barcelona durante la dictadura
Hechos
En septiembre de 1993 falleció el político y empresario D. Josep María de Porcioles Colomer.
Lecturas
CONTROVERSIA SOBRE EL FALLECIDO
04 Septiembre 1993
Un hombre que amó la ciudad y no supo dialogar
Durante su larga estancia en la Alcaldía de Barcelona José María Porcioles fue la bestia negra de la oposición clandestina que veía en él la forma más cercana de la dictadura franquista. Después, en la democracia, recibió el leve reconocimiento de ver acabadas algunas de las líneas urbanísticas (túneles y cinturones) que impulsó durante su gestión, y una discreta y polémica medalla municipal con motivo del 20º aniversario del museo Picasso que le entregó una teniente alcalde. Incluso Jordi Pujol le citó disimuladamente el día que se inauguró el túnel de Vallvidrera, diciendo que era ‘de justicia asumir lo que había hecho mucha gente al servicio del país».
Pero en su balance también figurarán en lugar destacado las acusaciones de favorecer la especulación del suelo en la ciudad, aumentar la volumetría del Eixample permitiendo que se añadieran pisos a los edificioes existentes, favorecer intereses particulares, no defender importantes edificios históricos, etc. Para la historia Porcioles quedará como el alcalde que gobernó Barcelona durante 16 años en plena dictadura sin control democrático y con todo el oscurantismo que esto supone en la gestión. En su haber quedarán la recuperación del castillo de Montjuic, el plan de metros, la Meridiana, la carta Municipal, los túneles, los cinturones, etc. Rechazó un ministerio porque se consideraba más importante que un ministro. Amó la ciudad pero no supo establecer un diálogo para compartirla.
05 Septiembre 1993
PORCIOLES, UNA IMAGEN CAMBIANTE
El Sr. Porcioles se ha sabido morir en el momento oportuno. La distancia temporal nos deforma la visión de las cosas y las personas, y la imagen del Sr. Porcioles de 1993 no es la misma que la de los últimos años 60 o de los postreros 70.
Si hubiera muerto en el ejercicio del cargo se habría escrito que Barcelona acaba de perder al mejor alcalde de todos los tiempos, entregado de cuerpo y alma a la grandeza de la ciudad. Diez años después, la imagen había cambiado y en la prensa guerrillera del momento se presentaba la alcaldía del Sr. Porcioles como un nido de especuladores del suelo que se repartían solares públicos y zonas verdes. En 1993 se ponderan las loas y las críticas, y domina ahora la idea de que fue el mejor alcalde por designación digital que podía tener Barcelona en aquella época. El Sr. Porcioles ha podido vivir lo suficiente para que sus méritos le hayan sido reconocidos, sin que en sus manos estuviera la posibilidad de devolver el favor.
Todos fuimos un poco injustos con él. Las alcaldías eran el pim-pam-pum del franquismo. Se permitía la crítica a los alcaldes para demostrar que existía la libertad de expresión. Con críticas municipales por unos baches o unas farolas, los ministros de Información y Turismo iban tan tranquilos por el mundo, alardeando de permisividad. En aquella situación al Sr. Porcioles le tocó canalizar malestares que no eran propiamente de ámbito ciudadano y que bien a gusto se habría disparado contra el gobernador civil.
Su gran problema es que estuvo 16 años en la alcaldía. Demasiados años, entre 1957 y 1973, con un cambio generacional por en medio, que empezaba a empujar. EN los últimos tiempos no se le perdonó nada y el columnista quiere recordar la solución que dio su sucesor, el Sr. Masó, a la polémica del paso, elevado o subterráneo, del cinturón por la plaza de Lesseps. Consistió en construir una montañita para enterrarlo, que constituye ahora todo un monumento a la demagogia. Se le aceptó gustosamente al Sr. Masó, pero ¡ay si llega a ocurrírsele al Sr. Porcioles!
Josep Pernau