15 noviembre 2002
Polémica sobre el juego entre el diputado del PSC Joan Ferrán Serafini y el exDirector General de la ONCE, Miguel Durán Campos, a través de las páginas de EL PAÍS
Hechos
Entre el 5 y el 27 de noviembre de 2002 en las páginas de EL PAÍS se publicaron los artículos de D. Joan Ferrán y D. Miguel Durán.
05 Noviembre 2002
Los políticos no son vacas sagradas
Este periódico afirma en un titular del día 1 de octubre: Miguel Durán contra el Parlament; y no estoy ni creo haber ido nunca contra nuestra Cámara legislativa autónoma. También se refieren a mi persona y, por eso, agradezco que me permitan puntualizar ciertas cosas que me parecen relevantes, dicho sea todo esto en aras del servicio de la verdad y porque creo que el señor diputado al que me referiré ha tratado de inducir la información con todo el sesgo enrarecedor que ha podido.
El diputado por el PSC Joan Ferran Serafín instrumentaliza mi humilde persona para configurar su interesado ataque al Gobierno de Jordi Pujol a costa de los intereses de las casi 80.000 familias que viven en Cataluña de la actividad de las máquinas recreativas (vulgarmente, tragaperras). El diputado Ferran, durante una interpelación al consejero Pomés que se llevó a cabo el pasado jueves, esgrime como prueba de su alegato contra la gestión del actual director general del Juego una carta que yo he dirigido a distintos miembros de nuestro sector en la que hago referencia al compromiso del Gobierno catalán de producir la reforma del actual reglamento que el PSC ha politizado y abortado al sumarse a la iniciativa del PP, y trata de presentar ese párrafo de mi carta como algo espurio e ilegítimo. Nada más lejos de la realidad, pues, en tal caso, espurios e ilegítimos serían también los compromisos que habitualmente adquieren los ayuntamientos, los gobiernos autónomos, el Gobierno central y otras instituciones con sindicatos y patronales con absoluta frecuencia. No seré yo quien dé lecciones de funcionamiento democrático al diputado Ferran; pero tampoco seré quien se arrugue porque el señor Ferran dibuje las cosas a su capricho. La realidad de todo esto es muy otra, muy distinta a como la pintan. Vean si no:
1. Del sector de las máquinas viven en Cataluña no menos de 80.000 familias, pues son éstos los puestos de trabajo que mantenemos, la inmensa mayoría en uso de modestas economías.
2. Sí es cierto que las máquinas son el patito feo de todo el juego, pues todo el mundo se mete con ellas de forma gratuita (gratis total hasta ahora), ya que, por ejemplo: si pagamos más impuestos, no los podemos trasladar al usuario; si otros pueden hacer publicidad, nosotros no; si alguien habla de ludopatía, siempre se pone a las máquinas casi como únicas responsables. Por eso, determinados políticos, acostumbrados como están a esta dinámica de falta de contestación por nuestra parte hasta ahora, han querido darle un buen puntapié a la Generalitat, pero usando una vez más nuestro trasero. Se olvidan de que, por ejemplo, pagamos más de 200 millones de euros en Cataluña.
3. Cuando constaté, el 8 de septiembre, que el señor Ferran estaba en esta movida, soplando la hoguera que una parte minoritaria de nuestro sector había encendido contra la reforma del reglamento, le llamé por tres veces, concretamente, los días 10, 12 y 13, y llegué incluso a dejarle algún mensaje en su buzón de voz; pero no obtuve respuesta. ¿Por qué? Para mí es obvio: el señor diputado no podía arriesgarse a que mis explicaciones deslegitimasen -siquiera fuera moralmente- su estrategia de ir contra el Gobierno aprovechando las herramientas que le suministraba esa parte minoritaria de nuestro sector. El señor Ferran sabe que yo no miento.
4. Después, vino lo demás: comparecencias mediáticas del señor Ferran, armado de las estrategias documentales de quienes ya he apuntado, hasta desembocar en el oportunismo de apoyar una moción muy concreta del Partido Popular del pasado día 3 de octubre, que constituyó por única vez en esta legislatura la extrañísima y peculiar mayoría contra Convergència i Unió, mediante la cual se cargaron las esperanzas de mejora de muchas decenas de miles de familias de Cataluña.
Pero hay mucho más aún: a mí -que he estado en muchos conflictos- se me hace difícil (sobre todo, después de haber compartido con el diputado Ferran antiguas reuniones sobre el juego de azar) entender, salvo si le aplico exclusivamente la clave de la ‘oportunidad u oportunismo político’, cómo el PSC se convierte a su través en el destructor de la política de juego de la Generalitat respecto de las máquinas recreativas y, por el contrario, encontró tan acertada y legítima la política de ese mismo Gobierno al autorizar el traslado del casino a Barcelona. La pregunta es muy simple: para el PSC, ¿son ciudadanos de segunda los dueños de los bares y los empresarios de máquinas y son ciudadanos de primera los propietarios de los casinos? Aclaro que nadie, excepto el destinatario de la pregunta, debe darse por aludido.
Ítem más: ya que el señor Ferran pretende presentarme casi como un oponente del Parlament porque he cometido ‘el gravísimo pecado de criticar el oportunismo de determinadas fuerzas que votaron lo que votaron el pasado día 3 de octubre’, yo me ofrezco al presidente del Parlament para comparecer, si es que cabe, en el trámite que proceda a fin de explicar a los señores diputados todo cuanto rodea este asunto que, si tiene algo de tenebroso y opaco, habrá que buscarlo en el comportamiento de diputados que reciben cenas de homenaje -¿verdad, señor Ferran?- de cierta parte del sector de las máquinas en agradecimiento a los servicios prestados recientemente.
Los que damos la cara, incluso por escrito, nada tenemos que ocultar. Entretanto, que sigan hablando de que defendemos sólo a Cirsa y a Recreativos Franco; y, por favor, que se lo empiecen a explicar a las decenas de miles de familias a las que ellos acaban de perjudicar, porque si nosotros se lo explicamos, estaremos lisa y llanamente cumpliendo con nuestro deber asociativo y aplicando nuestro derecho democrático a defender nuestros legítimos intereses.
Miguel Durán Campos es secretario general de Cofar.
15 Noviembre 2002
El lado oscuro del juego de azar
En la galaxia del juego de azar hay varios mundos y no todos son iguales. Los hay grandes y pequeños, educados, laboriosos, correctos. Los hay también subordinados que giran alrededor de un astro rey que les promete luz y protección. Como cualquier universo que se precie, posee también su lado oscuro, opaco. Incluso tenebroso si me apuran. Miguel Durán vive en ese lado oscuro del cosmos del azar. Habita en un mundo donde los códigos de conducta y las maneras están exentas de proporción y ecuanimidad. Se cree abanderado y caudillo de una legión, cuando en realidad comanda simplemente una patrulla. Eso sí, poderosa, influyente y capaz de persuadir a sectores de un Gobierno catalán de rebajas. Y eso es lo que ha sucedido. El artículo publicado recientemente en este periódico -en el que se me acusa de soplar la hoguera que ha encendido un sector minoritario (sic) de los empresarios del juego- no es más que una reacción pueril motivada por el contratiempo que le ocasiona al señor Durán la retirada del Reglamento del Juego para las tragaperras. En su escrito, el señor Durán me acusa, en tono apocalíptico, de pretender la ruina de miles de familias vinculadas al sector de las máquinas tragaperras. Falso. ¡Cuánta demagogia al servicio de unos pocos! El diputado Joan Ferran lo único que ha exigido en el Parlament ha sido una Administración que prime el interés general sobre el particular, una reglamentación del juego que no perjudique precisamente a la mayoría de los operadores y trabajadores que han de supeditarse a los caprichos de los que procuran el monopolio. El señor Miguel Durán, bañado en victimismo, aduce que paga muchos impuestos al erario público; pero olvida, por ejemplo, que el sector de las tragaperras es el único ámbito del juego que escapa al control de los gobiernos. Parece que alguien, deliberadamente, intente obviar cuánto se juega (lo admite así la Comisión Nacional del Juego en sus memorias anuales). Estos ingresos opacos forman parte de una bolsa de dinero no controlada de las más importantes de Europa. ¿Quién recauda esas bolsas? Hace apenas dos años, ¡oh paradoja!, el señor Durán propugnaba por escrito eliminar la tributación fija por máquina y proponía aplicar una tasa sobre el volumen del juego. Hoy ya no. Atrapado por sus pactos empresariales, pugna por controlar y monopolizar -a dúo- el mundo de las tragaperras. El diputado Joan Ferran lo que ha hecho en el Parlament de Catalunya ha sido simplemente denunciar lo que el veía como connivencia del director general del Juego, señor Amadeu Farré, con los grandes del mundo de las tragaperras en perjuicio de medianos y pequeños empresarios y expendedores. El delito del diputado ha sido haber alertado y denunciado el efecto nocivo que tenía la nueva reglamentación sobre las personas, que, al reducir la velocidad de las partidas, fomentaba las ludopatías. Consecuentemente, este mismo diputado, por imperativo moral, se ha permitido la licencia de solicitar, argumentadamente, al Gobierno catalán el cese de su director general por considerarlo una persona no idónea para actuar con la imparcialidad y el criterio institucional que se le suponen a un representante de lo público.
Hace algún tiempo un buen amigo, senador por cierto, me alertó acerca de las políticas del juego y de alguno de sus personajes más entrañables, me hizo observar el considerable volumen recaudatorio de este sector y los grandes intereses que estaban en liza y, por tanto, el cúmulo de dificultades de todo tipo que entrañaba entrar en la cuestión. El que suscribe estas líneas lo ha hecho sin considerarse -cito palabras de Durán- una ‘vaca sagrada’, pero sí movido por un par de resortes en los que cree profundamente. A saber:
1. La Administración se debe al ciudadano, al interés general. Resulta por tanto inadmisible que un gobierno, por negligencia o mala fe, legisle contra el interés general en beneficio de unos pocos. Ante una situación tan escandalosa como la que se apuntaba en el reglamento de máquinas tragaperras, era obligación de la oposición la denuncia sin ambages y la exigencia de responsabilidades. ¿Cómo explica si no el señor Durán el resultado de la votación parlamentaria que aunó a la izquierda con los populares? Muy sencillo: por interés general. ¿Cómo explicar la unidad de acción contra el reglamento de varios grupos empresariales y gremios del sector junto a asociaciones de ludópatas y partidos políticos en otros temas adversarios? Nuevamente por interés general.
2. La defensa de los puestos de trabajo y la viabilidad de las empresas -que hay que garantizar- no eximen a la Administración de procurar paliar las repercusiones negativas del juego sobre la ciudadanía. Hoy en día la Generalitat no controla los efectos sociales del juego. Se le escapan. Es mi obligación denunciarlo.
Por todo ello y muchas cosas más, creo poder afirmar que las críticas vertidas contra mi persona en este diario por el señor Durán están impregnadas de intereses particulares y expectativas de negocio frustradas. A estas alturas de la película, siento tener que afirmar que el señor Durán carece de credibilidad; lamentablemente, no da el perfil para un representante de un conjunto empresarial con tantas posibilidades como el del juego y el ocio. Sus tesis decepcionan por contenido y forma. Si echamos mano de la memoria histórica, no será ésta la primera vez que el señor Duran decepcione a sus representados. Hay hemerotecas para comprobarlo. Hay que reconocerle, eso sí, que es un insuperable coleccionista de pleitos y conflictos.
Sigamos cada cual en su terreno. Uno intentando defender los intereses, legítimos si me apuran, pero no compartidos, de un reducido sector, y un servidor, intentando defender honestamente el interés general de los ciudadanos. Para eso me pagan.
Joan Ferran es diputado del PSC al Parlament.
25 Noviembre 2002
Cuando manda la testiculina, las neuronas se retiran
En la edición del pasado día 15, el diputado del PSC-PSOE Joan Ferran arremete contra mí con unas desabridas líneas que demuestran que no ha sabido encajar las críticas que, a mi vez, le formulé en este mismo periódico por su actuación contra la reforma del reglamento de máquinas recreativas de Cataluña y, en particular, sobre la circunstancia de que usara en sede parlamentaria una carta mía dirigida a diversos representantes del sector de los recreativos, tratando de dar a entender supuestas connivencias nuestras con el Gobierno y un supuesto ataque mío contra el Parlament.
Por eso, señor diputado, con ésta, por mi parte, me retiro de la dinámica insultante en la que usted entra con descalificaciones personales contra este ciudadano de a pie que luego comentaré, porque usted es un poderoso diputado de un partido que dice querer gobernarnos y le confieso que, a juzgar por su tono, me da miedo, no por mí, sino por el sector al que pertenezco, que si ustedes llegasen a gobernar y tuviéramos la mala suerte de que a usted específicamente le confiasen responsabilidades o competencias sobre nosotros, me temo que descargaría contra el recreativo por venganza sobre mí toda la inquina y vesania que destila su vitriólico artículo. De manera, señor Ferran, que, si quiere, ya puede contar con que usted es el aceite -que siempre queda por encima-, y yo soy el agua. Eso sí: no quiero retirarme sin hacerle algunas precisiones, más que porque confíe en que le aprovechen a usted y reflexione, por lo que pienso que es mi deber de contribuir a informar al lector. La cosa es así.
Usted me tilda de «caudillo de una simple patrulla». Pues bien: hay sobrada constancia de que, en mis años mozos, combatí contra el caudillo Franco en lucha por las libertades; en cuanto a mi «patrulla», da la casualidad de que era el 90% de nuestro sector el que quería la reforma reglamentaria, en tanto que sólo fue el 10% la porción de empresas a cuyo servicio se puso usted. Lo de servir a los intereses generales, en todo caso, será su interpretación particular e interesada.
Usted dice que de mí sólo queda en las hemerotecas una imagen de conflicto y de mal recuerdo. Lee usted sólo lo que le interesa, pues, siendo cierto que yo no he recibido siempre loas, no lo es menos que hay mucho más sobre mí, relativo a mi trayectoria profesional, positivo (a favor de mis compañeros discapacitados y de otras gentes) que negativo. Por cierto: tuvo usted muy mal gusto el día 14 cuando, en el Parlament, sin duda por la crispación de haber perdido en toda la línea la votación sobre la «muy cañera» moción que presentó contra la política del Gobierno de CIU sobre juego y para cesar al director general, señor Farré, echó mano de comentarios de muy mal gusto y ciertamente vejatorios sobre mi condición de ciego, por lo que le anuncio que pediré formalmente amparo al Molt Honorable President, Joan Rigol, sobre todo, para que nunca más ningún presidente parlamentario permita que ningún diputado imite el precedente que usted ha sentado y se meta con los discapacitados. Con ello, señor Ferran, ha demostrado usted que, además de haberse equivocado al lesionar los intereses de un sector muy digno, no tiene la altura política necesaria para soportar la crítica y es capaz de acudir a los comentarios más hirientes y discriminatorios que le vienen a su belicoso ánimo.
Seguimos estando abiertos al debate sobre la tributación proporcional, porque el sector no es oscuro. Pero nuevamente usted juega con el concepto de lo oscuro contra mí y trata de herirme en mi condición de ciego. Tiene usted razón, señor Ferran, yo vivo en la oscuridad porque no veo; pero le aseguro que los empresarios a los que represento nada tienen de oscuros, ni de opacos.
Finalmente, señor Ferran: no contesta usted a la pregunta sobre su actitud complaciente y complacida en materia del traslado del casino a Barcelona: ¿no puede, no quiere, o las dos cosas a la vez?
En fin, señor Ferran: acepte las críticas y las quejas, aunque sólo sea porque usted vive de los impuestos que pagamos. Y le reitero que me retiro: no me apetece un debate que usted conduce con ciertas hormonas y que yo no permito que pase de las neuronas.
Miguel Durán es secretario general de Cofar.
27 Noviembre 2002
Puntualizando a Miguel Durán a propósito del juego
Este periódico ha recogido un par de artículos cruzados entre el señor Miguel Durán y un servidor. Más allá del estilo del señor Durán, de sus insinuaciones malévolas, quisiera puntualizar un par de elementos por considerarlos demagógicos y zafios.
El señor Durán insinúa que mis críticas a las políticas del juego de la Generalitat ponen en peligro 80.000 puestos de trabajo. Considero este argumento falso y mezquino. He osado solicitar tan sólo una política basada en el interés general que no perjudique al ciudadano ni a los empresarios que no comparten intereses con el señor Durán.
Asimismo Miguel Durán afirma que he blandido palabras vejatorias para con su persona y condición. Nada más lejos de mi intención. Triquiñuelas las de un señor, como Durán, que está dolido porque el Parlament frustró un reglamento para las tragaperras que le beneficiaba.
Afortunadamente, señor Durán, hay mucha gente trabajando por el interés general. Lamento que ello le irrite hasta el punto de escribir artículos tan escasos en argumentación como prolijos en descalificaciones. Hoy, usted ya no es creíble.-