10 diciembre 2025

Se le concede el premio Nobel de la paz a María Corina Machado, opositora venezolana al gobierno de Nicolás Maduro causando irritación en sectores de la izquierda anti-imperialista

Hechos

El 9 de diciembre de 2025 se celebró el acto de concesión del Premio Nobel de la Paz a la política venezolana María Corina Machado.

10 Diciembre 2025

Nobel por la democracia

EL PAÍS (Director: Jan Martínez Ahrens)

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El premio a María Corina Machado y su salida de Venezuela ilustran la urgencia de una transición pacífica desde la dictadura de Maduro hacia el pluralismo político

La entrega del premio Nobel de la Paz a María Corina Machado y su salida de Venezuela en condiciones inverosímiles han devuelto a un primer plano una verdad que gran parte de la comunidad internacional ya considera incontestable: Nicolás Maduro perdió las elecciones y su permanencia en el poder carece de legitimidad democrática. No es una conclusión opinable ni fruto de la disputa ideológica entre izquierdas y derechas: conviene recordar que es el resultado de informes coincidentes de organismos internacionales, incluidos aquellos invitados por el propio Gobierno de Venezuela, que documentaron irregularidades masivas y un proceso electoral diseñado para impedir la competencia real. La inhabilitación de Machado es quizá la expresión más nítida de ese andamiaje electoral profundamente manipulado.

La ceremonia en Oslo ha funcionado como un espejo incómodo. Mientras el presidente del Comité Noruego del Nobel instaba públicamente a Maduro a aceptar los resultados y abandonar el poder, el chavismo respondía con una ofensiva retórica que incluyó ataques al Instituto Nobel. Países que durante años mantuvieron equilibrios precarios con el régimen hoy reconocen que la crisis venezolana ha entrado en un punto decisivo. El Nobel no es solo un premio: es una certificación planetaria del agotamiento de un proyecto político que ha desmantelado las instituciones, destruido la economía y expulsado a millones de ciudadanos.

En este contexto, la pregunta central ya no puede girar en torno a preferencias ideológicas. Venezuela no está discutiendo el rumbo de una izquierda o una derecha democráticas; está lidiando con la negación misma de la democracia. La disputa no es programática, sino existencial: o se restablecen reglas mínimas de pluralismo y convivencia, o el país seguirá atrapado en un autoritarismo sin horizonte. El debate ideológico vendrá después, cuando existan condiciones para que distintas corrientes políticas compitan en igualdad de condiciones en unas elecciones libres. Hoy, sencillamente, ese escenario no existe.

De ahí la urgencia de construir una salida ordenada. El fin de un régimen que ha concentrado poder durante un cuarto de siglo solo será sostenible si se realiza a través de una transición negociada y pacífica, con garantías para todos los actores y mecanismos que eviten una espiral de violencia. La comunidad internacional debe acompañar ese proceso con firmeza, pero también con responsabilidad. Las presiones y sanciones pueden ser instrumentos útiles para forzar cambios, pero ninguna solución que ignore el derecho internacional o la soberanía venezolana será viable ni legítima. El reto está en combinar la exigencia democrática con el respeto a los principios que rigen la convivencia entre Estados.

La salida de María Corina Machado de Venezuela el mismo día en que su hija recogía en su nombre el galardón en Oslo, después de un año en la clandestinidad y, según versiones, a bordo de una lancha para evadir a las fuerzas de seguridad, ilustra la degradación institucional del país. Una líder política que representa a millones de ciudadanos debe poder circular, expresarse y competir sin temor a ser detenida.

Maduro tiene aún la posibilidad de evitar un desenlace traumático: reconocer la derrota, facilitar la transición y permitir que los venezolanos recuperen su voz. Cada día que prolonga la ficción de su victoria, el costo político y humanitario aumenta. Tras el Nobel a Machado, su margen internacional es menor que nunca. La comunidad democrática ha enviado un mensaje claro: Venezuela merece volver a elegir su futuro en libertad. El mundo ha cambiado su opinión sobre el chavismo; es el chavismo el que se niega a cambiar. La tarea ahora es que la transición no solo sea posible, sino también justa y pacífica. Venezuela ya ha pagado suficiente precio por una historia que no eligió. Es hora de que pueda escribir la siguiente página.

13 Diciembre 2025

La deuda moral de España con María Corina

EL MUNDO (Director: Joaquín Manso)

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LAS hipotecas mezquinas con el régimen de Nicolás Maduro y con sus propios socios están detrás de la dolorosa ausencia de una felicitación oficial del Gobierno de España a María Corina Machado por el Premio Nobel de la Paz, tampoco después de la emocionante ceremonia protagonizada por su hija en Oslo ni de su asombrosa odisea a través del mar para viajar a Europa. Millones de españoles lo han sentido sin embargo en sus conciencias como propio, mucho más tras escuchar, en el mismo arranque del discurso con el que agradeció el galardón, que María Corina nos interpelaba para situar a Venezuela en la tradición constitucional de Occidente: «De España heredamos una lengua, una fe y una cultura». Ayer volvió sobre ello.

No es frecuente que se nos convoque así, con tanta naturalidad, al panteón moral de otro país. Esa mención debería haber bastado para que nuestro Gobierno entendiera que lo que se celebraba no era sólo un premio a una personalidad de la oposición latinoamericana, sino un reconocimiento a una genealogía democrática en la que España está llamada a jugar un papel de referencia, también como altavoz europeo y capital de la diáspora venezolana. Los viajes de José Luis Rodríguez Zapatero a Caracas, la recepción de Delcy en Barajas o la reapertura del escándalo de Plus Ultra nos recuerdan que los motivos de tanta ruindad nos avergonzarían.

María Corina advirtió ayer nuevamente al Gobierno de Pedro Sánchez de que «la historia juzgará» y le reclamó «pragmatismo», en un claro anticipo del cambio político que ya se atisba. Pero, al mismo tiempo, tendió la mano porque la defensa de la democracia y los derechos humanos «no es un tema de partidos políticos, sino que trasciende las diferencias». La líder de la Venezuela libre busca un sello de respetabilidad europeo que compense su inevitable alineamiento con la estrategia de línea dura de Donald Trump y evitar el encapsulamiento ideológico de su lucha democrática. Y para eso necesita a España. En estos términos, el Nobel ha sido, también, una invitación a que nuestro país ocupe el lugar de dignidad que nos corresponde. El Gobierno tendrá que decidir si quiere estar a la altura o prefiere seguir preso de las deudas políticas que no podrá pagar.