9 octubre 2012

Al contrario que los otros fundadores de 'Izquierda Socialista', Pablo Castellano y Francisco Bustelo, que se pasaron al PSOE, Gómez Llorente permaneció siempre en el partido aunque completamente marginado

Muere Luis Gómez Llorente, que intentó sin éxito que el PSOE siguiera siendo un partido marxista por lo que fundó la corriente Izquierda Socialista

Hechos

El 9 de octubre de 2012 se hizo público el fallecimiento de D. Luis Gómez Llorente.

09 Octubre 2012

Luis Gómez Llorente, un socialista clásico

Antonio García Santesmases

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No paró un solo instante de estudiar, escribir, pensar, difundir las ideas socialistas

A la vez que nos llegaba la noticia de la muerte de Luis Gómez Llorente el pasado 5 de octubre, recibíamos también el anuncio de una intervención suya prevista para el próximo día 10 en la sede del PSOE para analizar la figura de Pablo Iglesias. La semana pasada le tuvimos que excusar por no poder acudir a unas jornadas sobre laicidad y ciudadanía organizadas por el Partido Socialista de Madrid.

Quizás estas dos últimas convocatorias que no pudo atender reflejan mejor que cualquier otra cosa su esfuerzo, su dedicación, su entrega durante tantos años al estudio de las grandes figuras del socialismo español y a pensar y repensar, una y otra vez, acerca de los problemas de la educación, de la ciudadanía, de la laicidad, de la sociedad española.

Luis Gómez Llorente tiene una larga trayectoria política e intelectual. Comienza muy joven como militante de las Juventudes Socialistas acudiendo a los congresos del PSOE en el exilio y reclamando una política que tuviera en cuenta la necesidad de organizar la lucha antifranquista desde el interior. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense, discípulo de José Luis Aranguren, es una figura decisiva en el campo de la lucha por una alternativa democrática a la enseñanza, desde el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, donde fue vicedecano de su junta directiva.

Son años en los que la lucha por la democratización del sistema educativo van unidos al esfuerzo por estudiar la historia del socialismo español y profundizar en las grandes figuras de la socialdemocracia internacional, como Rosa Luxemburgo. Esta labor de lucha en el campo educativo y de profundización en el pensamiento socialista se verá completada con su acceso a la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE de 1976 a mayo de 1979. Forma parte de la Mesa del Congreso de los Diputados como vicepresidente, es portavoz de la oposición socialista en los temas educativos, es de los dirigentes socialistas que tienen que negociar algunos de los aspectos más relevantes de la Constitución de 1978, especialmente todos los vinculados a las cuestiones educativa y religiosa.

En el 28º Congreso del Partido Socialista, en mayo de 1979, se produce la dimisión de Felipe González como secretario general del PSOE. Gómez Llorente lidera a los críticos al secretario general en el congreso de septiembre de 1979. En octubre de 1982 decide no concurrir a las elecciones generales —era diputado por Asturias— y se retira de la política institucional.

Son muy escasas las ocasiones en las que Luis Gómez Llorente ha vuelto sobre aquellos momentos. Por ello quizá tienen más interés las palabras que pronunció al conmemorar los 20 años de la corriente de Izquierda Socialista, que había fundado en aquellos meses del verano de 1979. Decía en aquella ocasión: “Pablo Iglesias creó dos organizaciones con un solo y el mismo fin: la emancipación de la clase trabajadora. Estos son el Partido Socialista Obrero y la Unión General de Trabajadores… Algunos que iniciamos temprano nuestra vida cívica reorganizando las Juventudes Socialistas allá por los últimos años cincuenta, encauzamos luego nuestra militancia preferente en el partido, habiendo desembocado en poner nuestros conocimientos y lo mejor de nuestros afanes al servicio de nuestro sindicato… Hay un motivo por el que los socialistas de viejo cuño nos sentimos muy a gusto con los sindicatos: los partidos pueden evolucionar hacia el interclasismo y hacia una praxis política contemporizadora de los poderes hegemónicos, así como con la estrategia internacional de las potencias hegemónicas… pero los sindicatos son siempre, por definición, organizaciones de la clase trabajadora. Son, inexorablemente y mientras existan, los más legítimos herederos y continuadores de cuanto significa en la historia el Movimiento Obrero”.

A partir de aquel día en que decidió abandonar la política institucional, Gómez Llorente decidió volcarse en preparar libros y folletos para la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT sobre la LODE, la LOGSE, la educación para la ciudadanía, la laicidad y en preparar jornadas conmemorativas sobre Pablo Iglesias, Julián Besteiro, Francisco Largo Caballero o Rodolfo Llopis.

Lejos de los focos, de la actualidad inmediata, de lo que llamaba el retablo, no paró un solo instante de estudiar, escribir, pensar, difundir las ideas socialistas. Eso sí, como él mismo decía: “Más todavía que escribir artículos o folletos por encargo de Fete, me complace llevar por la calle una bandera de la UGT en la manifestación de cada primero de mayo”.

Antonio García Santesmases y Manuel de la Rocha Rubí

08 Octubre 2012

Luis Gómez Llorente, temible dialéctico y socialista cabal

Juan Antonio Ortega Díaz Ambrona

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De verbo elocuente, formas decimonónicas, corbata indefectible y sombrero de ala estilo Bogart.

Durante el juicio, o quizá poco antes de terminar, el presidente de la Sala se dirigió, uno a uno, a los acusados para preguntarles si profesaban ideas socialistas. Uno de ellos, puesto en pie respetuosamente, contestó: “Sí, señor presidente, soy socialista”.

Quien así respondía se llamaba Luis Gómez Llorente, que estaba siendo enjuiciado por delito de propagandas ilegales, junto con Miguel Ángel Martínez y Miguel Boyer. Era el primer juicio de verdad que yo presenciaba. Nunca se me olvidó aquello, por esa circunstancia y porque Luis había sido compañero de estudios, en Derecho, primero y luego, en Filosofía.

En Derecho, Luis fue uno de los animadores de la revista Omnis fundada entre varios universitarios de primero en el curso 1956-1957. Recuerdo que en el número de marzo aparecía bien destacada la firma de Gómez Llorente polemizando con ardor frente a la posible vuelta de la Monarquía “del Sr. Pemán”, considerada por Luis un retroceso. Pemán había argumentado en Abc a favor de una restauración monárquica en España. Luis, después de reconocer el “impecabilísimo estilo” de Pemán, arremetía contra la tesis defendida por el ilustre gaditano de que “la historia avanza apoyándose en continuas restauraciones y vueltas atrás”. Gómez Llorente afirmaba con énfasis que esas “restauraciones no podrán detener el curso de la humanidad, ni el ímpetu de la masa, que discurre como río desbordado”. Luis era ya entonces un temible dialéctico, terne y coriáceo, de verbo elocuente, formas decimonónicas, corbata indefectible y sombrero de ala estilo Bogart. Reivindicaba, en realidad, la República (y hasta la Revolución), en la forma solapada que entonces cabía, pero que para todos nosotros resultaba inequívoca. Su artículo no escapó a la diligente atención de la político-social, que pululaba por la facultad, y que desde entonces no le perdió ojo.

Luego, en la Facultad de Filosofía, Luis Llorente siguió manteniendo con vigor sus ideas. Recuerdo también que, en una Cámara Sindical muy tensa que llegó a presidir —algo insólito— el decano Camón Aznar, mi compañero y amigo definió al SEU como “instrumento político de opresión en manos del Estado para mantener el orden en la Universidad y conseguir la enajenación intelectual de la juventud hacia la doctrina falangista y totalitaria del régimen”, momento en que el jefe del SEU del distrito allí presente ordenó interrumpir su intervención. El decano, Camón Aznar, autorizó, no obstante, que continuase Luis en el uso de la palabra hasta que afirmó que tanto el SEU como el Régimen estaban organizados de acuerdo “con la clásica pirámide de poder, estructura característica de todos los regímenes totalitarios”. En este momento, Camón, aterrado, suspendió el acto.

En realidad, Luis se la venía jugando con valentía. Ya había sufrido un cobarde ataque por parte de los falangistas de una centuria, que bien conocíamos en la Universidad. Un día le taparon la cara con una gabardina, se lo llevaron a los servicios, próximos al Salón de Grados de Derecho, y le dieron una gran paliza. Yo le vi salir sangrando por la nariz y diciendo que no había sido nada.

Más adelante fue procesado, tras un registro en casa, porque apareció en él una pistola. No llegó a mayores el asunto porque el arma no era suya, sino de un militar y además estaba herrumbrosa e inutilizable.

Pero al final lo consiguieron. Había cometido el delito de “propagandas ilegales”. Tengo en mis manos la sentencia de 30 de julio de 1962, dictada por la Sección 4ª de la Audiencia Provincial de Madrid en el sumario 94/62, procedente del Juzgado de Instrucción número 13. Fue ponente don Gaspar Dávila y le acompañaron en tan alta ocasión sus compañeros de magistratura, señores José Espinosa Herrera y Adolfo Suárez Manteola. De Luis y de Miguel Ángel se dice que “profesan ambos las ideas del socialismo marxista” y que organizaban en España las Juventudes Socialistas. Y, por si fuera poco, que en abril de 1961 habían viajado nada menos que a Toulouse, visitando la sede del Partido Socialista y entrevistándose con “individuos exilados”. Volvieron a hacerlo en noviembre, y Miguel Ángel incluso fue a Suiza y se trajo ejemplares del periódico socialista Renovación; recibió este 10.000 pesetas para organizar las Juventudes Socialistas y entrambos alquilaron una habitación en la calle de la Encina, 5 y 7, de Madrid, en la que había una multicopista, papel y hasta tinta. De Boyer dice que profesaba “ideas liberales y democráticas”. Tenían además en casa libros muy subversivos, entre los que se llega a citar uno de Tomás Elorrieta y Artesa titulado Liberalismo. A Luis y a Miguel Ángel les cayeron siete meses de prisión y 7.000 pesetas de multa. Miguel Boyer fue absuelto.

Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona es consejero electivo de Estado

11 Octubre 2012

Luis Gómez Llorente, un socialista singular

Francisco Bustelo García del Real

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En marzo de 1986, en los días anteriores al referéndum sobre la OTAN, me llamó el consejero político de la Embajada de Estados Unidos, con el que tenía alguna amistad, para pedirme algunos pormenores sobre Luis Gómez Llorente, del que no sabían casi nada. Al parecer, los diplomáticos norteamericanos pensaban que el triunfo del no que auguraban las encuestas podría provocar una conmoción tal en el PSOE que produjera un cambio profundo en el Gobierno. El que la Embajada, con sus buenos servicios de información, adoleciera de esa ignorancia sobre el personaje demuestra la singularidad de Gómez Llorente y su afán de pasar desapercibido, pese a haber sido el contrincante de Felipe González en el congreso extraordinario de 1979 después de la polémica sobre el marxismo y de haber sido vicepresidente del Congreso de los Diputados. Es decir, todo lo contrario de los políticos al uso. A ello se unía su falta de ambición y su fidelidad al socialismo en el que creía y que se alejaba del de Felipe González. Cuando este, antes de las elecciones de 1981, y previendo el triunfo, le pidió que volviera a ser diputado con la idea, según se dijo, de que fuera presidente de las Cortes, se negó en redondo. Nunca quiso aceptar puesto alguno y regresó a sus tareas docentes.

¿Qué hubiera pasado de haber sido el PSOE menos felipista y más llorentista? ¿Sería hoy España un país más avanzado socialmente y menos vulnerable económicamente? ¿O un socialismo más radical habría dificultado la consolidación de la democracia y los logros habidos en los últimos 30 años? En todo caso, la dimensión ética de Gómez Llorente, que enlaza con lo que antaño se llamó el pablismo (por Pablo Iglesias), es algo que el socialismo español debería recuperar.

Francisco Bustelo. (El firmante fue, con Luis Gómez Llorente, uno de los promotores del ala izquierdista del PSOE).

12 Octubre 2012

Un ejemplo de dignidad y coherencia

Ignacio Sotelo Martínez

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Al enterarme de la muerte de Luis Gómez Llorente, tengo que manifestar mi gran admiración y enorme respeto por un hombre que realizó la extraña heroicidad de vivir de acuerdo con sus convicciones.

Desde que lo conocí en 1979, todos nuestros encuentros transcurrieron discutiendo en torno a los muchos puntos de desavenencia, tanto al juzgar la situación política, como en el tipo de socialismo adecuado para nuestro tiempo. Algunas de sus críticas al electoralismo y a la corrupción del Parlamento, que quedaría de manifiesto en la aceptación sin más de las decisiones de las direcciones de los partidos, me parecían desfasadas simplemente porque ya hubieran sido formuladas a finales del siglo XIX. Hoy, 30 años más tarde son cientos de miles los que salen a la calle con los mismos reproches.

Mayor era el acuerdo sobre una marcha coordinada del partido y del sindicato en el movimiento obrero, pese a que su obrerismo me parecía insostenible en un momento de rápida descomposición de la clase obrera, cada vez más fraccionada al haber dejado el trabajo de ser el eje central de la persona. Luis renunció a cualquier posición en un partido con el que se identificaba plenamente por sus raíces históricas, pero sobre el que pronosticaba que por la vía elegida terminaría en la inanidad y corrupción de los demás partidos. Se centró en la tarea sindical, dentro de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT, luchando toda su vida a favor de una enseñanza pública, laica, y no dogmática. Su esfuerzo ha sido tan descomunal, como el tamaño del fracaso. Su desaparición le evita el dolor de asistir al desmoronamiento de los sindicatos que la derecha lleva a cabo, aprovechando la crisis.

Probablemente las nuevas generaciones no sepan quién fue Luis Gómez Llorente, como ignoren la sustancia moral de los primeros socialistas españoles y de los padres de la Institución Libre de Enseñanza, pero para explicarles quién fue Luis Gómez Llorente bastaría decir que fue el último pablista y el último institucionista revividos.