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Desaparece cuando ha sido apartado del sector de los medios y con su periódico DIARIO16, al borde del cierre

Muere Juan Tomás de Salas, fundador del quebrado Grupo16 y de las agonizantes revista CAMBIO16 y periódico DIARIO16

HECHOS

El 23.08.2000 la prensa informó del fallecimiento de D. Juan Tomás de Salas.

AUGE Y CAÍDA VINCULADO A UN NOMBRE: PEDRO J. RAMÍREZ

salas_ramirez D. Juan Tomás de Salas con D. Pedro J. Ramírez en 1980

La decisión de D. Juan Tomás de Salas de nombrar a D. Pedro J. Ramírez director de su periódico DIARIO16 en 1980, llevó al diario a su mayor éxito en ascenso, tirada e influencia. La decisión del Sr. De Salas de echar al Sr. Ramírez en 1989 fue lo que provocó que este, junto al hermano del Sr. De Salas – D. Alfonso de Salas – creara un nuevo periódico, EL MUNDO, que – a la larga, fue el verdugo de DIARIO16.

22 Agosto 2000

Nos queda su palabra

Alfonso de Salas

Presidente de Unidad Editorial

Cuando el camino se abrió de nuevo en dos, optamos por defender desde la pluralidad, cada uno por nuestro lado, lo que nos unió. Confucio dejó dicho que cuando el camino de la vida se abre en dos y uno debe tomar su decisión, ha de buscar el camino del corazón porque siguiendo esta ruta uno no se equivoca nunca.

Pocas son las oportunidades que la vida nos brinda para ejercer nuestra capacidad de elección. La mayoría de lo que nos ocurre nos lo encontramos a lo largo de nuestro camino: la familia, nuestro lugar de nacimiento, los primeros entornos, el colegio en donde nos educamos, el barrio de nuestros primeros inviernos…

He escuchado con frecuencia a mis amigos y conocidos quejarse de aquellos años de nuestra adolescencia y juventud universitaria, en aquella España carente de libertad, donde ni siquiera se entreveía ese anhelado camino para ejercer el sagrado derecho a la elección individual.

Yo, sin embargo, reconozco que he sido un hombre afortunado. Cuando llegué a este mundo ocupaba el tercer lugar de entre mis hermanos. Seguía a Juan Tomás, un chico inquieto, resuelto por la libertad, polémico y lleno de ideas propias. Desde muy temprano llevó hasta mí este valor. Lo ejercitamos en la discusión, en el encuentro, desde la discrepancia y desde la coincidencia. Me enseñó a cuidarlo, a protegerlo, a no transarlo. Fuimos creciendo en la vida, en las ideas y en la personalidad. Mi hermano mayor fue un ejemplo de valentía, de una decidida voluntad por el respeto a los demás, por la dignidad. En todo ello coincidimos y creo que esto nos llevó a trabajar juntos siete fructíferos y apasionantes años. Aprendimos y compartimos experiencias respetándonos en nuestras ideas, fuimos creciendo con la sociedad de nuestro tiempo. Juan Tomás tuvo la generosidad de compartir conmigo su pericia de editor; yo colaboré apasionadamente aportando mis conocimientos de empresa.

Supimos, juntos, rechazar la violencia, la que se lanzaba desde arriba y la que subía desde abajo. Juntos nos encomendamos a la cultura, a abrir nuestro país, nuestra sociedad, nuestro mundo. Supimos construir un camino, seguirlo y no apartarnos de él.

Aprendí de él este oficio de editor. El empeño de hacer empresa desde y por la libertad. A no callar por no ofender, a no ofender por callar. Trabajando a su lado tuve la oportunidad de verlo mimar una revista abierta y plural, aquella que fue motor para el cambio de una sociedad. Viví con él el parto de ese diario que al grito, con Jarcha, de libertad sin ira fue el estandarte de nuestra renovada y prometedora generación. Le acompañé en el esfuerzo de crear ese primer grupo de prensa, ese grupo editorial, banderín de enganche de quienes queríamos una sociedad abierta.

Cuando ese camino se abrió de nuevo en dos, optamos por defender desde la pluralidad, cada uno por nuestro lado, lo que nos unió. Confucio dejó dicho que cuando el camino de la vida se abre en dos y uno debe tomar su decisión, ha de buscar el camino del corazón porque siguiendo esta ruta uno no se equivoca nunca.

Hoy -cuando escribo estas líneas- nos acaba de dejar Juan Tomás, a los 62 años. Su corazón ha parado de luchar, el mío sufre su lejanía. Se nos ha ido el maestro, el hermano, el que nos enseñó este oficio de editar desde y para la libertad. Nos abrió un camino que fructificó en mí. Nos queda el consuelo de seguirlo transitando, ampliando, ensanchando, agrandando.

Alberti supo gritar en nombre de toda una generación: «Nos queda la palabra». Mientras la tinta corra libre sobre el papel, mientras las ondas lleven a todos las ideas de todos, mientras sigamos en pie quienes con él hicimos camino, discrepamos, coincidimos y compartimos: nos queda su testimonio y su palabra.

Alfonso de Salas

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