20 junio 2005
Cuando eran Director General y presidente fue cuando la ONCE pasó a ser un imperio mediático
Polémica sobre la ONCE entre los exdirectivos Miguel Durán Campos y José María Arroyo Zarzosa
Hechos
El 20 de junio de 2005 se publica la tribuna de D. Miguel Durán Campos en EL PAÍS.
20 Junio 2005
La ONCE: una bomba de relojería en manos de Caldera
El gran público sigue pensando que la ONCE de hoy es aquella ONCE fuerte y emergente de la época del cuponazo, de mediados de los ochenta y principios de los noventa; pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que aún queda algo de patrimonio inmobiliario de aquel entonces y no poco del patrimonio social que también entonces fuimos capaces de generar; pero la realidad institucional en general y económica en particular dista mucho de parecerse a aquella otra.
Asistimos en estos días a una campaña de prensa, desencadenada por la actual cúpula directiva de la ONCE, cuyo principal mensaje consiste en decir que «si el Gobierno socialista no aplica un acuerdo que los directivos de la ONCE firmaron con el entonces ministro del PP Eduardo Zaplana el 3 de febrero de 2004, la ONCE se hundirá; y también que las ventas del cupón han caído en más de un 15% desde el año pasado a éste». Es cierto que los directivos de la ONCE le arrancaron a Zaplana, in extremis, ese acuerdo días antes del 14 de marzo de 2004 a base de una campaña masiva de miles y miles de cartas enviadas a Cristóbal Montoro y a Mariano Rajoy para meterles el miedo en el cuerpo en la antesala electoral; y también lo es que las ventas del cupón han caído estrepitosamente.
De la caída de las ventas ni tiene culpa directa el Gobierno socialista ni la tuvo en su día el Gobierno del PP, pues los únicos culpables de eso son los directivos de la ONCE, y debieran asumir de una vez sus responsabilidades en tal sentido. Un dato significativo que ilustra mucho al respecto es que el ejercicio de 1993 -último en el que me cupo el honor de dirigir la ONCE- se cerró con unas ventas del cupón por valor de 346.500 millones de pesetas, en tanto que, en el presente ejercicio y reconocido por los propios actuales dirigentes de la institución, a duras penas se alcanzarán los 300.000 millones de esas antiguas pesetas. Esto significa -ni más ni menos- que, para igualar aquellas ventas en pesetas constantes, tendrían que estar vendiendo ahora más de 550.000 millones (unos 3.300 millones de euros).
Y, ¿a quién se ha trasladado todo este desastroso declive? Pues, fundamentalmente, a los vendedores del cupón que han visto sus sueldos sensiblemente minorados. Por el contrario -y aunque alguno diga, como suele ser habitual, que eso es «el chocolate del loro»-, Mario Loreto Sanz Robles (hombre fuerte de la ONCE, aunque siempre en la sombra) y el resto de la cúpula han más que triplicado los suyos. Loreto Sanz Robles ha empleado por decisión propia y sin mediar pruebas de aptitud ni cosa que se le parezca, a más de 20 familiares directos suyos, lo que da idea de la concepción patrimonialista que de la ONCE se tiene.
Pero, por otro lado, que el Gobierno socialista no ejecute el acuerdo al que se llegó con Zaplana tampoco puede extrañar, pues dicho acuerdo, además de haber sido arrancado con presiones nada justificables y aprovechando la campaña electoral, consistía básicamente en lo siguiente: en primer lugar, la comercialización de una lotería del tipo rasca-rasca a desarrollar conjuntamente por la Lotería Nacional y la ONCE, lo cual choca frontalmente con los intereses de las comunidades autónomas y con los de otros agentes del juego; en segundo término y de forma alternativa, en que se le permitiera a la ONCE vender la lotería europea euromillones, lo cual significa, ni más ni menos, meterles en casa a los actuales 14.000 vendedores de dicha lotería los 23.000 vendedores de la ONCE y, como es obvio, los 14.000 no están nada dispuestos a dejarse invadir; y, por último, en tercer lugar, si ninguna de las dos alternativas anteriores funcionaba, el acuerdo prevé que el Gobierno le dé a la ONCE -de forma directa y sin otra justificación que el supuesto perjuicio que a la ONCE le causa la lotería europea- una subvención de bastantes millones de euros.
Entre tanto, los actuales directivos de la ONCE vienen incurriendo en graves irregularidades de gestión y, sobre todo, en una práctica terriblemente infausta que es la principal causa de la progresiva decadencia del cupón, y que consiste en emitir muchos más boletos de los que en realidad venden. Con esta práctica consiguen transformar a la ONCE en jugadora de su propio juego; pero, sobre todo, lo que persiguen es que, como quiera que, con esta «triquiñuela», muchas veces el premio gordo no toca y se queda en la ONCE (esto ocurrió en 119 ocasiones de los 306 sorteos del año 2003, en 146 veces de los 310 sorteos del año 2004 y en 50 sorteos de los 103 celebrados en el primer cuatrimestre de este año), pueden ofrecer unos premios teóricamente muy cuantiosos que, de otra manera, no podrían ofrecer. Pero la dura realidad cotidiana es que los cuantiosos premios son sólo teóricos, pues, en infinidad de ocasiones, no llegan al público.
Aparte de todo esto, la actual dirección de la ONCE, además de no haber sabido contener la decadencia económica, tampoco ha domesticado el gasto, de forma que éste ha aumentado considerablemente al punto de que, en la actualidad, los ingresos ordinarios no cubren el gasto corriente y la ONCE tiene que cubrir el déficit a base de aumentar su endeudamiento y de vender patrimonio.
En algo sí tenemos razón los que reclamamos que el ministro Caldera no siga mirando para otro lado (que no hay peor ciego que el que no quiere ver); y es en el hecho de que, de seguir por este camino, la ONCE acabará o bien desapareciendo, o bien teniendo que sufrir traumáticas transformaciones.
Pero la solución no pasa por transformarnos en una filial de la Lotería Nacional a base de vender los productos de ésta. ¿Se imagina el lector cuántos cupones del cuponazo podrían vender los ciegos a 2,5 euros y con un teórico premio de seis millones si también vendieran al mismo tiempo una lotería europea a dos euros la apuesta y con expectativas de premio de 40 o más millones de euros?, ¿a alguien en su sano juicio se le ocurriría regalar su red de ventas a la competencia? Pues eso es, ni más ni menos, lo que acabará sucediendo si se acaba consumando todo esto: que lo que tanto nos costó crear acabará convertido en nada o, como mucho, engullido por otros.
Tampoco la buena receta de salvación de la ONCE pasa por recibir subvenciones, pues eso es lo de siempre y, además, es a costa de los impuestos de todos. La solución tiene que venir de la mano de una regeneración democrática de la ONCE y de que, con ella, al igual que sucedió en los años ochenta, sea el debate interno el que nos permita canalizar de nuevo nuestra creatividad y producir también nuevas fórmulas (que las hay) para que la ONCE siga siendo capaz de autoabastecerse y de continuar generando empleo. Por tanto, el ministro en particular y el Gobierno en general tienen la obligación legal y moral de no permitir que continúe la actual opacidad de la ONCE, de acabar con las manipulaciones sobre nuestro cupón, y de impedir que siga reinando el autoritarismo y la mala gestión en esta organización.
El ministro Caldera, si no quiere que le alcance la metralla de esta bomba de relojería, tiene también que interesarse por cómo gastan el dinero los actuales directivos de la ONCE, pues no basta con contemplar de lejos el hundimiento de un barco del que uno, aunque no sea su capitán, sí que tiene todas las responsabilidades sobre su forma de navegar.
Miguel Durán es ex director general de la ONCE
25 Junio 2005
La ONCE, un modelo de integración y solidaridad
Cuando una Organización lleva cerca de 67 años realizando una labor tan importante en la Sociedad Española que, para muchos, es un modelo de integración social y laboral y un ejemplo en todo el mundo; cuando dedica su trabajo a que las personas ciegas y deficientes visuales y aquéllas que tienen otros tipos de discapacidades, puedan integrarse en igualdad de derechos y condiciones en una sociedad tan dura y competitiva como en la que vivimos; cuando ofrece empleo a más de 97.100 personas (un 78 por ciento, discapacitados), apoyo educativo a cerca de 8.000 niños ciegos y deficientes visuales o edita más de 20.000 libros en braille y 23.000 en versión sonora, es difícil comprender que esta Entidad, la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), pueda verse atacada por personas con intereses no desvelados.
De un tiempo a esta parte, la ONCE está sufriendo una serie de ataques por parte de una persona interesada que dejó esta Organización hace 12 años para pasar a realizar trabajos en competencia con la Entidad que le permitió darse a conocer. En sus distintos cargos en empresas relacionadas con el juego, no ha desaprovechado la ocasión para lanzar ataques contra la Organización Nacional de Ciegos Españoles, tanto en lo que a sus dirigentes se refiere, como a la comercialización de los juegos de la ONCE, perjudicando de esta manera a todo el colectivo de ciegos y discapacitados.
Uno puede entender que este ex Director General de la ONCE, aprovechando lo mucho que le debe a la Institución como tantos otros y aprovechándose, también, del conocimiento de la misma, pueda hacer críticas a las personas que en cada momento dirigen la ONCE; pero en ningún caso se puede entender que ataque la propia esencia de la Organización intentando perjudicar o perjudicando a tantas personas. Conductas de este tipo se califican por sí solas.
Hace unas semanas, la persona que nos ocupa dejó su trabajo en la empresa del juego en la que estaba últimamente. ¿Lo dejó o lo invitaron a dejarlo, como en otras empresas a las que ha pertenecido, dado sus escasos conocimientos en materia de juego?
Los juegos que comercializa la ONCE están debidamente autorizados por el Estado y sus emisiones se publican trimestralmente en el BOE, en similitud con los juegos que explota el propio Estado. Por tanto, las acusaciones sobre manipulación de los juegos de la ONCE no tienen ningún fundamento. Los sorteos se realizan por personal especializado de la ONCE y siempre ante Notario. Por tanto, la emisión efectivamente es superior a lo realmente vendido, siempre respetando los límites establecidos por la normativa en vigor y por el propio Consejo de Protectorado, porque es necesario para atender las diversas contingencias laborales que diariamente se producen. Y lógicamente es imposible prever con exactitud las ventas, sobre todo en un mercado que se ha modificado sustancialmente en los últimos años.
Hay que decir que el autor de estas opiniones contrarias a la ONCE está inmerso en el caso Tele 5 y, en concreto, está acusado de gravísimos delitos contra la Hacienda Pública, de falsedad documental, administración desleal y otorgamiento de contrato simulado y por los que se solicita ingentes cantidades de dinero (un total de más de 133 millones de euros) en concepto de responsabilidad civil y, también, penas de cárcel de 14 años. ¿Merece una persona en estas circunstancias más credibilidad que una Institución como la ONCE, la dirijan quienes la dirijan, si quien la dirige está libre de acusaciones de delitos de tanta gravedad? En mi condición de ex Presidente de la Organización Nacional de Ciegos Españoles le deseo, al que fue Director General de la ONCE, que tenga suerte en el juicio al que se someterá y, en nombre de tantas y tantas personas, le pido que deje en paz a esta Institución.
La ONCE es una entidad democrática que lleva cerca de 67 años al servicio de sus afiliados, desarrollando una labor social junto a las distintas Administraciones y permanentemente controlada a través del Consejo de Protectorado, al que pertenecen los Ministerios de Economía y Hacienda, Trabajo y Asuntos Sociales e Interior. Está controlada por el Estado y su transparencia es total. Todos los años audita sus cuentas, como cualquier institución o sociedad de prestigio, obteniendo año tras año una opinión limpia.
Y los datos son categóricos:
En 1992, cuando esta persona era Director General de la ONCE, hubo pérdidas en la ONCE por importe de 8,5 millones de euros. En el 2004, el beneficio contable después de impuestos consolidado de la ONCE ha sido de 22,9 millones de euros.
En 1992, las deudas bancarias y similares de la ONCE y su Grupo de Empresas eran un 275% del patrimonio consolidado, mientras que en 2004 las deudas bancarias y similares han bajado al 90% del patrimonio consolidado.
En 1992, el valor de los inmuebles de la ONCE y su grupo empresarial era de 414 millones de euros. En el 2004, el valor de los inmuebles es 716 millones de euros.
En 1992, el Grupo ONCE tenía una plantilla de unos 33.300 trabajadores. En el 2004 el número de empleos directos e indirectos generado por la ONCE y sus entidades dependientes asciende a 97.100 personas, de las que un 78 por ciento son personas con discapacidad.
A la vista de estos datos se puede deducir con toda rotundidad el motivo por el que se invitó a esta persona a abandonar la Dirección General de la ONCE en el año 1993.
Hoy en día se han producido importantes avances en la situación de los vendedores del cupón, tales como que cuentan con un sueldo base al igual que el resto de trabajadores y la integración en el Régimen General de la Seguridad Social, que les reportará en su momento una mayor pensión.
La ONCE presenta sus cuentas anuales, debidamente auditadas y de acuerdo con el Plan General de Contabilidad, al Consejo del Protectorado, y envía cuanta otra información le solicita este Organismo. Las cifras de los últimos ejercicios demuestran que la ONCE no ha obtenido ningún beneficio por los premios no vendidos, algo habitual en todas las loterías del mundo del tipo pasivo, tales como la Lotería Nacional y el Cupón en España. Ha habido ejercicios en los que el porcentaje de premios pagado ha sido menor al teórico y ejercicios en los que el porcentaje de premios pagado ha sido mayor al teórico, como puede colegirse por parte de cualquiera que tenga un conocimiento mínimo de Estadística. Pero, en cualquier caso, la ONCE mantiene sus compromisos con sus afiliados y su solidaridad con otros colectivos.
En el año 2004, la ONCE ha invertido en servicios sociales para sus afiliados 149,6 millones de euros y ha destinado a la solidaridad con otros discapacitados, por medio de la Fundación ONCE, 67,9 millones de euros; es decir, un total de 217,5 millones de euros. ¿Cuánto han invertido a favor de las personas con discapacidad los agentes de juegos privados a los que ha venido representando la persona mencionada?
Quiero terminar este artículo diciendo a los compradores de la ONCE que esta Institución no ha hecho, no hace, ni hará, fraude. Esto lo confirmo categóricamente, por convicción y porque actuar de otra manera sería perjudicar a los ciegos, trabajadores videntes de la ONCE y otros discapacitados en general, y la ONCE la dirigimos personas ciegas que, lógicamente, podemos equivocarnos, pero nunca manipular sus juegos.
La ONCE no es una bomba de relojería, es una Institución integrada por personas que nos esforzamos cada día y que, si se nos deja trabajar, seguiremos siendo una herramienta todavía más útil para la Sociedad Española y para muchas personas ciegas de otros lugares del mundo, sobre todo de Latinoamérica. He visitado muchos países y en aquéllos en que se conoce a la ONCE, se la quiere, se la respeta y se la admira. En ocasiones, el propio Jefe del Estado me ha expresado que en algunas visitas realizadas por él se le ha hablado con admiración de la Organización Nacional de Ciegos Españoles.
José M. Arroyo Zarzosa es presidente ejecutivo de la Corporación Empresarial ONCE.
06 Julio 2005
Matizaciones
Contesto brevemente al artículo del ex presidente de la ONCE J. M. Arroyo, que, a su vez, sin nombrarme, contestaba al mío sobre la ONCE del 20 de junio pasado. Por mi parte, sólo quiero matizar con datos objetivos: un dato objetivo es que, ahora, la ONCE vende 50.000 millones de pesetas menos que cuando yo dimití. Otro dato objetivo es que, de acuerdo con el reciente informe de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas), el valor de los inmuebles se ha más que triplicado en una década, por lo que el que yo dejé (más de 70.000 millones según el propio Arroyo), debiera estar en más de 200.000, y no llega ni a 120.000.
Otro dato objetivo es que la dirección de la ONCE emite casi el doble de cupones de los que vende y que, con ello, casi la mitad de los premios gordos se los hurta al consumidor: ¿estafa, publicidad engañosa? Para mí y para muchos más es evidente. Otro dato objetivo es que Mario Loreto Sanz Robles tiene más de veinte familiares directos contratados por él en la ONCE; pero también lo es que el propio Arroyo tiene diez familiares directos también contratados en esa forma enla institución: ¿nepotismo? Parece indiscutible. Y el ministro Caldera lo sabe, lo sabe todo y no actúa: ¿complicidad? ¡El señor ministro sabrá! Les acaba de conceder una lotería Rasca-rasca que acabará de matar el cupón nuestro de cada día y que la propia dirección de la ONCE, no hace mucho, cuando la iba a comercializar sólo la Lotería Nacional, denostaba porque producía ludopatías y acabaría con el cupón: ¿es que ahora ya es buena esa lotería sólo porque la va a comercializar la ONCE? Ante todas estas preguntas, señor ex presidente de la ONCE, de nada vale la táctica de quienes le obligan a usted a contestarme echando basura sobre mí. Lo que la dirección de la ONCE ha puesto en peligro no es, ni más ni menos, que el futuro de la institución.
Y al ministro Caldera, si sigue dando la espalda al problema por causas que desconocemos, también le alcanzarán las responsabilidades.